En esta entrevista
realizada por Néstor Blanco para Yelow Zamburiña conversamos sobre feminismo,
feminicidio, autoconstrucción y revolución.
“El alma humana tiene necesidad de verdad y libertad de expresión” Simone Weil
"Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras” Juan de Yepes
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Entrevista de Frank G. Rubio para "El Pulso"
Entrevista de Frank G. Rubio para “El
Pulso”
María del Prado Esteban:
“La Ley de Violencia de Género es una ley contra el amor, que se propone
llevar a sus últimas consecuencias la fractura entre sexos”.
Entrevista con María del Prado Esteban, coautora, con Félix Rodrigo
Mora, de “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”.
FGR: En vuestro libro
hacéis una distinción clara entre el patriarcado y el neo-patriarcado ¿Cuáles
son los rasgos definitorios de esta diferencia y su trascendencia práctica?
MPE: Es necesario
superar los mitos sobre el patriarcado para estudiarlo en su realidad
histórica, es lo que hacemos en este trabajo. El origen del patriarcado moderno
es la revolución liberal. El Estado refundado en las revoluciones decimonónicas
legisló la minoría legal de la mujer, su obligación de ser protegida por el
varón al que daba, a cambio, su obediencia. En la actualidad las mujeres
vivimos bajo la tutela directa del Estado, diríamos que hoy estamos protegidas
por las instituciones y obligadas a amarlas, respetarlas y obedecerlas. La
relación con la institución estatal es infinitamente más jerárquica que la que
teníamos antaño con el esposo, lo que significa que estamos más oprimidas.
Vivir, amar y criar en la realidad del mundo
VIVIR, AMAR Y CRIAR EN
LA REALIDAD DEL MUNDO
“No hay posadas de felicidad
ni de descanso.
Se va siempre por un camino heroico
hacia la dignidad y la superación de la vida”
León Felipe
Cada criatura que llega al mundo comparte con las generaciones
anteriores la carga de los problemas de su sociedad, nacemos en un momento de
la historia, en un espacio concreto y eso condicionará nuestra existencia, no
se nace en el vacío ni en la nada sino en el
mundo como ha sido construido por las generaciones anteriores. Ésta es
una de las complejidades de nuestra condición, pues no hay libertad ni elección
en esos hechos que definirán, más que ningún otro, nuestra existencia
individual. Explica Xavier Zubiri en “Tres dimensiones del ser humano,
individual, social, histórica” que la herencia que recibe cada individuo no es
únicamente psico-genética, cada nacido humano, para instalarse en la vida
necesita situarse en una realidad. Ese nicho de cultura e historia es el medio
en el que la criatura deviene persona. En ese recorrido recoge una tradición,
se impregna del tiempo como tiempo realizado en la continuidad biológica e
histórica que ella misma habrá de alimentar con su acción. En el texto que
cito, Zubiri da una gran importancia a la maternidad como elemento que conecta la realidad
bio-psico-social-histórica de lo humano, esa indivisible entidad que une la
vida orgánica y espiritual.
Nada puede ser más desolador y angustioso que reconocer en las
circunstancias de este tiempo el hábitat de nuestra prole. La crisis, que
algunos se empeñan en definir como crisis de lo dinerario y consumista
únicamente, oculta una realidad sangrante y terrible, la de una ruina de los
fundamentos más esenciales de la vida social e individual e incluso, más allá,
de nuestra civilización como construcción singular de nuestros ancestros. El
desmoronamiento de la vida social, de las estructuras de vida horizontal
elegidas y dirigidas por el propio sujeto es una de las lacras más terribles de
este momento pero no la única, la pérdida de la libertad, de la tradición como
conjunto de conocimientos y acontecimientos que son bagaje experiencial para la
existencia humana, de la autonomía personal y social, de los conocimientos y
habilidades para la vida, del lenguaje, de la inteligencia práctica, del
sentido de la realidad, de la capacidad para la supervivencia, del sentido
común, de los valores éticos y convivenciales y de la capacidad proyectiva para
bosquejar un futuro son las huellas de
una mutación que no es coyuntural ni somera sino que afecta a los elementos
cardinales de la condición humana y de las instituciones naturales de
convivencia y corre pareja al ascenso del Estado y la institucionalización de
la vida que están devastando al sujeto
medio y que, de seguir su curso, transformarán de forma ingénita la sociedad
como la hemos conocido.
A estas tribulaciones hay que sumar el ecocidio en proceso, la
desertificación, la contaminación de las tierras y las aguas, la caída de la fertilidad
de la tierra, la acumulación de tóxicos en el ambiente, la pérdida de
biodiversidad y el crecimiento de las mega-urbes entre otros y, además, el
desastre demográfico acelerado que se expresa
aquí en la terrorífica cifra de 1,3 hijos por mujer que continúa
descendiendo, testimonio de la falta de vitalidad y anhelo de muerte del cuerpo
social, esta última cuestión será tal vez una de las más atroces calamidades
que hemos de legar a nuestros hijos porque deberán cargar sobre sí tareas tan
descomunales para la propia supervivencia, la protección de la vida y de la
condición humana[1]
que sobrepasarán, con mucho, las fuerzas materiales y espirituales de estas
menguadas generaciones.
Quienes elegimos tener hijos (cada vez somos menos, no lo
olvidemos) deberíamos ser los primeros en la brega por el futuro de la
sociedad, al que nos sentimos atados, no de forma abstracta e inconcreta sino
de manera íntima y personal pues el mañana es el destino de nuestra prole. No
es así, tal vez porque la corriente social dominante sigue siendo “mirar para
otro lado” o buscar fórmulas escapistas
para evadirse de la realidad. Los refugios para huir del rostro
descarnado del mundo son muchos, lo son el trabajo, el consumo, la diversión,
las drogas, los viajes, las relaciones superficiales, los paraísos virtuales o
el cine y la novela, hay cientos si no miles de agujeros en los que vegetar una
vida tranquila a la espera del desastre. Curiosamente para un sector social la
maternidad/paternidad se ha convertido también en un recurso escapista, devenir
padres es la ocasión para abandonar todo compromiso social, político o
cultural. Muchos se adhieren así a dos de los principios más venenosos de
nuestra sociedad, la búsqueda de salidas individuales con olvido del resto de
la comunidad y la mutación de los
procesos que antes se realizaban en la horizontalidad en mercancías. Esta nueva
maternidad ecológica se materializa en un renovado consumismo e intercambio de
servicios monetizados que, por supuesto, no están al alcance de la mayoría de
las madres, aquellas que pertenecen a las clases bajas, ocupan los trabajos más
precarios y acceden a la maternidad a pesar de la presión de las empresas en
condiciones de grandes conflictos y carencias[2]. Esto explica que la natalidad entre las mujeres
de las clases más menesterosas caiga mucho más significativamente, estas
mujeres están siendo convertidas en ganado de labor, seres estériles en todo lo
que no sea producir en el mercado capitalista y consumir para que crezca ese
mercado.
En esta situación la maternidad ha defenderse como libertad
básica y un bien en sí mismo incluso cuando las condiciones de crianza no sean
las que dictan los manuales. En el pasado se pensaba que se necesitaban pocas
cosas para criar a los hijos y el principal motivo para acometer la
maternidad/paternidad era el deseo con independencia de otras consideraciones.
Hoy, en cambio, la extraordinaria complejidad de los requisitos que se
consideran imprescindibles para la crianza hacen que muchas personas renuncien
a tener hijos. Por el contrario mi idea es que la maternidad/paternidad es un
gran bien aunque se acometan en la forma de grandes sacrificios por parte de
los padres y las criaturas y en un entorno hostil como el mundo actual porque
forman parte de la construcción de un futuro humano.
Imbuir a nuestros hijos la idea de que han de huir de los
problemas del mundo en lugar de enfrentarse a ellos no solo no es una crianza
buena sino que, en las actuales condiciones, es suicida. Los años de bonanza
económica y auge del Estado del bienestar han tenido como consecuencia que un
gran número de personas adecuaran su cosmovisión al ideal de recibir servicios
y cuidados por parte de las instituciones y trasladaran ese patrón, considerado
el modelo de la excelencia, a la educación y la crianza de su prole.
Lo que se ha llamado crianza natural responde más a una visión
ideologizada del mundo que a una naturaleza original de la especie. En primer
lugar lo natural en el ser humano es ser un complejo de funciones y situaciones
orgánicas, psíquicas, relacionales, sociales, culturales e históricas
inseparables e indivisibles. Lo natural, como explica Zubiri, es que cada nueva
criatura inscriba su vida en el nicho de su cultura, su tradición y su linaje
que son las raíces que le permiten crecer y constituirse como ser singular y
creativo, esas raíces han de ser las auténticas del entorno en el que nace y no
un mundo artificial creado para ella pues es en la realidad donde tendrá que
desplegar su acción, es decir, materializar su libertad.
Al ejercer la maternidad/paternidad estamos obligados a entregar
a nuestros hijos la realidad del mundo, a reconstruir con ellos el sentido de
lo humano y su proyección hacia el futuro, difícilmente puede acometerse tal
tarea en el tiempo presente si no es en conflicto con el poder establecido, un
combate que exigirá personalidades vigorosas y esforzadas. Si declinamos
nuestra responsabilidad como padres y
buscamos soluciones personales para esquivar los problemas en lugar de
enfrentarnos a ellos estaremos equivocando el camino.
En el mundo moderno cada vez más niños y niñas viven fuera de la
realidad, se les ofrecen otros entornos que se consideran menos ásperos, más
agradables que el mundo real, así viven de sucedáneos de ínfima calidad a
través de la televisión y el cine, en lo que llaman el mundo de la fantasía
infantil[3] o en entornos seguros y
protegidos, adecuados a cubrir todas sus
necesidades al instante y sin espera, en los que no les toque el mal del mundo
e incluso se superen las limitaciones inherentes a la condición humana. En
todos los casos se les obliga a vivir en la mentira, en el mundo como no es.
He conocido muchas criaturas que se desarrollan en ese ambiente
de irrealidad y ficción, suelen ser personas aparentemente felices aunque, si
son sacadas de ese contexto “seguro” y utópico, se paralizan y se agarrotan, no
son capaces de adecuarse a circunstancias nuevas, sufren y se angustian o se
evaden y se inhiben pero no intervienen
con ímpetu transformador. Su capacidad de comunicación está muy limitada
por la falta de autenticidad de sus experiencias vitales, sus sistemas de
relación con los otros son disfuncionales porque carecen de conocimiento de la
alteridad y por miedo al conflicto o al
abandono emocional.
La crianza sin conflicto y sin prohibiciones basada en la
satisfacción de los deseos de las criaturas es menos nueva de lo que se dice.
