“El alma humana tiene necesidad de verdad y libertad de expresión” Simone Weil

"Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras” Juan de Yepes

Mostrando entradas con la etiqueta Guerra de Sexos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guerra de Sexos. Mostrar todas las entradas

Aculturación, las políticas de género como etnicidio.


ACULTURACIÓN,
LAS POLÍTICAS DE GÉNERO COMO ETNICIDIO.

(Extractos de "Feminicidio o auto-construcción de la mujer")
La aculturación de las clases populares es una meta perseguida con vehemencia por las elites mandantes desde hace más de doscientos años, pues con ella alcanzan una situación de preponderancia óptima, al ser equivalente a ganar al pueblo la batalla de las ideas por el procedimiento de aniquilar su mismidad cultural, paso previo a la imposición completa de la ideología más deseable para el poder. Negar el pasado y el presente de la gente común, inculcar en sus mentes la idea de que en uno y otro hay un espanto indecible, un pecado ignominioso en grado superlativo, la mentalidad patriarcal y las prácticas machistas, es derrumbar el mundo interior del desventurado sujeto, convertirle de golpe en no persona y ser nada entregado a todas las manipulaciones. Una vez que se considera a la sociedad del pasado inmediato como un infierno en el que los hombres-demonios atormentaban, violaban cada noche y asesinaban a las mujeres-víctimas impunemente y a su entero albedrío, y cuando se nos dice que las cosas siguen igual porque “culturalmente” el problema permanece, de manera que hay una responsabilidad popular en todo ello, de naturaleza absoluta, el individuo medio se desmorona por dentro.
  Reducir a la gente de ayer -y de hoy- a un revoltijo de monstruos (ellos) e “idiotas” (ellas) es transformarles en seres sin confianza en sí mismos ni autoestima, devastados psíquicamente, llenos de un sentimiento de culpa que les aniquila, inseguros, pasivos, abrumados, angustiados y dóciles. La creación de la mentalidad masoquista propia de la modernidad, que se desprecia y odia a sí misma para transferir toda esperanza de salvación al Estado, es el gran logro del feminismo de Estado y el sexismo político en el terreno de la lucha ideológica. En efecto, frente al pueblo malvado y pecador se levanta el Estado bueno y redentor, en tanto que Estado protector, que a través de una severa política represiva, pero, sobre todo, por medio de una gigantesca operación de reeducación e ingeniería social, dirigida a transformar las mentes y las conductas, ponga fin a tanta abominación.
  Antaño el pueblo pecador era redimido por la Iglesia, que extraía enormes réditos de la ideología de la culpabilización. Ahora es el Estado la instancia purificadora y salvífica. El machismo es hoy el nuevo Pecado Original de la novísima religión política oficial del Estado, el sexismo político hembrista. Invocándolo se expropia al pueblo su pasado, que es sustituido por la mentira integral sobre la historia que ofrecen el funcionariado de género y el mundo académico al alimón. Pero la expropiación de la cultura del pasado por vía de su completa desnaturalización y falseamiento la realizó a conciencia antes por la Sección Femenina.

Los pilares del neo-patriarcado

En "Vodevil zaragozano" Félix Rodrigo señala 6 pilares del neopatriarcado, el ministerio de Igualdad, las cátedras de género, la secta feminista, las fundaciones de la gran empresa, la izquierda pro-capitalista, PSOE-IU e izquierda nacionalista y el gobierno del PP.

Aunque estoy de acuerdo en todos quiero señalar otros que se le han olvidado y abrir con ello un proceso para añadir colectivamente todas aquellas estructuras que sostienen la novísima y amplificada opresión femenina de nuestros días para desentrañar la realidad material del patriarcalismo moderno.

En el plano supranacional hay que incorporar como séptimo pilar del neopatriarcado a la ONU, y, más concretamente la Conferencia de Beijing  en la que se diseñaron las líneas maestras de las políticas de género a escala planetaria. Esta Conferencia fue celebrada en septiembre de 1995 con la participación de 189 países.

Desde su creación por las potencias ganadoras de la II Guerra Mundial, en octubre de1945, la ONU había dedicado una parte importante de su actividad a delinear las nuevas políticas para las mujeres, el año 1975 fue declarado Año de la Mujer, y en 1976 se celebró la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer en México, le siguieron las de Copenhague en 1980, Nairobi en 1985, la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la Mujer en 1993 y, por fin, Beijing en 1995, ésta última es un punto de inflexión definitivo en la condición femenina a escala mundial.

Bajo una retórica blanda y aparentemente inofensiva, Beijing declara cuatro  ideas esenciales que serán los ejes de una transformación radical en la condición de las mujeres:

1) Que las mujeres constituyen un grupo social único con intereses compartidos y necesidades propias cuyos derechos han sido conculcados por los hombres que son, igualmente, un grupo social homogéneo que actúa como opresor y dominante. Se crea así una fractura total entre los sexos, que son definidos únicamente por su conflicto, borrando la división entre las clases sociales, entre los que tienen el poder y quienes lo sufren.

2) Que los Estados son los encargados de enmendar este agravio histórico a las mujeres, son por lo tanto las leyes, las instituciones, la burocracia estatal y el funcionariado quienes deben salvar a las mujeres de su entorno natural que es definido como hostil y violento siempre, sin diferencias especiales por razón de clase, cultura, tradición, historia, régimen político o religión. Los Estados y las instituciones supranacionales dirigidas por las potencias militares y económicas mundiales deben “promover el avance y empoderamiento de las mujeres en todo el mundo”.

3) Que las mujeres, por tanto, son objeto de la tutela de los Estados, seres indefensos y desamparados. En varios lugares del documento final aparecen sumadas a los niños y niñas con la misma categoría de necesitadas de custodia  y protección. Las mujeres son víctimas de la violencia de los hombres y de la violencia de las guerras y han de ser defendidas y protegidas  de forma especial de ello.

