“El alma humana tiene necesidad de verdad y libertad de expresión” Simone Weil

"Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras” Juan de Yepes

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Entrevista de Frank G. Rubio para "El Pulso"

Entrevista de Frank G. Rubio para “El Pulso”

María del Prado Esteban:
“La Ley de Violencia de Género es una ley contra el amor, que se propone llevar a sus últimas consecuencias la fractura entre sexos”.


Entrevista con María del Prado Esteban, coautora, con Félix Rodrigo Mora, de “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”.
FGR: En vuestro libro hacéis una distinción clara entre el patriarcado y el neo-patriarcado ¿Cuáles son los rasgos definitorios de esta diferencia y su trascendencia práctica?
MPE: Es necesario superar los mitos sobre el patriarcado para estudiarlo en su realidad histórica, es lo que hacemos en este trabajo. El origen del patriarcado moderno es la revolución liberal. El Estado refundado en las revoluciones decimonónicas legisló la minoría legal de la mujer, su obligación de ser protegida por el varón al que daba, a cambio, su obediencia. En la actualidad las mujeres vivimos bajo la tutela directa del Estado, diríamos que hoy estamos protegidas por las instituciones y obligadas a amarlas, respetarlas y obedecerlas. La relación con la institución estatal es infinitamente más jerárquica que la que teníamos antaño con el esposo, lo que significa que estamos más oprimidas.

Vivir, amar y criar en la realidad del mundo



VIVIR, AMAR Y CRIAR EN
LA REALIDAD DEL MUNDO
Una pedagogía para tiempos de crisis y desolación

                                                                                          

                                                                                    “No hay posadas de felicidad
                                                                                      ni de descanso.
                                                                                      Se va siempre por un camino heroico 
                                                                                       hacia la dignidad y la  superación de la vida”
                                                                                                                                León Felipe



           

Cada criatura que llega al mundo comparte con las generaciones anteriores la carga de los problemas de su sociedad, nacemos en un momento de la historia, en un espacio concreto y eso condicionará nuestra existencia, no se nace en el vacío ni en la nada sino en el  mundo como ha sido construido por las generaciones anteriores. Ésta es una de las complejidades de nuestra condición, pues no hay libertad ni elección en esos hechos que definirán, más que ningún otro, nuestra existencia individual. Explica Xavier Zubiri en “Tres dimensiones del ser humano, individual, social, histórica” que la herencia que recibe cada individuo no es únicamente psico-genética, cada nacido humano, para instalarse en la vida necesita situarse en una realidad. Ese nicho de cultura e historia es el medio en el que la criatura deviene persona. En ese recorrido recoge una tradición, se impregna del tiempo como tiempo realizado en la continuidad biológica e histórica que ella misma habrá de alimentar con su acción. En el texto que cito, Zubiri da una gran importancia a la maternidad  como elemento que conecta la realidad bio-psico-social-histórica de lo humano, esa indivisible entidad que une la vida orgánica y espiritual.
Nada puede ser más desolador y angustioso que reconocer en las circunstancias de este tiempo el hábitat de nuestra prole. La crisis, que algunos se empeñan en definir como crisis de lo dinerario y consumista únicamente, oculta una realidad sangrante y terrible, la de una ruina de los fundamentos más esenciales de la vida social e individual e incluso, más allá, de nuestra civilización como construcción singular de nuestros ancestros. El desmoronamiento de la vida social, de las estructuras de vida horizontal elegidas y dirigidas por el propio sujeto es una de las lacras más terribles de este momento pero no la única, la pérdida de la libertad, de la tradición como conjunto de conocimientos y acontecimientos que son bagaje experiencial para la existencia humana, de la autonomía personal y social, de los conocimientos y habilidades para la vida, del lenguaje, de la inteligencia práctica, del sentido de la realidad, de la capacidad para la supervivencia, del sentido común, de los valores éticos y convivenciales y de la capacidad proyectiva para bosquejar un futuro son  las huellas de una mutación que no es coyuntural ni somera sino que afecta a los elementos cardinales de la condición humana y de las instituciones naturales de convivencia y corre pareja al ascenso del Estado y la institucionalización de la vida  que están devastando al sujeto medio y que, de seguir su curso, transformarán de forma ingénita la sociedad como la hemos conocido.
A estas tribulaciones hay que sumar el ecocidio en proceso, la desertificación, la contaminación de las tierras y las aguas, la caída de la fertilidad de la tierra, la acumulación de tóxicos en el ambiente, la pérdida de biodiversidad y el crecimiento de las mega-urbes entre otros y, además, el desastre demográfico acelerado que se expresa  aquí en la terrorífica cifra de 1,3 hijos por mujer que continúa descendiendo, testimonio de la falta de vitalidad y anhelo de muerte del cuerpo social, esta última cuestión será tal vez una de las más atroces calamidades que hemos de legar a nuestros hijos porque deberán cargar sobre sí tareas tan descomunales para la propia supervivencia, la protección de la vida y de la condición humana[1] que sobrepasarán, con mucho, las fuerzas materiales y espirituales de estas menguadas generaciones.
Quienes elegimos tener hijos (cada vez somos menos, no lo olvidemos) deberíamos ser los primeros en la brega por el futuro de la sociedad, al que nos sentimos atados, no de forma abstracta e inconcreta sino de manera íntima y personal pues el mañana es el destino de nuestra prole. No es así, tal vez porque la corriente social dominante sigue siendo “mirar para otro lado” o buscar fórmulas escapistas  para evadirse de la realidad. Los refugios para huir del rostro descarnado del mundo son muchos, lo son el trabajo, el consumo, la diversión, las drogas, los viajes, las relaciones superficiales, los paraísos virtuales o el cine y la novela, hay cientos si no miles de agujeros en los que vegetar una vida tranquila a la espera del desastre. Curiosamente para un sector social la maternidad/paternidad se ha convertido también en un recurso escapista, devenir padres es la ocasión para abandonar todo compromiso social, político o cultural. Muchos se adhieren así a dos de los principios más venenosos de nuestra sociedad, la búsqueda de salidas individuales con olvido del resto de la comunidad y la  mutación de los procesos que antes se realizaban en la horizontalidad en mercancías. Esta nueva maternidad ecológica se materializa en un renovado consumismo e intercambio de servicios monetizados que, por supuesto, no están al alcance de la mayoría de las madres, aquellas que pertenecen a las clases bajas, ocupan los trabajos más precarios y acceden a la maternidad a pesar de la presión de las empresas en condiciones de grandes conflictos y carencias[2].  Esto explica que la natalidad entre las mujeres de las clases más menesterosas caiga mucho más significativamente, estas mujeres están siendo convertidas en ganado de labor, seres estériles en todo lo que no sea producir en el mercado capitalista y consumir para que crezca ese mercado.
En esta situación la maternidad ha defenderse como libertad básica y un bien en sí mismo incluso cuando las condiciones de crianza no sean las que dictan los manuales. En el pasado se pensaba que se necesitaban pocas cosas para criar a los hijos y el principal motivo para acometer la maternidad/paternidad era el deseo con independencia de otras consideraciones. Hoy, en cambio, la extraordinaria complejidad de los requisitos que se consideran imprescindibles para la crianza hacen que muchas personas renuncien a tener hijos. Por el contrario mi idea es que la maternidad/paternidad es un gran bien aunque se acometan en la forma de grandes sacrificios por parte de los padres y las criaturas y en un entorno hostil como el mundo actual porque forman parte de la construcción de un futuro humano.
Imbuir a nuestros hijos la idea de que han de huir de los problemas del mundo en lugar de enfrentarse a ellos no solo no es una crianza buena sino que, en las actuales condiciones, es suicida. Los años de bonanza económica y auge del Estado del bienestar han tenido como consecuencia que un gran número de personas adecuaran su cosmovisión al ideal de recibir servicios y cuidados por parte de las instituciones y trasladaran ese patrón, considerado el modelo de la excelencia, a la educación y la crianza de su prole.
Lo que se ha llamado crianza natural responde más a una visión ideologizada del mundo que a una naturaleza original de la especie. En primer lugar lo natural en el ser humano es ser un complejo de funciones y situaciones orgánicas, psíquicas, relacionales, sociales, culturales e históricas inseparables e indivisibles. Lo natural, como explica Zubiri, es que cada nueva criatura inscriba su vida en el nicho de su cultura, su tradición y su linaje que son las raíces que le permiten crecer y constituirse como ser singular y creativo, esas raíces han de ser las auténticas del entorno en el que nace y no un mundo artificial creado para ella pues es en la realidad donde tendrá que desplegar su acción, es decir, materializar su libertad.
Al ejercer la maternidad/paternidad estamos obligados a entregar a nuestros hijos la realidad del mundo, a reconstruir con ellos el sentido de lo humano y su proyección hacia el futuro, difícilmente puede acometerse tal tarea en el tiempo presente si no es en conflicto con el poder establecido, un combate que exigirá personalidades vigorosas y esforzadas. Si declinamos nuestra responsabilidad como padres y  buscamos soluciones personales para esquivar los problemas en lugar de enfrentarnos a ellos estaremos equivocando el camino.
En el mundo moderno cada vez más niños y niñas viven fuera de la realidad, se les ofrecen otros entornos que se consideran menos ásperos, más agradables que el mundo real, así viven de sucedáneos de ínfima calidad a través de la televisión y el cine, en lo que llaman el mundo de la fantasía infantil[3] o en entornos seguros y protegidos,  adecuados a cubrir todas sus necesidades al instante y sin espera, en los que no les toque el mal del mundo e incluso se superen las limitaciones inherentes a la condición humana. En todos los casos se les obliga a vivir en la mentira, en el mundo como no es.
He conocido muchas criaturas que se desarrollan en ese ambiente de irrealidad y ficción, suelen ser personas aparentemente felices aunque, si son sacadas de ese contexto “seguro” y utópico, se paralizan y se agarrotan, no son capaces de adecuarse a circunstancias nuevas, sufren y se angustian o se evaden y se inhiben pero no intervienen  con ímpetu transformador. Su capacidad de comunicación está muy limitada por la falta de autenticidad de sus experiencias vitales, sus sistemas de relación con los otros son disfuncionales porque carecen de conocimiento de la alteridad y por miedo al  conflicto o al abandono emocional.
La crianza sin conflicto y sin prohibiciones basada en la satisfacción de los deseos de las criaturas es menos nueva de lo que se dice. Una experiencia histórica ilustrativa es la que se recoge en el informe de William E. Mayer, director de psiquiatría del ejército de Estados Unidos encargado de investigar el altísimo número de bajas que los soldados norteamericanos tuvieron en los campos de prisioneros en la guerra de Corea (1950) cuya cifra, en comparación con la tenida por los prisioneros turcos en esos mismos campos fue desorbitada. El examen de los hechos le llevó a concluir que esos muchachos eran el producto de una crianza sin contrariedades, de una infancia en la que nunca tuvieron que enfrentarse a obstáculos ni situaciones complicadas por sí mismos, de una figura maternal siempre presente y siempre protectora que, en realidad absorbía emocionalmente a sus hijos[4].
Lo más importante es la descripción que hace de las situaciones que vivieron estos prisioneros. Enfatiza que no hubo intentos de fuga aunque en los campos no había alambradas ni guardas armados. A diferencia de otros prisioneros como los turcos que permanecieron unidos y organizados, los norteamericanos carecían de disciplina, se enfrentaban entre ellos y establecían a menudo relaciones de cooperación con su captores.
Muy pocos forjaron relaciones de amistad en los campos o mantuvieron el recuerdo de sus seres queridos como aliciente moral y emocional (cuando a los supervivientes que fueron liberados se les ofreció llamar a sus familias muy pocos lo hicieron), vivieron encerrados en una celda de aislamiento mental. Cada vez menos de ellos estaban dispuestos a hacer el esfuerzo de voluntad, inteligencia, creatividad y socialidad que la supervivencia necesitaba y comenzó a ser común que un soldado se sentara en una esquina y tapándose se cabeza con una manta y se dejara morir (los soldados denominaron a ese acto “abandonitis”). En otros casos, cuando algún  hombre estaba enfermo, sus propios compañeros eran los que le sacaban de los barracones y le abandonaban a la intemperie donde perecía. No hubo resistencia y combate contra la guerra como guerra injusta ni contra el enemigo, prácticamente ningún hecho que pueda describirse como acto de conciencia y dignidad, la indiferencia y el abandono fueron el estado dominante.
Se mostraron como seres ineptos para cuidar de sí mismos ni de otros, capaces de la mayor crueldad con sus semejantes y del mayor desapego a la propia vida, es decir, construidos como seres deshumanizados de forma extrema.
Los valores básicos para la supervivencia en un campo de prisioneros no son demasiado diferentes que los que se necesitan para sobrevivir en cualquier circunstancia de la vida real cuando esta es vida plena y no sucedáneo como acontece en las sociedades de Estado del bienestar en las que  el sujeto no es ya sujeto de su propia biografía sino objeto de la protección de las instituciones, usuario de bienes y servicios y dócil animal doméstico que trabaja para su amo. La forma como un individuo deviene persona y se enfrenta al mundo es una cuestión que trasciende con mucho la psicología pues afecta más a los valores y el sentido que se otorga a la vida, al concepto del bien y del mal[5] y la idea del futuro. Eliminar los grandes problemas de la existencia humana y del momento histórico concreto para  alejar el dolor y el esfuerzo no solo no es posible sino que crea  un vacío existencial que hoy es demasiado común en las generaciones más jóvenes y que se  realiza a través de conductas suicidas (alcohol, drogas, trastornos alimenticios, prácticas aventureras dislocadas, violencia entre iguales y otros) y un derrumbamiento de la personalidad que los hace inmaduros, incapaces para el acto de pensar, sin voluntad para actuar, sin capacidad de esfuerzo, pobres e indiferentes afectivamente, insociables y herméticos para los otros.
La deriva de la situación actual es que todos los problemas enunciados se agravarán en el futuro, si somos coherentes y lúcidos tendremos que comprometernos en el combate por el mañana, si creemos en la crianza en el amor deberemos llevar a nuestras criaturas con nosotros en esos trances. El mundo no necesitará de héroes individuales sino de  una comunidad heroica capaz de arrostrar las calamidades del presente y construir un porvenir humano lo que nos compromete a todos.
La maternidad/paternidad ha de ser rescatada no como una flor de invernadero, un acto ornamental y decorativo sino como impulso vital, como acto supremo del amor por la especie y por el futuro contenida de forma concreta y singular en cada una de nuestras criaturas.
No deberíamos aceptar que la humanización de la crianza pueda ser reducida al consumo de algunos servicios especializados de mayor calidad que los que ofrece el sistema y a la dedicación en exclusiva del  padre y madre a las criaturas durante toda su infancia, por el contrario, es necesario que el impulso genésico vuelva a ser natural y ajeno a los condicionantes económicos y políticos, es decir, íntimo y genuino.
Se precisa hoy de una maternidad de batalla cuyas señas de identidad sean la fortaleza y la solidez. Podemos parir en casa o en los hospitales, pero el acto de parir ha de ser dignificado por nosotras mismas incluso en las condiciones más desfavorables, porque solo así será posible frenar el impulso a la deshumanización y rotura del acto genésico,  debemos amamantar en todas partes, hacer habitables todos los ambientes para la infancia, compartir con las criaturas todos los momentos e integrar la crianza en todas las dimensiones de la vida.
Pero ante todo la crianza no puede ser argumento para mutilar en las mujeres (y a menudo también en los hombres) los otros planos de la vida, no puede alejarnos de la realidad del mundo porque eso cercena nuestras capacidades y posibilidades, no puede retirarnos del compromiso y el combate por el bien, la verdad, la libertad, la convivencia y la vida horizontal, la propia auto-construcción, la recuperación de las raíces y la construcción de una sociedad de ascenso de la excelencia. Si se abandona toda acción sobre el mundo y los grandes problemas de una época ¿cómo se ha de educar?  ¿cómo se ha de ofrecer un camino al crecimiento a otros cuando se limita en una misma?
Hemos de vivir entre las ruinas de la civilización del bienestar, podemos hacerlo dejándonos morir en un rincón como aquellos soldados de Corea o entregándonos a la construcción del futuro que depende, antes que nada, de nuestra propia acción. En última instancia el acto de la crianza ha de ser un gran acto de creación y compromiso que sirva como ejemplo a las generaciones venideras.






