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Aculturación, las políticas de género como etnicidio.


ACULTURACIÓN,
LAS POLÍTICAS DE GÉNERO COMO ETNICIDIO.

(Extractos de "Feminicidio o auto-construcción de la mujer")
La aculturación de las clases populares es una meta perseguida con vehemencia por las elites mandantes desde hace más de doscientos años, pues con ella alcanzan una situación de preponderancia óptima, al ser equivalente a ganar al pueblo la batalla de las ideas por el procedimiento de aniquilar su mismidad cultural, paso previo a la imposición completa de la ideología más deseable para el poder. Negar el pasado y el presente de la gente común, inculcar en sus mentes la idea de que en uno y otro hay un espanto indecible, un pecado ignominioso en grado superlativo, la mentalidad patriarcal y las prácticas machistas, es derrumbar el mundo interior del desventurado sujeto, convertirle de golpe en no persona y ser nada entregado a todas las manipulaciones. Una vez que se considera a la sociedad del pasado inmediato como un infierno en el que los hombres-demonios atormentaban, violaban cada noche y asesinaban a las mujeres-víctimas impunemente y a su entero albedrío, y cuando se nos dice que las cosas siguen igual porque “culturalmente” el problema permanece, de manera que hay una responsabilidad popular en todo ello, de naturaleza absoluta, el individuo medio se desmorona por dentro.
  Reducir a la gente de ayer -y de hoy- a un revoltijo de monstruos (ellos) e “idiotas” (ellas) es transformarles en seres sin confianza en sí mismos ni autoestima, devastados psíquicamente, llenos de un sentimiento de culpa que les aniquila, inseguros, pasivos, abrumados, angustiados y dóciles. La creación de la mentalidad masoquista propia de la modernidad, que se desprecia y odia a sí misma para transferir toda esperanza de salvación al Estado, es el gran logro del feminismo de Estado y el sexismo político en el terreno de la lucha ideológica. En efecto, frente al pueblo malvado y pecador se levanta el Estado bueno y redentor, en tanto que Estado protector, que a través de una severa política represiva, pero, sobre todo, por medio de una gigantesca operación de reeducación e ingeniería social, dirigida a transformar las mentes y las conductas, ponga fin a tanta abominación.
  Antaño el pueblo pecador era redimido por la Iglesia, que extraía enormes réditos de la ideología de la culpabilización. Ahora es el Estado la instancia purificadora y salvífica. El machismo es hoy el nuevo Pecado Original de la novísima religión política oficial del Estado, el sexismo político hembrista. Invocándolo se expropia al pueblo su pasado, que es sustituido por la mentira integral sobre la historia que ofrecen el funcionariado de género y el mundo académico al alimón. Pero la expropiación de la cultura del pasado por vía de su completa desnaturalización y falseamiento la realizó a conciencia antes por la Sección Femenina.

Los pilares del neo-patriarcado

En "Vodevil zaragozano" Félix Rodrigo señala 6 pilares del neopatriarcado, el ministerio de Igualdad, las cátedras de género, la secta feminista, las fundaciones de la gran empresa, la izquierda pro-capitalista, PSOE-IU e izquierda nacionalista y el gobierno del PP.

Aunque estoy de acuerdo en todos quiero señalar otros que se le han olvidado y abrir con ello un proceso para añadir colectivamente todas aquellas estructuras que sostienen la novísima y amplificada opresión femenina de nuestros días para desentrañar la realidad material del patriarcalismo moderno.

En el plano supranacional hay que incorporar como séptimo pilar del neopatriarcado a la ONU, y, más concretamente la Conferencia de Beijing  en la que se diseñaron las líneas maestras de las políticas de género a escala planetaria. Esta Conferencia fue celebrada en septiembre de 1995 con la participación de 189 países.

Desde su creación por las potencias ganadoras de la II Guerra Mundial, en octubre de1945, la ONU había dedicado una parte importante de su actividad a delinear las nuevas políticas para las mujeres, el año 1975 fue declarado Año de la Mujer, y en 1976 se celebró la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer en México, le siguieron las de Copenhague en 1980, Nairobi en 1985, la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la Mujer en 1993 y, por fin, Beijing en 1995, ésta última es un punto de inflexión definitivo en la condición femenina a escala mundial.

Bajo una retórica blanda y aparentemente inofensiva, Beijing declara cuatro  ideas esenciales que serán los ejes de una transformación radical en la condición de las mujeres:

1) Que las mujeres constituyen un grupo social único con intereses compartidos y necesidades propias cuyos derechos han sido conculcados por los hombres que son, igualmente, un grupo social homogéneo que actúa como opresor y dominante. Se crea así una fractura total entre los sexos, que son definidos únicamente por su conflicto, borrando la división entre las clases sociales, entre los que tienen el poder y quienes lo sufren.

2) Que los Estados son los encargados de enmendar este agravio histórico a las mujeres, son por lo tanto las leyes, las instituciones, la burocracia estatal y el funcionariado quienes deben salvar a las mujeres de su entorno natural que es definido como hostil y violento siempre, sin diferencias especiales por razón de clase, cultura, tradición, historia, régimen político o religión. Los Estados y las instituciones supranacionales dirigidas por las potencias militares y económicas mundiales deben “promover el avance y empoderamiento de las mujeres en todo el mundo”.

3) Que las mujeres, por tanto, son objeto de la tutela de los Estados, seres indefensos y desamparados. En varios lugares del documento final aparecen sumadas a los niños y niñas con la misma categoría de necesitadas de custodia  y protección. Las mujeres son víctimas de la violencia de los hombres y de la violencia de las guerras y han de ser defendidas y protegidas  de forma especial de ello.

4) Las mujeres deben incorporarse al desarrollo político y económico para ganar su libertad. A la gestión política y toma de decisiones y a la independencia económica a través trabajo (no se hacen diferencias, por supuesto, entre aquellas que se incorporan a la política como mandantes y quienes lo hacen como dominadas ni entre quienes colaboran en lo económico como propietarias o dirigentes y quienes lo hacen como laborantes o mano de obra). También incluye la incorporación a la gestión de la “Paz” mundial, es decir, a los proyectos de guerra y reordenación del poder imperial a escala mundial.

Beijing inaugura una nueva etapa en la que los Estados y las empresas capitalistas acaparan todas las funciones que se desarrollaban en el pasado en la horizontalidad, las biopolíticas dictadas por los centros de poder dirigen la totalidad de las acciones vitales y ordenan la sociedad de forma absoluta, la demografía es gobernada con mano de hierro (haciendo el aborto forzoso en muchos lugares, por ley como en China, o por mecanismos extralegislativos como en la mayoría del planeta). Asciende una nueva casta de poderosas que son obedecidas de forma más sumisa por el hecho de representar al grupo de las históricamente “oprimidas”. Se culmina la salarización general de las sociedades con la incorporación masiva de las mujeres a un capitalismo que se desliza hacia la esclavitud. Se institucionaliza a las criaturas y se burocratiza la vida desde su inicio. Asciende el militarismo con la incorporación general de la mujer a la preparación de la guerra. Desaparece la feminidad natural auto-construida para emerger unos nuevos seres neutros e indefinidos que son, propiamente, ganado de labor. El Estado y el capitalismo son el todo y las mujeres y los hombres del pueblo, segregados, divididos, son nada, seres subyugados hasta lo impensable.