4) Las mujeres deben incorporarse al desarrollo político y económico para ganar su libertad. A la gestión política y toma de decisiones y a la independencia económica a través trabajo (no se hacen diferencias, por supuesto, entre aquellas que se incorporan a la política como mandantes y quienes lo hacen como dominadas ni entre quienes colaboran en lo económico como propietarias o dirigentes y quienes lo hacen como laborantes o mano de obra). También incluye la incorporación a la gestión de la “Paz” mundial, es decir, a los proyectos de guerra y reordenación del poder imperial a escala mundial.

Beijing inaugura una nueva etapa en la que los Estados y las empresas capitalistas acaparan todas las funciones que se desarrollaban en el pasado en la horizontalidad, las biopolíticas dictadas por los centros de poder dirigen la totalidad de las acciones vitales y ordenan la sociedad de forma absoluta, la demografía es gobernada con mano de hierro (haciendo el aborto forzoso en muchos lugares, por ley como en China, o por mecanismos extralegislativos como en la mayoría del planeta). Asciende una nueva casta de poderosas que son obedecidas de forma más sumisa por el hecho de representar al grupo de las históricamente “oprimidas”. Se culmina la salarización general de las sociedades con la incorporación masiva de las mujeres a un capitalismo que se desliza hacia la esclavitud. Se institucionaliza a las criaturas y se burocratiza la vida desde su inicio. Asciende el militarismo con la incorporación general de la mujer a la preparación de la guerra. Desaparece la feminidad natural auto-construida para emerger unos nuevos seres neutros e indefinidos que son, propiamente, ganado de labor. El Estado y el capitalismo son el todo y las mujeres y los hombres del pueblo, segregados, divididos, son nada, seres subyugados hasta lo impensable.

Todo este proyecto fue, paradójicamente, pensado y dirigido por instituciones que eran mayoritariamente masculinas.

No es trivial que la LOVG cite en su preámbulo la Conferencia de Beijing como referencia, ni que los años 90 fueran en nuestro entorno los de la aparición de un nuevo feminismo de corte fascista,  policíaco y pendenciero que no casualmente coincide con la instauración del ejército profesional  que encontró un reservorio excepcionalmente motivado entre un grupo de las mujeres.

Durante ese decenio pequeños grupos –apoyados por las instituciones- preparan el terreno a la promulgación de la LOVG creando un estado de alarma y pavor permanente con el argumento de la violencia de género y promocionando dos nuevas ediciones del Manifiesto SCUM de Valerie Solanas (que había sido olvidado desde que en el año 77 lo editara el Partido Feminista).

También es un sobrevenido de Beijing la legislación favorable a las mujeres  y la burocracia que la aplica que tienen que ser distinguidos como el octavo pilar del neopatriarcado, la legislación actual de protección y privilegio de las mujeres  ha constituido un nuevo modelo de dependencia femenina. Si en el pasado el legislador ordenó que el esposo estuviera obligado a proteger a la mujer y ella, a cambio, a obedecerle, hoy se consuma el matrimonio entre la mujer y el Estado con los mismos fundamentos del antiguo orden patriarcal, protección a cambio de obediencia. La mujer media del pueblo en el presente se ha constituido no como sometida, es decir, doblegada por la fuerza,  sino como ser dócil y dependiente de las dádivas institucionales, menor de edad eterna que reclama sus derechos, es decir, la caridad  del poder. Como pasa siempre en estos casos se ha constituido una pequeña tropa de colaboradoras activas que son sumisas y serviles con los poderosos y violentas y canallas con los iguales y ejercen de fuerza policíaca con un poder otorgado por sus amos que les sitúa ilegítimamente por encima de sus iguales.

La política de derechos de la mujer ha conseguido convertirlas en el “sexo débil”  no de forma literaria o retórica sino de manera real y manifiesta. Al olvidar sus deberes las mujeres se han derrumbado en un letargo embrutecedor, han perdido las habilidades que se cultivan en la acción, han liquidado su creatividad, se han hecho torpes e incompetentes , incapaces para el esfuerzo, aterradas frente al dolor y ajenas al bien moral.

Como consecuencia de ello la inferioridad femenina está dejando de ser una teoría misógina para comenzar a ser un hecho real pues la desaparición del principio del mérito y el reconocimiento a través de la obra propia ha producido una debacle de la aportación singular de las mujeres a la vida intelectual, social, material, convivencial y moral de la sociedad.

Paralelamente no asciende la felicidad de las mujeres sino que por el contrario reaparece un estado de angustia que se manifiesta como un “problema sin nombre” (un término acuñado por Betty Friedan para definir la desestructuración psíquica del ama de casa de los años 50 en EEUU), un problema que se inscribe en la insatisfacción vital profunda y la incertidumbre respecto al significado de ser mujer que se traduce materialmente en el consumo masivo de psicofármacos, el uso intensivo de servicios profesionales destinados a la búsqueda del bienestar, el ascenso del suicidio (sobre todo en el tramo de edad más potentemente femenino, entre los 30-34 años, es hoy la primera causa de muerte), el crecimiento de las enfermedades mentales, el sentimiento de carencia y de falta, el miedo y la parálisis.

El noveno pilar del neopatriarcado es el Ejército que constituye el corazón del Estado. Las políticas de género están íntimamente unidas a las necesidades militares, la Resolución 1325 de la ONU del año 2000, insta a los gobiernos mundiales a incorporar a las mujeres a las labores de la “paz” mundial integrándolas en  mayor medida en las unidades que actúan “sobre el terreno”, es decir, en las operaciones militares abiertas. Se argumenta que, como las féminas son “artífices de la paz”, su sola presencia  será positiva para limitar los conflictos bélicos. Lo cierto es que las mujeres se han incorporado a lo militar en la práctica totalidad de los ejércitos del planeta  pero eso, como era lógico, no ha abierto una era de paz.

El ejército español es especialmente abundante en personal femenino y fue uno de los primeros en derribar las limitaciones a que las mujeres participasen en combate en primera línea. Como garante último de la razón del Estado lo es también del mantenimiento del orden neopatriarcal, por ello celebra cada año el 8 de marzo, establece premios destinados específicamente a mujeres y ha incorporado cátedras de género a los estudios de la carrera militar en la Academia General de Zaragoza.

Por el  momento dejo en estos 9 los fundamentos materiales del neopatriarcado. Tal vez podamos añadir otros hasta construir el diagrama de un proyecto monstruoso de destrucción de las mujeres como mujeres y de los hombres en tanto que otredad sexuada.

