“El alma humana tiene necesidad de verdad y libertad de expresión” Simone Weil

"Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras” Juan de Yepes

El arte contemporáneo es una farsa

Se necesitan personalidades valientes que se atrevan a denunciar las grandes estafas de las religiones políticas. Muy poca gente osa hacerlo con el sexismo político feminista pero muchas menos se aventuran a desafiar al dogma del "arte moderno". En una sociedad de acobardados, brilla Avelina con luz propia.

El arte contemporáneo es una farsa: 

Avelina Lésper

            
   Fuente: El Semanario Sin Limites


30-agosto-2012

"La carencia de rigor (en las obras) ha permitido que el vacío de creación, la ocurrencia, la falta de inteligencia sean los valores de este falso arte, y que cualquier cosa se muestre en los museos", afirmó Lesper.


Ciudad de México.- Con la finalidad de dar a conocer sus argumentos sobre el por qué el arte contemporáneo es un "falso arte", la crítica de arte Avelina Lésper ofreció la conferencia "El Arte Contemporáneo- El dogma incuestionable" en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) en donde fue ovacionada por los estudiantes.

"La carencia de rigor (en las obras) ha permitido que el vacío de creación, la ocurrencia, la falta de inteligencia sean los valores de este falso arte, y que cualquier cosa se muestre en los museos", afirmó Lésper.

Explicó que los Los objetos y valores estéticos que se presentan como arte, son aceptados, en completa sumisión a los principios que una autoridad que impone.

Lo que ocasiona que cada día se formen sociedades menos inteligentes y llevándolos a la barbarie. También abordó el tema del Ready Made, sobre el que expresó que mediante esta corriente "artística", se ha regresado a lo más elemental e irracional del pensamiento humano, al pensamiento mágico, negando la realidad. El arte queda reducido a una creencia fantasiosa y su presencia en un significado. "Necesitamos arte y no creencias".

Jornadas "Jaca en Granada. Maternidad y cuidado del planeta"



JORNADAS “JACA EN GRANADA”
“MATERNIDAD Y CUIDADO
DEL PLANETA”

Se necesita una revolución integral e integradora, entonces la vida sería parecida a como la hemos vivido los últimos cuatro días en Dilar, mujeres, hombres y criaturas hemos compartido el tiempo y el espacio natural y cotidianamente.

En la desquiciada sociedad de la abundancia estamos obligados a despojarnos del cerebro para hacer, de las manos para pensar, del cuerpo para amar, del amor para entender (en realidad desaprender) el mundo, hemos de despojarnos de los otros para encontrarnos con un yo que también es un extranjero en nuestro cuerpo, y fragmentarnos, rompernos y trocearnos invariablemente en pedazos cada vez más insignificantes.

Recuperar la integridad del ser, siquiera efímeramente, sumergirse en un ambiente de tensión intelectual, afectiva, convivencial, exaltación corporal, movimiento, palabras, leche brotando pletóricamente de los pechos de las mujeres, oxitocina en el ambiente, palpitar de la vida, baile, juegos y risas infantiles (sin perturbar la energía del testimonio, la reflexión y el debate), concentración, distensión y derramamiento como estados o acontecimientos sincrónicos, de los cero a los … muchos años, sin barreras que nos dividan y separen, conocerlo es un privilegio excepcional.

Al comenzar mi comunicación al foro decía que yo conocí pero no viví Jaca cuando se hallaba en Jaca pero he querido vivirla a orillas de Sierra Nevada. Las vivencias son difícilmente expresables, seguramente lo exteriorizan mejor mis hijas cuando dicen “¿solo una vez al año?” Sí, solo cuatro días de vivir y convivir natural y humanamente para volver después a la dura realidad del mundo, pero con la esperanza de repetirlo, como se repite todo lo que es cíclico, como la vida, el próximo año.

Lo que demuestra Jaca es que la maternidad no nos roba ninguna capacidad a las mujeres y que puede ser, si se vive naturalmente, si se vive entera y no fragmentada, un estado ampliado de conciencia, un momento de excepcional capacidad de comprender lo más esencial y actuar en lo profundo. Las conferencias, los debates, las comunicaciones, los talleres, las conversaciones, buscan un calado, profundidad y lucidez, una exigencia por aportar conocimientos y juicios con sentido, que es poco común en nuestra sociedad de lo mediocre y chapucero, y todo esto se hace con las criaturas en la sala, en un espacio abierto a ellas, amable y afectivo.