Una experiencia histórica ilustrativa es la que se recoge en el informe de
William E. Mayer, director de psiquiatría del ejército de Estados Unidos encargado
de investigar el altísimo número de bajas que los soldados norteamericanos
tuvieron en los campos de prisioneros en la guerra de Corea (1950) cuya cifra,
en comparación con la tenida por los prisioneros turcos en esos mismos campos
fue desorbitada. El examen de los hechos le llevó a concluir que esos muchachos
eran el producto de una crianza sin contrariedades, de una infancia en la que
nunca tuvieron que enfrentarse a obstáculos ni situaciones complicadas por sí
mismos, de una figura maternal siempre presente y siempre protectora que, en
realidad absorbía emocionalmente a sus hijos[4].
Lo más importante es la descripción que hace de las situaciones
que vivieron estos prisioneros. Enfatiza que no hubo intentos de fuga aunque en
los campos no había alambradas ni guardas armados. A diferencia de otros
prisioneros como los turcos que permanecieron unidos y organizados, los
norteamericanos carecían de disciplina, se enfrentaban entre ellos y
establecían a menudo relaciones de cooperación con su captores.
Muy pocos forjaron relaciones de amistad en los campos o
mantuvieron el recuerdo de sus seres queridos como aliciente moral y emocional
(cuando a los supervivientes que fueron liberados se les ofreció llamar a sus
familias muy pocos lo hicieron), vivieron encerrados en una celda de
aislamiento mental. Cada vez menos de ellos estaban dispuestos a hacer el
esfuerzo de voluntad, inteligencia, creatividad y socialidad que la
supervivencia necesitaba y comenzó a ser común que un soldado se sentara en una
esquina y tapándose se cabeza con una manta y se dejara morir (los soldados
denominaron a ese acto “abandonitis”). En otros casos, cuando algún hombre estaba enfermo, sus propios compañeros
eran los que le sacaban de los barracones y le abandonaban a la intemperie
donde perecía. No hubo resistencia y combate contra la guerra como guerra
injusta ni contra el enemigo, prácticamente ningún hecho que pueda describirse
como acto de conciencia y dignidad, la indiferencia y el abandono fueron el
estado dominante.
Se mostraron como seres ineptos para cuidar de sí mismos ni de
otros, capaces de la mayor crueldad con sus semejantes y del mayor desapego a
la propia vida, es decir, construidos como seres deshumanizados de forma
extrema.
Los valores básicos para la supervivencia en un campo de
prisioneros no son demasiado diferentes que los que se necesitan para
sobrevivir en cualquier circunstancia de la vida real cuando esta es vida plena
y no sucedáneo como acontece en las sociedades de Estado del bienestar en las
que el sujeto no es ya sujeto de su
propia biografía sino objeto de la protección de las instituciones, usuario de
bienes y servicios y dócil animal doméstico que trabaja para su amo. La forma
como un individuo deviene persona y se enfrenta al mundo es una cuestión que
trasciende con mucho la psicología pues afecta más a los valores y el sentido
que se otorga a la vida, al concepto del bien y del mal[5] y la idea del futuro.
Eliminar los grandes problemas de la existencia humana y del momento histórico
concreto para alejar el dolor y el
esfuerzo no solo no es posible sino que crea
un vacío existencial que hoy es demasiado común en las generaciones más
jóvenes y que se realiza a través de
conductas suicidas (alcohol, drogas, trastornos alimenticios, prácticas
aventureras dislocadas, violencia entre iguales y otros) y un derrumbamiento de
la personalidad que los hace inmaduros, incapaces para el acto de pensar, sin
voluntad para actuar, sin capacidad de esfuerzo, pobres e indiferentes
afectivamente, insociables y herméticos para los otros.
La deriva de la situación actual es que todos los problemas
enunciados se agravarán en el futuro, si somos coherentes y lúcidos tendremos
que comprometernos en el combate por el mañana, si creemos en la crianza en el
amor deberemos llevar a nuestras criaturas con nosotros en esos trances. El
mundo no necesitará de héroes individuales sino de una comunidad heroica capaz de arrostrar las
calamidades del presente y construir un porvenir humano lo que nos compromete a
todos.
La maternidad/paternidad ha de ser rescatada no como una flor de
invernadero, un acto ornamental y decorativo sino como impulso vital, como acto
supremo del amor por la especie y por el futuro contenida de forma concreta y
singular en cada una de nuestras criaturas.
No deberíamos aceptar que la humanización de la crianza pueda ser
reducida al consumo de algunos servicios especializados de mayor calidad que
los que ofrece el sistema y a la dedicación en exclusiva del padre y madre a las criaturas durante toda su
infancia, por el contrario, es necesario que el impulso genésico vuelva a ser
natural y ajeno a los condicionantes económicos y políticos, es decir, íntimo y
genuino.
Se precisa hoy de una maternidad de batalla cuyas señas de
identidad sean la fortaleza y la solidez. Podemos parir en casa o en los
hospitales, pero el acto de parir ha de ser dignificado por nosotras mismas
incluso en las condiciones más desfavorables, porque solo así será posible
frenar el impulso a la deshumanización y rotura del acto genésico, debemos amamantar en todas partes, hacer
habitables todos los ambientes para la infancia, compartir con las criaturas
todos los momentos e integrar la crianza en todas las dimensiones de la vida.
Pero ante todo la crianza no puede ser argumento para mutilar en
las mujeres (y a menudo también en los hombres) los otros planos de la vida, no
puede alejarnos de la realidad del mundo porque eso cercena nuestras capacidades
y posibilidades, no puede retirarnos del compromiso y el combate por el bien,
la verdad, la libertad, la convivencia y la vida horizontal, la propia
auto-construcción, la recuperación de las raíces y la construcción de una
sociedad de ascenso de la excelencia. Si se abandona toda acción sobre el mundo
y los grandes problemas de una época ¿cómo se ha de educar? ¿cómo se ha de ofrecer un camino al
crecimiento a otros cuando se limita en una misma?
Hemos de vivir entre las ruinas de la civilización del bienestar,
podemos hacerlo dejándonos morir en un rincón como aquellos soldados de Corea o
entregándonos a la construcción del futuro que depende, antes que nada, de
nuestra propia acción. En última instancia el acto de la crianza ha de ser un
gran acto de creación y compromiso que sirva como ejemplo a las generaciones
venideras.
[1] La tasa de dependencia, es decir la
que relaciona la población activa y el grupo de los menores de 16 y los mayores
de 64 no ha dejado de crecer y se espera que para 2021 se sitúe en el
57,3%, es decir casi 6 personas
inactivas por cada 10 activas, una cifra difícil de sostener para unas
generaciones que para invertir la catastrófica situación presente tendrían que
hacerse cargo de un grupo tan numeroso de ancianos y tener muchos más hijos que
sus padres. Se dice que el exceso de población es el causante de los grandes
problemas ecológicos del planeta, eso no solo no es verdad pues no es la
población sino el desquiciado sistema capitalista y su ansia depredadora
de recursos el causante de tales males,
por el contrario, poner coto a la gran devastación medioambiental solo será
posible bajo una demografía pujante porque los grandes problemas como la
reforestación ¿pueden acometerse si no es por una ingente y enérgica población
juvenil?
[2] La injerencia de las empresas y el
funcionariado en la vida privada y la
libertad básica de las personas en estos asuntos abre una etapa de gran
incertidumbre y alarma. La acción biopolítica, es decir, la imposición de
prácticas y costumbres basadas en las necesidades políticas y económicas de los
Estados que conculcan la autonomía más esencial de las personas es creciente en
todo el planeta. La foto de Feng Jianmei yaciendo en la cama de un hospital
junto a su hijo, no abortado sino asesinado a los siete meses de gestación por
orden de los funcionarios del Partido Comunista Chino que cumplieron así la ley
que obliga a abortar a aquellas familias que no tienen dinero para pagar la
multa por tener un segundo hijo, es un indicador de lo que podría ser el futuro
en otras partes del planeta. Hay que tener en cuenta la preeminencia de China
en lo económico y político y su ascenso militar que con mucha probabilidad
cambiará el equilibrio de las potencias mundiales en los próximos tiempos y el
hecho, inquietante, de que la ONU haya presentado la política de “planificación
familiar” del gobierno chino como modélica.
[3] Un mundo infantil creado por
adultos y lanzado por los gigantescos emporios de la industria del espectáculo
y el adoctrinamiento. El modelo de sociedad de la diversión y sus consecuencias
nefastas es una importación de Norteamérica que tiene efectos devastadores para
el sujeto y el cuerpo social, un análisis de su formación y sus efectos se hace
en “Divertirse hasta morir” Neil Postman
[4] Este suceso es citado por Betty
Friedan en “La mística de la feminidad”.
[5] El pensamiento sobre cuestiones ha
caído en desuso en nuestra época a la vez que lo ha hecho la lectura y
reflexión de la filosofía clásica, pienso por ejemplo en el texto de Cicerón
“Del supremo bien y del supremo mal”, que da cabida a un debate que ha sido
durante milenios objeto de controversia y cavilación en Occidente. La
desaparición de estos temas del pensamiento ahogados por la frivolidad y el
vacío del imaginario de la modernidad tardía es un desastre de proporciones
colosales.
Agradecimiento al Instituto Simone Weil

Tengo que agradecer a las queridas
amigas que gestionan la página del Instituto Simone Weil que hayan considerado
de utilidad y valor mi artículo “La función de la belleza en la vida” y lo hayan
enlazado.
Me emociona encontrar mis reflexiones
en ese espacio asociado a una figura de gigante en su humanidad como fue Weil.
Texto de Uzcátegui desde Venezuela
Desde “el Libertario” de Venezuela, Rafael Uzcátegui me envía este texto, una denuncia del régimen bolivariano y sus relaciones con el gran capital y la derecha española. A pesar de todo o tal vez por ello Uzcátegui y su magnífico libro “Venezuela: La revolución como espectáculo” han recibido el ataque de muchos anarquistas de Estado, especialmente en el Estado español, tachándole de agente de la derecha.
Sin embargo los hechos son tozudos y ponen una y otra vez las cosas en su sitio.
He aquí el comunicado:
“A raíz de la difusión del comunicado “Uribana: No seremos cómplices de la masacre” por parte de la Red Anarquista de Venezuela, para denunciar un mes de impunidad en el asesinato de 60 presos de la cárcel de Uribana en Venezuela, se reinicia la campaña de guerra sucia contra los anarquistas que desde el país caribeño denunciamos las contradicciones del gobierno bolivariano. Siguiendo la tónica, tradicional y sin ningún tipo de sustento de los señalamientos, en esta oportunidad alguien firmado “Izquierda Unida” no discute ninguno de los argumentos para tomar el atajo de intentar desprestigiar al mensajero, al que él identifica como el periódico El Libertario. De entrada se comete la primera tergiversación, pues la firma del comunicado es de la Red Anarquista de Venezuela, una reciente coordinación antiautoritaria creada en el país, del cual El Libertario es sólo una parte (http://redanarquistavenezuela.blogspot.com/).