Nuevas reflexiones sobre el 8 de marzo

Nuevas reflexiones
sobre el 8 de marzo

Este 8 de marzo solo unos miles de personas se han manifestado a lo largo del territorio, la mayor parte de ellas son, de una u otra manera funcionarios o subvencionados del Estado, pero, si somos realistas hay que reconocer que ni siquiera la totalidad de los y las paniaguados del Estado feminista han salido a la calle. Puesto que la mayor parte de ellos actúa por dinero es lógico que no hagan “horas extras” sin cobrar.

La ortodoxia sexista funciona, sencillamente, por la masa de dinero que inocula el Estado a sus organizaciones y sus estructuras que dimanan directamente de él, muy poco o nada hay de gratuito, voluntario o militante en su acción, por eso cada vez más mujeres reniegan de estos actos institucionales y rituales que nada tienen que ver con la libertad.

Recojo dos ejemplos publicados en los últimos días: la reflexión de Elena Díez de la Cortina y la de Charo Hernández Catalán.

Elena dijo en facebook, y suscitó polémica, claro:


“NO CELEBRO EL 8 DE MARZO. Y os aseguro que soy mujer todos los días, incluso hoy.
NO CELEBRO el trabajo asalariado, bajo control y mordida estatal.
NO CELEBRO tener que trabajar. Menos aún tener doble jornada, dentro y fuera.
NO CELEBRO que la dignidad se mida €n cifra$ barrada$.
Me niego a celebrar que mi valía se cifre en productividad mercantilista.
No celebro no sé qué liberación femenina en estos tiempos de TIRANÍA absoluta, cuando la razón fuerte de tal artimaña no fue otra que enrolarnos en las maquinarias del poder capitalista (¿No fue patrocinada la "liberación femenina" por los rockefeller de turno?).
No celebro que el Estado (nunca electo) tenga más potestad que yo sobre mis hijos.
Que la escolarización obligatoria de nuestros niños en centros de adoctrinamiento entorpezca fieramente la transmisión amorosa y libre de otras maneras de vivir.
No celebro el feminismo contrarevolucionario de paternalismo estatal ni sus falsos cantos de sirena.
No celebro las leyes de violencia de género actuales, que separan a los iguales, hombres y mujeres, induciéndolos a una guerra estúpida de géneros que impide que visualicemos al verdadero Leviatán.

Así que, por favor, no me pongáis florecitas ni corazoncitos en el FB.
Prefiero las de verdad, bien arraigadas en tierra.”

Y Charo escribe en http://www.glayiu.org/

Algo huele a podrido en el 8 de marzo


8 DE MARZU DE 2013 • ROSARIO HERNÁNDEZ CATALÁN

Algo en mi condición humana me provoca el sonrojo cuando le pido al gobierno, cuando le exijo al Estado. Que vienen los fachas, y entonces la cadena es más corta. Que vienen los progres, y entonces la cadena se nos alarga. Pero siempre, siempre somos perras con cadena. Perras Yorkshire, cuando en realidad debiéramos ser lobas.

Estoy un pelín hasta el coño del 8 de marzo. Y más aún del 25 de noviembre. Y del primero de mayo. Y de todo el santoral anual con que los Estados han ido poquito a poco canalizando y amansando nuestras ansias luchadoras. El día del SIDA, el día de la infancia, el día del refugiado, el día del vino de Cangas y el día de los oricios en salmuera. Días aprobados por la ONU, la UNESCO, la OTAN y toda su raza*. Yo hoy no celebro, tampoco me manifiesto. Algo huele a podrido en todo esto. No sé explicitarlo muy bien, pero me da pudor ver carteles estatales celebrando mi femineidad.

¿Que tengo yo en una mani que pedir qué?, ¿que no me recorten más en igualdad? ¿A quién decís que se lo pido? ¿Al Estado?, ¿vestidita de lila? No, algo huele a podrido en todo esto. Algo en mi fuero interno me hace sentir ridícula. Es un sentimiento nuevo, que soy feminista, y he ido a muchas manis, pero alguien se ha cagado, ha dejado un zurullo muy gordo y un tufo a Sección Femenina asola el país en estos días del santoral estatal. Con todo el respeto, compañeras, compañeros, pero sospecho que llegan tiempos en los que va a tocar otra cosa. ¿Soy yo sola?, ¿no os pasa algo parecido?, ¿no os empiezan a truñir ya estos días? No me digáis que "es que es un día superimportante, un día para salir a la calle". Creo que la cosa exige algo más profundo... no sé qué... estoy perdida, sólo olisqueo algo nuevo en el horizonte, pero no sé qué es. Construir, más que reivindicar. En las plataformas feministas se nos va mucha energía organizando 8 de marzos y 25 de noviembres y sospecho que esa energía deberíamos gastarla de otra manera...

Pedirle al Estado mejores leyes. Menos recortes. Algo en mi condición humana se sonroja cuando le pido al gobierno, cuando le exijo al Estado. Que vienen los fachas, y entonces la cadena es más corta. Que vienen los progres, y entonces la cadena se nos alarga. Pero siempre, siempre somos perras con cadena. Perras Yorkshire, cuando en realidad debiéramos ser lobas. Y no es sólo cosa del bipartidismo, que ya os veo venir con esa cantinela. No, no sólo es cosa del gobierno, es cosa del Estado, que lleva en su esencia pastorear súbditas y súbditos. Siempre. El Estado es una de las cabezas del Patrix.

Algo en mi condición humana me provoca el sonrojo cuando le pido al gobierno, cuando le exijo al Estado. Que vienen los fachas, y entonces la cadena es más corta. Que vienen los progres, y entonces la cadena se nos alarga. Pero siempre, siempre somos perras con cadena. Perras Yorkshire, cuando en realidad debiéramos ser lobas.