[1] La tasa de dependencia, es decir la que relaciona la población activa y el grupo de los menores de 16 y los mayores de 64 no ha dejado de crecer y se espera que para 2021 se sitúe en el 57,3%,  es decir casi 6 personas inactivas por cada 10 activas, una cifra difícil de sostener para unas generaciones que para invertir la catastrófica situación presente tendrían que hacerse cargo de un grupo tan numeroso de ancianos y tener muchos más hijos que sus padres. Se dice que el exceso de población es el causante de los grandes problemas ecológicos del planeta, eso no solo no es verdad pues no es la población sino el desquiciado sistema capitalista y su ansia depredadora de  recursos el causante de tales males, por el contrario, poner coto a la gran devastación medioambiental solo será posible bajo una demografía pujante porque los grandes problemas como la reforestación ¿pueden acometerse si no es por una ingente y enérgica población juvenil?
[2] La injerencia de las empresas y el funcionariado en la vida privada y la  libertad básica de las personas en estos asuntos abre una etapa de gran incertidumbre y alarma. La acción biopolítica, es decir, la imposición de prácticas y costumbres basadas en las necesidades políticas y económicas de los Estados que conculcan la autonomía más esencial de las personas es creciente en todo el planeta. La foto de Feng Jianmei yaciendo en la cama de un hospital junto a su hijo, no abortado sino asesinado a los siete meses de gestación por orden de los funcionarios del Partido Comunista Chino que cumplieron así la ley que obliga a abortar a aquellas familias que no tienen dinero para pagar la multa por tener un segundo hijo, es un indicador de lo que podría ser el futuro en otras partes del planeta. Hay que tener en cuenta la preeminencia de China en lo económico y político y su ascenso militar que con mucha probabilidad cambiará el equilibrio de las potencias mundiales en los próximos tiempos y el hecho, inquietante, de que la ONU haya presentado la política de “planificación familiar” del gobierno chino como modélica.

[3] Un mundo infantil creado por adultos y lanzado por los gigantescos emporios de la industria del espectáculo y el adoctrinamiento. El modelo de sociedad de la diversión y sus consecuencias nefastas es una importación de Norteamérica que tiene efectos devastadores para el sujeto y el cuerpo social, un análisis de su formación y sus efectos se hace en “Divertirse hasta morir” Neil Postman
[4] Este suceso es citado por Betty Friedan en “La mística de la feminidad”.
[5] El pensamiento sobre cuestiones ha caído en desuso en nuestra época a la vez que lo ha hecho la lectura y reflexión de la filosofía clásica, pienso por ejemplo en el texto de Cicerón “Del supremo bien y del supremo mal”, que da cabida a un debate que ha sido durante milenios objeto de controversia y cavilación en Occidente. La desaparición de estos temas del pensamiento ahogados por la frivolidad y el vacío del imaginario de la modernidad tardía es un desastre de proporciones colosales.

Agradecimiento al Instituto Simone Weil



Tengo que agradecer a las queridas amigas que gestionan la página del Instituto Simone Weil que hayan considerado de utilidad y valor mi artículo “La función de la belleza en la vida” y lo hayan enlazado.

Me emociona encontrar mis reflexiones en ese espacio asociado a una figura de gigante en su humanidad como fue Weil.

Texto de Uzcátegui desde Venezuela

Desde “el Libertario” de Venezuela, Rafael Uzcátegui me envía este texto, una denuncia del régimen bolivariano y sus relaciones con el gran capital y la derecha española. A pesar de todo o tal vez por ello Uzcátegui y su magnífico libro “Venezuela: La revolución como espectáculo” han recibido el ataque de muchos anarquistas de Estado, especialmente en el Estado español, tachándole de agente de la derecha.


Sin embargo los hechos son tozudos y ponen una y otra vez las cosas en su sitio. 