Todo este proyecto fue, paradójicamente, pensado y dirigido por instituciones que eran mayoritariamente masculinas.

No es trivial que la LOVG cite en su preámbulo la Conferencia de Beijing como referencia, ni que los años 90 fueran en nuestro entorno los de la aparición de un nuevo feminismo de corte fascista,  policíaco y pendenciero que no casualmente coincide con la instauración del ejército profesional  que encontró un reservorio excepcionalmente motivado entre un grupo de las mujeres.

Durante ese decenio pequeños grupos –apoyados por las instituciones- preparan el terreno a la promulgación de la LOVG creando un estado de alarma y pavor permanente con el argumento de la violencia de género y promocionando dos nuevas ediciones del Manifiesto SCUM de Valerie Solanas (que había sido olvidado desde que en el año 77 lo editara el Partido Feminista).

También es un sobrevenido de Beijing la legislación favorable a las mujeres  y la burocracia que la aplica que tienen que ser distinguidos como el octavo pilar del neopatriarcado, la legislación actual de protección y privilegio de las mujeres  ha constituido un nuevo modelo de dependencia femenina. Si en el pasado el legislador ordenó que el esposo estuviera obligado a proteger a la mujer y ella, a cambio, a obedecerle, hoy se consuma el matrimonio entre la mujer y el Estado con los mismos fundamentos del antiguo orden patriarcal, protección a cambio de obediencia. La mujer media del pueblo en el presente se ha constituido no como sometida, es decir, doblegada por la fuerza,  sino como ser dócil y dependiente de las dádivas institucionales, menor de edad eterna que reclama sus derechos, es decir, la caridad  del poder. Como pasa siempre en estos casos se ha constituido una pequeña tropa de colaboradoras activas que son sumisas y serviles con los poderosos y violentas y canallas con los iguales y ejercen de fuerza policíaca con un poder otorgado por sus amos que les sitúa ilegítimamente por encima de sus iguales.

La política de derechos de la mujer ha conseguido convertirlas en el “sexo débil”  no de forma literaria o retórica sino de manera real y manifiesta. Al olvidar sus deberes las mujeres se han derrumbado en un letargo embrutecedor, han perdido las habilidades que se cultivan en la acción, han liquidado su creatividad, se han hecho torpes e incompetentes , incapaces para el esfuerzo, aterradas frente al dolor y ajenas al bien moral.

Como consecuencia de ello la inferioridad femenina está dejando de ser una teoría misógina para comenzar a ser un hecho real pues la desaparición del principio del mérito y el reconocimiento a través de la obra propia ha producido una debacle de la aportación singular de las mujeres a la vida intelectual, social, material, convivencial y moral de la sociedad.

Paralelamente no asciende la felicidad de las mujeres sino que por el contrario reaparece un estado de angustia que se manifiesta como un “problema sin nombre” (un término acuñado por Betty Friedan para definir la desestructuración psíquica del ama de casa de los años 50 en EEUU), un problema que se inscribe en la insatisfacción vital profunda y la incertidumbre respecto al significado de ser mujer que se traduce materialmente en el consumo masivo de psicofármacos, el uso intensivo de servicios profesionales destinados a la búsqueda del bienestar, el ascenso del suicidio (sobre todo en el tramo de edad más potentemente femenino, entre los 30-34 años, es hoy la primera causa de muerte), el crecimiento de las enfermedades mentales, el sentimiento de carencia y de falta, el miedo y la parálisis.

El noveno pilar del neopatriarcado es el Ejército que constituye el corazón del Estado. Las políticas de género están íntimamente unidas a las necesidades militares, la Resolución 1325 de la ONU del año 2000, insta a los gobiernos mundiales a incorporar a las mujeres a las labores de la “paz” mundial integrándolas en  mayor medida en las unidades que actúan “sobre el terreno”, es decir, en las operaciones militares abiertas. Se argumenta que, como las féminas son “artífices de la paz”, su sola presencia  será positiva para limitar los conflictos bélicos. Lo cierto es que las mujeres se han incorporado a lo militar en la práctica totalidad de los ejércitos del planeta  pero eso, como era lógico, no ha abierto una era de paz.

El ejército español es especialmente abundante en personal femenino y fue uno de los primeros en derribar las limitaciones a que las mujeres participasen en combate en primera línea. Como garante último de la razón del Estado lo es también del mantenimiento del orden neopatriarcal, por ello celebra cada año el 8 de marzo, establece premios destinados específicamente a mujeres y ha incorporado cátedras de género a los estudios de la carrera militar en la Academia General de Zaragoza.

Por el  momento dejo en estos 9 los fundamentos materiales del neopatriarcado. Tal vez podamos añadir otros hasta construir el diagrama de un proyecto monstruoso de destrucción de las mujeres como mujeres y de los hombres en tanto que otredad sexuada.

La palabra del hombre. Una reflexión sobre el machismo en el 8 de marzo


La palabra del hombre
Una reflexión sobre el machismo
en el 8 de marzo


“El poder es, en esencia, violencia”
Wrigth Mills


Miguel Lorente, el nuevo Malleus  Maleficarum (martillo de las brujas), vuelve a la carga esta semana. El que fue delegado del gobierno para la violencia de género en las dos legislaturas del PSOE, acusa a Inma Ocaña, mujer, doy fe porque soy su amiga, de mentir; y no solo acusa a Inma Ocaña de mentir, sino a los cientos de miles de mujeres que sabemos y decimos que existen las denuncias falsas, que la Ley de Violencia de Género no solo no resuelve el problema real del aumento de la violencia machista en nuestros días, sino que la atiza, fomenta todas las formas de violencia (pues existen otras violencias además de la machista) a la vez que condena a un gran número de varones inocentes y los maltrata institucionalmente (y de paso maltrata también a las mujeres vinculadas con ellos por lazos de amor).