Ahí va una cita de Enric Durán: "Todavía hoy vemos reproducirse un hecho paradójico: las personas, queriendo ser libres, empiezan por pedir a sus opresores que las protejan modificando las leyes creadas por estos mismos opresores, pero la posibilidad de modificación de leyes en base al bien común no es más que una táctica preconcebida que consiste en hacer pequeñas concesiones para conseguir el conformismo y la aceptación sumisa de las grandes injusticias por parte de la mayoría de la población". Pedimos a nuestros opresores que nos protejan, y lo pedimos en estos días en que ellos nos han permitido salir a la calle a limosnear. Algo huele a podrido. No tengo argumentos, sólo intuición....Y la intuición es inteligencia con exceso de velocidad, inteligencia que sabe, pero que no sabe por qué lo sabe.
Con todo mi más sincero respeto, compañeras. Con todo mi agradecimiento, perdonad mi atrevimiento[1].


Notas


[1Puede que también os interese esta reflexión escrita en el 2008. Ya no la suscribo del todo pero ahí va: "Hiperlugares agotados". Cuando decidimos dónde hacer una manisfestación o una concentración, hablo de las feministas y de nuestras fiestas de guardar del 8 de marzo y del 25 de noviembre, siempre elegimos lugares del siglo XX: plaza del Ayuntamiento, frente al Campoamor, plaza de la Escandalera, plaza del Parchís... Las gentes de los movimientos sociales, o sea, las gentes de izquierdas gustan de frecuentar lugares con una fuerte densidad simbólica: plazas céntricas, bares míticos, locales de asociaciones, sedes de partido, Universidad, barrios con solera ... estos lugares otorgan mucha identidad a quienes los frecuentan. Son hiperlugares, lugares con encanto, con mucha historia, con alta concentración semiótica, lugares donde hace treinta años una se enfrentó a la policía, otra soltó un discurso, el otro repartió octavillas, la de más allá conocío a su chica. Hiperlugares, lugares ricos, densos, lugares sacrolaicos. Las concentraciones y manifestaciones del calendario feminista, por lo menos en Asturias, han perdido demasiada fuerza performativa, es decir, no extrañan, no incomodan y no suscitan. Esto se debe en buena medida a que tanto la fecha como el espacio están desactivados por las instituciones y nuestra inercia. Conviene que empecemos a tomar los nuevos espacios públicos, espacios cero en sentido y en historia, pero donde hoy se concentra mayor densidad de consumidores que siguen teniendo un algo de conciencia política. Siguen siendo humanos. Conviene concentrarse en los no-lugares. El 25 de noviembre debería ser el 25 de diciembre en el Parque Principado. El 8 de marzo podría celebrarse el 8 de enero (inicio de rebajas) en el Calatrava. Nuestra identidad se edifica en los hiperlugares, pero las concentraciones hay que hacerlas en los no-lugares porque el mero hecho de romper la lógica consumista con la militancia feminista, ecologista, pacifista genera valiosas incomodidades y extrañezas.

La palabra del hombre. Una reflexión sobre el machismo en el 8 de marzo


La palabra del hombre
Una reflexión sobre el machismo
en el 8 de marzo


“El poder es, en esencia, violencia”
Wrigth Mills


Miguel Lorente, el nuevo Malleus  Maleficarum (martillo de las brujas), vuelve a la carga esta semana. El que fue delegado del gobierno para la violencia de género en las dos legislaturas del PSOE, acusa a Inma Ocaña, mujer, doy fe porque soy su amiga, de mentir; y no solo acusa a Inma Ocaña de mentir, sino a los cientos de miles de mujeres que sabemos y decimos que existen las denuncias falsas, que la Ley de Violencia de Género no solo no resuelve el problema real del aumento de la violencia machista en nuestros días, sino que la atiza, fomenta todas las formas de violencia (pues existen otras violencias además de la machista) a la vez que condena a un gran número de varones inocentes y los maltrata institucionalmente (y de paso maltrata también a las mujeres vinculadas con ellos por lazos de amor).

Miguel Lorente (del PSOE más corrupto del Estado español, el andaluz), el diario el País (el de los anuncios de prostitución a toda plana), el parlamento en pleno (el de los políticos profesionales, peritos en corrupción y en mangoneo), el gobierno (de la derecha española venida directamente del franquismo), los funcionarios  y paniaguados del Estado (cobrando cada mes del negocio de la violencia de género), la industria de los servicios vinculados a este asunto (que nadie se llame a engaño, no son ONGs, los terapeutas y profesionales cobran por sus servicios, y cuantos más servicios prestan, más cobran), las antiguas ministras (mujeres detentadoras del poder ilegítimo del Estado sobre el pueblo) como la señora Alborch y las nuevas (de otro color político pero  la misma catadura), todos ellos,  humillan y maltratan a Inma Ocaña y a las innumerables mujeres que pensamos como ella. Dirige el linchamiento un hombre, Lorente, experto en amedrentar, amenazar y perseguir a las mujeres que no se sometan incondicionalmente a las órdenes de la jefatura feminista, que él, hombre, ha ostentado durante muchos años, y a las que no hablen al dictado de los funcionarios y funcionarias de la ortodoxia de los poderes del Estado. Supongo que Lorente, como casi todos los machistas, piensa que está justificada la agresión porque lo hace por nuestro bien, y que su palabra, de hombre, vale más que la de Inma Ocaña y todas las que deploramos la existencia de esa ley inicua y malvada que es la LOVG.

Se ha desatado una auténtica caza de brujas con el diario “El País” a la cabeza, el periódico de los anuncios de prostitución, el que usa el doble rasero para llamar a las asociaciones críticas con la ley de violencia de género “ruidosas asociaciones machistas”, mientras se financia con los anuncios de la compra-venta del sexo de las mujeres (los anuncios de dicho periódico son mayoritariamente de prostitución femenina), el órgano de los intereses de las corporaciones más poderosas del planeta, el verdadero asesino de la libertad de conciencia de innúmeras generaciones de féminas, cuya praxis le permite también practicar el linchamiento de mujeres, de todas aquellas díscolas con el discurso obligatorio del poder.

El País representa a la prensa que habla en nombre de las grandes corporaciones mundiales (los grandes bancos y fundaciones norteamericanas) que han diseñado una cárcel para la mujer que supere todas las limitaciones que tenía el patriarcado clásico, especialmente el occidental.