Ordeno mis emociones con estas palabras, ahora dedicaré un tiempo a organizar las reflexiones y conocimientos que me aportó el foro.

La emancipación es vivir en un campo de concentración

LA EMANCIPACIÓN ES VIVIR
EN UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN



En Hofuf, una ciudad al este de Arabia Saudí se está construyendo una ciudad destinada a albergar exclusivamente mujeres trabajadoras.La idea ha partido de un grupo de empresarias de este país, según explica el diario Eqtisadiah. La nueva ciudad albergará a unas 5000 trabajadoras que prestarán sus servicios en la industria alimentaria, textil y farmacéutica.

Esta iniciativa se ha considerado un gran paso para favorecer la independencia económica de las mujeres que tendrán empleo y salario, aunque seguirán sujetas a los preceptos de sharía wahabí.

Tal proyecto es una adaptación a las pautas culturales del islam del programa feminista occidental. No es, como se podría objetar, una negación del ese credo sino su afirmación más expresa.

En contra de lo que dicen las “verdades evidentes” impuestas a la sociedad coercitivamente por el aparato de propaganda y los grupos de influencia y poder del Estado, la realidad es que la transformación de las mujeres en trabajadoras puras, mano de obra despojada de todas las demás dimensiones de la persona, es el destino final de las integrantes del pueblo en Occidente, aquí, igual que en Arabia Saudí, el grupo de las féminas que acceden al poder político y económico imponen a las que carecen de él las condiciones más crueles de existencia y de trabajo además de las cadenas del patriarcado bien sea en su fórmula tradicional peculiar, como el caso del Islam, o bien en la fórmula neo-patriarcal occidental.

No hay en el salariado una mejora de la condición femenina, insuficiente pero necesaria, como dicen quienes hacen de abogados de las y los grandes capitalistas, la condición de productora/consumidora no aporta la libertad ni la dignidad básica a la mujer, y no solo no limita el patriarcado sino que amplía sus prerrogativas, ejerciendo las jefas y los jefes de nuevos “pater familias” con un poder más omnímodo y desalmado que el que soportaban las féminas en el pasado.

La segregación femenina es otra de las aspiraciones que comparten el programa del feminismo ortodoxo occidental y el patriarcado modernizado de los países islámicos, conseguir convertir a las mujeres en rebaños de trabajadoras encerradas en las fábricas es el sueño de los pudientes y poderosos con independencia de su sexo, religión o cultura.

El nuevo patriarcado feminista prepara para las mujeres un nuevo orden esclavista en el que la mayoría no seamos sino mano de obra para servir al capitalismo y al Estado, carne de cañón para sus ejércitos y custodios del orden social contra nuestros iguales encuadradas en sus policías, mientras la minoría de las poderosas nos sojuzga y tiraniza.

Una pedagogía para tiempos de crisis y desolación

Imagen Nicoletta Tomás

UNA PEDAGOGÍA PARA TIEMPOS
DE CRISIS Y DESOLACIÓN


“Un saco de trigo siempre se puede sustituir por otro. El alimento que una colectividad suministra al alma de sus miembros no tiene equivalente en todo el universo. Además, por su duración, la colectividad penetra en el futuro. Es alimento no solo para las almas de los vivos sino también para las de los aún no nacidos, que llegarán al mundo en los siglos venideros”
                                                                                   Simone Weil






La mayor parte de la sociedad vive ajena a la infancia a la que no escucha ni comprende porque no tiene experiencias de convivencia cercana y densa con niños y niñas hasta que no tienen hijos. Pero, puesto que el número de los que eligen no tener descendencia es cada vez mayor, la infancia será, en pocos años una región inexplorada de la sociedad y de la biografía de las personas. A pesar de ello, o tal vez por ello, la educación y la crianza se han convertido en temas de gran preocupación.
Por mi oficio de educadora he conocido y me he vinculado de forma singular y afectiva, aún con la limitación temporal de estas relaciones, a cientos de criaturas en sus primeros años y a sus madres y padres. Incluso en las condiciones llenas de inconvenientes que impone la estructura educativa institucional, mi trabajo me ha permitido acumular unas vivencias de enorme significación como material reflexivo, mi experiencia como madre de tres hijas me ha ayudado a matizar estereotipos y dogmatismos  y a ser indulgente con los padres y madres al ver su práctica a través del prisma de la mía y tomar conciencia de mis propias limitaciones. Además he dedicado bastante tiempo a observar, recoger y meditar sobre acontecimientos y conflictos en los que me he visto implicada o que se han producido en mi presencia y sobre mi propia actividad y a buscar en las reflexiones de otros, en la historia y en la filosofía, apoyo a mi propio pensamiento. Este recorrido es el que me gustaría ir volcando en textos que, para ser útiles, no deberían ser tomados como manuales de instrucciones sino como acervo compartido para elaborar cada quien su camino en la intrincada realidad presente. En los próximos meses me propongo abordar en un conjunto de artículos distintos aspectos de la educación y la crianza.