He aquí el comunicado: 

“A raíz de la difusión del comunicado “Uribana: No seremos cómplices de la masacre” por parte de la Red Anarquista de Venezuela, para denunciar un mes de impunidad en el asesinato de 60 presos de la cárcel de Uribana en Venezuela, se reinicia la campaña de guerra sucia contra los anarquistas que desde el país caribeño denunciamos las contradicciones del gobierno bolivariano. Siguiendo la tónica, tradicional y sin ningún tipo de sustento de los señalamientos, en esta oportunidad alguien firmado “Izquierda Unida” no discute ninguno de los argumentos para tomar el atajo de intentar desprestigiar al mensajero, al que él identifica como el periódico El Libertario. De entrada se comete la primera tergiversación, pues la firma del comunicado es de la Red Anarquista de Venezuela, una reciente coordinación antiautoritaria creada en el país, del cual El Libertario es sólo una parte (http://redanarquistavenezuela.blogspot.com/)

En la pretendida respuesta, disponible en http://rojoynegro.info/articulo/sin-fronteras/uribana-no-seremos-c%C3%B3mplices-la-masacre, hay tres mentiras claves, sólo adjudicables a quien dando un cheque en blanco por la llamada “revolución bolivariana”, intente negar el estado dantesco de las prisiones venezolanas y la responsabilidad del Estado venezolano de su situación. La primera falsedad es que “Izquierda Unida” sugiere, casi nada, que los presos no son víctimas sino victimarios: “Presos" estan mejor armados que los guardias nacionales que los custodian, y gozan de privilegios…”. Cualquier persona interesada en la situación de las cárceles del país sabe que quien otorga los privilegios de la cadena de mando de los llamados “pranes” y trafica con las armas a lo interno de los penales son las propias autoridades, especialmente la Guardia Nacional Bolivariana, quienes mantienen esta situación por las grandes cantidades de dinero que circulan a través del dispositivo carcelario, por un lado, y por las alianzas que realizan los funcionarios policiales y militares, con los líderes de las bandas dentro de prisión, para participar y controlar en diferentes negocios delictivos, entre ellos el narcotráfico. La población penitenciaria de Venezuela la constituyen menos de 50.000 internos, la inmensa mayoría revictimizados por ser pobres, condenados por un sistema de administración de justicia corrompido hasta los tuétanos, los negocios de las autoridades y funcionarios policiales y militares y, por último, la presencia de bandas delictivas a lo interno de las prisiones, dirigidas por los llamados “pranes”, repetimos toleradas y estimuladas por los carceleros. 

La segunda mentira de “Izquierda Unida” es que afirma que el rechazo y denuncia de la masacre “coincide con la derecha venezolana”, omitiendo que la Red Anarquista explicitó su repulsa a los partidos políticos opositores: “Contra el silencio cómplice de los politiqueros de la MUD” afirma el comunicado, y que, por otro lado, la Masacre de Uribana por su magnitud es rechazada, en términos similares o más contundentes, por sectores del propio bolivarianismo (ejemplos en http://www.aporrea.org/ddhh/a158904.html, http://www.aporrea.org/movil/ddhh/a159919.html, http://laguarura.net/2013/01/28/masacre-de-uribana/) o por iniciativas de la izquierda revolucionaria independiente y organizaciones sociales (http://laclase.info/nacionales/masacres-demuelen-el-falso-discurso-de-la-humanizacion-de-las-carceles, http://laclase.info/nacionales/ante-la-masacre-ocurrida-en-el-centro-penitenciario-de-la-region-centro-occidental-uriban). La tercera ficción ha sido repetida en los últimos 10 años por funcionarios y defensores del gobierno bolivariano al exterior: La fábula que El Libertario “recibe financiamiento de la CIA a través de la NED”, en una década sin ningún tipo de prueba, enlace o testimonio material que avale semejante acusación. Lo cierto es que esta arremetida de las redes chavistas en todo el mundo en el fondo es un ataque contra la autonomía y autogestión defendidos por el movimiento libertario, pues para los estatistas es “impensable” que un periódico pueda realizarse durante 18 años sin recibir financiamiento externo. Que El Libertario edite su edición 69 de manera autogestionada –tal y como lo hacen todas las publicaciones acratas en el mundo entero- es, para los satélites de las salas situacionales de Miraflores, la única “prueba” que pueden sugerir en su campaña stalinista. 

La mayor animadversión del chavismo contra una modesta publicación bimensual de 2.000 ejemplares es que haya documentado de manera sistemática y rigurosa la verdadera naturaleza del gobierno bolivariano, como continuación y profundizaje del rol asignado al país por el capitalismo globalizado: Vendedor de energía, de manera segura y confiable, al mercado mundial. El chavismo en el poder ha realizado negocios que hace 15 años atrás hubieran significado un altísimo costo político, como es la continuación del proceso de apertura petrolera mediante la figura de las empresas mixtas, mediante las cuales el gobierno convierte a socias, en convenios que van de los 10 a los 40 años, a las transnacionales energéticas como Chevron, ENI, BP y, una que de seguro forma parte de las preocupaciones de “Izquierda Unida”, Repsol. Lo que las organizaciones de la izquierda reformista internacional silencian es que de la mano de Repsol se ha conseguido, precisamente en Venezuela, uno de los yacimientos gasíferos más importantes del país (http://bit.ly/YEAksj). Este no es el único caso que revela las intensas relaciones del capitalismo español con el flujo capitalista en territorio venezolano que permite el gobierno bolivariano. Venezuela se ha convertido en uno de los principales compradores de armas ibéricas: España vendió durante el 2011 la cifra de 196 millones de $, un 24% de material antidisturbios. Este flujo de caja, en momento de crisis en España, ha motivado que, el 18 de julio de 2012, el ministro de defensa Pedro Morenés declarara, con motivo de defender estas transacciones en el Congreso de Diputados, que Hugo Chávez “era un gran amigo de España” (http://bit.ly/NhtWDV). Las políticas sociales, protagonistas de la propaganda chavista en el mundo, también cuentan con el apoyo del capitalismo ibérico: El Grupo Essentium es un holding inmobiliario español contratado por el Estado venezolano para construir 3.264 viviendas en Santa Teresa del Tuy con una inversión de 102,5 millones de dólares (http://bit.ly/LPakBo). ¿Hay que recordar que Essentium posee más de 45 millones de euros de capital, factura casi 1.000 millones de euros al año y que su presidenta, Susana Monje ha sido tesorera del Barcelona FC? Por visibilizar estas contradicciones, así como por participar y amplificar las luchas de los movimientos populares venezolanos con niveles de autonomía, los anarquistas consecuentemente antiautoritarios y anticapitalistas venezolanos nos hemos convertido en uno de los blancos de la guerra sucia con epicentro en el Palacio de Miraflores.”

Mujeres ejemplares

MUJERES EJEMPLARES

“No hay posadas de felicidad ni de descanso. Se va siempre
 por un camino heroico hacia la dignidad y la  superación de la vida”
(León Felipe)

 
Nuestra auto-construcción necesita de referentes, de modelos y ejemplos que den contenidos al ser y pensarse mujer.

Cuando he contemplado el arte sacro que se conserva en iglesias, catedrales y museos siempre me ha llamado la atención la proliferación de representaciones de las mártires, especialmente en las tablas y tapices de los siglos XV y XVI, modelos de mujer luchadora que aparece en numerosas ocasiones con la palma y la espada. Entiendo que muchas mujeres han (hemos) visto en esas figuras un ideal de feminidad que se realiza en la entrega a causas grandes y magníficas, que expresa la plenitud del amor a la vida entregando generosamente su propia existencia individual, es más, creo que ese arquetipo de mujer ha tenido una influencia fundamental en innúmeras generaciones de mujeres en Occidente.

En los últimos días, leyendo un libro que recoge las “Cartas de los condenados a muerte víctimas de nazismo” (Barcelona, 1975), reparo en la fuerza de muchas de las cartas escritas por mujeres, me afirmo en esta idea, en esta imagen de la potencia vitalista y la fortaleza de espíritu que destila una cultura devenida del Medioevo occidental en el que al héroe se suma la heroína como compendio de la virtud humana derramada en los dos sexos. Prefiero hablar de heroísmo antes que de víctimas, quienes fueron condenadas a muerte lo fueron en calidad de combatientes por sus ideales, al igual que las mártires cristianas, fueron, en todo caso, derrotadas pero no humilladas ni doblegadas.

Estos hechos son la mayor refutación de esa idea insensata de que no fuimos sujetos de la historia sino únicamente seres atropellados, escoria de la sociedad, sometidas perpetuas, buenas para nada.

Ahora más que nunca son necesarias mujeres entregadas a  empresas épicas porque en las colosales catástrofes sociales que se avecinan necesitaremos de ese espíritu y de esa capacidad de sacrificarlo todo al bien como idea realizable.

Dejo extractos de algunas cartas de mujeres, algunas muy jóvenes, otras ya madres, que se comprometieron con un ideal de vida humana, con independencia de que tal ideal tuviera acierto y error, y entregaron su vida por él. Son por ello modélicas y dignas de ser imitadas.

Marie Fixcher, austriaca, arrestada por la Gestapo junto a su marido torturados y decapitados, escribe sus últimas cartas a su marido: “sois la época más feliz de mi vida. Nos hemos entregado el uno al otro en todo… Sé valiente, querido Rudi, tómalo todo como venga” y a su hija: “no es tan importante vivir unos días más o menos… Sé valiente y mantente firme” (sin fecha).

Hedy Urach, 39 años, austriaca, escribe a su familia “mi saludo para vosotros y todo mi infinito amor para lo bello y lo bueno… Paso el tiempo en la celda de la muerte con la máxima calma” (21 de marzo de 1943).

Fernande Volrar, 24 años, belga, sorprendida en el transcurso de un transporte de armas, hirió a uno de los asaltantes alemanes, fue guillotinada. Escribe a su madre: “estoy muy tranquila… he actuado conforme a mis principios. No hay muerte triste cuando se tiene ese consuelo. Creo haberme comportado siempre dignamente … La prisión no me ha cambiado moralmente, salvo para hacerme mejor” (sin fecha).