Lorente personaliza al partido que en el año 1931 votó en contra del sufragio femenino por considerar a las mujeres una fuerza reaccionaria, algo que era una mentira repugnante pues las mujeres no estaban en las iglesias rezando como decían, estaban y siguieron estando, en la primera fila de las luchas populares contra el poder[1], pero, eso sí, no se acercaban al PSOE que era, y lo sigue siendo, un partido de machos (que no de hombres) que solo consideraba a las mujeres, y las sigue considerando, en tanto que seres (votantes o trabajadoras, no mujeres) objeto de manipulación política y de explotación laboral.

El PP, fundado por el franquista Manuel Fraga, acompaña al coro, aunque no tienen el empuje y la vehemencia de los otros. Silenciosamente ha vuelto a resucitar el Ministerio de Igualdad, que tenía rango de Secretaría de Estado cuando llegó al gobierno. La derecha hoy es quien representa el feminismo de Estado, quien realiza las políticas de género que en nada han cambiado su orientación respecto a los anteriores gobiernos; es el que alimenta las campañas de “sensibilización” (adoctrinamiento) sobre la violencia de género y quien ha preparado un protocolo para su aplicación en el ámbito sanitario que es una auténtica estrategia para convertir a cientos de miles de trabajadores de la sanidad en policías y adoctrinadores de la mujer.

Se suman algunas feministas de rancio abolengo como Lidia Falcón, la fundadora del Partido Feminista y colaboradora del franquismo que trabajó codo con codo con la que fue Secretaria General de la Sección Femenina, Marichu de la Mora[2], con la que le unía, entre otras cosas, la loa de “El Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir. Y Carmen Alborch, que se unió como ministra de cultura al PSOE más podrido y corrupto[3], el de la época de los GAL y el escándalo de los fondos reservados, vinculada al partido del terrorismo de Estado, reivindicado con la desvergüenza de quien cabalga sobre los lomos del pueblo como auténticos déspotas orientales.

La violencia con que se han desatado los poderes del Estado a través de la clase política y sus perros guardianes tiene por objeto crear el terror, asustar e intimidar a las disidentes de la “verdad” oficial, imponer la obediencia ciega de las mujeres a sus consignas y a sus proyectos. Es una estrategia para someter a la mujer apoyándose en esas relaciones de poder ilegítimas que les vienen dadas por ser detentadores y detentadoras de la autoridad del Estado, un poder históricamente constituido a través de la violencia (ellos tienen un ejército y muchas policías para defenderlo) y el control sobre la cultura (a través de numerosos sistemas de adoctrinamiento y manipulación de los que el sistema educativo es central) y es, por lo tanto, terrorismo machista.

Inauguran una etapa inquietante en la que puede hacerse realidad la profecía de Valerie Solanas en su manifiesto SCUM, de tener grupos de choque, al estilo de las SS nazis, que practiquen el terrorismo contra los hombres díscolos con el poder y las mujeres-macho. El Manifiesto SCUM ha tenido tres ediciones en castellano: la primera, de 1977, como referente en la creación del Partido Feminista que fue quien lo avaló, y las dos siguientes, de 2002 y 2008, que se pueden situar en relación con la LOVG, de la que son en realidad inspiración.

Para quien no conozca este texto, escrito en 1968 por Valerie Solanas, cuya androfobia militante la llevó a disparar sobre Andy Warhol, hay que señalar en primer lugar lo expresivo de su título, “Sociedad para el Exterminio del Hombre” ¿Cómo podría pensarse en ver en las estanterías de nuestras librerías un texto llamado “Sociedad para el exterminio de la mujer”?, imposible; sin embargo este repugnante libelo es considerado una obra de gran valor por un nutrido grupo de feministas subvencionadas, algunas durante más de medio siglo (como las prologuistas de dos de las ediciones, que son parte de las fundadoras del Partido Feminista, junto a Lidia Falcón) y otras catedráticas y profesoras, funcionarias del mayor aparato de destrucción de la libertad de conciencia conocido, muy por encima de la religión, la Universidad (pública y privada, por cierto).

Todas ellas, como nueva casta sacerdotal que aspira a dominar por completo la conciencia de las mujeres, presentan este inmundo alegato sexista y nazi como “un grito desesperado, un canto profético, la cólera retenida desde siempre por media humanidad”[4], y nos muestran a la autora como una “mujer visionaria” y símbolo de las que se revuelven contra la injusticia (los fascismos también se presentaron así). Así, ellas mismas, sus continuadoras, se invisten del poder de decidir los que caerán bajo sus acciones violentas, los hombres y mujeres-macho. Y, ¿quién señalará los individuos que representen estas categorías?, ellas y ellos por supuesto, aupados en lo más alto de la pirámide del poder.
Este feminismo de extrema derecha no es una broma o una locura sin consecuencias. En primer lugar, ¿qué panfleto ridículo escrito por una desequilibrada con impulsos asesinos habría conseguido la significación histórica de este libelo? Si SCUM se ha convertido en un referente para un movimiento feminista vinculado a los Organismos Internacionales, los gobiernos, las grandes instituciones de la política y las Fundaciones de las señeras corporaciones del capitalismo mundial es porque forma parte de las estrategias de esas instituciones, si no fuera así, no hubiera pasado de ser un papelucho mecanografiado por una chiflada.

Los objetivos de semejantes operaciones son, en primer lugar, formar escuadrones para manejar y dominar a las masas (masas o vulgo, que no pueblo). En segundo lugar, crear el modelo de mujer apta para nutrir los ejércitos y las policías, cuestión ésta esencial para poder pensar en el mantenimiento del poder imperial de las potencias occidentales frente al ascenso de los nuevos imperios económicos y políticos. En tercer lugar, separar definitivamente a las mujeres de los hombres y generar movimientos de destrucción de toda vida horizontal que colaboren al ascenso y crecimiento del Estado, teniendo siempre en la manga la opción de desatar movimientos exterminacionistas o genocidas como instrumento de control y de poder.