En la pretendida respuesta, disponible en http://rojoynegro.info/articulo/sin-fronteras/uribana-no-seremos-c%C3%B3mplices-la-masacre, hay tres mentiras claves, sólo adjudicables a quien dando un cheque en blanco por la llamada “revolución bolivariana”, intente negar el estado dantesco de las prisiones venezolanas y la responsabilidad del Estado venezolano de su situación. La primera falsedad es que “Izquierda Unida” sugiere, casi nada, que los presos no son víctimas sino victimarios: “Presos" estan mejor armados que los guardias nacionales que los custodian, y gozan de privilegios…”. Cualquier persona interesada en la situación de las cárceles del país sabe que quien otorga los privilegios de la cadena de mando de los llamados “pranes” y trafica con las armas a lo interno de los penales son las propias autoridades, especialmente la Guardia Nacional Bolivariana, quienes mantienen esta situación por las grandes cantidades de dinero que circulan a través del dispositivo carcelario, por un lado, y por las alianzas que realizan los funcionarios policiales y militares, con los líderes de las bandas dentro de prisión, para participar y controlar en diferentes negocios delictivos, entre ellos el narcotráfico. La población penitenciaria de Venezuela la constituyen menos de 50.000 internos, la inmensa mayoría revictimizados por ser pobres, condenados por un sistema de administración de justicia corrompido hasta los tuétanos, los negocios de las autoridades y funcionarios policiales y militares y, por último, la presencia de bandas delictivas a lo interno de las prisiones, dirigidas por los llamados “pranes”, repetimos toleradas y estimuladas por los carceleros.
La segunda mentira de “Izquierda Unida” es que afirma que el rechazo y denuncia de la masacre “coincide con la derecha venezolana”, omitiendo que la Red Anarquista explicitó su repulsa a los partidos políticos opositores: “Contra el silencio cómplice de los politiqueros de la MUD” afirma el comunicado, y que, por otro lado, la Masacre de Uribana por su magnitud es rechazada, en términos similares o más contundentes, por sectores del propio bolivarianismo (ejemplos en http://www.aporrea.org/ddhh/a158904.html, http://www.aporrea.org/movil/ddhh/a159919.html, http://laguarura.net/2013/01/28/masacre-de-uribana/) o por iniciativas de la izquierda revolucionaria independiente y organizaciones sociales (http://laclase.info/nacionales/masacres-demuelen-el-falso-discurso-de-la-humanizacion-de-las-carceles, http://laclase.info/nacionales/ante-la-masacre-ocurrida-en-el-centro-penitenciario-de-la-region-centro-occidental-uriban). La tercera ficción ha sido repetida en los últimos 10 años por funcionarios y defensores del gobierno bolivariano al exterior: La fábula que El Libertario “recibe financiamiento de la CIA a través de la NED”, en una década sin ningún tipo de prueba, enlace o testimonio material que avale semejante acusación. Lo cierto es que esta arremetida de las redes chavistas en todo el mundo en el fondo es un ataque contra la autonomía y autogestión defendidos por el movimiento libertario, pues para los estatistas es “impensable” que un periódico pueda realizarse durante 18 años sin recibir financiamiento externo. Que El Libertario edite su edición 69 de manera autogestionada –tal y como lo hacen todas las publicaciones acratas en el mundo entero- es, para los satélites de las salas situacionales de Miraflores, la única “prueba” que pueden sugerir en su campaña stalinista.
La mayor animadversión del chavismo contra una modesta publicación bimensual de 2.000 ejemplares es que haya documentado de manera sistemática y rigurosa la verdadera naturaleza del gobierno bolivariano, como continuación y profundizaje del rol asignado al país por el capitalismo globalizado: Vendedor de energía, de manera segura y confiable, al mercado mundial. El chavismo en el poder ha realizado negocios que hace 15 años atrás hubieran significado un altísimo costo político, como es la continuación del proceso de apertura petrolera mediante la figura de las empresas mixtas, mediante las cuales el gobierno convierte a socias, en convenios que van de los 10 a los 40 años, a las transnacionales energéticas como Chevron, ENI, BP y, una que de seguro forma parte de las preocupaciones de “Izquierda Unida”, Repsol. Lo que las organizaciones de la izquierda reformista internacional silencian es que de la mano de Repsol se ha conseguido, precisamente en Venezuela, uno de los yacimientos gasíferos más importantes del país (http://bit.ly/YEAksj). Este no es el único caso que revela las intensas relaciones del capitalismo español con el flujo capitalista en territorio venezolano que permite el gobierno bolivariano. Venezuela se ha convertido en uno de los principales compradores de armas ibéricas: España vendió durante el 2011 la cifra de 196 millones de $, un 24% de material antidisturbios. Este flujo de caja, en momento de crisis en España, ha motivado que, el 18 de julio de 2012, el ministro de defensa Pedro Morenés declarara, con motivo de defender estas transacciones en el Congreso de Diputados, que Hugo Chávez “era un gran amigo de España” (http://bit.ly/NhtWDV). Las políticas sociales, protagonistas de la propaganda chavista en el mundo, también cuentan con el apoyo del capitalismo ibérico: El Grupo Essentium es un holding inmobiliario español contratado por el Estado venezolano para construir 3.264 viviendas en Santa Teresa del Tuy con una inversión de 102,5 millones de dólares (http://bit.ly/LPakBo). ¿Hay que recordar que Essentium posee más de 45 millones de euros de capital, factura casi 1.000 millones de euros al año y que su presidenta, Susana Monje ha sido tesorera del Barcelona FC? Por visibilizar estas contradicciones, así como por participar y amplificar las luchas de los movimientos populares venezolanos con niveles de autonomía, los anarquistas consecuentemente antiautoritarios y anticapitalistas venezolanos nos hemos convertido en uno de los blancos de la guerra sucia con epicentro en el Palacio de Miraflores.”
Tots som Enric!!!
TOTS SOM ENRIC!!!
Enric Duran, avui dimecres 20 de febrer de 2013. Tot un desafiament al poder judicial i estatal, i una invitació a la desobediència.
Mujeres ejemplares
MUJERES EJEMPLARES
“No
hay posadas de felicidad ni de descanso. Se va siempre
por un camino heroico hacia la dignidad y
la superación de la vida”
(León
Felipe)
Nuestra
auto-construcción necesita de referentes, de modelos y ejemplos que den
contenidos al ser y pensarse mujer.
Cuando
he contemplado el arte sacro que se conserva en iglesias, catedrales y museos
siempre me ha llamado la atención la proliferación de representaciones de las
mártires, especialmente en las tablas y tapices de los siglos XV y XVI, modelos
de mujer luchadora que aparece en numerosas ocasiones con la palma y la espada.
Entiendo que muchas mujeres han (hemos) visto en esas figuras un ideal de
feminidad que se realiza en la entrega a causas grandes y magníficas, que
expresa la plenitud del amor a la vida entregando generosamente su propia existencia
individual, es más, creo que ese arquetipo de mujer ha tenido una influencia
fundamental en innúmeras generaciones de mujeres en Occidente.
En
los últimos días, leyendo un libro que recoge las “Cartas de los condenados a
muerte víctimas de nazismo” (Barcelona, 1975), reparo en la fuerza de muchas de
las cartas escritas por mujeres, me afirmo en esta idea, en esta imagen de la
potencia vitalista y la fortaleza de espíritu que destila una cultura devenida
del Medioevo occidental en el que al héroe se suma la heroína como compendio de
la virtud humana derramada en los dos sexos. Prefiero hablar de heroísmo antes
que de víctimas, quienes fueron condenadas a muerte lo fueron en calidad de
combatientes por sus ideales, al igual que las mártires cristianas, fueron, en
todo caso, derrotadas pero no humilladas ni doblegadas.
Estos
hechos son la mayor refutación de esa idea insensata de que no fuimos sujetos
de la historia sino únicamente seres atropellados, escoria de la sociedad,
sometidas perpetuas, buenas para nada.
Ahora
más que nunca son necesarias mujeres entregadas a empresas épicas porque en las colosales catástrofes
sociales que se avecinan necesitaremos de ese espíritu y de esa capacidad de
sacrificarlo todo al bien como idea realizable.

Dejo
extractos de algunas cartas de mujeres, algunas muy jóvenes, otras ya madres,
que se comprometieron con un ideal de vida humana, con independencia de que tal
ideal tuviera acierto y error, y entregaron su vida por él. Son por ello
modélicas y dignas de ser imitadas.
Marie Fixcher, austriaca,
arrestada por la Gestapo junto a su marido torturados y decapitados, escribe
sus últimas cartas a su marido: “sois la
época más feliz de mi vida. Nos hemos entregado el uno al otro en todo… Sé
valiente, querido Rudi, tómalo todo como venga” y a su hija: “no es tan
importante vivir unos días más o menos… Sé valiente y mantente firme” (sin
fecha).
Hedy Urach, 39 años,
austriaca, escribe a su familia “mi
saludo para vosotros y todo mi infinito amor para lo bello y lo bueno… Paso el
tiempo en la celda de la muerte con la máxima calma” (21 de marzo de 1943).
Fernande
Volrar,
24 años, belga, sorprendida en el transcurso de un transporte de armas, hirió a
uno de los asaltantes alemanes, fue guillotinada. Escribe a su madre: “estoy muy tranquila… he actuado conforme a
mis principios. No hay muerte triste cuando se tiene ese consuelo. Creo haberme
comportado siempre dignamente … La prisión no me ha cambiado moralmente, salvo
para hacerme mejor” (sin fecha).
Marie
Kuderíková,
22 años, checa, escribe a su familia: “Me
separo de vosotros, os saludo, os amo. No lloréis, yo no lloro … hoy 26-3-1943,
a las seis y media de la tarde, dos días después de haber cumplido veintidós
años de vida, exhalaré mi último suspiro. Y no obstante, respiraré hasta el
último momento. Vivir y creer. He tenido siempre el valor de vivir … La vida con
su latir cotidiano. Amadla, amaos, aprended el amor, defended el amor, propagad
el amor ¡Deseo que sintáis, como yo, la belleza de sus dones naturales … Toda
mi vida ha sido hermosa. Ardiente, llena de fe, combativa y victoriosa” (26 de
marzo de 1943).
Antoine
Elsnicová-Bejdová,
32 años, polaca, escribe a su hijo pequeño: “Debo
dejarte aunque te quiera tanto. Pero no estés triste, tu madre está ahora bien
… acuérdate de mí, y de tu papá, que ha tenido que morir aunque no quisiese …
no he podido actuar de otra manera” (8 de septiembre de 1944).