Marie Kuderíková, 22 años, checa, escribe a su familia: “Me separo de vosotros, os saludo, os amo. No lloréis, yo no lloro … hoy 26-3-1943, a las seis y media de la tarde, dos días después de haber cumplido veintidós años de vida, exhalaré mi último suspiro. Y no obstante, respiraré hasta el último momento. Vivir y creer. He tenido siempre el valor de vivir … La vida con su latir cotidiano. Amadla, amaos, aprended el amor, defended el amor, propagad el amor ¡Deseo que sintáis, como yo, la belleza de sus dones naturales … Toda mi vida ha sido hermosa. Ardiente, llena de fe, combativa y victoriosa” (26 de marzo de 1943).

Antoine Elsnicová-Bejdová, 32 años, polaca, escribe a su hijo pequeño: “Debo dejarte aunque te quiera tanto. Pero no estés triste, tu madre está ahora bien … acuérdate de mí, y de tu papá, que ha tenido que morir aunque no quisiese … no he podido actuar de otra manera” (8 de septiembre de 1944).

Reflexiones sobre el #25s


Publicado por Editorial Manuscritos
Nuevo
Reflexiones sobre el #25s
Reflexiones sobre el #25s (ePub)
[obra colectiva]
Félix Rodrigo Mora, Prado Esteban, Josep Manuel Novoa, Diego Camacho y otros
ISBN: 978-84-940924-0-4
PVP: 2,99 € (con IVA 21% incluido)
LIBRO ELECTRÓNICO EN FORMATO EPUB
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(3/3) Sobre el sujeto de la revolución. Reflexión sobre estrategia


SOBRE EL SUJETO DE LA REVOLUCIÓN
Reflexión sobre estrategia
Parte Tercera

"Pero tiempo vendrá en que seamos si ahora no somos."

Miguel de Cervantes


CONCLUSIONES Y REFLEXIONES FRAGMENTARIAS PARA ACOMETER UN PROYECTO ESTRATÉGICO.

El proceso histórico aquí expuesto, simplificado necesariamente por mor de la amplitud de los temas tratados, ha sido cuidadosamente dirigido por las elites del poder y se ha encaminado a ampliar su esfera de influencia y mando y a destruir a su antagonista potencial usando una estrategia liquidacionista.
El escenario actual se define por la victoria del proyecto de construcción del Estado-todo y la ruina no solo del ideal de sociedad democrática y auto-gestionada sino incluso del sujeto personal y colectivo capaz de pensar en ella. El reconocimiento de esa realidad es la primera condición para acometer una nueva etapa de conflicto con el sistema de dominación.
Este nuevo momento de la contienda con el Estado precisa de una estrategia cuyos fundamentos esenciales se deciden por:
1) La capacidad para definir unas metas propias no derivadas de la reforma del sistema, unos objetivos últimos o ideales que inspiren la acción y mantengan en cada fase del proyecto esa energía proyectiva o futurible. La definición de la posibilidad de vivir sin Estado debe trascender lo utópico o caprichoso, lo fraseológico y lo teórico y ser fundamentado como realidad hacedera y auténtica, limitada pero real y no ficticia, tal y como lo hicieran los liberales con su propio proyecto a principios del siglo XIX.
2) La aceptación de la situación actual tal cual es, sin adornarla ni ensombrecerla, para lo que hay que conquistar anteriormente la capacidad para penetrar en ella y comprender su orden y su realidad. Ello incluye el conocimiento profundo de las causas de la superioridad histórica del Estado y las elites del poder sobre el pueblo como proceso auto-evaluador y auto-crítico. Todos los Estados del mundo, al igual que los ejércitos, dedican lo mejor de su capacidad reflexiva e ideadora a estudiar sus derrotas, comprender los errores y evaluar sus experiencias y sacar conclusiones prácticas de ese análisis, ello permite corregir la propia acción y tornar cada vez más eficaz su intervención sea ésta política o militar.
3) La visión integral de la realidad, lo total como suma de las partes de cada situación y como relación entre todas ellas y sus contextos. Es necesario comprender al enemigo, su debilidad y su fuerza y la nuestra, entender que nosotros mismos somos parte del problema y que, por lo tanto, no miramos desde fuera sino desde dentro. Solo ello permite ir trazando la secuencia de acciones hacia los fines últimos. En necesario que se aborde cada situación desde distintos planos y perspectivas para tener una visión multidimensional de los problemas. El análisis de lo concreto y singular es el alma de la propuesta estratégica porque permite fijar los problemas esenciales y los secundarios, las líneas de actuación y ordenar y jerarquizar los blancos por su importancia relativa en cada momento, todo ello sin perder nunca el objetivo final y la visión integral.
4) es preciso mantener en todo momento una posición resueltamente temporal, no en la escala biográfica sino en la escala histórica pues los grandes proyectos estratégicos se sitúan en el largo plazo de modo que cada generación ha de evaluar la acción de las precedentes y concebir la propia. Eso significa que todo proyecto es un proceso, un camino, un itinerario abierto y prolongado que no empieza en nuestra vida ni termina en ella, que, por lo tanto, nos trasciende y nos supera.
En lo esencial estos cuatro aspectos determinan el pensamiento estratégico que es fácil de definir pero muy complicado de hacer y aún más difícil de aplicar y materializar. Por ello solo una sociedad con un alto grado de creatividad puede conseguir el margen de conciencia y libertad que proporciona el potencial de planear el futuro y materializarlo a través de la acción consciente y persistente.
En la lucha entre las elites liberales y el pueblo que se había constituido en la sociedad medieval y pre-liberal, los representantes del Estado tuvieron siempre la iniciativa estratégica, es decir actuaron a la ofensiva siempre, incluso cuando sufrieron derrotas y tuvieron que retirarse. El pueblo actuó siempre a la defensiva, resistiendo las acometidas de las instituciones, defendiendo cada parcela en la que fue agredido pero no el conjunto, al  no haber tomado suficiente conciencia de sí y de su proyecto histórico. Se luchó para mantener la situación precedente sin comprender que tal empresa era imposible pues el Estado se estaba transformando y no había vacíos de poder en los que vivir humanamente como habían hecho hasta entonces.
Defender el statu quo es, salvo en situaciones excepcionales, un error de bulto porque nunca existe la vuelta al pasado, la estrategia siempre mira hacia el futuro, en la historia no existe el retorno a una situación anterior. Todos los que se afanan por volver a tiempos pretéritos están condenados a extinguirse para el futuro, eso le pasó la sociedad rural tradicional y, como en una farsa trágica, hoy millones de personas reclaman tornar a la sociedad de la prosperidad de otros tiempos sin ser capaces de entender que tal mudanza ya no es posible.
El pueblo erró al no ser capaz de definir su proyecto en las condiciones distintas y categóricamente nuevas que se estaban creando, vivió en gran medida fuera de la realidad disfrutando de lo que todavía quedaba de sus antiguas libertades después de cada derrota, nunca tomó la iniciativa en el plano de la estrategia, no se pensó a sí mismo ni a la situación global y proyectivamente.
Mientras el sistema tuvo siempre clara la naturaleza integral del conflicto, y actuó en todos los planos, el pueblo fragmentó su lucha y se concentró en lo parcial y en lo inmediato perdiendo la perspectiva general y a largo plazo y acomodándose a cada pérdida como un mal menor.
Su desventaja respecto a las fuerzas del sistema devino principalmente de esos factores y no de la inferioridad de sus medios materiales porque en la guerra asimétrica la debilidad no es siempre un inconveniente sino que incluso puede ser una ventaja, en el estudio de las guerras reales se descubre que “las grandes epopeyas las han escrito los débiles”[1].
Entender el pasado es una tarea fundamental del presente pero su función no ha de ser recrearse en visiones victimistas o mitificadoras sino comprenderlo para aprender y discurrir las posibilidades de intervenir sobre el futuro. No hay verdades universales, por eso el estudio de lo acontecido tiene por objeto, no el copiarlo, sino adiestrar el espíritu en comprender lo singular, entender las decisiones y aprender a tomarlas en otras condiciones que serán, igualmente, singulares. Por eso la estrategia es definida por Clawsevitz (el gran teórico de la guerra moderna) como un arte más que como una ciencia.
El pasado no es actualizable, las circunstancias presentes de expansión inconmensurable del Estado son absolutamente nuevas y por lo tanto el sujeto colectivo capaz de hacerles frente lo ha de ser también. Eso significa que lo por venir será el resultado de decisiones histórico-colectivas que se sitúan indefectiblemente en el ámbito de la incertidumbre, es decir de lo inexplorado e indeterminado, de lo procesual e histórico.
Hoy la regeneración de un nuevo sujeto, individuo y colectivo, capaz de pensar un nuevo paradigma ajeno al vigente orden es la tarea número uno, el centro estratégico de cualquier movimiento por la revolución integral. De lo que se trata es de definir las condiciones y los instrumentos para ese renacimiento.
Lo que concreta en primer lugar la calidad del sujeto es la grandeza de las metas que se propone pues, como dice Cervantes, “de altos espíritus es aspirar a cosas altas”. Nunca podrá ensancharse la valía y la virtud de los individuos y las sociedades en las luchas mezquinas o interesadas. A los sórdidos y egoístas fines de los movimientos modernos corresponde, necesariamente, un sujeto encogido intelectual y espiritualmente, sin energía interior, disminuido en sus  capacidades y habilidades y sin creatividad ni fuerza.
Ese sujeto pobre y menguado no lo es por maldad o voluntad de serlo sino que, a menudo, es la conciencia de sus limitaciones objetivas lo que le lleva a desistir de emprender tareas que cree que le superan y, al limitar aquello que se propone, va perdiendo facultades, habilidades y cualidades, va empobreciéndose y mutilándose en una espiral que lleva hasta constituirse en el ser-nada, ser desustanciado y vacío, sin ideales ni proyectos dignos de tal nombre.
Pues bien, si hemos de constituirnos como individuos con potencial revolucionario no podemos hacerlo sino desde  lo que somos y desde la realidad en la que vivimos. Quiere decirse que tenemos que asumir la tarea de rehabilitar nuestra conciencia de la realidad y la acción proyectiva de futuro con el limitado potencial que poseemos hoy, es decir, en las condiciones de ausencia de libertad de conciencia, desestructuración de las capacidades intelectivas por el adoctrinamiento permanente, influencia de los dogmas de las religiones políticas, declinación de la vida experiencial del sujeto y sustitución de ésta por sistemas teóricos y doctrinarios, falta de habilidades intelectivas, volitivas y convivenciales, dificultades para escuchar y comunicar, aculturación, rotura de las raíces y el sentido de pertenencia, desaparición de los saberes y la cultura del pueblo, fractura del sujeto, desgarro entre el cuerpo, los sentimientos, los afectos y los conocimientos y declive de las experiencias vitales auténticas, entre otros muchos conflictos que nos aquejan como personas, y, con este bagaje, hemos de construirnos como sujetos de virtud, sujetos aptos para forjar la historia, teniendo en cuenta que la aportación a la revolución integral de cada uno de nosotros y nosotras es absolutamente insustituible.
No podemos esperar a estar preparados para asumir las tareas necesarias, para pensar, estudiar y meditar la situación presente en su complejidad y su conflicto, la situación hoy es desesperada porque nos encontramos al borde de transformaciones tan radicales y tan primarias que darán paso a una forma de existencia individual y social ya no-humana y sin posibilidad de retorno. Estamos pues a las puertas de una batalla decisiva y debemos tomar decisiones dramáticas y entregarnos a trabajos muy por encima de nuestras posibilidades con espíritu emprendedor y creativo.
No habrá progreso de la virtud si ésta no se trasmuta en obras, en actos; la preparación o entrenamiento ha de realizarse en la propia lucha que será, a la vez combate contra el enemigo exterior y, mucho más ahora, contra el enemigo interior, contra nuestras limitaciones y pobreza de recursos y de ideales. La idea de enemigo interior debe estar presente siempre, en primer lugar porque todos somos seres bipartidos, pero sobre todo porque el triunfo del sistema hoy se materializa en la ocupación y posesión del solar del vencido, quiere decirse que somos rehenes del poder, que nuestra conciencia está colonizada y, por lo tanto, la lucha contra lo exterior se produce a la vez como lucha hacia lo interior. Estas son las condiciones en las que devenimos, o no, en sujetos de la revolución integral. Por ello necesitamos una ascética, una disciplina de aprendizaje que nos cree hábitos adecuados a las condiciones del combate agónico que nos depara el futuro.
Entiendo que la tarea más cardinal, aunque no única, del momento presente es la creación de un germen de sujeto colectivo con conciencia y con proyecto estratégico que se debería materializar en la forma de individuos con un programa de trabajo personal que se agrupan y aportan su obra al debate colectivo. Esta característica de autonomía individual y trabajo grupal es básica pues implica un fuerte compromiso individual y capacidad de exponerse al máximo sin parapetarse tras la comunidad. En una palabra, necesitamos dar la cara, arriesgarnos, probarnos y hacernos en la arena de la lucha.
Para avanzar en esa dirección es necesario perder el miedo a la duda, al error o a la crítica, la auto-construcción como sujetos de valor excluye las certezas absolutas y el escenario presente no admitirá la anuencia general. La necesidad de seguridad total y reconocimiento exterior son dos venenos que impiden el desarrollo de la auténtica virtud que no busca la gloria ni las recompensas materiales sino que se materializa en el deseo del bien por sí mismo, por su valor intrínseco. Lo que importa es aportar nuestra gota al caudal de la revolución integral desdeñando notoriedad o laureles pero no escatimando salir a la palestra con el argumento de la falsa modestia o lucha contra la vanidad. Debemos hacer todo aquello que nos sea posible y hacernos responsables de ello abiertamente.
De la creación un nuevo paradigma de sociedad sin Estado capaz de hacer frente al Leviatán moderno depende nuestro futuro.