Son motivos estratégicos y vitales para el sistema que se encuentra atravesando la peor crisis de los últimos quinientos años y que necesita construir definitivamente el Estado-Total sobre las ruinas de la sociedad civil y los despojos humanos de lo que antes fue el pueblo, para erigir un imponente aparato de dominación sobre unas masas bestializadas y obedientes. No se permitirá, por ello, ninguna disidencia, la persecución será implacable.

En primer lugar se acusa a Inma y a todas las que pensamos como ella de no usar datos contrastados, se nos exige usar únicamente los datos creados por ellos, los oficiales, de modo que estamos obligados a creer en lo que nos dice un organismo que no es  independiente, sino que forma parte del aparato que implementa y defiende la LOVG. En este asunto, como en el caso de la tortura, los datos que maneja el Estado no coinciden con los de, por ejemplo, Amnistía Internacional, que sí es una asociación independiente del gobierno.

Por otro lado, los propios datos del gobierno son muy difíciles de contrastar, pues afirma el Ministerio de Sanidad que las denuncias solo representan “entre el 5 al 10% de los casos que se producen”; la pregunta que surge es: ¿cómo han llegado a estos datos? ¿Tienen una cámara en cada dormitorio y en cada casa?  Lidia Falcón se permitía la licencia de afirmar, en su texto “Violencia contra la mujer” de 1991, que en el Estado español había entre 200.000 y 2.000.000 de maltratadas sistemáticamente... ¡qué horquilla tan amplia para ir imponiendo datos no verificables! Y en 2011 decía que existían dos millones de “apaleadas sistemáticamente”; ¿dónde ha contrastado Lidia Falcón esos datos?, ¿por qué se dan por ciertos cuando no pueden ser comprobados de forma alguna?

Lo comprobable es que la versión oficial contiene algunas mentiras confirmadas como por ejemplo la afirmación que se hace en el preámbulo de la ley de que “en la realidad española, las agresiones sobre las mujeres tienen una especial incidencia”, porque, en los hechos, no solo no es así, sino que incluso con el crecimiento actual, seguimos teniendo una de las tasas más bajas de Europa y del mundo, que se situaba en 2006 (desde entonces no nos ofrecen datos sobre ello) en 2,8 muertas por millón de mujeres, mientras en la próspera, moderna y feminista Finlandia se producen 9,35 muertas por millón de mujeres, en EEUU son un 8,36, en Inglaterra un 4,20. Es más, si se hace un desglose la tasa de víctimas extranjeras en nuestro país es de 12,44 mujeres muertas por millón de mujeres extranjeras, mientras que la de españolas es de 1,98 por millón.

Y, si su principal argumento es una mentira, ¿por qué hemos de creer que los datos que dan son verdad?

Lo cierto es que el auténtico maltrato, que existe, no es el objeto de esta ley, por eso ese maltrato, cargado de evidencias y manifestaciones reales es bastante ignorado mientras se dirige mucho más a crear nuevas figuras delictivas como la “violencia simbólica” y, la más asombrosa aún, “violencia invisible”, para que cualquier cosa pueda ser calificada de maltrato aplicándole el principio de la invisibilidad y confundiéndolo todo.

Así los datos no han de ser verificables pues dependen de elementos subjetivos y misteriosos no perceptibles. Se desea adecuar la mentalidad de la mujer a un subjetivismo delirante, a un estado de ofuscación y aturdimiento permanente que le impida comprender y percibir su realidad, una adecuación de la conciencia que se corresponde más con esos estados de credulidad extrema que se nutre de milagros, apariciones y prodigios similares. El maltrato entra así en el dominio de lo esotérico y lo hermético y necesita de sus mediadores o brujos que ejercen de traductores de lo real.

Se supone además, que las mujeres no sabemos reconocer el maltrato, que necesitamos  profesionales y expertos que nos lo muestren, nos lleven de la mano, nos interpreten nuestras propias experiencias, por eso en el “Protocolo para la actuación sanitaria ante la violencia de género” redactada por el PP se dice que “existen múltiples dificultades para reconocer la violencia de género, tanto por las mujeres que la sufren, como por parte de los profesionales del sistema sanitario”. En conclusión, solo el Estado conoce la realidad y sólo él puede dirigir nuestras vidas. Y ¿si existen tantas dificultades para reconocerlo? ¿Cómo sabemos que las 135.000 denuncias anuales son verdaderas y no falsos reconocimientos? Pero, con su maquiavélico argumento se nos impone que las mujeres que no nos sentimos maltratadas mentimos y solo dicen la verdad la totalidad de las que denuncian a sus parejas, es decir, las que obedecen el mandato estatal de enfrentarse con sus pares.

La sociedad de Orwell está servida, el Ministerio de la Verdad es el encargado de esclarecer las tinieblas en que vivimos. ¿Es que no es evidente el deplorable machismo de semejante argumento? ¿Por qué las mujeres tenemos que renunciar a nuestra propia reflexión sobre la experiencia para sumarnos a una teoría sobre lo que nuestra vida es dictada por una institución que, de momento, sigue siendo mayoritariamente masculina?

Pero si no nos sometemos al gobierno y fiscalización institucional de todos nuestros actos vitales entonces somos acusadas de connivencia con la violencia machista. Así, en agosto de 2011, casi toda la prensa señala que 240.000 mujeres justifican la violencia machista. Y ¿dónde se han contrastado estos datos? ¿Por qué 240.000 y no 2.000.000? ¿Cómo de una muestra de 2000 personas, que además está falseada[5], pueden sacarse tantas conclusiones?  Vemos de nuevo que los datos de la realidad son fabricados directamente en los despachos de los ministerios.

No obstante me agrada ver la virulencia con que se han lanzado contra nosotras, creo que en ello hay un rasgo de debilidad y miedo, la conciencia de que, hoy por hoy, no han conseguido dominar a toda la sociedad, el sexismo no ha adquirido carta de naturaleza en amplios sectores sociales.