VIVIR, AMAR Y CRIAR EN
LA REALIDAD DEL MUNDO
Una pedagogía para tiempos de crisis y desolación



“Ni cogeré las flores
ni temeré las fieras”
Juan de Yepes

               

Cada criatura que llega al mundo comparte con las generaciones anteriores la carga de los problemas de su sociedad, nacemos en un momento de la historia, en un espacio concreto y eso condicionará nuestra existencia, no se nace en el vacío ni en la nada sino en el  mundo como ha sido construido por las generaciones anteriores. Ésta es una de las complejidades de nuestra condición, pues no hay libertad ni elección en esos hechos que definirán, más que ningún otro, nuestra existencia individual. Explica Xavier Zubiri en “Tres dimensiones del ser humano, individual, social, histórica” que la herencia que recibe cada individuo no es únicamente psico-genética, cada nacido humano, para instalarse en la vida necesita situarse en una realidad. Ese nicho de cultura e historia es el medio en el que la criatura deviene persona. En ese recorrido recoge una tradición, se impregna del tiempo como tiempo realizado en la continuidad biológica e histórica que ella misma habrá de alimentar con su acción. En el texto que cito, Zubiri da una gran importancia a la maternidad  como elemento que conecta la realidad bio-psico-social-histórica de lo humano, esa indivisible entidad que une la vida orgánica y espiritual.
Nada puede ser más desolador y angustioso que reconocer en las circunstancias de este tiempo el hábitat de nuestra prole. La crisis, que algunos se empeñan en definir como crisis de lo dinerario y consumista únicamente, oculta una realidad sangrante y terrible, la de una ruina de los fundamentos más esenciales de la vida social e individual e incluso, más allá, de nuestra civilización como construcción singular de nuestros ancestros. El desmoronamiento de la vida social, de las estructuras de vida horizontal elegidas y dirigidas por el propio sujeto es una de las lacras más terribles de este momento pero no la única, la pérdida de la libertad, de la tradición como conjunto de conocimientos y acontecimientos que son bagaje experiencial para la existencia humana, de la autonomía personal y social, de los conocimientos y habilidades para la vida, del lenguaje, de la inteligencia práctica, del sentido de la realidad, de la capacidad para la supervivencia, del sentido común, de los valores éticos y convivenciales y de la capacidad proyectiva para bosquejar un futuro son  las huellas de una mutación que no es coyuntural ni somera sino que afecta a los elementos cardinales de la condición humana y de las instituciones naturales de convivencia y corre pareja al ascenso del Estado y la institucionalización de la vida  que están devastando al sujeto medio y que, de seguir su curso, transformarán de forma ingénita la sociedad como la hemos conocido.
A estas tribulaciones hay que sumar el ecocidio en proceso, la desertificación, la contaminación de las tierras y las aguas, la caída de la fertilidad de la tierra, la acumulación de tóxicos en el ambiente, la pérdida de biodiversidad y el crecimiento de las mega-urbes entre otros y, además, el desastre demográfico acelerado que se expresa  aquí en la terrorífica cifra de 1,3 hijos por mujer que continúa descendiendo, testimonio de la falta de vitalidad y anhelo de muerte del cuerpo social, esta última cuestión será tal vez una de las más atroces calamidades que hemos de legar a nuestros hijos porque deberán cargar sobre sí tareas tan descomunales para la propia supervivencia, la protección de la vida y de la condición humana[1] que sobrepasarán, con mucho, las fuerzas materiales y espirituales de estas menguadas generaciones.