 LA CUESTIÓN FEMENINA
COMO MATERIA ESTRATÉGICA

De entre las tareas fundamentales en el nuevo paradigma de la revolución deseo señalar, por ser aquél en el que he trabajado más intensamente en los últimos años, el llamado “problema de la mujer”. El gran escándalo social creado por el sistema alrededor del victimismo femenino ha producido un movimiento pendular en el lado de lo anti-sistémico que ignora la cuestión o simplemente la cataloga de falso problema, de este modo se cumple más perfectamente el objetivo del sistema de dominación al crear el conflicto, pues en una parte de la población se rechaza el abordar un asunto de primer orden para la revolución mientras que en la otra se afirma con los argumentos y programas del sexismo político. Ambas corrientes son destructivas para la revolución integral.
A través del sexismo político y el desquiciamiento del conflicto inter-sexual el poder ha conseguido objetivos fundamentales para ampliar la dominación social, objetivos que podrían resumirse en:
1) Dividir y enfrentar al pueblo creando una corriente de victimismo femenino que alimenta a su vez otra de resentimiento masculino lo que impide el actuar colectiva y mancomunadamente en casi ninguna parcela de la vida. La máxima del gran imperio del mal, Roma, el “divide et impera”,  es hoy la divisa de las elites dominantes que han conseguido un éxito notable en sus proyectos.
2) Conseguir la colaboración de amplios sectores del pueblo en su propio sometimiento político, lo que se ha producido cuando una parte importante de las mujeres, apartadas consustancialmente de los hombres que son sus iguales se ha comprometido con el Estado y sus instituciones convencidas de que su emancipación reside en esa alianza ignominiosa e indeseable. También una parte de los hombres colabora con el proyecto del sexismo político persuadidos de hacer el bien a sus iguales. Así el ascenso al poder de una casta de poderosas que se presentan a sí mismas como oprimidas y que dicen personificar el triunfo de todas las féminas tras siglos de opresión está significando una auténtica refundación del sistema de dominación que maximiza la esclavitud del pueblo, hombres y mujeres, con el pretexto de ampliar la libertad de las segundas.
3) La manipulación y destrucción de las mujeres en tanto que tales, es decir, en tanto que seres humanos completos y singulares y otro tanto de los hombres que son también rehechos según el diseño de las instituciones del poder para emerger como seres neutros, no sexuados, no autoconstruidos, dirigidos desde fuera y mutilados en su auténtica naturaleza y devenidos en trabajadores puros, “animal laborans” y súbditos perfectos, sin atributos espirituales ni sexuales que distraigan de su condición de siervos del poder.
4) Convertir la cuestión de la mujer en punta de lanza para complejas operaciones de ingeniería social y psíquica que han permitido al poder penetrar en lo más recóndito del sujeto, en sus impulsos primarios y más naturales que son hoy manipulados por el oprobioso sistema de dominación. Se trituran los impulsos sociales básicos, el interés por los otros (primero cuando son otros del otro sexo, y luego también los del mismo sexo) se construye el ser solitario y autista incapaz de relacionarse con los otros y con el mundo. Desaparece la sexualidad natural, se reprimen los impulsos libidinales más auténticos y se usa este nuevo poder sobre el interior del sujeto para  manejar ilimitadamente su conducta y su acción. Se trituran las instituciones naturales de convivencia como la familia y, con ella, todas las demás formas de vida comunitaria que son acusadas de ser el origen de toda opresión y sojuzgamiento del individuo.
5) Aculturar y desenraizar  de forma sustancial al pueblo que es presentado como el hacedor de la mayor iniquidad y brutalidad sobre las mujeres, el artífice del abuso y el avasallamiento machista, para ello se falsifica la historia y se construye un relato falso convertido en verdad a fuer de repetirse por múltiples canales y sistemas. La usurpación de la historia produce un sujeto vaciado interiormente pues la tradición constituye la identidad personal más trascendental.
En este proceso las mujeres se transforman en instrumentos de destrucción a la vez que se destruyen ellas mismas lo que conlleva un suicidio simbólico en forma de muerte de lo femenino, es decir, feminicidio como muerte de la feminidad.
De los muchos venenos introducidos por el sistema en la comunidad popular para destruirla, egoísmo, interés particular, amor por la propiedad y el poder, politicismo, hedonismo, irresponsabilidad, comodidad, dogmatismo, intolerancia, etc. etc., el sexismo es tal vez el más rastrero y el que toca aspectos más íntimos de las personas de modo que el poder se ha instalado cómodamente en el interior del sujeto y desde allí dirige sus comportamientos.
El pueblo solo puede existir como ser mixto, heterogéneo y complejo, como ser colectivo que engloba a las mujeres y los hombres, por eso si las tareas estratégicas se desarrollan sin la participación singular y manifiesta de las mujeres será un proceso fallido. No basta con declararnos no sexistas y abiertos a la participación femenina, si las mujeres no están, o están de forma insignificante, en los movimientos por la revolución integral tenemos que definir las formas de atraer su acción en ella lo que implica un plan o proyecto estratégico para esa tarea.
No se trata, por supuesto, de ir añadiendo mujeres por actos de proselitismo personal a los grupos de trabajo o estudio sino de desarrollar  planteamientos y proyectos para un nuevo paradigma que sea auténticamente superador de los males introducidos por el sexismo político y que sea capaz de aportar un paradigma realmente integrador.
No dar a la cuestión femenina un lugar destacado en nuestro proyecto sería un error de graves consecuencias por ello deseo abrir un proceso de trabajo e investigación sobre la incorporación de la mujer a las labores de la estrategia a la que invito a aquellos y aquellas que deseen acompañarme.







[1] FEDERICO AZNAR FERNANDEZ MONTESINOS “Entender la guerra en el siglo XXI” 2011, Madrid.

(2/3) Sobre el sujeto de la revolución. Reflexión sobre estrategia

SOBRE EL SUJETO DE LA REVOLUCIÓN
Reflexión sobre estrategia
Parte Segunda


EL PLAN ESTRATÉGICO LIBERAL,
 UNA GUERRA PROLONGADA.