El sexismo es hoy atizado por el Estado a través de la falsificación de la historia y de la realidad presente que hacen las instituciones y de los privilegios que se otorgan a la mujer que incluyen los que se derivan de LOVG (por ejemplo que su palabra sea prueba fehaciente en un juicio y no necesiten de otra evidencia) hasta privilegios económicos en diversos campos. Tal situación podría haber dado origen a un movimiento de hombres en contra de las prerrogativas de las mujeres (objetivo auténtico de tales operaciones) PERO ESTO NO HA SUCEDIDO (solo una ínfima minoría de hombres esgrimen argumentos verdaderamente sexistas contra estos hechos). Únicamente la Ley de Violencia de Género, por su especial brutalidad, ha sido contestada, pero no por los hombres, sino por los hombres y las mujeres unidos.

Sin embargo es necesario dar un paso más, necesitamos comprender que los privilegios sobre la mujer son la forma particular cómo somos sometidas, humilladas y destruidas. Mientras que para los varones se destina la represión, el insulto y la difamación, para las féminas el sistema utiliza la adulación (narcisismo) y el  desprecio (complejo y vergüenza de la feminidad) a partes alícuotas por un lado, y, por otro, la gracia y preferencia institucional, los derechos, como instrumentos para el quebranto de nuestras facultades y de nuestra autonomía.

Las mujeres no hemos ganado nada con  la victimización, por el contrario, somos hoy el espacio de la desolación, sujetos de un feminicidio real, espiritual y físico. El consumo de psicofármacos se dispara y ya el 10% de las mujeres consumen drogas para soportar la existencia, la enfermedad mental es la tercera causa de muerte entre nosotras y, lo que es más trágico, entre las mujeres en la edad más creativa y poderosa de la vida femenina, entre los 30 y los 34 años, el suicidio es ya la primera causa de muerte. La explicación interesada que los feministas del Estado dan a estos hechos es que son las secuelas del  machismo y del maltrato que sufrimos, pero, si justamente estamos en el momento de la historia en que esta lacra está, por fin, siendo corregida ¿no deberían las cifras de dolor y sufrimiento de las mujeres estar disminuyendo y no creciendo, como sucede?

Los privilegios de la mujer no son tales, las mujeres del pueblo no ganamos nada porque lo que recibimos no puede compensar, ni remotamente, lo que perdemos. Si una autónoma tiene ventajas económicas sobre el trabajador por cuenta propia varón, si la mujer es favorecida por las leyes del Estado ¿qué significa eso? Significa únicamente que tendremos beneficios en aquellos terrenos a los que nos dirige el poder que nos otorga esos derechos, que, como el conductismo clásico, usa el refuerzo positivo/negativo para hacer de nosotras el nuevo perro de Pavlov, seres manipulados completamente. ¿Qué son esas migajas cuando hemos perdido el control sobre la propia existencia, cuando se nos obliga a la soledad, se nos niega el uso de la propia inteligencia, se nos despoja de la voluntad y el albedrío, se nos prohíbe la maternidad y la vida erótica? ¿Cómo podría el dinero y el privilegio del odio que ofrece la LOVG compensar la pérdida de nuestra humanidad?

Bajo este sistema todos los privilegios tienen el rostro de la esclavitud, en el pasado las supuestas prebendas de que gozaban los varones iban acompañadas de obligaciones, algunas livianas aunque injustas, como hacerse responsables y proteger a las mujeres, y otras atroces y monstruosas, la de servir al Estado como soldados en las guerras. Los feministas, cuando hablan del patriarcado OCULTAN su realidad, la de los millones de hombres que morían en conflagraciones que no habían creado ellos sino las instituciones del poder, y, por lo tanto MIENTEN.

Casi nadie ha sabido ver la cara oculta en todas estas operaciones de “deferencia” hacia la mujer, el hecho de que estamos abocadas a participar en las próximas guerras, en los formidables e inevitables conflictos que se avecinan. En las próximas guerras las mujeres iremos en la primera línea a morir por la patria, por los intereses de los poderosos y poderosas de nuestros países. A ello sirven las políticas de género, las espurias prebendas, el adoctrinamiento en la violencia, el victimismo exterminacionista y la creación de una figura del enemigo en el varón, el fanatismo feminista, la implantación de los disvalores del odio, el egoísmo, la desconfianza, la asocialidad, la miseria moral y espiritual que son la destrucción del ser humano de la mujer para su reconversión en ser para la guerra.

Por eso sería un error considerar que estas leyes inicuas son leyes contra el hombre, no es así, están pensadas contra los hombres y las mujeres del pueblo, para destruir todo rastro de vida horizontal, de comunidad y vínculos de amor y de concordia entre los pares. Por eso, los perros guardianes del sistema se han lanzado con auténtica ferocidad contra Inma Ocaña y todas las que no nos sometemos a la obligación de actuar al dictado de los Lorente y a arrodillarnos ante su palabra, la palabra del poder o, como dicen ellos, del hombre.

Pues bien, en este 8 de marzo tal vez haya llegado el momento de que las mujeres nos pongamos de pie frente al repugnante machismo de los que se han erigido como nuestra conciencia y nuestra guía, tal vez sea el momento de recoger nuestros deberes como auténtico tesoro espiritual que nos conduce por el intrincado y comprometido camino de la libertad y nos acerca a la vida auténtica, a la vida humana.

Tal vez es el momento de que estos movimientos anti-femeninos y anti-populares se encuentren con las mujeres dispuestas a hacerles frente, a no callar, a no agachar la cerviz ante este feminismo de machitos y señoronas que desea cerrarnos la boca, doblegarnos para poder luego utilizarnos en su provecho.

En este 8 de marzo tenemos que hacer retroceder al machismo institucional y prepararnos para las difíciles tareas que tenemos enfrente y en las que debemos aspirar a ocupar la primera línea: la regeneración del pueblo como sujeto de una revolución integral.




[1] En “Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Volumen 1. Recuperando la historia”, Félix Rodrigo y yo hemos demostrado que los argumentos sobre la historia en que se sustenta el feminismo de Estado y la LOVG son mentira, y lo demostramos con una avalancha de datos. Ellos, en cambio, se limitan a repetir como un mantra sus consignas, y a imponerlas por la fuerza y la agresión.

[2] En su biografía de Pilar Primo de Rivera, María Antonia Fernández dedica bastante espacio a éste asunto, señalando que en sus “Memorias Políticas (1959-1999) la fundadora del Partido Feminista ofrece una imagen desvaída y velada de sus relaciones con la Sección Femenina, relaciones que fueron públicas pues ella fue llamada a colaborar en el diario Informaciones por Marichu de la Mora.