Miguel Lorente (del PSOE más corrupto del Estado español, el andaluz), el diario el País (el de los anuncios de prostitución a toda plana), el parlamento en pleno (el de los políticos profesionales, peritos en corrupción y en mangoneo), el gobierno (de la derecha española venida directamente del franquismo), los funcionarios  y paniaguados del Estado (cobrando cada mes del negocio de la violencia de género), la industria de los servicios vinculados a este asunto (que nadie se llame a engaño, no son ONGs, los terapeutas y profesionales cobran por sus servicios, y cuantos más servicios prestan, más cobran), las antiguas ministras (mujeres detentadoras del poder ilegítimo del Estado sobre el pueblo) como la señora Alborch y las nuevas (de otro color político pero  la misma catadura), todos ellos,  humillan y maltratan a Inma Ocaña y a las innumerables mujeres que pensamos como ella. Dirige el linchamiento un hombre, Lorente, experto en amedrentar, amenazar y perseguir a las mujeres que no se sometan incondicionalmente a las órdenes de la jefatura feminista, que él, hombre, ha ostentado durante muchos años, y a las que no hablen al dictado de los funcionarios y funcionarias de la ortodoxia de los poderes del Estado. Supongo que Lorente, como casi todos los machistas, piensa que está justificada la agresión porque lo hace por nuestro bien, y que su palabra, de hombre, vale más que la de Inma Ocaña y todas las que deploramos la existencia de esa ley inicua y malvada que es la LOVG.

Se ha desatado una auténtica caza de brujas con el diario “El País” a la cabeza, el periódico de los anuncios de prostitución, el que usa el doble rasero para llamar a las asociaciones críticas con la ley de violencia de género “ruidosas asociaciones machistas”, mientras se financia con los anuncios de la compra-venta del sexo de las mujeres (los anuncios de dicho periódico son mayoritariamente de prostitución femenina), el órgano de los intereses de las corporaciones más poderosas del planeta, el verdadero asesino de la libertad de conciencia de innúmeras generaciones de féminas, cuya praxis le permite también practicar el linchamiento de mujeres, de todas aquellas díscolas con el discurso obligatorio del poder.

El País representa a la prensa que habla en nombre de las grandes corporaciones mundiales (los grandes bancos y fundaciones norteamericanas) que han diseñado una cárcel para la mujer que supere todas las limitaciones que tenía el patriarcado clásico, especialmente el occidental.

Lorente personaliza al partido que en el año 1931 votó en contra del sufragio femenino por considerar a las mujeres una fuerza reaccionaria, algo que era una mentira repugnante pues las mujeres no estaban en las iglesias rezando como decían, estaban y siguieron estando, en la primera fila de las luchas populares contra el poder[1], pero, eso sí, no se acercaban al PSOE que era, y lo sigue siendo, un partido de machos (que no de hombres) que solo consideraba a las mujeres, y las sigue considerando, en tanto que seres (votantes o trabajadoras, no mujeres) objeto de manipulación política y de explotación laboral.

El PP, fundado por el franquista Manuel Fraga, acompaña al coro, aunque no tienen el empuje y la vehemencia de los otros. Silenciosamente ha vuelto a resucitar el Ministerio de Igualdad, que tenía rango de Secretaría de Estado cuando llegó al gobierno. La derecha hoy es quien representa el feminismo de Estado, quien realiza las políticas de género que en nada han cambiado su orientación respecto a los anteriores gobiernos; es el que alimenta las campañas de “sensibilización” (adoctrinamiento) sobre la violencia de género y quien ha preparado un protocolo para su aplicación en el ámbito sanitario que es una auténtica estrategia para convertir a cientos de miles de trabajadores de la sanidad en policías y adoctrinadores de la mujer.

Se suman algunas feministas de rancio abolengo como Lidia Falcón, la fundadora del Partido Feminista y colaboradora del franquismo que trabajó codo con codo con la que fue Secretaria General de la Sección Femenina, Marichu de la Mora[2], con la que le unía, entre otras cosas, la loa de “El Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir. Y Carmen Alborch, que se unió como ministra de cultura al PSOE más podrido y corrupto[3], el de la época de los GAL y el escándalo de los fondos reservados, vinculada al partido del terrorismo de Estado, reivindicado con la desvergüenza de quien cabalga sobre los lomos del pueblo como auténticos déspotas orientales.

La violencia con que se han desatado los poderes del Estado a través de la clase política y sus perros guardianes tiene por objeto crear el terror, asustar e intimidar a las disidentes de la “verdad” oficial, imponer la obediencia ciega de las mujeres a sus consignas y a sus proyectos. Es una estrategia para someter a la mujer apoyándose en esas relaciones de poder ilegítimas que les vienen dadas por ser detentadores y detentadoras de la autoridad del Estado, un poder históricamente constituido a través de la violencia (ellos tienen un ejército y muchas policías para defenderlo) y el control sobre la cultura (a través de numerosos sistemas de adoctrinamiento y manipulación de los que el sistema educativo es central) y es, por lo tanto, terrorismo machista.

Inauguran una etapa inquietante en la que puede hacerse realidad la profecía de Valerie Solanas en su manifiesto SCUM, de tener grupos de choque, al estilo de las SS nazis, que practiquen el terrorismo contra los hombres díscolos con el poder y las mujeres-macho. El Manifiesto SCUM ha tenido tres ediciones en castellano: la primera, de 1977, como referente en la creación del Partido Feminista que fue quien lo avaló, y las dos siguientes, de 2002 y 2008, que se pueden situar en relación con la LOVG, de la que son en realidad inspiración.

Para quien no conozca este texto, escrito en 1968 por Valerie Solanas, cuya androfobia militante la llevó a disparar sobre Andy Warhol, hay que señalar en primer lugar lo expresivo de su título, “Sociedad para el Exterminio del Hombre” ¿Cómo podría pensarse en ver en las estanterías de nuestras librerías un texto llamado “Sociedad para el exterminio de la mujer”?, imposible; sin embargo este repugnante libelo es considerado una obra de gran valor por un nutrido grupo de feministas subvencionadas, algunas durante más de medio siglo (como las prologuistas de dos de las ediciones, que son parte de las fundadoras del Partido Feminista, junto a Lidia Falcón) y otras catedráticas y profesoras, funcionarias del mayor aparato de destrucción de la libertad de conciencia conocido, muy por encima de la religión, la Universidad (pública y privada, por cierto).

Todas ellas, como nueva casta sacerdotal que aspira a dominar por completo la conciencia de las mujeres, presentan este inmundo alegato sexista y nazi como “un grito desesperado, un canto profético, la cólera retenida desde siempre por media humanidad”[4], y nos muestran a la autora como una “mujer visionaria” y símbolo de las que se revuelven contra la injusticia (los fascismos también se presentaron así). Así, ellas mismas, sus continuadoras, se invisten del poder de decidir los que caerán bajo sus acciones violentas, los hombres y mujeres-macho. Y, ¿quién señalará los individuos que representen estas categorías?, ellas y ellos por supuesto, aupados en lo más alto de la pirámide del poder.
Este feminismo de extrema derecha no es una broma o una locura sin consecuencias. En primer lugar, ¿qué panfleto ridículo escrito por una desequilibrada con impulsos asesinos habría conseguido la significación histórica de este libelo? Si SCUM se ha convertido en un referente para un movimiento feminista vinculado a los Organismos Internacionales, los gobiernos, las grandes instituciones de la política y las Fundaciones de las señeras corporaciones del capitalismo mundial es porque forma parte de las estrategias de esas instituciones, si no fuera así, no hubiera pasado de ser un papelucho mecanografiado por una chiflada.