No es posible en un texto de estas características profundizar en cada una de las batallas que los liberales libraron contra la comunidad popular en “La democracia y el triunfo del Estado”[1] se hace un análisis de los momentos decisivos de ese ataque a las estructuras populares que fue la revolución liberal que comienza con  la destrucción del comunal a través de la profusa legislación devenida de la Constitución de Cádiz. El más temprano fue el decreto de 1813 por el que los terrenos y baldíos de propios se repartieron, después se fueron implementando medidas parciales hasta las grandes leyes desamortizadoras que se aplicarán durante un periodo muy dilatado.
El objetivo era conseguir que todas las tierras y toda actividad económica tributaran al Estado de modo que éste obtuviera los ingresos para sostener su continuo crecimiento, poner las bases para el desarrollo de un capitalismo incipiente dependiente en todo del apoyo de las estructuras de poder, pero sobre todo, en el plano de lo estratégico se trataba de desalojar el comunitarismo popular y hacer universal el principio de propiedad y con ello eliminar el derecho anti-romanista que regía el uso de los medios para vida y la gestión colectiva de la economía que eran las bases materiales de la comunidad popular e imponer el egoísmo y el interés particular que son las señas de identidad del sistema.
Se dictaron igualmente normas contra todas las formas de unión y agrupación no controladas por el poder, en 1820 se publicó un decreto de prohibición de asociaciones y en 1822 el artículo 317 del código penal volvió a incidir en el mismo sentido. La predisposición del sujeto tradicional a asociarse mancomunadamente con sus iguales fue proscrita a la par que se impulsaban las agrupaciones políticas y corporaciones de afinidad o partidos que, segregados por el aparato de poder parodiaban un enfrentamiento, ficticio en las alturas, pero real entre las clases subordinadas, en ellos se apoyaron para destruir  la unidad de la comunidad.
Efectivamente, por encima de toda división de opinión, pensamiento o creencias la comunidad popular se había mantenido como una unidad en la diversidad; la tolerancia y la indiferencia hacia todo lo considerado personal fue la norma, mientras que el debate hermanado sobre los asuntos comunes se producía en un entorno afectivo e integrador y eso hacía muy estable su estructura. La revolución liberal, al crear el sistema de partidos y parlamento construye grandes sistemas doctrinarios que se presentan como excluyentes, polémicos y antagónicos, cargados de ambiciones y sinecuras y que captan seguidores inoculando el fanatismo dogmático allá donde triunfan. En “El concepto de lo político” Carl Schmitt define el orden parlamentarista con un centro que es definir al enemigo y mantener la hostilidad permanente entre grupos.
En un estudio sobre la protesta popular y la política en Bermeo a principios del siglo XX[2] se muestra con toda claridad como la Cofradía, que tenía un significado papel en la vida social de la localidad es dinamitada por los intentos de copar la dirección que hacen los partidos al inicio del siglo XX, dividiéndose en facciones de orientación política contraria lo que produjo que, donde había una asociación que aunaba a todo el pueblo y en la que había diversidad y convivencia, surgieran varias agrupaciones que luchaban entre sí destruyendo la armonía y belleza de las instituciones populares. Es lógico que en muchos casos el pueblo no considerase un avance la concesión del voto a los hombres en 1890 pues su objetivo era justamente enfrentar a los que antes estaban unidos (tampoco puede considerarse un ascenso de la libertad, lógicamente, el voto femenino en 1931).
Se mantuvo, sin embargo, la costumbre de hacer frente unidos a los avatares de la vida y se siguieron constituyendo sociedades de socorros mutuos, cooperativas y otras asociaciones que mantenían vivo el tejido social horizontal e impedían la completa imposición del programa estratégico del Estado manteniendo la autogestión en las cuestiones esenciales de la vida. Es muy representativo el reglamento del Círculo obrero de Casas de Benitez, “La Fraternidad” publicado en 1912, en este pequeño pueblo conquense, la asociación de agricultores modestos, colonos y obreros rurales  establece como base fundacional de su asociación “quitarle todo carácter de empresa de ganancia o lucro” y dedicarlo al único fin del “socorro mutuo”. La naturaleza de estas agrupaciones no puede ser entendida en nuestros tiempos fácilmente porque corresponde a formas sociales hoy desaparecidas, no se puede comparar con una “empresa de servicios” como muchos tienden a pensar hoy, sino que era una adecuación de las complejas formas de convivencia e interdependencia que la comunidad popular había tenido desde siempre, algo que expresaba la capacidad para vivir en común de esas gentes.
Los intentos de crear movimientos corporativos de carácter político o económico chocaron constantemente con una resistencia fuerte entre las gentes populares que muchas veces fue violenta y siempre auto-organizada. También fue dura y encarnizada la rebeldía contra el Código Civil que pretendía imponer el modelo patriarcal del Código francés napoleónico de 1804 extremadamente limitativo y dañino para la condición de la mujer, este modelo, que chocaba frontalmente con las costumbres populares y el derecho consuetudinario, fue contestado con fuerza, de manera que una y otra vez las elites mandantes tuvieron que retroceder. Por ello no fue aplicado el Código aprobado en 1820, ni el que se presentó en 1851, ni el de 1870 y hubieron de esperar a 1889 a tener la fuerza suficiente para imponer una ley que subordinaba a las mujeres a los hombres por orden del Estado.
El derecho de familia fue estratégico para el poder constituido, a través de la legislación patriarcal se deseaba abrir una brecha social de proporciones colosales que enfrentara a mujeres y hombres y permitiera así dominar mejor a ambos[3] además de jerarquizar la sociedad y crear las que son las formas de dominio más liberticidas, las llamadas biopolíticas, que se proponen dirigir todas las dimensiones de la vida humana en función de la estrategia política de las elites mandantes.
A la vez que se atacaban las instituciones que habían ordenado la vida del pueblo se crearon las que organizaran la vida según el nuevo catón de los poderosos, de entre ellas una fundamental fue la escuela estatal que se convirtió en instrumento privilegiado para destruir la cultura oral, adoctrinar a los niños desde su más tierna infancia así como para robar las mejores mentes del pueblo a las que se cooptaba para integrarlas en las elites de mando.
Todas estas operaciones de ingeniería social no se desarrollaron únicamente por métodos pacíficos, en realidad su limitada eficacia es más notable teniendo en cuenta que todo el siglo XIX fue un auténtico baño de sangre pues además de los levantamientos, los motines  contra las quintas y los conflictos  por diversas causas que jalonaron toda la centuria, se produjo una guerra civil, no por olvidada menos sangrienta, entre 1821 y 1823[4] y las guerras carlistas cuya interpretación no debe hacerse de forma simplificadora[5]. El carácter hiper-militarista del nuevo régimen liberal fue estratégicamente decisivo pues la cantidad de violencia que se vertió de forma sistemática y duradera a lo largo de un tiempo muy dilatado fue esencial para conseguir imponer algunos de sus proyectos.
Para lo que en este caso nos importa, que es la comprensión de la estrategia, hay que anotar que en sus inicios el orden liberal tenía fuertes elementos de debilidad, su primera acción contundente y decisiva es la exposición precisa y concreta de su proyecto, la Constitución de 1812 es justamente esa declaración de intenciones y fines últimos. Éste fue un gran avance estratégico, el más fundamental de todos, porque delimitó con claridad los objetivos finales y más generales que nunca perdieron de vista a lo largo del proceso. Cada batalla que dieron no era fin en sí mismo sino medio para acercarse a su ideal, así, las retiradas tácticas o incluso las derrotas parciales no trituraron su determinación de vencer. Durante decenios mantuvieron la firme decisión de ir minando a su enemigo. Solo a finales del siglo XIX consiguen algunas victorias fundamentales que generaron una situación ya irreversible, la imposición del código civil, la desamortización del comunal, la abolición de los fueros, la conscripción obligatoria, el voto masculino y la escuela estatal entre otros.
La elite liberal atacó sistemáticamente el centro de gravedad de su enemigo  que era la socializadora unidad, la autosuficiencia, la vida horizontal como ley suprema del existir humanamente, la propiedad colectiva, las instituciones políticas democráticas, el desapego a las cosas superfluas y el cariño a la tierra y lo cercano entre otras muchas que habían generado una cultura milenaria, con medidas que limitaban estas cosas a la par que fortalecían la capacidad de mando y organización del Estado, de forma que fue cambiando la correlación de fuerzas entre ellos. Usó la violencia resueltamente sacrificando la comodidad del statu quo para precipitarse en una tolvanera de crisis y conflictos largos y penosos. Las elites poderosas tuvieron siempre la visión del largo plazo, no inmolaron sus objetivos futuros a las necesidades inmediatas y rehicieron sus estrategias concretas en función del análisis de los acontecimientos.
Quiere decirse que el proceso de construcción del Estado actual ha sido un largo conflicto dirigido según un plan estratégico muy meditado y perseverantemente ejecutado.
A pesar de la dureza de las medidas llevadas a cabo durante todo el siglo XIX  durante el primer tercio del XX el poder constituido a partir de Cádiz siguió siendo contestado y atacado sistemáticamente, una parte del naciente y pujante movimiento obrero se miró  en las formas de la tradición popular cuyas señas de identidad e instituciones tenían todavía una fuerte pervivencia.
Los detentadores del poder usaron los métodos más crueles pero también las intervenciones políticas más creativas, la II República fue un golpe fenomenal a la conciencia libre de las clases subordinadas, creó una ilusión, un espejismo de cambio que, entre las organizaciones obreras fue solo denunciado por CNT que, con cifras, revelaba el carácter represivo del nuevo régimen. Para el análisis de ese periodo histórico que no podré abordar en este texto remito al lector al capítulo que en “La democracia y el triunfo del Estado” le dedica Félix Rodrigo Mora.
Solo añadiré que para cualquiera que estudie en detalle los numerosos enfrentamientos que  se produjeron entre los trabajadores de la ciudad y del campo y las fuerzas de orden público, se hace patente que el recuerdo y la defensa de las antiguas libertades populares estaba presente en una gran parte de ellos. En este sentido es especialmente significativo el choque violento que se produjo en Yeste, en la provincia de Albacete, en mayo de 1936 y que enfrentó a los vecinos de la localidad con la Guardia Civil con el resultado de 17 personas muertas y casi un centenar de heridos. Este incidente, reprimido con una contundencia tan feroz por una Guardia Civil a las órdenes del gobierno del Frente Popular salido de las urnas en febrero de ese mismo año, tuvo como origen el movimiento de los vecinos para recuperar las tierras comunales que les habían sido arrebatadas por la ley de Desamortización Civil de 1855[6]. Estas mismas ideas colectivistas eran el origen de la denuncia en Solidaridad Obrera, en enero de 1933, de la llamada “revolución agraria” de la que se dice que pretende crear gentes insolidarias, egoístas e individualistas[7], efectivamente, la  llamada al reparto de tierras y la propiedad privada sobre ellas no era considerada como un gran bien por quienes todavía tenían el recuerdo vívido de una forma superior de vida basado en compartirlo todo con los iguales.
La Guerra Civil fue la desembocadura natural del enfrentamiento entre dos fuerzas que se midieron durante más de un siglo, a falta de una reflexión profunda e imparcial de este acontecimiento cuya importancia histórica y complejidad fáctica no puede ser puesta en duda, se puede aseverar que la guerra de 1936 a 1939 es el punto de inflexión que abre una etapa de triunfo del Estado en el que nos encontramos en el presente.
La Guerra Civil con su epílogo en la lucha agónica del maquis en las zonas rurales culminó la primera parte de la revolución liberal, la feroz represión franquista dio paso a una época de abatimiento del movimiento obrero desconocida hasta entonces cuya principal causa, a mi entender, no fue la represión, no fue el miedo ni la cobardía, sino la falta de discernimiento de los motivos de su derrota. Las versiones triunfalistas y alucinadas de los partidos de izquierdas vinieron a liquidar con más saña cualquier intento de reflexión serena, de auto-evaluación o auto-crítica que hubiera permitido rehacer la moral de combate en las fuerzas populares por el ascenso de la conciencia de su capacidad de lucha.
Resulta desolador que no tengamos hoy, de un acontecimiento tan cercano y con una documentación tan abundante, más versiones que la que elaboró el franquismo y la que cuajó la izquierda, ambas distorsionadoras y parciales, ninguna objetiva y desprejuiciada, hacer ese balance sería sin duda un gran avance en la posibilidad de una estrategia de recuperación del sujeto social del cambio revolucionario.
El franquismo no fue únicamente represivo, tras el severo castigo que infringió a los vencidos acometió los proyectos más radicales para cambiar sustancialmente al pueblo. La des-ruralización y urbanización del país fue el más notable pues destruyó la base material de la convivencia y la solidaridad que era la comunidad vecinal, arrancó a millones de personas del entorno integrado y horizontal y las aculturó y desenraizó de forma sustancial. La ciudad es la tumba de la vida horizontal y el altar en el que se alza el Estado, conseguir una organización social perfectamente centralizada era un punto irrenunciable del programa de Cádiz que ¡por fin! se hacía realidad.
La urbanización llevaba implícito otra fundamental reforma y mutación que cambiaría de manera cardinal la forma de ser y estar en el mundo de las clases subordinadas, la universalización del salariado. Si en el pasado el amor al trabajo fue un distintivo de la cultura del pueblo que manifestaba su rechazo de la propiedad y el dinero y su adhesión a un igualitarismo objetivo basado en aquello que la mayoría posee naturalmente, ahora tornábase la antigua laboriosidad integrada y creativa en desquiciado ajetreo, actividad sin sentido dirigida desde fuera, en donde las personas desempeñan el papel de las cosas, una labor arrancada trascendentalmente de su vínculo con la vida.