Reflexiones sobre el #25s

Publicado
por Editorial Manuscritos
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Reflexiones sobre el #25s
Reflexiones
sobre el #25s (ePub)
[obra colectiva]
Félix Rodrigo Mora, Prado Esteban, Josep Manuel Novoa, Diego Camacho y otros
ISBN: 978-84-940924-0-4
PVP: 2,99 € (con IVA 21% incluido)
LIBRO ELECTRÓNICO EN FORMATO EPUB
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[obra colectiva]
Félix Rodrigo Mora, Prado Esteban, Josep Manuel Novoa, Diego Camacho y otros
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(3/3) Sobre el sujeto de la revolución. Reflexión sobre estrategia
SOBRE EL SUJETO DE LA REVOLUCIÓN
Reflexión sobre estrategia
Parte Tercera
"Pero tiempo
vendrá en que seamos si ahora no somos."
Miguel de
Cervantes
CONCLUSIONES Y REFLEXIONES FRAGMENTARIAS PARA
ACOMETER UN PROYECTO ESTRATÉGICO.
El
proceso histórico aquí expuesto, simplificado necesariamente por mor de la
amplitud de los temas tratados, ha sido cuidadosamente dirigido por las elites
del poder y se ha encaminado a ampliar su esfera de influencia y mando y a
destruir a su antagonista potencial usando una estrategia liquidacionista.
El
escenario actual se define por la victoria del proyecto de construcción del
Estado-todo y la ruina no solo del ideal de sociedad democrática y
auto-gestionada sino incluso del sujeto personal y colectivo capaz de pensar en
ella. El reconocimiento de esa realidad es la primera condición para acometer
una nueva etapa de conflicto con el sistema de dominación.
Este
nuevo momento de la contienda con el Estado precisa de una estrategia cuyos
fundamentos esenciales se deciden por:
1)
La capacidad para definir unas metas propias no derivadas de la reforma del
sistema, unos objetivos últimos o ideales que inspiren la acción y mantengan en
cada fase del proyecto esa energía proyectiva o futurible. La definición de la
posibilidad de vivir sin Estado debe trascender lo utópico o caprichoso, lo
fraseológico y lo teórico y ser fundamentado como realidad hacedera y
auténtica, limitada pero real y no ficticia, tal y como lo hicieran los
liberales con su propio proyecto a principios del siglo XIX.
2)
La aceptación de la situación actual tal cual es, sin adornarla ni
ensombrecerla, para lo que hay que conquistar anteriormente la capacidad para
penetrar en ella y comprender su orden y su realidad. Ello incluye el
conocimiento profundo de las causas de la superioridad histórica del Estado y
las elites del poder sobre el pueblo como proceso auto-evaluador y
auto-crítico. Todos los Estados del mundo, al igual que los ejércitos, dedican
lo mejor de su capacidad reflexiva e ideadora a estudiar sus derrotas,
comprender los errores y evaluar sus experiencias y sacar conclusiones
prácticas de ese análisis, ello permite corregir la propia acción y tornar cada
vez más eficaz su intervención sea ésta política o militar.
3)
La visión integral de la realidad, lo total como suma de las partes de cada
situación y como relación entre todas ellas y sus contextos. Es necesario
comprender al enemigo, su debilidad y su fuerza y la nuestra, entender que
nosotros mismos somos parte del problema y que, por lo tanto, no miramos desde
fuera sino desde dentro. Solo ello permite ir trazando la secuencia de acciones
hacia los fines últimos. En necesario que se aborde cada situación desde
distintos planos y perspectivas para tener una visión multidimensional de los
problemas. El análisis de lo concreto y singular es el alma de la propuesta
estratégica porque permite fijar los problemas esenciales y los secundarios,
las líneas de actuación y ordenar y jerarquizar los blancos por su importancia
relativa en cada momento, todo ello sin perder nunca el objetivo final y la
visión integral.
4)
es preciso mantener en todo momento una posición resueltamente temporal, no en
la escala biográfica sino en la escala histórica pues los grandes proyectos
estratégicos se sitúan en el largo plazo de modo que cada generación ha de
evaluar la acción de las precedentes y concebir la propia. Eso significa que
todo proyecto es un proceso, un camino, un itinerario abierto y prolongado que
no empieza en nuestra vida ni termina en ella, que, por lo tanto, nos
trasciende y nos supera.
En
lo esencial estos cuatro aspectos determinan el pensamiento estratégico que es
fácil de definir pero muy complicado de hacer y aún más difícil de aplicar y
materializar. Por ello solo una sociedad con un alto grado de creatividad puede
conseguir el margen de conciencia y libertad que proporciona el potencial de
planear el futuro y materializarlo a través de la acción consciente y
persistente.
En
la lucha entre las elites liberales y el pueblo que se había constituido en la sociedad
medieval y pre-liberal, los representantes del Estado tuvieron siempre la
iniciativa estratégica, es decir actuaron a la ofensiva siempre, incluso cuando
sufrieron derrotas y tuvieron que retirarse. El pueblo actuó siempre a la
defensiva, resistiendo las acometidas de las instituciones, defendiendo cada
parcela en la que fue agredido pero no el conjunto, al no haber tomado suficiente conciencia de sí y
de su proyecto histórico. Se luchó para mantener la situación precedente sin
comprender que tal empresa era imposible pues el Estado se estaba transformando
y no había vacíos de poder en los que vivir humanamente como habían hecho hasta
entonces.
Defender
el statu quo es, salvo en situaciones excepcionales, un error de bulto porque
nunca existe la vuelta al pasado, la estrategia siempre mira hacia el futuro,
en la historia no existe el retorno a una situación anterior. Todos los que se
afanan por volver a tiempos pretéritos están condenados a extinguirse para el
futuro, eso le pasó la sociedad rural tradicional y, como en una farsa trágica,
hoy millones de personas reclaman tornar a la sociedad de la prosperidad de
otros tiempos sin ser capaces de entender que tal mudanza ya no es posible.
El
pueblo erró al no ser capaz de definir su proyecto en las condiciones distintas
y categóricamente nuevas que se estaban creando, vivió en gran medida fuera de
la realidad disfrutando de lo que todavía quedaba de sus antiguas libertades
después de cada derrota, nunca tomó la iniciativa en el plano de la estrategia,
no se pensó a sí mismo ni a la situación global y proyectivamente.
Mientras
el sistema tuvo siempre clara la naturaleza integral del conflicto, y actuó en
todos los planos, el pueblo fragmentó su lucha y se concentró en lo parcial y
en lo inmediato perdiendo la perspectiva general y a largo plazo y acomodándose
a cada pérdida como un mal menor.
Su
desventaja respecto a las fuerzas del sistema devino principalmente de esos
factores y no de la inferioridad de sus medios materiales porque en la guerra
asimétrica la debilidad no es siempre un inconveniente sino que incluso puede
ser una ventaja, en el estudio de las guerras reales se descubre que “las grandes epopeyas las han escrito los
débiles”[1].
Entender
el pasado es una tarea fundamental del presente pero su función no ha de ser
recrearse en visiones victimistas o mitificadoras sino comprenderlo para
aprender y discurrir las posibilidades de intervenir sobre el futuro. No hay
verdades universales, por eso el estudio de lo acontecido tiene por objeto, no
el copiarlo, sino adiestrar el espíritu en comprender lo singular, entender las
decisiones y aprender a tomarlas en otras condiciones que serán, igualmente,
singulares. Por eso la estrategia es definida por Clawsevitz (el gran teórico
de la guerra moderna) como un arte más que como una ciencia.
El
pasado no es actualizable, las circunstancias presentes de expansión
inconmensurable del Estado son absolutamente nuevas y por lo tanto el sujeto
colectivo capaz de hacerles frente lo ha de ser también. Eso significa que lo
por venir será el resultado de decisiones histórico-colectivas que se sitúan
indefectiblemente en el ámbito de la incertidumbre, es decir de lo inexplorado
e indeterminado, de lo procesual e histórico.
Hoy
la regeneración de un nuevo sujeto, individuo y colectivo, capaz de pensar un
nuevo paradigma ajeno al vigente orden es la tarea número uno, el centro
estratégico de cualquier movimiento por la revolución integral. De lo que se
trata es de definir las condiciones y los instrumentos para ese renacimiento.
Lo
que concreta en primer lugar la calidad del sujeto es la grandeza de las metas
que se propone pues, como dice Cervantes, “de
altos espíritus es aspirar a cosas altas”. Nunca podrá ensancharse la valía
y la virtud de los individuos y las sociedades en las luchas mezquinas o
interesadas. A los sórdidos y egoístas fines de los movimientos modernos
corresponde, necesariamente, un sujeto encogido intelectual y espiritualmente,
sin energía interior, disminuido en sus
capacidades y habilidades y sin creatividad ni fuerza.
Ese
sujeto pobre y menguado no lo es por maldad o voluntad de serlo sino que, a
menudo, es la conciencia de sus limitaciones objetivas lo que le lleva a
desistir de emprender tareas que cree que le superan y, al limitar aquello que
se propone, va perdiendo facultades, habilidades y cualidades, va
empobreciéndose y mutilándose en una espiral que lleva hasta constituirse en el
ser-nada, ser desustanciado y vacío, sin ideales ni proyectos dignos de tal
nombre.
Pues
bien, si hemos de constituirnos como individuos con potencial revolucionario no
podemos hacerlo sino desde lo que somos
y desde la realidad en la que vivimos. Quiere decirse que tenemos que asumir la
tarea de rehabilitar nuestra conciencia de la realidad y la acción proyectiva
de futuro con el limitado potencial que poseemos hoy, es decir, en las
condiciones de ausencia de libertad de conciencia, desestructuración de las
capacidades intelectivas por el adoctrinamiento permanente, influencia de los
dogmas de las religiones políticas, declinación de la vida experiencial del
sujeto y sustitución de ésta por sistemas teóricos y doctrinarios, falta de
habilidades intelectivas, volitivas y convivenciales, dificultades para
escuchar y comunicar, aculturación, rotura de las raíces y el sentido de
pertenencia, desaparición de los saberes y la cultura del pueblo, fractura del
sujeto, desgarro entre el cuerpo, los sentimientos, los afectos y los
conocimientos y declive de las experiencias vitales auténticas, entre otros
muchos conflictos que nos aquejan como personas, y, con este bagaje,
hemos de construirnos como sujetos de virtud, sujetos aptos para forjar la
historia, teniendo en cuenta que la aportación a la revolución integral de cada
uno de nosotros y nosotras es absolutamente insustituible.
No
podemos esperar a estar preparados para asumir las tareas necesarias, para
pensar, estudiar y meditar la situación presente en su complejidad y su
conflicto, la situación hoy es desesperada porque nos encontramos al borde de
transformaciones tan radicales y tan primarias que darán paso a una forma de
existencia individual y social ya no-humana y sin posibilidad de retorno.