Los objetivos de semejantes operaciones son, en primer lugar, formar escuadrones para manejar y dominar a las masas (masas o vulgo, que no pueblo). En segundo lugar, crear el modelo de mujer apta para nutrir los ejércitos y las policías, cuestión ésta esencial para poder pensar en el mantenimiento del poder imperial de las potencias occidentales frente al ascenso de los nuevos imperios económicos y políticos. En tercer lugar, separar definitivamente a las mujeres de los hombres y generar movimientos de destrucción de toda vida horizontal que colaboren al ascenso y crecimiento del Estado, teniendo siempre en la manga la opción de desatar movimientos exterminacionistas o genocidas como instrumento de control y de poder.

Son motivos estratégicos y vitales para el sistema que se encuentra atravesando la peor crisis de los últimos quinientos años y que necesita construir definitivamente el Estado-Total sobre las ruinas de la sociedad civil y los despojos humanos de lo que antes fue el pueblo, para erigir un imponente aparato de dominación sobre unas masas bestializadas y obedientes. No se permitirá, por ello, ninguna disidencia, la persecución será implacable.

En primer lugar se acusa a Inma y a todas las que pensamos como ella de no usar datos contrastados, se nos exige usar únicamente los datos creados por ellos, los oficiales, de modo que estamos obligados a creer en lo que nos dice un organismo que no es  independiente, sino que forma parte del aparato que implementa y defiende la LOVG. En este asunto, como en el caso de la tortura, los datos que maneja el Estado no coinciden con los de, por ejemplo, Amnistía Internacional, que sí es una asociación independiente del gobierno.

Por otro lado, los propios datos del gobierno son muy difíciles de contrastar, pues afirma el Ministerio de Sanidad que las denuncias solo representan “entre el 5 al 10% de los casos que se producen”; la pregunta que surge es: ¿cómo han llegado a estos datos? ¿Tienen una cámara en cada dormitorio y en cada casa?  Lidia Falcón se permitía la licencia de afirmar, en su texto “Violencia contra la mujer” de 1991, que en el Estado español había entre 200.000 y 2.000.000 de maltratadas sistemáticamente... ¡qué horquilla tan amplia para ir imponiendo datos no verificables! Y en 2011 decía que existían dos millones de “apaleadas sistemáticamente”; ¿dónde ha contrastado Lidia Falcón esos datos?, ¿por qué se dan por ciertos cuando no pueden ser comprobados de forma alguna?

Lo comprobable es que la versión oficial contiene algunas mentiras confirmadas como por ejemplo la afirmación que se hace en el preámbulo de la ley de que “en la realidad española, las agresiones sobre las mujeres tienen una especial incidencia”, porque, en los hechos, no solo no es así, sino que incluso con el crecimiento actual, seguimos teniendo una de las tasas más bajas de Europa y del mundo, que se situaba en 2006 (desde entonces no nos ofrecen datos sobre ello) en 2,8 muertas por millón de mujeres, mientras en la próspera, moderna y feminista Finlandia se producen 9,35 muertas por millón de mujeres, en EEUU son un 8,36, en Inglaterra un 4,20. Es más, si se hace un desglose la tasa de víctimas extranjeras en nuestro país es de 12,44 mujeres muertas por millón de mujeres extranjeras, mientras que la de españolas es de 1,98 por millón.

Y, si su principal argumento es una mentira, ¿por qué hemos de creer que los datos que dan son verdad?

Lo cierto es que el auténtico maltrato, que existe, no es el objeto de esta ley, por eso ese maltrato, cargado de evidencias y manifestaciones reales es bastante ignorado mientras se dirige mucho más a crear nuevas figuras delictivas como la “violencia simbólica” y, la más asombrosa aún, “violencia invisible”, para que cualquier cosa pueda ser calificada de maltrato aplicándole el principio de la invisibilidad y confundiéndolo todo.

Así los datos no han de ser verificables pues dependen de elementos subjetivos y misteriosos no perceptibles. Se desea adecuar la mentalidad de la mujer a un subjetivismo delirante, a un estado de ofuscación y aturdimiento permanente que le impida comprender y percibir su realidad, una adecuación de la conciencia que se corresponde más con esos estados de credulidad extrema que se nutre de milagros, apariciones y prodigios similares. El maltrato entra así en el dominio de lo esotérico y lo hermético y necesita de sus mediadores o brujos que ejercen de traductores de lo real.

Se supone además, que las mujeres no sabemos reconocer el maltrato, que necesitamos  profesionales y expertos que nos lo muestren, nos lleven de la mano, nos interpreten nuestras propias experiencias, por eso en el “Protocolo para la actuación sanitaria ante la violencia de género” redactada por el PP se dice que “existen múltiples dificultades para reconocer la violencia de género, tanto por las mujeres que la sufren, como por parte de los profesionales del sistema sanitario”. En conclusión, solo el Estado conoce la realidad y sólo él puede dirigir nuestras vidas. Y ¿si existen tantas dificultades para reconocerlo? ¿Cómo sabemos que las 135.000 denuncias anuales son verdaderas y no falsos reconocimientos? Pero, con su maquiavélico argumento se nos impone que las mujeres que no nos sentimos maltratadas mentimos y solo dicen la verdad la totalidad de las que denuncian a sus parejas, es decir, las que obedecen el mandato estatal de enfrentarse con sus pares.

La sociedad de Orwell está servida, el Ministerio de la Verdad es el encargado de esclarecer las tinieblas en que vivimos. ¿Es que no es evidente el deplorable machismo de semejante argumento? ¿Por qué las mujeres tenemos que renunciar a nuestra propia reflexión sobre la experiencia para sumarnos a una teoría sobre lo que nuestra vida es dictada por una institución que, de momento, sigue siendo mayoritariamente masculina?

Pero si no nos sometemos al gobierno y fiscalización institucional de todos nuestros actos vitales entonces somos acusadas de connivencia con la violencia machista. Así, en agosto de 2011, casi toda la prensa señala que 240.000 mujeres justifican la violencia machista. Y ¿dónde se han contrastado estos datos? ¿Por qué 240.000 y no 2.000.000? ¿Cómo de una muestra de 2000 personas, que además está falseada[5], pueden sacarse tantas conclusiones?  Vemos de nuevo que los datos de la realidad son fabricados directamente en los despachos de los ministerios.

No obstante me agrada ver la virulencia con que se han lanzado contra nosotras, creo que en ello hay un rasgo de debilidad y miedo, la conciencia de que, hoy por hoy, no han conseguido dominar a toda la sociedad, el sexismo no ha adquirido carta de naturaleza en amplios sectores sociales.