Si es cierto que la salarización general fue el mecanismo para dotar a la institución estatal de los recursos económicos que permitieran poner a punto su aparato de dominación mucho más lo es que fue un instrumento decisivo para doblegar al suejto de la tradición, para triturar la independencia, creatividad, igualitarismo y socialidad del pueblo. El mejor estudio sobre la verdadera esencia del trabajo asalariado lo realizó Simone Weil en la Francia de los años 30 sobre la base de su propia experiencia como obrera en la Renault y concluye que no es la explotación económica la peor de las lacras de esa actividad forzada como plantearan las corrientes marxistas, sino la enajenación que hace de los elementos fundamentales de la condición humana, especialmente el agotamiento interior, el vaciamiento de toda vida intelectual, afectiva, social y personal durante un tiempo tan dilatado de la existencia individual que transforma al sujeto en casi una no-persona. Que tal actividad se asuma de forma voluntaria e incluso se ensalce, justificándose así el vivir como esclavos a cambio de dinero, viene a profundizar esa brecha brutal que anula la dignidad personal que había sido seña de identidad del indócil pueblo ibérico.
El franquismo, en otro orden de cosas, consiguió hacer efectivo el Código Civil de 1889 y establecer, en la parte de la vida que pueden controlar las instituciones -que se hacía cada vez mayor- la subordinación de la mujer que pasa a ser tutelada por el varón como representante y ejecutor de la ley estatal. Ésta era una maniobra fundamental para abrir una brecha de dimensiones catastróficas en las clases subalternas pues enfrentaba a mujeres y hombres y hacía que ambos se vieran entre sí con resentimiento y mirasen al Estado como aliado. Se creó un modelo inicial, muy activo, de feminismo de Estado con la Sección Femenina[8] que adoctrinaba a las mujeres a la vez en su necesidad de tutela y en la oposición y enfrentamiento con el varón. Estas maniobras de manipulación mental de las mujeres, que se fortalecieron aún más con la aparición de la radio, fueron concluyentes para hacer de ellas la vanguardia en dos de las operaciones de ingeniería social más importantes del programa estatista-liberal franquista, el abandono de las zonas rurales y la emigración masiva[9] y en la actualización destructiva de la familia que pasó de ser un grupo natural integrado en la comunidad a clan cerrado sobre sí mismo, agrupación de consumo, competitividad y medro social[10]
Cada una de estas realizaciones eran, por sí mismas, letales para el sujeto popular, sin embargo el golpe final a la autonomía y la convivencia no vendría de un acto de represión sino de la mano generosa del Estado que en 1963, con la ley de Bases de la Seguridad Social, generó lo que sería la más dañina de las instituciones, el Estado del bienestar. Al asumir la burocracia estatal las funciones que habían correspondido tradicionalmente a la solidaridad entre pares se asestó un golpe formidable a la calidad de la vida horizontal. La población fue aleccionada para que confiara a los funcionarios del creciente aparato estatal lo que antes formaba parte de los vínculos sociales y afectivos. No hubo, como se quiere hacer creer hoy, una lucha de los trabajadores para que fuera el estado quien proveyera de los cuidados y asistencia básicos para la vida, por el contrario hubo cierta resistencia a asumir tal situación por lo que incluso en los años 70 anota un historiador “es curioso notar que, incluso, hoy en día, nuestros entrevistados discrepaban acerca de si el  sistema antiguo era mejor que la Seguridad Social actual”[11].
No hubo ningún avance significativo para los trabajadores que sufrieron una creciente presión impositiva para pagar un sistema increíblemente ineficaz, coercitivo y lesivo para su autonomía[12]. El sistema de servicios públicos no solo no proviene de una victoria de las  luchas obreras, lo que es obvio si se observa la situación del país a principios de los años 60 del siglo XX, sino que ha sido un instrumento para domesticar al pueblo y destruir su independencia y combatividad, convertir en mercancías las necesidades básicas de la vida, dirigir despóticamente la existencia individual y colectiva, imponer el consumo de aquellos bienes y servicios que interesan al poder y administrar la biopolítica  del Estado.
Todo lo que ofrece el Estado del bienestar destruye la autonomía del sujeto, anula su capacidad de autogestionar su vida y la de sus cercanos, tritura las habilidades y conocimientos que proporcionan independencia, destruye la creatividad que proviene de enfrentarse a las dificultades y conflictos por los propios medios, desintegra la base material de los vínculos afectivos que son los cuidados que se prodigan los familiares y los amigos. En definitiva convierte al sujeto en trabajador o trabajadora puros, entregados al quehacer laboral y al consumo y despreocupados de todo lo demás con lo que su vida les es ajena.
De entre los productos devenidos del Estado asistencial, por su importancia para el tema que nos ocupa, la crisis del sujeto social de la revolución, merece atención aparte el desarrollo y expansión del sistema educativo. Fue el franquismo quien universalizó los estudios de secundaria e hizo realidad la máxima de “el hijo del obrero a la universidad”. Bajo el régimen de Franco se formaron las primeras generaciones de la “enseñanza pública para todos”, gentes muy adoctrinadas, muy aculturadas, que imitaban en todo las formas de pensamiento y de vida de las clases altas y cuya mayor aspiración era conseguir un nivel de consumo mayor que el de sus padres.
Esas primeras generaciones fueron las que obraron la transición al sistema parlamentario, reconstruyeron el sistema de partidos según el modelo liberal, falsificaron y reescribieron la historia de acuerdo a los intereses del poder, popularizaron y difundieron las nuevas religiones políticas de la izquierda –en esos años finales del franquismo la crítica del atraso y el carácter feudal, anti-liberal y anti-moderno de la sociedad en el Estado español y la necesidad de modernizarse- y desactivaron con sus dogmáticas teorías políticas el movimiento anti-franquista en los años setenta del siglo pasado.
La transición política desde el régimen franquista al partitocrático y parlamentario ha sido un modelo estudiado e imitado en todo el planeta, fue una intervención decisiva desde el punto de vista estratégico, un golpe maestro sobre el centro de gravedad de las clases sometidas. En esencia consistió en una acción por la que el Estado se alzó como ente total e integrador entregado a fragmentar la sociedad hasta hacerla un confuso aglomerado de grupos corporativos o sujetos solitarios.
El actor o instrumento principal de la estrategia del sistema desde la transición política ha sido la izquierda, generadora del mayor crecimiento del capitalismo y del ente estatal de toda la historia. La izquierda ha sido el más perfecto instrumento de la estrategia estatalista y, por ello, quien ha gobernado durante más años. De su mano han salido las principales corrientes destructivas que han arrasado tanto al pueblo como sujeto colectivo –que ya estaba muy dañado antes- como a la estructura existencial de la persona.
La aportación del izquierdismo a destrucción de lo que quedaba del potencial autor de la revolución anti-estatalista ha sido decisiva. En primer lugar han sido los ideólogos más fanáticos  de la idea liberal del sujeto de derechos. El sujeto de derechos es esencialmente el que ha renunciado a su libertad y autonomía y espera recibir, como una gracia, las atenciones y servicios a los que “tiene derecho” de las instancias superiores que velan por su bienestar y tutelan su vida. Cuando tal ideología ha sido asumida completamente, el individuo deja de percibirse como sujeto de su propia existencia y comienza a ser objeto o cosa de su propia vida. Los derechos siempre son otorgados o concedidos por alguien que tiene el poder de dar y quitar, y siempre achican y degradan a la persona porque ésta hace dejación de su potencial de acción y de auto-gestión, de su capacidad de decidir y elegir, de su necesidad de esforzarse en la propia superación y por lo tanto ascender en las cotas de la libertad personal, de su energía creativa que queda desactivada al no tener objeto al que dirigirse, es, por lo tanto, un ser que se afirma en la incompetencia, la ineptitud y la subordinación.
La libertad nunca puede ser otorgada, no puede recibirse de otros y son los deberes, las obligaciones y los compromisos los que proporcionan la base material de la libertad humana, idea que expuso con mayor belleza que ningún otro filósofo Simone Weil, porque los deberes son la parte activa de la existencia mientras que los derechos son únicamente pasivos, las obligaciones implican acción, movimiento, intervención y por lo tanto capacidad, competencia y crecimiento  mientras que los privilegios y los derechos producen inmovilidad, parálisis, flojedad, ineptitud e insuficiencia.
A la doctrina de los derechos va asociada otra de las lacras de las sociedades de la modernidad tardía, el “imperio de la ley”, el legicentrismo izquierdista que todo lo fía a las leyes ha creado la sociedad más normativizada de la historia, todo está regulado, lo grande y lo pequeño, lo social y lo privado e incluso lo íntimo. Ni siquiera Orwell pudo soñar una sociedad más pautada. Por supuesto el crecimiento de la ley se asocia al incremento del Estado, especialmente judicatura y policía, de sus gastos y de sus prerrogativas que se amplían con cada nueva legislación lo que viene a más real y más cierto el objetivo último del proyecto liberal.
Ese sujeto así aleccionado, ha sido fácilmente conducido a la idea de que su destino es el trabajo y el consumo y que nada grande ni trascendente le compete, la vida debe ser, pues, destinada a la producción, el gasto y las diversiones. La sociedad post-franquista, como la Roma de la decadencia, generó su plebe ansiosa de placeres groseros y zafiedad consumista, abandonada al instante, volcada en las drogas, sin amor por la propia dignidad, sin respeto por sí mismo ni conciencia de su vida y de su entorno.
Durante decenios, además, la progresía del sistema se dedicó a insultar a nuestros abuelos, aquellos que habían plantado cara a Napoleón, a la Pepa, a los espadones decimonónicos, a Primo de Rivera, a la monarquía y a la república, a Franco en la guerra y a la Guardia Civil en el maquis. Sobre ellos se escupió todo el veneno de que eran portadores, se les asignó el sanbenito de representar el atraso, la incultura, la brutalidad, la incivilidad, la estulticia y la papanatería además del machismo y la brutalidad contra la mujer. A la izquierda su dedicación a falsificar la historia y aculturar  a la sociedad les ha valido ser los favoritos del sistema y recibir de sus arcas una sugerente remuneración.
La aculturación y des-historización del pueblo ha sido un elemento cardinal del proceso de liquidación del antagonista del Estado[13]. Sin raíces y sin sustento en la propia historia, el sujeto queda fragmentado y aislado de forma trascendental, con una identidad frágil, siempre al borde de desvanecerse, incapacitado para el combate, acobardado y achicado connaturalmente. Es consecuencia de un hecho fundamental que no es hoy suficientemente comprendido, la historia, en la forma de conciencia colectiva del pasado no el únicamente el contexto en el que se desarrolla la vida humana sino que, como explica X. Zubiri constituye una dimensión esencial del ser persona[14] por lo que la disociación entre el sujeto y la historia auténtica es su mutilación espiritual y personal.
Y sin embargo no se consideró suficiente todo ello, según las normas de la guerra, la aniquilación del enemigo exigía perseguirlo y exterminarlo por completo. Se fabricó una disidencia artificial fundada en corrientes de opinión fabricadas en las instituciones, es decir, en la universidad, los partidos políticos y los sindicatos subvencionados, que movían a las masas con programas reivindicativos y  políticos que siempre coincidían con los proyectos futuros del sistema, es decir, luchaban contra aquello que estaba ya periclitado y a favor de lo que estaba por llegar. El corporativismo y el movimentismo deshilvanaron las luchas y fragmentaron la acción de las masas y la visión de conjunto. El pueblo quedó incapacitado para entender lo global y el largo plazo, es decir, para pensar estratégicamente.
Añadido a los movimientos gremialistas y parciales se constituyeron las políticas de los victimismos y el enfrentamiento social, ora se culpó a los padres y madres de ser destructivos y dañinos para los niños, ora a los jóvenes de vivir en la miseria vital por la represión de la familia, allí se victimizó a un grupo racial, acá a un sector social minoritario y, en todos los casos, se culpó a los iguales de ser los autores de la represión y la xenofobia y se apeló a la generosidad del Estado que ampara, protege e iguala, para subvertir el abuso y la injusticia.
De entre todas las corrientes y movimientos surgidos del matrimonio izquierda/Estado tal vez la más dañina ha sido el sexismo político feminista que ha conseguido dividir la sociedad por sexos llevando hasta el paroxismo el enfrentamiento entre las mujeres y los hombres, a este proyecto el sistema le ha dado valor estratégico creando incluso, durante varias legislaturas un Ministerio, el de Igualdad, entregado a intervenir denodadamente en la intimidad de las personas y a violar su libertad de conciencia. De la importancia que se ha concedido a las políticas de género da una idea que el feminismo sea hoy eje transversal y materia de estudio en toda la enseñanza estatal y que sea asignatura obligatoria en la Academia General Militar de Zaragoza o que las principales empresas del IBEX 35 como Inditex, El Corte Inglés, Mango, Entrecanales etc. se hayan comprometido a impulsar y financiar las campañas para la aplicación de la Ley de Violencia de Género y la labor de “educación” social en ese tema[15]
El sexismo político ha hecho realidad el maquiavélico “divide et impera” y ha creado una fractura no solo entre las mujeres y los hombres sino entre las mujeres y la revolución porque, una vez convencidas de que su enemigo está entre sus iguales no hay  ningún proyecto común que pueda ser acometido, por el contrario al asumir que no solo la libertad sino su supervivencia depende del Estado, la policía, la judicatura y los profesionales y de su “independencia económica”, es decir, del salario, una gran parte de las féminas se han entregado indefensas a la institución estatal y a la empresa. Estratégicamente  ha sido una de las intervenciones más ambiciosas del sistema de dominación porque dominar y dirigir a la mitad del pueblo contra la otra mitad es garantía de supervivencia mientras esa situación e mantenga.
Todas las corrientes ideológicas lanzadas desde el progresismo izquierdista han tomado la forma de los fanatismos y las religiones y tienen tanta más capacidad de penetración social cuanto más se incrementa el acceso popular al sistema educativo auténtico baluarte del dogmatismo y el adoctrinamiento, de la falsificación del mundo y del creer por fe o por autoridad. Han sido, por ello, verdaderos venenos sobre la libertad de conciencia, la autonomía y la capacidad de elección de las personas.