Estamos pues a las puertas de una batalla decisiva y debemos tomar decisiones
dramáticas y entregarnos a trabajos muy por encima de nuestras posibilidades
con espíritu emprendedor y creativo.
No
habrá progreso de la virtud si ésta no se trasmuta en obras, en actos; la preparación
o entrenamiento ha de realizarse en la propia lucha que será, a la vez combate
contra el enemigo exterior y, mucho más ahora, contra el enemigo interior,
contra nuestras limitaciones y pobreza de recursos y de ideales. La idea de
enemigo interior debe estar presente siempre, en primer lugar porque todos
somos seres bipartidos, pero sobre todo porque el triunfo del sistema hoy se
materializa en la ocupación y posesión del solar del vencido, quiere decirse
que somos rehenes del poder, que nuestra conciencia está colonizada y, por lo
tanto, la lucha contra lo exterior se produce a la vez como lucha hacia lo interior.
Estas son las condiciones en las que devenimos, o no, en sujetos de la
revolución integral. Por ello necesitamos una ascética, una disciplina de
aprendizaje que nos cree hábitos adecuados a las condiciones del combate
agónico que nos depara el futuro.
Entiendo
que la tarea más cardinal, aunque no única, del momento presente es la creación
de un germen de sujeto colectivo con conciencia y con proyecto estratégico que
se debería materializar en la forma de individuos con un programa de trabajo
personal que se agrupan y aportan su obra al debate colectivo. Esta
característica de autonomía individual y trabajo grupal es básica pues implica
un fuerte compromiso individual y capacidad de exponerse al máximo sin parapetarse
tras la comunidad. En una palabra, necesitamos dar la cara, arriesgarnos,
probarnos y hacernos en la arena de la lucha.
Para
avanzar en esa dirección es necesario perder el miedo a la duda, al error o a
la crítica, la auto-construcción como sujetos de valor excluye las certezas
absolutas y el escenario presente no admitirá la anuencia general. La necesidad
de seguridad total y reconocimiento exterior son dos venenos que impiden el
desarrollo de la auténtica virtud que no busca la gloria ni las recompensas
materiales sino que se materializa en el deseo del bien por sí mismo, por su
valor intrínseco. Lo que importa es aportar nuestra gota al caudal de la
revolución integral desdeñando notoriedad o laureles pero no escatimando salir
a la palestra con el argumento de la falsa modestia o lucha contra la vanidad.
Debemos hacer todo aquello que nos sea posible y hacernos responsables de ello
abiertamente.
De
la creación un nuevo paradigma de sociedad sin Estado capaz de hacer frente al
Leviatán moderno depende nuestro futuro.
LA CUESTIÓN FEMENINA
COMO MATERIA ESTRATÉGICA
De
entre las tareas fundamentales en el nuevo paradigma de la revolución deseo
señalar, por ser aquél en el que he trabajado más intensamente en los últimos
años, el llamado “problema de la mujer”. El gran escándalo social creado por el
sistema alrededor del victimismo femenino ha producido un movimiento pendular
en el lado de lo anti-sistémico que ignora la cuestión o simplemente la cataloga
de falso problema, de este modo se cumple más perfectamente el objetivo del
sistema de dominación al crear el conflicto, pues en una parte de la población
se rechaza el abordar un asunto de primer orden para la revolución mientras que
en la otra se afirma con los argumentos y programas del sexismo político. Ambas
corrientes son destructivas para la revolución integral.
A
través del sexismo político y el desquiciamiento del conflicto inter-sexual el
poder ha conseguido objetivos fundamentales para ampliar la dominación social,
objetivos que podrían resumirse en:
1) Dividir
y enfrentar al pueblo creando una corriente de victimismo femenino que alimenta
a su vez otra de resentimiento masculino lo que impide el actuar colectiva y
mancomunadamente en casi ninguna parcela de la vida. La máxima del gran imperio
del mal, Roma, el “divide et impera”, es
hoy la divisa de las elites dominantes que han conseguido un éxito notable en
sus proyectos.
2) Conseguir
la colaboración de amplios sectores del pueblo en su propio sometimiento
político, lo que se ha producido cuando una parte importante de las mujeres,
apartadas consustancialmente de los hombres que son sus iguales se ha
comprometido con el Estado y sus instituciones convencidas de que su
emancipación reside en esa alianza ignominiosa e indeseable. También una parte de
los hombres colabora con el proyecto del sexismo político persuadidos de hacer
el bien a sus iguales. Así el ascenso al poder de una casta de poderosas que se
presentan a sí mismas como oprimidas y que dicen personificar el triunfo de
todas las féminas tras siglos de opresión está significando una auténtica
refundación del sistema de dominación que maximiza la esclavitud del pueblo,
hombres y mujeres, con el pretexto de ampliar la libertad de las segundas.
3) La
manipulación y destrucción de las mujeres en tanto que tales, es decir, en
tanto que seres humanos completos y singulares y otro tanto de los hombres que
son también rehechos según el diseño de las instituciones del poder para
emerger como seres neutros, no sexuados, no autoconstruidos, dirigidos desde
fuera y mutilados en su auténtica naturaleza y devenidos en trabajadores puros,
“animal laborans” y súbditos perfectos, sin atributos espirituales ni sexuales
que distraigan de su condición de siervos del poder.
4) Convertir
la cuestión de la mujer en punta de lanza para complejas operaciones de
ingeniería social y psíquica que han permitido al poder penetrar en lo más
recóndito del sujeto, en sus impulsos primarios y más naturales que son hoy
manipulados por el oprobioso sistema de dominación. Se trituran los impulsos
sociales básicos, el interés por los otros (primero cuando son otros del otro
sexo, y luego también los del mismo sexo) se construye el ser solitario y
autista incapaz de relacionarse con los otros y con el mundo. Desaparece la
sexualidad natural, se reprimen los impulsos libidinales más auténticos y se
usa este nuevo poder sobre el interior del sujeto para manejar ilimitadamente su conducta y su
acción. Se trituran las instituciones naturales de convivencia como la familia
y, con ella, todas las demás formas de vida comunitaria que son acusadas de ser
el origen de toda opresión y sojuzgamiento del individuo.
5) Aculturar
y desenraizar de forma sustancial al
pueblo que es presentado como el hacedor de la mayor iniquidad y brutalidad
sobre las mujeres, el artífice del abuso y el avasallamiento machista, para
ello se falsifica la historia y se construye un relato falso convertido en
verdad a fuer de repetirse por múltiples canales y sistemas. La usurpación de
la historia produce un sujeto vaciado interiormente pues la tradición
constituye la identidad personal más trascendental.
En
este proceso las mujeres se transforman en instrumentos de destrucción a la vez
que se destruyen ellas mismas lo que conlleva un suicidio simbólico en forma de
muerte de lo femenino, es decir, feminicidio como muerte de la feminidad.
De
los muchos venenos introducidos por el sistema en la comunidad popular para
destruirla, egoísmo, interés particular, amor por la propiedad y el poder,
politicismo, hedonismo, irresponsabilidad, comodidad, dogmatismo, intolerancia,
etc. etc., el sexismo es tal vez el más rastrero y el que toca aspectos más
íntimos de las personas de modo que el poder se ha instalado cómodamente en el
interior del sujeto y desde allí dirige sus comportamientos.
El
pueblo solo puede existir como ser mixto, heterogéneo y complejo, como ser
colectivo que engloba a las mujeres y los hombres, por eso si las tareas
estratégicas se desarrollan sin la participación singular y manifiesta de las
mujeres será un proceso fallido. No basta con declararnos no sexistas y
abiertos a la participación femenina, si las mujeres no están, o están de forma
insignificante, en los movimientos por la revolución integral tenemos que
definir las formas de atraer su acción en ella lo que implica un plan o
proyecto estratégico para esa tarea.
No
se trata, por supuesto, de ir añadiendo mujeres por actos de proselitismo
personal a los grupos de trabajo o estudio sino de desarrollar planteamientos y proyectos para un nuevo
paradigma que sea auténticamente superador de los males introducidos por el
sexismo político y que sea capaz de aportar un paradigma realmente integrador.
No
dar a la cuestión femenina un lugar destacado en nuestro proyecto sería un
error de graves consecuencias por ello deseo abrir un proceso de trabajo e
investigación sobre la incorporación de la mujer a las labores de
la estrategia a la que invito a aquellos y aquellas que deseen acompañarme.
(2/3) Sobre el sujeto de la revolución. Reflexión sobre estrategia
SOBRE EL SUJETO DE LA REVOLUCIÓN
Reflexión sobre estrategia
Parte Segunda
EL
PLAN ESTRATÉGICO LIBERAL,
UNA GUERRA PROLONGADA.
UNA GUERRA PROLONGADA.
No
es posible en un texto de estas características profundizar en cada una de las
batallas que los liberales libraron contra la comunidad popular en “La
democracia y el triunfo del Estado”[1]
se hace un análisis de los momentos decisivos de ese ataque a las estructuras
populares que fue la revolución liberal que comienza con la destrucción del comunal a través de la profusa
legislación devenida de la Constitución de Cádiz. El más temprano fue el
decreto de 1813 por el que los terrenos y baldíos de propios se repartieron, después
se fueron implementando medidas parciales hasta las grandes leyes
desamortizadoras que se aplicarán durante un periodo muy dilatado.
El
objetivo era conseguir que todas las tierras y toda actividad económica
tributaran al Estado de modo que éste obtuviera los ingresos para sostener su
continuo crecimiento, poner las bases para el desarrollo de un capitalismo
incipiente dependiente en todo del apoyo de las estructuras de poder, pero
sobre todo, en el plano de lo estratégico se trataba de desalojar el
comunitarismo popular y hacer universal el principio de propiedad y con ello
eliminar el derecho anti-romanista que regía el uso de los medios para vida y la
gestión colectiva de la economía que eran las bases materiales de la comunidad
popular e imponer el egoísmo y el interés particular que son las señas de
identidad del sistema.
Se
dictaron igualmente normas contra todas las formas de unión y agrupación no
controladas por el poder, en 1820 se publicó un decreto de prohibición de
asociaciones y en 1822 el artículo 317 del código penal volvió a incidir en el
mismo sentido. La predisposición del sujeto tradicional a asociarse mancomunadamente
con sus iguales fue proscrita a la par que se impulsaban las agrupaciones
políticas y corporaciones de afinidad o partidos que, segregados por el aparato
de poder parodiaban un enfrentamiento, ficticio en las alturas, pero real entre
las clases subordinadas, en ellos se apoyaron para destruir la unidad de la comunidad.