El sexismo es hoy atizado por el Estado a través de la falsificación de la historia y de la realidad presente que hacen las instituciones y de los privilegios que se otorgan a la mujer que incluyen los que se derivan de LOVG (por ejemplo que su palabra sea prueba fehaciente en un juicio y no necesiten de otra evidencia) hasta privilegios económicos en diversos campos. Tal situación podría haber dado origen a un movimiento de hombres en contra de las prerrogativas de las mujeres (objetivo auténtico de tales operaciones) PERO ESTO NO HA SUCEDIDO (solo una ínfima minoría de hombres esgrimen argumentos verdaderamente sexistas contra estos hechos). Únicamente la Ley de Violencia de Género, por su especial brutalidad, ha sido contestada, pero no por los hombres, sino por los hombres y las mujeres unidos.

Sin embargo es necesario dar un paso más, necesitamos comprender que los privilegios sobre la mujer son la forma particular cómo somos sometidas, humilladas y destruidas. Mientras que para los varones se destina la represión, el insulto y la difamación, para las féminas el sistema utiliza la adulación (narcisismo) y el  desprecio (complejo y vergüenza de la feminidad) a partes alícuotas por un lado, y, por otro, la gracia y preferencia institucional, los derechos, como instrumentos para el quebranto de nuestras facultades y de nuestra autonomía.

Las mujeres no hemos ganado nada con  la victimización, por el contrario, somos hoy el espacio de la desolación, sujetos de un feminicidio real, espiritual y físico. El consumo de psicofármacos se dispara y ya el 10% de las mujeres consumen drogas para soportar la existencia, la enfermedad mental es la tercera causa de muerte entre nosotras y, lo que es más trágico, entre las mujeres en la edad más creativa y poderosa de la vida femenina, entre los 30 y los 34 años, el suicidio es ya la primera causa de muerte. La explicación interesada que los feministas del Estado dan a estos hechos es que son las secuelas del  machismo y del maltrato que sufrimos, pero, si justamente estamos en el momento de la historia en que esta lacra está, por fin, siendo corregida ¿no deberían las cifras de dolor y sufrimiento de las mujeres estar disminuyendo y no creciendo, como sucede?

Los privilegios de la mujer no son tales, las mujeres del pueblo no ganamos nada porque lo que recibimos no puede compensar, ni remotamente, lo que perdemos. Si una autónoma tiene ventajas económicas sobre el trabajador por cuenta propia varón, si la mujer es favorecida por las leyes del Estado ¿qué significa eso? Significa únicamente que tendremos beneficios en aquellos terrenos a los que nos dirige el poder que nos otorga esos derechos, que, como el conductismo clásico, usa el refuerzo positivo/negativo para hacer de nosotras el nuevo perro de Pavlov, seres manipulados completamente. ¿Qué son esas migajas cuando hemos perdido el control sobre la propia existencia, cuando se nos obliga a la soledad, se nos niega el uso de la propia inteligencia, se nos despoja de la voluntad y el albedrío, se nos prohíbe la maternidad y la vida erótica? ¿Cómo podría el dinero y el privilegio del odio que ofrece la LOVG compensar la pérdida de nuestra humanidad?

Bajo este sistema todos los privilegios tienen el rostro de la esclavitud, en el pasado las supuestas prebendas de que gozaban los varones iban acompañadas de obligaciones, algunas livianas aunque injustas, como hacerse responsables y proteger a las mujeres, y otras atroces y monstruosas, la de servir al Estado como soldados en las guerras. Los feministas, cuando hablan del patriarcado OCULTAN su realidad, la de los millones de hombres que morían en conflagraciones que no habían creado ellos sino las instituciones del poder, y, por lo tanto MIENTEN.

Casi nadie ha sabido ver la cara oculta en todas estas operaciones de “deferencia” hacia la mujer, el hecho de que estamos abocadas a participar en las próximas guerras, en los formidables e inevitables conflictos que se avecinan. En las próximas guerras las mujeres iremos en la primera línea a morir por la patria, por los intereses de los poderosos y poderosas de nuestros países. A ello sirven las políticas de género, las espurias prebendas, el adoctrinamiento en la violencia, el victimismo exterminacionista y la creación de una figura del enemigo en el varón, el fanatismo feminista, la implantación de los disvalores del odio, el egoísmo, la desconfianza, la asocialidad, la miseria moral y espiritual que son la destrucción del ser humano de la mujer para su reconversión en ser para la guerra.

Por eso sería un error considerar que estas leyes inicuas son leyes contra el hombre, no es así, están pensadas contra los hombres y las mujeres del pueblo, para destruir todo rastro de vida horizontal, de comunidad y vínculos de amor y de concordia entre los pares. Por eso, los perros guardianes del sistema se han lanzado con auténtica ferocidad contra Inma Ocaña y todas las que no nos sometemos a la obligación de actuar al dictado de los Lorente y a arrodillarnos ante su palabra, la palabra del poder o, como dicen ellos, del hombre.

Pues bien, en este 8 de marzo tal vez haya llegado el momento de que las mujeres nos pongamos de pie frente al repugnante machismo de los que se han erigido como nuestra conciencia y nuestra guía, tal vez sea el momento de recoger nuestros deberes como auténtico tesoro espiritual que nos conduce por el intrincado y comprometido camino de la libertad y nos acerca a la vida auténtica, a la vida humana.

Tal vez es el momento de que estos movimientos anti-femeninos y anti-populares se encuentren con las mujeres dispuestas a hacerles frente, a no callar, a no agachar la cerviz ante este feminismo de machitos y señoronas que desea cerrarnos la boca, doblegarnos para poder luego utilizarnos en su provecho.

En este 8 de marzo tenemos que hacer retroceder al machismo institucional y prepararnos para las difíciles tareas que tenemos enfrente y en las que debemos aspirar a ocupar la primera línea: la regeneración del pueblo como sujeto de una revolución integral.




[1] En “Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Volumen 1. Recuperando la historia”, Félix Rodrigo y yo hemos demostrado que los argumentos sobre la historia en que se sustenta el feminismo de Estado y la LOVG son mentira, y lo demostramos con una avalancha de datos. Ellos, en cambio, se limitan a repetir como un mantra sus consignas, y a imponerlas por la fuerza y la agresión.

[2] En su biografía de Pilar Primo de Rivera, María Antonia Fernández dedica bastante espacio a éste asunto, señalando que en sus “Memorias Políticas (1959-1999) la fundadora del Partido Feminista ofrece una imagen desvaída y velada de sus relaciones con la Sección Femenina, relaciones que fueron públicas pues ella fue llamada a colaborar en el diario Informaciones por Marichu de la Mora.

[3] Alborch asumió la cartera de Cultura en el año 1993, cuando se acababan de destapar dos de los escándalos de corrupción y abuso de poder más graves del postfranquismo, no tuvo escrúpulos morales para unirse al partido de la perfidia maquiavélica, el terror y el crimen como vocación política.

[4] De la edición de Herstory, 2008.