[3] Alborch asumió la cartera de Cultura en el año 1993, cuando se acababan de destapar dos de los escándalos de corrupción y abuso de poder más graves del postfranquismo, no tuvo escrúpulos morales para unirse al partido de la perfidia maquiavélica, el terror y el crimen como vocación política.

[4] De la edición de Herstory, 2008.

[5] De la encuesta se infiere que todos los que no concuerden con que el único origen de la violencia de la pareja es el machismo de los hombres y apunten otros factores como la drogadicción, el alcoholismo etc, justifican y aprueban la violencia de género.

Señuelos sexuales en el discurso de Obama

Señuelos sexuales en
el discurso de Obama

En el País de hoy aparece reseñada la noticia de que el ejército norteamericano pone fin a la prohibición de que las mujeres entren en combate en primera fila. Leon Panetta, el jefe del Pentágono, ha abierto las puertas a que miles de ellas lleguen a la primera línea del frente y los comandos especiales en las muchas guerras que el imperio tiene abiertas en todo el planeta.



Quienes viven todavía amarrados a un discurso tan falso como  caduco sobre la ausencia de la mujer del “espacio público” tienen que felicitarse por este dato que permitirá a miles salir de la “invisibilidad” para alcanzar la notoriedad que les corresponde defendiendo a su país y violentando y matando a millones de mujeres, hombres y niños y niñas en todo el mundo.


En su discurso de toma de posesión Obama  dijo “Ahora es el deber de nuestra generación continuar lo que empezaron esos pioneros.  Porque nuestro recorrido no estará completo hasta que nuestras esposas, nuestras madres y nuestras hijas puedan ganarse la vida como corresponde a sus esfuerzos.  (Aplausos.)  Nuestro recorrido no estará completo hasta que a nuestros hermanos y hermanas gay se les trate igual que a todos los demás según la ley, (aplausos) porque, si nos han creado iguales de verdad, entonces el amor que profesamos debe ser también igual para todos” e inmediatamente el Pentágono se movilizó para recoger la cosecha de soldados y colaboradores correspondiente.


Ha sido una mujer precisamente, Zillah Eisenstein, quien en su libro “Señuelos sexuales. Género, raza y guerra en la democracia imperial” denuncia el uso estratégico que se está haciendo de la condición sexual, étnica o racial para reforzar y refundar el imperio en el siglo XXI con el apoyo de los sectores sociales previamente victimizados por el sistema.


Lo planteado por Zillah se hace evidente en el discurso de Obama en el que la cuestión racial, y, especialmente  la sexual ha pasado a ser el asunto estratégico vertebrador de su proyecto. Así es el ejército norteamericano, es el Pentágono, el auténtico valedor de la “emancipación de las mujeres”  y de la “libertad sexual”.

Esta situación es en realidad menos novedosa de lo que puede parecer pues ha sido desarrollada desde el final de la Segunda Guerra Mundial  dirigida siempre por la institución militar  como ya analicé en "La rentabilidad militar de movilizar a los oprimidos"
Estemos atentos pues...

La emancipación es vivir en un campo de concentración

LA EMANCIPACIÓN ES VIVIR
EN UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN



En Hofuf, una ciudad al este de Arabia Saudí se está construyendo una ciudad destinada a albergar exclusivamente mujeres trabajadoras.La idea ha partido de un grupo de empresarias de este país, según explica el diario Eqtisadiah. La nueva ciudad albergará a unas 5000 trabajadoras que prestarán sus servicios en la industria alimentaria, textil y farmacéutica.

Esta iniciativa se ha considerado un gran paso para favorecer la independencia económica de las mujeres que tendrán empleo y salario, aunque seguirán sujetas a los preceptos de sharía wahabí.

Tal proyecto es una adaptación a las pautas culturales del islam del programa feminista occidental. No es, como se podría objetar, una negación del ese credo sino su afirmación más expresa.

En contra de lo que dicen las “verdades evidentes” impuestas a la sociedad coercitivamente por el aparato de propaganda y los grupos de influencia y poder del Estado, la realidad es que la transformación de las mujeres en trabajadoras puras, mano de obra despojada de todas las demás dimensiones de la persona, es el destino final de las integrantes del pueblo en Occidente, aquí, igual que en Arabia Saudí, el grupo de las féminas que acceden al poder político y económico imponen a las que carecen de él las condiciones más crueles de existencia y de trabajo además de las cadenas del patriarcado bien sea en su fórmula tradicional peculiar, como el caso del Islam, o bien en la fórmula neo-patriarcal occidental.

No hay en el salariado una mejora de la condición femenina, insuficiente pero necesaria, como dicen quienes hacen de abogados de las y los grandes capitalistas, la condición de productora/consumidora no aporta la libertad ni la dignidad básica a la mujer, y no solo no limita el patriarcado sino que amplía sus prerrogativas, ejerciendo las jefas y los jefes de nuevos “pater familias” con un poder más omnímodo y desalmado que el que soportaban las féminas en el pasado.

La segregación femenina es otra de las aspiraciones que comparten el programa del feminismo ortodoxo occidental y el patriarcado modernizado de los países islámicos, conseguir convertir a las mujeres en rebaños de trabajadoras encerradas en las fábricas es el sueño de los pudientes y poderosos con independencia de su sexo, religión o cultura.

El nuevo patriarcado feminista prepara para las mujeres un nuevo orden esclavista en el que la mayoría no seamos sino mano de obra para servir al capitalismo y al Estado, carne de cañón para sus ejércitos y custodios del orden social contra nuestros iguales encuadradas en sus policías, mientras la minoría de las poderosas nos sojuzga y tiraniza.

Recomendable blog: "La Voz de la Herramienta"


Recomendable:
Blog: LA VOZ DE LA HERRAMIENTA  



Les agradezco que apoyen mis trabajos tanto como que hayan desarrollado su propia percepción de los problemas que afectan a la relación entre los sexos y a la emancipación de la mujer e incorporado otras reflexiones y otros trabajos que resultan muy esclarecedores.