Efectivamente,
por encima de toda división de opinión, pensamiento o creencias la comunidad
popular se había mantenido como una unidad en la diversidad; la tolerancia y la
indiferencia hacia todo lo considerado personal fue la norma, mientras que el
debate hermanado sobre los asuntos comunes se producía en un entorno afectivo e
integrador y eso hacía muy estable su estructura. La revolución liberal, al crear
el sistema de partidos y parlamento construye grandes sistemas doctrinarios que
se presentan como excluyentes, polémicos y antagónicos, cargados de ambiciones
y sinecuras y que captan seguidores inoculando el fanatismo dogmático allá
donde triunfan. En “El concepto de lo político” Carl Schmitt define el orden parlamentarista
con un centro que es definir al enemigo y mantener la hostilidad permanente
entre grupos.
En
un estudio sobre la protesta popular y la política en Bermeo a principios del
siglo XX[2]
se muestra con toda claridad como la Cofradía, que tenía un significado papel
en la vida social de la localidad es dinamitada por los intentos de copar la
dirección que hacen los partidos al inicio del siglo XX, dividiéndose en
facciones de orientación política contraria lo que produjo que, donde había una
asociación que aunaba a todo el pueblo y en la que había diversidad y
convivencia, surgieran varias agrupaciones que luchaban entre sí destruyendo la
armonía y belleza de las instituciones populares. Es lógico que en muchos casos
el pueblo no considerase un avance la concesión del voto a los hombres en 1890
pues su objetivo era justamente enfrentar a los que antes estaban unidos
(tampoco puede considerarse un ascenso de la libertad, lógicamente, el voto
femenino en 1931).
Se
mantuvo, sin embargo, la costumbre de hacer frente unidos a los avatares de la
vida y se siguieron constituyendo sociedades de socorros mutuos, cooperativas y
otras asociaciones que mantenían vivo el tejido social horizontal e impedían la
completa imposición del programa estratégico del Estado manteniendo la
autogestión en las cuestiones esenciales de la vida. Es muy representativo el
reglamento del Círculo obrero de Casas de Benitez, “La Fraternidad” publicado
en 1912, en este pequeño pueblo conquense, la asociación de agricultores
modestos, colonos y obreros rurales
establece como base fundacional de su asociación “quitarle todo carácter
de empresa de ganancia o lucro” y dedicarlo al único fin del “socorro mutuo”. La
naturaleza de estas agrupaciones no puede ser entendida en nuestros tiempos fácilmente
porque corresponde a formas sociales hoy desaparecidas, no se puede comparar con
una “empresa de servicios” como muchos tienden a pensar hoy, sino que era una
adecuación de las complejas formas de convivencia e interdependencia que la
comunidad popular había tenido desde siempre, algo que expresaba la capacidad
para vivir en común de esas gentes.
Los
intentos de crear movimientos corporativos de carácter político o económico
chocaron constantemente con una resistencia fuerte entre las gentes populares
que muchas veces fue violenta y siempre auto-organizada. También fue dura y
encarnizada la rebeldía contra el Código Civil que pretendía imponer el modelo
patriarcal del Código francés napoleónico de 1804 extremadamente limitativo y
dañino para la condición de la mujer, este modelo, que chocaba frontalmente con
las costumbres populares y el derecho consuetudinario, fue contestado con
fuerza, de manera que una y otra vez las elites mandantes tuvieron que
retroceder. Por ello no fue aplicado el Código aprobado en 1820, ni el que se
presentó en 1851, ni el de 1870 y hubieron de esperar a 1889 a tener la fuerza
suficiente para imponer una ley que subordinaba a las mujeres a los hombres por
orden del Estado.
El
derecho de familia fue estratégico para el poder constituido, a través de la
legislación patriarcal se deseaba abrir una brecha social de proporciones
colosales que enfrentara a mujeres y hombres y permitiera así dominar mejor a
ambos[3]
además de jerarquizar la sociedad y crear las que son las formas de dominio más
liberticidas, las llamadas biopolíticas, que se proponen dirigir todas las
dimensiones de la vida humana en función de la estrategia política de las
elites mandantes.
A
la vez que se atacaban las instituciones que habían ordenado la vida del pueblo
se crearon las que organizaran la vida según el nuevo catón de los poderosos,
de entre ellas una fundamental fue la escuela estatal que se convirtió en
instrumento privilegiado para destruir la cultura oral, adoctrinar a los niños
desde su más tierna infancia así como para robar las mejores mentes del pueblo
a las que se cooptaba para integrarlas en las elites de mando.
Todas
estas operaciones de ingeniería social no se desarrollaron únicamente por métodos
pacíficos, en realidad su limitada eficacia es más notable teniendo en cuenta
que todo el siglo XIX fue un auténtico baño de sangre pues además de los
levantamientos, los motines contra las
quintas y los conflictos por diversas
causas que jalonaron toda la centuria, se produjo una guerra civil, no por
olvidada menos sangrienta, entre 1821 y 1823[4]
y las guerras carlistas cuya interpretación no debe hacerse de forma
simplificadora[5].
El carácter hiper-militarista del nuevo régimen liberal fue estratégicamente
decisivo pues la cantidad de violencia que se vertió de forma sistemática y
duradera a lo largo de un tiempo muy dilatado fue esencial para conseguir
imponer algunos de sus proyectos.
Para
lo que en este caso nos importa, que es la comprensión de la estrategia, hay
que anotar que en sus inicios el orden liberal tenía fuertes elementos de
debilidad, su primera acción contundente y decisiva es la exposición precisa y
concreta de su proyecto, la Constitución de 1812 es justamente esa declaración
de intenciones y fines últimos. Éste fue un gran avance estratégico, el más
fundamental de todos, porque delimitó con claridad los objetivos finales y más
generales que nunca perdieron de vista a lo largo del proceso. Cada batalla que
dieron no era fin en sí mismo sino medio para acercarse a su ideal, así, las
retiradas tácticas o incluso las derrotas parciales no trituraron su
determinación de vencer. Durante decenios mantuvieron la firme decisión de ir
minando a su enemigo. Solo a finales del siglo XIX consiguen algunas victorias
fundamentales que generaron una situación ya irreversible, la imposición del
código civil, la desamortización del comunal, la abolición de los fueros, la
conscripción obligatoria, el voto masculino y la escuela estatal entre otros.
La
elite liberal atacó sistemáticamente el centro de gravedad de su enemigo que era la socializadora unidad, la
autosuficiencia, la vida horizontal como ley suprema del existir humanamente,
la propiedad colectiva, las instituciones políticas democráticas, el desapego a
las cosas superfluas y el cariño a la tierra y lo cercano entre otras muchas
que habían generado una cultura milenaria, con medidas que limitaban estas
cosas a la par que fortalecían la capacidad de mando y organización del Estado,
de forma que fue cambiando la correlación de fuerzas entre ellos. Usó la
violencia resueltamente sacrificando la comodidad del statu quo para
precipitarse en una tolvanera de crisis y conflictos largos y penosos. Las
elites poderosas tuvieron siempre la visión del largo plazo, no inmolaron sus
objetivos futuros a las necesidades inmediatas y rehicieron sus estrategias
concretas en función del análisis de los acontecimientos.
Quiere
decirse que el proceso de construcción del Estado actual ha sido un largo
conflicto dirigido según un plan estratégico muy meditado y perseverantemente ejecutado.
A
pesar de la dureza de las medidas llevadas a cabo durante todo el siglo
XIX durante el primer tercio del XX el
poder constituido a partir de Cádiz siguió siendo contestado y atacado
sistemáticamente, una parte del naciente y pujante movimiento obrero se
miró en las formas de la tradición
popular cuyas señas de identidad e instituciones tenían todavía una fuerte
pervivencia.
Los
detentadores del poder usaron los métodos más crueles pero también las
intervenciones políticas más creativas, la II República fue un golpe fenomenal
a la conciencia libre de las clases subordinadas, creó una ilusión, un
espejismo de cambio que, entre las organizaciones obreras fue solo denunciado
por CNT que, con cifras, revelaba el carácter represivo del nuevo régimen. Para
el análisis de ese periodo histórico que no podré abordar en este texto remito
al lector al capítulo que en “La democracia y el triunfo del Estado” le dedica
Félix Rodrigo Mora.
Solo
añadiré que para cualquiera que estudie en detalle los numerosos enfrentamientos
que se produjeron entre los trabajadores
de la ciudad y del campo y las fuerzas de orden público, se hace patente que el
recuerdo y la defensa de las antiguas libertades populares estaba presente en
una gran parte de ellos. En este sentido es especialmente significativo el
choque violento que se produjo en Yeste, en la provincia de Albacete, en mayo
de 1936 y que enfrentó a los vecinos de la localidad con la Guardia Civil con
el resultado de 17 personas muertas y casi un centenar de heridos. Este
incidente, reprimido con una contundencia tan feroz por una Guardia Civil a las
órdenes del gobierno del Frente Popular salido de las urnas en febrero de ese
mismo año, tuvo como origen el movimiento de los vecinos para recuperar las
tierras comunales que les habían sido arrebatadas por la ley de Desamortización
Civil de 1855[6]. Estas
mismas ideas colectivistas eran el origen de la denuncia en Solidaridad Obrera,
en enero de 1933, de la llamada “revolución agraria” de la que se dice que
pretende crear gentes insolidarias, egoístas e individualistas[7],
efectivamente, la llamada al reparto de
tierras y la propiedad privada sobre ellas no era considerada como un gran bien
por quienes todavía tenían el recuerdo vívido de una forma superior de vida basado
en compartirlo todo con los iguales.
La
Guerra Civil fue la desembocadura natural del enfrentamiento entre dos fuerzas
que se midieron durante más de un siglo, a falta de una reflexión profunda e
imparcial de este acontecimiento cuya importancia histórica y complejidad fáctica
no puede ser puesta en duda, se puede aseverar que la guerra de 1936 a 1939 es
el punto de inflexión que abre una etapa de triunfo del Estado en el que nos
encontramos en el presente.
La
Guerra Civil con su epílogo en la lucha agónica del maquis en las zonas rurales
culminó la primera parte de la revolución liberal, la feroz represión
franquista dio paso a una época de abatimiento del movimiento obrero desconocida
hasta entonces cuya principal causa, a mi entender, no fue la represión, no fue
el miedo ni la cobardía, sino la falta de discernimiento de los motivos de su
derrota. Las versiones triunfalistas y alucinadas de los partidos de izquierdas
vinieron a liquidar con más saña cualquier intento de reflexión serena, de
auto-evaluación o auto-crítica que hubiera permitido rehacer la moral de
combate en las fuerzas populares por el ascenso de la conciencia de su
capacidad de lucha.