[5] De la encuesta se infiere que todos los que no concuerden con que el único origen de la violencia de la pareja es el machismo de los hombres y apunten otros factores como la drogadicción, el alcoholismo etc, justifican y aprueban la violencia de género.

Entrevista en "La Nueva España"



Tengo que señalar que, por error, las tasas de violencia en Finlandia y en el Estado español se dan como tantos por ciento cuando se trata de mujeres muertas por millón de mujeres. Los datos para el territorio del Estado español son de 2,81 mujeres por millón, pero  en el caso de mujeres de nacionalidad española es del 1,98 por millón, ésto aclara los datos que se ofrecen.

Charla y presentación en Oviedo y Navia


 El 8 de febrero estaré en Oviedo dando 
“Razones contra la ley de violencia de género”
Será en el Ateneu libertariu dÚvieu, calle Ricardo Montes, 37, bajo 6, a las 19,30 h. dentro de las jornadas MUJER CONTRA PODER que se desarrollan del 8 de febrero al 16 de marzo.

Y el 9 de febrero en Navia, en la Casa Azul (por la mañana, a determinar la hora) presentando 
“Feminicidio o autoconstrucción de la mujer”



El capitalismo contra el machismo (o porqué las mujeres deben entregarse sin condiciones al poder constituido)

El capitalismo contra el machismo
(o porqué las mujeres deben entregarse sin condiciones al poder constituido)

20 grandes empresas que cotizan en el IBEX 35, multinacionales y empresas españolas, van a asociar a sus campañas de publicidad “acciones de sensibilización contra la violencia de género”, con ello las grandes compañías del capitalismo se suman de forma manifiesta a la policía y las instituciones estatales como artífices de la liberación de la mujer.

Los productos que venden estas empresas llevaran incluida una campaña sobre el maltrato a las mujeres. Así el acto del consumo se convertirá en un acto integral que nos proporcionará un producto, necesario o no, una filosofía de la vida, la que interese, y una dosis de “concienciación” sobre la violencia de género, es decir de manipulación mental y de victimización paralizante con el pretexto de salvar a la mujer.




Puesto que el consumismo se asienta en las emociones y los impulsos primarios al asociarle estas maniobras se asalta la psique de las mujeres en un estado especialmente vulnerable, es además una forma perversa de incrementar la carga impositiva que permita ampliar los procesos de asalto a la conciencia en tiempos de crisis de las finanzas del Estado, pues el monto de las campañas irá incluida en el precio de los productos.

Salvo que se considere que entre los ideales de las grandes corporaciones capitalistas esté el practicar el desinterés y el bien social estos hechos deberían inducirnos a una reflexión sobre la verdadera naturaleza de estas operaciones.

Si el capitalismo brega por aumentar el beneficio empresarial y el poder político que le permita seguir creciendo ¿qué aporta el asunto de la violencia machista a sus proyectos? Pues es evidente, la mujer victimizada, insegura y aterrorizada que crean las campañas  sobre el maltrato es fácil rehén de los intereses empresariales, como mano de obra está sometida tanto mejor cuanto más aislada de sus iguales se encuentre, como consumidora es tanto más manipulable cuanto más se adecue a los estados emocionales intensos como los que crean las “campañas de sensibilización”.
Al insistirle en que no es capaz de reconocer las señales del maltrato se la despoja de la seguridad básica sobre sus propias percepciones de la realidad y sus ideas y se la convierte en sujeto connaturalmente heterónomo y plenamente dirigido. Esa mujer reconstruida según los designios de los poderes ilegítimos, casada con el Estado,  será, o se pretende que sea, el pilar que sostenga el sistema de dominación durante los próximos mil años.

En “Legislar contra el amor, la ley de violencia de género y la construcción del Estado policial”, “La ley de violencia de género vista desde Europa” y “Precisionessobre la Ley de Violencia de género” he reflexionado sobre diferentes aspectos de esta inicua ley que debe ser denunciada por todos los que deploramos la violencia entre iguales, el machismo, el privilegio femenino, la desigualdad política, el maltrato y todas las formas de destrucción de la libertad.

Quienes desde una radicalidad de pega defienden ardorosamente el programa de las instituciones sobre la violencia machista han de  asumir y explicar sus acuerdos fundamentales con las más altas esferas del poder, su coincidencia con el Alto Estado Mayor del Ejército, la alta jerarquía estatal y con los Botín, los Alierta  y las grandes multinacionales del IBEX 35.

Comentario a "Las crueles fantasías de Angie"


No puedo evitar un comentario al artículo aparecido ayer en el diario “El País”, “Las crueles fantasías de Angie”. La historia de María Ángeles Molina que asesinó a sangre fría a su marido primero y a una subordinada suya años después, con el único móvil del dinero, es un horripilante relato de la crueldad extrema a la que puede llegar el ser humano.

Cuando veo historias como la de Molina no puedo dejar de preguntarme en qué se funda ese argumento alucinado sobre la imposibilidad de que las mujeres pongan denuncias falsas aprovechando la Ley de Violencia de Género. Tan mujer es Ángeles Molina como lo era Ana Páez que murió a sus manos. Y a su marido, Juan Antonio Alvarez de poco le sirvió ser hombre y, por lo tanto, estructuralmente determinado a dominar, pues también acabó muerto.

Si existen mujeres que matan es de sentido común que también existan quienes ponen denuncias falsas (lo que no significa que todas lo sean). Impresiona que ese argumentario trastornado sea tan difícil de desalojar de algunas mentes, lo que demuestra que el fanatismo y el fideísmo religioso más extremo gana adeptos en esta sociedad.