[1] 

FÉLIX RODRIGO MORA, 2011

[1] ANDER DELGADO CENDAGORTAGALARZA, “Protesta popular y política (Bermeo, 1912-1932) Revista “Ayer” nº 40, 2000, Madrid, Marcial Pons, ediciones de historia.



[1] Asunto que es analizado en “Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Vol. I. Recuperando la historia” PRADO ESTEBAN DIEZMA Y FÉLIX RODRIGO MORA. 2012.



[1] RAFAEL GAMBRA, “La primera guerra civil de España (1821-23): historia y meditación de una lucha olvidada”, 1950, Madrid, Escelicer.

[1] FÉLIX RODRIGO MORA, “Naturaleza, ruralidad y civilización”, 2008, Sevilla

[1] Un análisis de lo acontecido, minucioso y contrastable, riguroso y detallado es el de MANUEL REQUENA GALLEGO, “Los sucesos de Yeste: (mayo 1936)”, 1983, Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses.

[1] XAVIER PANIAGUA “La sociedad libertaria. Agrarismo e industrialización en el anarquismo español”, 1982, Barcelona, Crítica.



[1] Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora, “Feminicidio o auto-construcción de la mujer” Vol. I. Recuperando la historia” 2012, Barcelona.



[1] CRISTINA BORDERÍAS, “Emigración y trayectorias sociales femeninas”, “Historia Social” nº 17, 1993.

[1] PRADO ESTEBAN DIEZMA, (2012) “Una nueva reflexión sobre la familia”, http://prdlibre.blogspot.com.es/2012/06/una-nueva-reflexion-sobre-la-familia-en.html



[1] DAVID SVEN REHER, “Familia, población y sociedad en la provincia de Cuenca (1700-1970)”, Madrid, 1988, Centro de Investigaciones Sociológicas, pag.. 230

[1] FÉLIX RODRIGO MORA “El giro estatolátrico”, 2011, Maldecap.

[1] Un texto a señalar en esa dirección es el de PAUL EDWARD GOTTFRIED, “La extraña muerte del marxismo. La izquierda europea en el nuevo milenio”, 2007, Madrid, Ciudadela Libros.

[1] XAVIER ZUBIRI, “Tres dimensiones del ser humano, individual, social, histórica”, 2006, Madrid.

[1] PRADO ESTEBAN DIEZMA, “El capitalismo contra el machismo” y “La gran empresa ¿agente de la emancipación femenina?” , 2012, http://prdlibre.blogspot.com.es/2012/05/elcapitalismo-contra-el-machismo- y htmlhttp://prdlibre.blogspot.com.es/2012/06/la-gran-empresa-agente-de-la.html