Resulta
desolador que no tengamos hoy, de un acontecimiento tan cercano y con una
documentación tan abundante, más versiones que la que elaboró el franquismo y
la que cuajó la izquierda, ambas distorsionadoras y parciales, ninguna objetiva
y desprejuiciada, hacer ese balance sería sin duda un gran avance en la
posibilidad de una estrategia de recuperación del sujeto social del cambio
revolucionario.
El
franquismo no fue únicamente represivo, tras el severo castigo que infringió a
los vencidos acometió los proyectos más radicales para cambiar sustancialmente
al pueblo. La des-ruralización y urbanización del país fue el más notable pues
destruyó la base material de la convivencia y la solidaridad que era la
comunidad vecinal, arrancó a millones de personas del entorno integrado y
horizontal y las aculturó y desenraizó de forma sustancial. La ciudad es la
tumba de la vida horizontal y el altar en el que se alza el Estado, conseguir
una organización social perfectamente centralizada era un punto irrenunciable
del programa de Cádiz que ¡por fin! se hacía realidad.
La
urbanización llevaba implícito otra fundamental reforma y mutación que
cambiaría de manera cardinal la forma de ser y estar en el mundo de las clases
subordinadas, la universalización del salariado. Si en el pasado el amor al
trabajo fue un distintivo de la cultura del pueblo que manifestaba su rechazo
de la propiedad y el dinero y su adhesión a un igualitarismo objetivo basado en
aquello que la mayoría posee naturalmente, ahora tornábase la antigua
laboriosidad integrada y creativa en desquiciado ajetreo, actividad sin sentido
dirigida desde fuera, en donde las personas desempeñan el papel de las cosas,
una labor arrancada trascendentalmente de su vínculo con la vida.
Si
es cierto que la salarización general fue el mecanismo para dotar a la
institución estatal de los recursos económicos que permitieran poner a punto su
aparato de dominación mucho más lo es que fue un instrumento decisivo para
doblegar al suejto de la tradición, para triturar la independencia,
creatividad, igualitarismo y socialidad del pueblo. El mejor estudio sobre la
verdadera esencia del trabajo asalariado lo realizó Simone Weil en la Francia
de los años 30 sobre la base de su propia experiencia como obrera en la Renault
y concluye que no es la explotación económica la peor de las lacras de esa
actividad forzada como plantearan las corrientes marxistas, sino la enajenación
que hace de los elementos fundamentales de la condición humana, especialmente
el agotamiento interior, el vaciamiento de toda vida intelectual, afectiva,
social y personal durante un tiempo tan dilatado de la existencia individual
que transforma al sujeto en casi una no-persona. Que tal actividad se asuma de
forma voluntaria e incluso se ensalce, justificándose así el vivir como
esclavos a cambio de dinero, viene a profundizar esa brecha brutal que anula la
dignidad personal que había sido seña de identidad del indócil pueblo ibérico.
El
franquismo, en otro orden de cosas, consiguió hacer efectivo el Código Civil de
1889 y establecer, en la parte de la vida que pueden controlar las
instituciones -que se hacía cada vez mayor- la subordinación de la mujer que
pasa a ser tutelada por el varón como representante y ejecutor de la ley
estatal. Ésta era una maniobra fundamental para abrir una brecha de dimensiones
catastróficas en las clases subalternas pues enfrentaba a mujeres y hombres y
hacía que ambos se vieran entre sí con resentimiento y mirasen al Estado como
aliado. Se creó un modelo inicial, muy activo, de feminismo de Estado con la
Sección Femenina[8] que
adoctrinaba a las mujeres a la vez en su necesidad de tutela y en la oposición
y enfrentamiento con el varón. Estas maniobras de manipulación mental de las
mujeres, que se fortalecieron aún más con la aparición de la radio, fueron
concluyentes para hacer de ellas la vanguardia en dos de las operaciones de
ingeniería social más importantes del programa estatista-liberal franquista, el
abandono de las zonas rurales y la emigración masiva[9]
y en la actualización destructiva de la familia que pasó de ser un grupo
natural integrado en la comunidad a clan cerrado sobre sí mismo, agrupación de
consumo, competitividad y medro social[10]
Cada
una de estas realizaciones eran, por sí mismas, letales para el sujeto popular,
sin embargo el golpe final a la autonomía y la convivencia no vendría de un
acto de represión sino de la mano generosa del Estado que en 1963, con la ley
de Bases de la Seguridad Social, generó lo que sería la más dañina de las
instituciones, el Estado del bienestar. Al asumir la burocracia estatal las
funciones que habían correspondido tradicionalmente a la solidaridad entre
pares se asestó un golpe formidable a la calidad de la vida horizontal. La
población fue aleccionada para que confiara a los funcionarios del creciente
aparato estatal lo que antes formaba parte de los vínculos sociales y
afectivos. No hubo, como se quiere hacer creer hoy, una lucha de los
trabajadores para que fuera el estado quien proveyera de los cuidados y
asistencia básicos para la vida, por el contrario hubo cierta resistencia a
asumir tal situación por lo que incluso en los años 70 anota un historiador “es
curioso notar que, incluso, hoy en día, nuestros entrevistados discrepaban
acerca de si el sistema antiguo era
mejor que la Seguridad Social actual”[11].
No
hubo ningún avance significativo para los trabajadores que sufrieron una
creciente presión impositiva para pagar un sistema increíblemente ineficaz,
coercitivo y lesivo para su autonomía[12].
El sistema de servicios públicos no solo no proviene de una victoria de las luchas obreras, lo que es obvio si se observa
la situación del país a principios de los años 60 del siglo XX, sino que ha
sido un instrumento para domesticar al pueblo y destruir su independencia y
combatividad, convertir en mercancías las necesidades básicas de la vida,
dirigir despóticamente la existencia individual y colectiva, imponer el consumo
de aquellos bienes y servicios que interesan al poder y administrar la
biopolítica del Estado.
Todo
lo que ofrece el Estado del bienestar destruye la autonomía del sujeto, anula
su capacidad de autogestionar su vida y la de sus cercanos, tritura las
habilidades y conocimientos que proporcionan independencia, destruye la
creatividad que proviene de enfrentarse a las dificultades y conflictos por los
propios medios, desintegra la base material de los vínculos afectivos que son
los cuidados que se prodigan los familiares y los amigos. En definitiva
convierte al sujeto en trabajador o trabajadora puros, entregados al quehacer
laboral y al consumo y despreocupados de todo lo demás con lo que su vida les
es ajena.
De
entre los productos devenidos del Estado asistencial, por su importancia para
el tema que nos ocupa, la crisis del sujeto social de la revolución, merece
atención aparte el desarrollo y expansión del sistema educativo. Fue el
franquismo quien universalizó los estudios de secundaria e hizo realidad la
máxima de “el hijo del obrero a la universidad”. Bajo el régimen de Franco se
formaron las primeras generaciones de la “enseñanza pública para todos”, gentes
muy adoctrinadas, muy aculturadas, que imitaban en todo las formas de
pensamiento y de vida de las clases altas y cuya mayor aspiración era conseguir
un nivel de consumo mayor que el de sus padres.
Esas
primeras generaciones fueron las que obraron la transición al sistema
parlamentario, reconstruyeron el sistema de partidos según el modelo liberal,
falsificaron y reescribieron la historia de acuerdo a los intereses del poder,
popularizaron y difundieron las nuevas religiones políticas de la izquierda –en
esos años finales del franquismo la crítica del atraso y el carácter feudal,
anti-liberal y anti-moderno de la sociedad en el Estado español y la necesidad
de modernizarse- y desactivaron con sus dogmáticas teorías políticas el
movimiento anti-franquista en los años setenta del siglo pasado.
La
transición política desde el régimen franquista al partitocrático y
parlamentario ha sido un modelo estudiado e imitado en todo el planeta, fue una
intervención decisiva desde el punto de vista estratégico, un golpe maestro
sobre el centro de gravedad de las clases sometidas. En esencia consistió en una
acción por la que el Estado se alzó como ente total e integrador entregado a
fragmentar la sociedad hasta hacerla un confuso aglomerado de grupos
corporativos o sujetos solitarios.
El
actor o instrumento principal de la estrategia del sistema desde la transición
política ha sido la izquierda, generadora del mayor crecimiento del capitalismo
y del ente estatal de toda la historia. La izquierda ha sido el más perfecto
instrumento de la estrategia estatalista y, por ello, quien ha gobernado
durante más años. De su mano han salido las principales corrientes destructivas
que han arrasado tanto al pueblo como sujeto colectivo –que ya estaba muy
dañado antes- como a la estructura existencial de la persona.
La
aportación del izquierdismo a destrucción de lo que quedaba del potencial autor
de la revolución anti-estatalista ha sido decisiva. En primer lugar han sido
los ideólogos más fanáticos de la idea
liberal del sujeto de derechos. El sujeto de derechos es esencialmente el que
ha renunciado a su libertad y autonomía y espera recibir, como una gracia, las
atenciones y servicios a los que “tiene derecho” de las instancias superiores
que velan por su bienestar y tutelan su vida. Cuando tal ideología ha sido
asumida completamente, el individuo deja de percibirse como sujeto de su propia
existencia y comienza a ser objeto o cosa de su propia vida. Los derechos
siempre son otorgados o concedidos por alguien que tiene el poder de dar y
quitar, y siempre achican y degradan a la persona porque ésta hace dejación de
su potencial de acción y de auto-gestión, de su capacidad de decidir y elegir,
de su necesidad de esforzarse en la propia superación y por lo tanto ascender
en las cotas de la libertad personal, de su energía creativa que queda
desactivada al no tener objeto al que dirigirse, es, por lo tanto, un ser que
se afirma en la incompetencia, la ineptitud y la subordinación.
La libertad nunca puede ser
otorgada, no puede recibirse de otros y son los deberes, las obligaciones y los
compromisos los que proporcionan la base material de la libertad humana, idea
que expuso con mayor belleza que ningún otro filósofo Simone Weil, porque los
deberes son la parte activa de la existencia mientras que los derechos son
únicamente pasivos, las obligaciones implican acción, movimiento, intervención
y por lo tanto capacidad, competencia y crecimiento mientras que los privilegios y los derechos producen
inmovilidad, parálisis, flojedad, ineptitud e insuficiencia.
A
la doctrina de los derechos va asociada otra de las lacras de las sociedades de
la modernidad tardía, el “imperio de la ley”, el legicentrismo izquierdista que
todo lo fía a las leyes ha creado la sociedad más normativizada de la historia,
todo está regulado, lo grande y lo pequeño, lo social y lo privado e incluso lo
íntimo. Ni siquiera Orwell pudo soñar una sociedad más pautada. Por supuesto el
crecimiento de la ley se asocia al incremento del Estado, especialmente
judicatura y policía, de sus gastos y de sus prerrogativas que se amplían con
cada nueva legislación lo que viene a más real y más cierto el objetivo último
del proyecto liberal.