Precisiones sobre la Ley de Violencia de Género


Imagen
Nicoletta Tomás
Precisiones sobre la Ley de Violencia de Género

“La mujer sin el hombre
Apagada va.
Apagado va el hombre
Sin luz de mujer”
Miguel Hernández
El comentario de Tusfo sobre la entrada “La ley de Violencia de Género vista desde Europa” me impulsa a hacer algunas aclaraciones que acoten mi posición en una cuestión de tan enorme complejidad.
Si, por un lado, me parece imprescindible apoyar todas las voces que se alzan contra una ley que viola, incluso, las elementales garantías jurídicas de la dictadura política parlamentaria, como hace el video que comentamos, no puedo dejar de ver que esta crítica es incompleta pues se opone a la deriva fascistizante que han instaurado los gobiernos de la socialdemocracia española, pero no a lo esencial de las políticas de género y su función destructiva de la comunidad popular y del sujeto ajeno al poder.
Existen también otras críticas de estas leyes, de carácter sesgado y desviado, que desean cimentar una nueva misoginia, culpando a la mujer en general, de lo que es, en primera instancia, responsabilidad de las instituciones estatales, éstas posiciones, han de ser denunciadas con la misma energía que la propia ley, porque se sustentan en otra mentira para instigar el desencuentro entre los pares.
Dicho esto hay que entrar en la reseña de los hechos, pues la realidad fáctica ha de ser aceptada y comprendida sin maquillar, ocultar o desfigurar lo real para hacerlo coincidir con teorías previas o intereses corporativos.
Hay elementos muy inquietantes en lo acontecido en estos años: En primer lugar no se puede negar que esta ley suspende las garantías jurídicas (incluso las muy exiguas que ofrece la actual dictadura parlamentaria) para la mitad de la población, los varones, y que ha justificado una ola de represión cierta y una ampliación del Estado policial sin precedente desde el franquismo.
En segundo lugar no se puede obviar que el número de muertes no solo no ha disminuido sino que sigue creciendo. La propaganda institucional ignora y esconde que, cuando se sancionó la ley, el estado español tenía una de las más bajas tasas de violencia contra la mujer del continente europeo y del mundo (según los datos conocidos pues en los lugares donde se practican las mayores sevicias contra las féminas ni siquiera se registran en estadísticas), este hecho es maliciosamente silenciado y, por el contrario, se subvencionan supuestos “estudios” que “demuestran” que el pueblo y la tradición en nuestro entorno son excepcionalmente misóginos y amparan la violencia contra las mujeres. Así lo expresa el preámbulo de la ley al aseverar que la violencia machista es estructural.
Una de las fuentes que sustentan la mentira del sistema sobre la condición femenina en el pasado son los libros de Miguel Lorente que, como premio a su labor, ha ocupado durante las dos legislaturas del PSOE el cargo de delegado del gobierno para la violencia de género. Es imposible en un artículo desmontar este axioma de la ortodoxia sexista que afirma que el pueblo es el reservorio del machismo y la misoginia, consigna convertida en verdad a fuerza de ser repetida de forma machacante, por eso Félix Rodrigo Mora y yo hemos dedicado varios años a estudiar, yendo a las fuentes, a los documentos y los estudios más a pie de hechos y realidades, para acumular una ingente cantidad de datos y análisis que aparecerán en nuestro próximo libro “Feminicidio o auto-construcción de la mujer” y que demostrarán la falacia del poder constituido que acusa al pueblo de lo que es responsabilidad del Estado.
Es un dato significativo que la agresiones a mujeres estén creciendo entre los jóvenes de las generaciones que han vivido por completo fuera de la tradición y cuyos referentes provienen mucho más del sistema educativo y los medios de “información” y entretenimiento que de la vida familiar, comunitaria y horizontal, lo que niega el principio del que parte la ley.
En última instancia la ley debe ser considerada como un factor, no único, pero sí importante, coadyuvante al aumento y afianzamiento de la violencia contra la mujer. Además es casi imposible conocer la realidad de la violencia social e institucional que nos permitiría entender la verdad sobre la agresión en nuestra sociedad con alguna garantía de exactitud, porque los datos son cuidadosamente camuflados con fórmulas inverosímiles de presentar las estadísticas.
En tercer lugar es incuestionable que existen denuncias falsas porque, aunque ley tipifica como delito los actos más nimios y establece la inversión de la carga de la prueba para el denunciado, una parte considerable de las denuncias no derivan en condena, sin embargo no cuantificaré el número de ellas, pues las guerras de datos, en la maraña de información a que nos someten, es otra fórmula para desacreditar la verdad.
Lo cierto es que la ley pone en manos de las mujeres un recurso ilegítimo e injusto para la venganza y el linchamiento del varón cuando hay desavenencias en una relación. No todas las mujeres usan esa prerrogativa, pero quienes lo hacen son responsables de tal iniquidad.
Se pretende impedir que pueda ser puesta en duda la palabra de la mujer cuando denuncia a un hombre; los grupos de presión feministas acosan a quienes negamos que las mujeres, por el hecho de serlo, estemos condenadas a decir la verdad y hacer el bien sin albedrío, es decir, a no ser humanas. Las mujeres podemos elegir la verdad o la mentira, somos responsables de nuestros actos y es nuestro mérito o demérito la forma como orientamos nuestra práctica y nuestra vida.
Aceptar la realidad de que hay mujeres que hacen falsas denuncias no es machismo, machismo es tratar a las mujeres como menores o seres sin voluntad y sin libertad para hacer el bien o el mal por elección, como hacen los que pretenden tutelarnos y protegernos, es decir, ningunearnos y maltratarnos, pues de ese padrinazgo resulta la mayor sumisión y humillación al negarnos la más esencial prerrogativa humana, el albedrío.
Leyes como la LOVG consiguen que una porción de las mujeres se encanallen y degraden, alimentando el ensanchamiento de la maldad en la sociedad lo que, como afirmaba Hannah Arendt al estudiar a Maquiavelo, sustenta la tiranía política. Hacernos malvadas es la fórmula más rápida para ponernos a trabajar para un sistema que hace del mal, el egoísmo, la injusticia y la miseria moral su seña de identidad.
Mientras los guardianes de la ortodoxia sostienen que si tu pareja te ha gritado terminará matándote, apoyan y justifican panfletos exterminacionistas como el “Manifiesto SCUM” (literalmente Manifiesto de la Sociedad para Descuartizar a los Hombres), una obra del sexismo androfóbico eliminacionista, que es considerada con simpatía por la mayor parte de los feminismos.
Decir que la política de género en el presente es un ensayo para engendrar futuros movimientos exterminacionistas no es una demasía, el estudio de la gestación de las corrientes genocidas en la historia moderna que hace Daniel Jonah Goldhagen, en “Peor que la guerra. Genocidio, eliminacionismo y continua agresión contra la humanidad” demuestra que, antes de las mayores barbaries, se creó el ambiente social de enfrentamiento y definición del enemigo con métodos muy parecidos a los que hoy usa el feminismo mayoritario para enfrentar a mujeres y hombres. El victimismo femenino será, si es necesario, usado para crear dos facciones enfrentadas que liquiden cualquier lucha popular aunque ello culmine en una gran masacre.
El modelo de enfrentamiento civil inducido y planificado es hoy la estrategia militar más frecuente. Un caso paradigmático ha sido la guerra de Irak, la intervención occidental ha cesado cuando se ha conseguido sumir al país en el caos y la guerra de facciones, porque, en esas condiciones, ya no representa ningún peligro para las potencias imperialistas ¿Alguien duda de que la guerra entre los sexos será usada en el caso de que llegue a producirse un movimiento de masas contra el Estado?
No obstante no se ha conseguido, hoy por hoy, imponer el modelo oposición perpetua y permanente entre los sexos. Podemos comprobar en el video que comentamos que hay numerosas voces de mujeres entre quienes denuncian la ley. Muchas mujeres seguirán sintiéndose concernidas personalmente, como madres, hermanas o parientes de los hombres condenados injustamente, o simplemente como seres humanos comprometidos con la verdad y la justicia. Éste es un dato para el optimismo.
No negaremos, pues sería ridículo, la existencia de violencia contra la mujer, más bien habría de hablarse, para ser justos y objetivos, de violencias múltiples, entre las que se inscribe la que afecta a las mujeres, pero hay que tener en cuenta la enorme complejidad de sus causas y orígenes, pues de lo contrario no podrá remediarse.
En “Feminicidio o auto-construcción de la mujer” las expresamos como sigue: “Se pueden resumir en una primera y más significativa, la destrucción de los vínculos sociales y el amor, lo que conlleva la práctica extinción de los lazos que unen a los iguales, desde la simpatía, el más elemental, hasta el amor universal a los ideales grandes y sublimes, pasando por el amor sexual-personal. No sólo han desaparecido los vínculos, sino la propia capacidad para crearlos, es decir, el conocimiento preciso para urdir la trama del compromiso humano, lo cual conlleva que los otros seres humanos se hayan convertido en realidades que no se ven, no se entienden y no se desean.
En la desaparición de la socialidad han colaborado muchos elementos propios de la modernidad: 1) La sociedad de consumo, pues consumir es destruir, destruir es agredir, y eso crea un hábito que lleva finalmente no valorar a los seres humanos; 2) el Estado de bienestar y la estatización general, que además de hacer irresponsable, infantil y estúpido al individuo, convirtiéndolo en sujeto sin control (por tanto, en personalidad insociable y psíquicamente enferma y propensa a expresarse por medio de la violencia) coopera asimismo en la destrucción de la familia al eliminar la interdependencia y la ayuda mutua como expresión material de los vínculos y del amor; 3) el Estado policial que determina que la fuerza sustentada en la ley es el remedio a todos los problemas, también a la violencia machista e instruye a las masas en ese principio; 4) la existencia de ejércitos profesionales, donde se enseña a agredir, torturar y matar, los cuales son quizá la causa principal de los hábitos violentos de un sector de los varones, y pronto de un sector de las mujeres, recientemente admitidas a filas; 5) la legislación patriarcal, que es ley estatal, promulgada y hecha aplicar por el Estado durante siglos, hoy sustituida por la legislación neo-patriarcal que tiene los mismos efectos: rebajar el nivel del afecto y amor mutuo en la sociedad, elevando el grado de enfrentamiento y desamor, por tanto de la agresividad y las agresiones; 6) la destrucción de toda vida comunitaria creando el sujeto de la modernidad, un ser egocéntrico, solitario e incapaz de convivir, para el cual el otro u otra es el enemigo a batir; 7) la trituración planeada de la familia extensa, después de la nuclear, y más tarde de todos los vínculos humanos que no estén mediados por el dinero y el Estado; 8) la aniquilación de la ética y de la disposición a vivir éticamente; 9) la urbanización forzada y el estilo urbano de vida, pues las megalópolis son el centro mismo de todas las formas de violencia, mucho más que el mundo rural; 10) la deificación del dinero, vil actividad en la que el feminismo desempeña una función de primera importancia, que ha devaluado tanto la dignidad que tuvo lo humano, por sí mismo, como el respeto hacia los demás, nociones éstas por completo ajenas a lo monetario; 11) el uso inducido desde arriba de las drogas y el alcohol; 12) la existencia de la propiedad privada concentrada, que enfrenta a unos seres humanos con otros; 13) la degradación de la masculinidad; 14) la trituración de la feminidad y el feminicidio en curso; 15) la continua apología de la violencia que hace la publicidad y la industria del ocio, en particular el cine, la televisión y la novela; 16) la ideología patriarcal, presente todavía en numerosas personas, hombres y mujeres; 17) la existencia del trabajo asalariado que impone las relaciones jerárquicas y de fuerza que devalúan al sujeto, especialmente a las mujeres, al nivel de las mercancías; 18) la cosmovisión neo-patriarcal feminista, con su ideología del odio universal; 19) la victimización de la mujer que fomenta la irresponsabilidad y el entontecimiento de las que se adscriben a ella; 20) el Estado feminista que utiliza la “violencia de género” como fuente de colosales ganancias políticas, especulando con la sangre de las mujeres asesinadas; 21) el aparato universitario lanzado a la manipulación de las mentes a gran escala por medio de los productos ideológicos que fragua sin tregua; 22) el narcisismo femenino que impide asumir responsabilidades y hacer juicios objetivos y sensatos sobre los propios actos; y, 23)la liquidación integral del ser humano en tanto que humano, su bestialización planificada por conversión en ser-nada y en lastimosa criatura subhumana.”
Lo cierto es que no será fácil revertir las consecuencias de estos procesos que han dañado de forma significativa la vida social comunitaria y la vida personal de mujeres y hombres. La brega política y la denuncia de la LOVG es insuficiente y por lo tanto habrá que elaborar un programa que conciba un camino de recuperación, o más bien de creación de nuevos lazos de unión entre los sexos en la lucha contra el patriarcado, ahora contra el neo-patriarcado del que forma parte la LOVG.
El Estado, como nuevo pater-familias estimula en la mujer un sentimiento de debilidad, inferioridad y victimismo que nos convierte en sus protegidas y, como tal, deudoras, entregadas por completo a su tutela y protección y también al obediente cumplimiento de sus proyectos y designios. Ésta es hoy la principal fuente de machismo y misoginia que debe ser denunciada y destruida por las mujeres y los hombres comprometidos con la emancipación social.
Para evitar que tal evento sea comprendido se ha comenzado a lanzar la acusación de machismo en todas direcciones aterrorizando a alguna gente bienintencionada que desea romper con los usos patriarcales sin llegar a ver los nuevos modos neo-patriarcales. Se intenta identificar lo masculino con lo machista por lo que muchos hombres se sienten impelidos a negarse en tanto que hombres para reconstruirse como seres sin matices sexuados, es decir, para mutilar su humanidad en tanto que singular masculino.
Lo diré de nuevo, machista es toda actitud que limita la presencia social, política, reflexiva o vital de la mujer. A quienes sostienen que sólo los hombres han de curarse del machismo yo les contesto que las mujeres que no bregan con energía para situarse en primera línea en las tareas más importantes y más difíciles del momento, que no asumen sus deberes como el mayor bien y la mayor oportunidad de crecimiento, que no se comprometen con los problemas fundamentales del mundo antes que con su limitado interés personal, que permanecen en una nueva forma de domesticidad, de culto a lo pequeño, absorbidas por ejercicio de actos de control sobre los hombres, SON UNAS MACHISTAS, que deben curarse de ese grave desarreglo haciendo crítica de sí mismas con decisión y valentía.
El hostigamiento del machismo y la misoginia es tarea hoy para mujeres y hombres que debemos remediar en nosotros mismos ese mal en un proceso que será a la vez de auto-construcción personal, reconstrucción de los lazos convivenciales horizontales y ruptura planeada con el ente estatal. Este será el camino más difícil pero el único realmente eficaz para limitar al mínimo (pues su supresión será imposible por la misma naturaleza de lo humano) la violencia contra las mujeres y el desencuentro y la agresión entre pares.