Ese
sujeto así aleccionado, ha sido fácilmente conducido a la idea de que su
destino es el trabajo y el consumo y que nada grande ni trascendente le
compete, la vida debe ser, pues, destinada a la producción, el gasto y las
diversiones. La sociedad post-franquista, como la Roma de la decadencia, generó
su plebe ansiosa de placeres groseros y zafiedad consumista, abandonada al
instante, volcada en las drogas, sin amor por la propia dignidad, sin respeto
por sí mismo ni conciencia de su vida y de su entorno.
Durante
decenios, además, la progresía del sistema se dedicó a insultar a nuestros
abuelos, aquellos que habían plantado cara a Napoleón, a la Pepa, a los
espadones decimonónicos, a Primo de Rivera, a la monarquía y a la república, a
Franco en la guerra y a la Guardia Civil en el maquis. Sobre ellos se escupió
todo el veneno de que eran portadores, se les asignó el sanbenito de
representar el atraso, la incultura, la brutalidad, la incivilidad, la
estulticia y la papanatería además del machismo y la brutalidad contra la mujer.
A la izquierda su dedicación a falsificar la historia y aculturar a la sociedad les ha valido ser los favoritos
del sistema y recibir de sus arcas una sugerente remuneración.
La
aculturación y des-historización del pueblo ha sido un elemento cardinal del
proceso de liquidación del antagonista del Estado[13].
Sin raíces y sin sustento en la propia historia, el sujeto queda fragmentado y
aislado de forma trascendental, con una identidad frágil, siempre al borde de
desvanecerse, incapacitado para el combate, acobardado y achicado
connaturalmente. Es consecuencia de un hecho fundamental que no es hoy
suficientemente comprendido, la historia, en la forma de conciencia colectiva
del pasado no el únicamente el contexto en el que se desarrolla la vida humana
sino que, como explica X. Zubiri constituye una dimensión esencial del ser
persona[14]
por lo que la disociación entre el sujeto y la historia auténtica es su
mutilación espiritual y personal.
Y
sin embargo no se consideró suficiente todo ello, según las normas de la
guerra, la aniquilación del enemigo exigía perseguirlo y exterminarlo por completo.
Se fabricó una disidencia artificial fundada en corrientes de opinión
fabricadas en las instituciones, es decir, en la universidad, los partidos
políticos y los sindicatos subvencionados, que movían a las masas con programas
reivindicativos y políticos que siempre
coincidían con los proyectos futuros del sistema, es decir, luchaban contra
aquello que estaba ya periclitado y a favor de lo que estaba por llegar. El
corporativismo y el movimentismo deshilvanaron las luchas y fragmentaron la acción
de las masas y la visión de conjunto. El pueblo quedó incapacitado para
entender lo global y el largo plazo, es decir, para pensar estratégicamente.
Añadido
a los movimientos gremialistas y parciales se constituyeron las políticas de los
victimismos y el enfrentamiento social, ora se culpó a los padres y madres de
ser destructivos y dañinos para los niños, ora a los jóvenes de vivir en la
miseria vital por la represión de la familia, allí se victimizó a un grupo
racial, acá a un sector social minoritario y, en todos los casos, se culpó a
los iguales de ser los autores de la represión y la xenofobia y se apeló a la
generosidad del Estado que ampara, protege e iguala, para subvertir el abuso y
la injusticia.
De
entre todas las corrientes y movimientos surgidos del matrimonio
izquierda/Estado tal vez la más dañina ha sido el sexismo político feminista
que ha conseguido dividir la sociedad por sexos llevando hasta el paroxismo el
enfrentamiento entre las mujeres y los hombres, a este proyecto el sistema le
ha dado valor estratégico creando incluso, durante varias legislaturas un
Ministerio, el de Igualdad, entregado a intervenir denodadamente en la
intimidad de las personas y a violar su libertad de conciencia. De la
importancia que se ha concedido a las políticas de género da una idea que el
feminismo sea hoy eje transversal y materia de estudio en toda la enseñanza
estatal y que sea asignatura obligatoria en la Academia General Militar de
Zaragoza o que las principales empresas del IBEX 35 como Inditex, El Corte Inglés,
Mango, Entrecanales etc. se hayan comprometido a impulsar y financiar las
campañas para la aplicación de la Ley de Violencia de Género y la labor de
“educación” social en ese tema[15]
El
sexismo político ha hecho realidad el maquiavélico “divide et impera” y ha
creado una fractura no solo entre las mujeres y los hombres sino entre las
mujeres y la revolución porque, una vez convencidas de que su enemigo está
entre sus iguales no hay ningún proyecto
común que pueda ser acometido, por el contrario al asumir que no solo la
libertad sino su supervivencia depende del Estado, la policía, la judicatura y
los profesionales y de su “independencia económica”, es decir, del salario, una
gran parte de las féminas se han entregado indefensas a la institución estatal
y a la empresa. Estratégicamente ha sido
una de las intervenciones más ambiciosas del sistema de dominación porque
dominar y dirigir a la mitad del pueblo contra la otra mitad es garantía de
supervivencia mientras esa situación e mantenga.
Todas
las corrientes ideológicas lanzadas desde el progresismo izquierdista han
tomado la forma de los fanatismos y las religiones y tienen tanta más capacidad
de penetración social cuanto más se incrementa el acceso popular al sistema
educativo auténtico baluarte del dogmatismo y el adoctrinamiento, de la
falsificación del mundo y del creer por fe o por autoridad. Han sido, por ello,
verdaderos venenos sobre la libertad de conciencia, la autonomía y la capacidad
de elección de las personas.
[1]
FÉLIX RODRIGO MORA, 2011
[1] ANDER DELGADO CENDAGORTAGALARZA, “Protesta popular y política (Bermeo, 1912-1932) Revista “Ayer” nº 40, 2000, Madrid, Marcial Pons, ediciones de historia.
[1] Asunto que es analizado en “Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Vol. I. Recuperando la historia” PRADO ESTEBAN DIEZMA Y FÉLIX RODRIGO MORA. 2012.
[1] RAFAEL GAMBRA, “La primera guerra civil de España (1821-23): historia y meditación de una lucha olvidada”, 1950, Madrid, Escelicer.
[1] FÉLIX RODRIGO MORA, “Naturaleza, ruralidad y civilización”, 2008, Sevilla
[1] Un análisis de lo acontecido, minucioso y contrastable, riguroso y detallado es el de MANUEL REQUENA GALLEGO, “Los sucesos de Yeste: (mayo 1936)”, 1983, Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses.
[1] XAVIER PANIAGUA “La sociedad libertaria. Agrarismo e industrialización en el anarquismo español”, 1982, Barcelona, Crítica.
[1] Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora, “Feminicidio o auto-construcción de la mujer” Vol. I. Recuperando la historia” 2012, Barcelona.
[1] CRISTINA BORDERÍAS, “Emigración y trayectorias sociales femeninas”, “Historia Social” nº 17, 1993.
[1] PRADO ESTEBAN DIEZMA, (2012) “Una nueva reflexión sobre la familia”, http://prdlibre.blogspot.com.es/2012/06/una-nueva-reflexion-sobre-la-familia-en.html
[1] DAVID SVEN REHER, “Familia, población y sociedad en la provincia de Cuenca (1700-1970)”, Madrid, 1988, Centro de Investigaciones Sociológicas, pag.. 230
[1] FÉLIX RODRIGO MORA “El giro estatolátrico”, 2011, Maldecap.
[1] Un texto a señalar en esa dirección es el de PAUL EDWARD GOTTFRIED, “La extraña muerte del marxismo. La izquierda europea en el nuevo milenio”, 2007, Madrid, Ciudadela Libros.
[1] XAVIER ZUBIRI, “Tres dimensiones del ser humano, individual, social, histórica”, 2006, Madrid.
[1] PRADO ESTEBAN DIEZMA, “El capitalismo contra el machismo” y “La gran empresa ¿agente de la emancipación femenina?” , 2012, http://prdlibre.blogspot.com.es/2012/05/elcapitalismo-contra-el-machismo- y htmlhttp://prdlibre.blogspot.com.es/2012/06/la-gran-empresa-agente-de-la.html
FÉLIX RODRIGO MORA, 2011
[1] ANDER DELGADO CENDAGORTAGALARZA, “Protesta popular y política (Bermeo, 1912-1932) Revista “Ayer” nº 40, 2000, Madrid, Marcial Pons, ediciones de historia.
[1] Asunto que es analizado en “Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Vol. I. Recuperando la historia” PRADO ESTEBAN DIEZMA Y FÉLIX RODRIGO MORA. 2012.
[1] RAFAEL GAMBRA, “La primera guerra civil de España (1821-23): historia y meditación de una lucha olvidada”, 1950, Madrid, Escelicer.
[1] FÉLIX RODRIGO MORA, “Naturaleza, ruralidad y civilización”, 2008, Sevilla
[1] Un análisis de lo acontecido, minucioso y contrastable, riguroso y detallado es el de MANUEL REQUENA GALLEGO, “Los sucesos de Yeste: (mayo 1936)”, 1983, Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses.
[1] XAVIER PANIAGUA “La sociedad libertaria. Agrarismo e industrialización en el anarquismo español”, 1982, Barcelona, Crítica.
[1] Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora, “Feminicidio o auto-construcción de la mujer” Vol. I. Recuperando la historia” 2012, Barcelona.
[1] CRISTINA BORDERÍAS, “Emigración y trayectorias sociales femeninas”, “Historia Social” nº 17, 1993.
[1] PRADO ESTEBAN DIEZMA, (2012) “Una nueva reflexión sobre la familia”, http://prdlibre.blogspot.com.es/2012/06/una-nueva-reflexion-sobre-la-familia-en.html
[1] DAVID SVEN REHER, “Familia, población y sociedad en la provincia de Cuenca (1700-1970)”, Madrid, 1988, Centro de Investigaciones Sociológicas, pag.. 230
[1] FÉLIX RODRIGO MORA “El giro estatolátrico”, 2011, Maldecap.
[1] Un texto a señalar en esa dirección es el de PAUL EDWARD GOTTFRIED, “La extraña muerte del marxismo. La izquierda europea en el nuevo milenio”, 2007, Madrid, Ciudadela Libros.
[1] XAVIER ZUBIRI, “Tres dimensiones del ser humano, individual, social, histórica”, 2006, Madrid.
[1] PRADO ESTEBAN DIEZMA, “El capitalismo contra el machismo” y “La gran empresa ¿agente de la emancipación femenina?” , 2012, http://prdlibre.blogspot.com.es/2012/05/elcapitalismo-contra-el-machismo- y htmlhttp://prdlibre.blogspot.com.es/2012/06/la-gran-empresa-agente-de-la.html
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