Quienes elegimos tener hijos (cada vez somos menos, no lo olvidemos) deberíamos ser los primeros en la brega por el futuro de la sociedad, al que nos sentimos atados, no de forma abstracta e inconcreta sino de manera íntima y personal pues el mañana es el destino de nuestra prole. No es así, tal vez porque la corriente social dominante sigue siendo “mirar para otro lado” o buscar fórmulas escapistas  para evadirse de la realidad. Los refugios para huir del rostro descarnado del mundo son muchos, lo son el trabajo, el consumo, la diversión, las drogas, los viajes, las relaciones superficiales, los paraísos virtuales o el cine y la novela, hay cientos si no miles de agujeros en los que vegetar una vida tranquila a la espera del desastre. Curiosamente para un sector social la maternidad/paternidad se ha convertido también en un recurso escapista, devenir padres es la ocasión para abandonar todo compromiso social, político o cultural. Muchos se adhieren así a dos de los principios más venenosos de nuestra sociedad, la búsqueda de salidas individuales con olvido del resto de la comunidad y la  mutación de los procesos que antes se realizaban en la horizontalidad en mercancías. Esta nueva maternidad ecológica se materializa en un renovado consumismo e intercambio de servicios monetizados que, por supuesto, no están al alcance de la mayoría de las madres, aquellas que pertenecen a las clases bajas, ocupan los trabajos más precarios y acceden a la maternidad a pesar de la presión de las empresas en condiciones de grandes conflictos y carencias[2].  Esto explica que la natalidad entre las mujeres de las clases más menesterosas caiga mucho más significativamente, estas mujeres están siendo convertidas en ganado de labor, seres estériles en todo lo que no sea producir en el mercado capitalista y consumir para que crezca ese mercado.
En esta situación la maternidad ha defenderse como libertad básica y un bien en sí mismo incluso cuando las condiciones de crianza no sean las que dictan los manuales. En el pasado se pensaba que se necesitaban pocas cosas para criar a los hijos y el principal motivo para acometer la maternidad/paternidad era el deseo con independencia de otras consideraciones. Hoy, en cambio, la extraordinaria complejidad de los requisitos que se consideran imprescindibles para la crianza hacen que muchas personas renuncien a tener hijos. Por el contrario mi idea es que la maternidad/paternidad es un gran bien aunque se acometan en la forma de grandes sacrificios por parte de los padres y las criaturas y en un entorno hostil como el mundo actual porque forman parte de la construcción de un futuro humano.
Imbuir a nuestros hijos la idea de que han de huir de los problemas del mundo en lugar de enfrentarse a ellos no solo no es una crianza buena sino que, en las actuales condiciones, es suicida. Los años de bonanza económica y auge del Estado del bienestar han tenido como consecuencia que un gran número de personas adecuaran su cosmovisión al ideal de recibir servicios y cuidados por parte de las instituciones y trasladaran ese patrón, considerado el modelo de la excelencia, a la educación y la crianza de su prole.
Lo que se ha llamado crianza natural responde más a una visión ideologizada del mundo que a una naturaleza original de la especie. En primer lugar lo natural en el ser humano es ser un complejo de funciones y situaciones orgánicas, psíquicas, relacionales, sociales, culturales e históricas inseparables e indivisibles. Lo natural, como explica Zubiri, es que cada nueva criatura inscriba su vida en el nicho de su cultura, su tradición y su linaje que son las raíces que le permiten crecer y constituirse como ser singular y creativo, esas raíces han de ser las auténticas del entorno en el que nace y no un mundo artificial creado para ella pues es en la realidad donde tendrá que desplegar su acción, es decir, materializar su libertad.
Al ejercer la maternidad/paternidad estamos obligados a entregar a nuestros hijos la realidad del mundo, a reconstruir con ellos el sentido de lo humano y su proyección hacia el futuro, difícilmente puede acometerse tal tarea en el tiempo presente si no es en conflicto con el poder establecido, un combate que exigirá personalidades vigorosas y esforzadas. Si declinamos nuestra responsabilidad como padres y  buscamos soluciones personales para esquivar los problemas en lugar de enfrentarnos a ellos estaremos equivocando el camino.
En el mundo moderno cada vez más niños y niñas viven fuera de la realidad, se les ofrecen otros entornos que se consideran menos ásperos, más agradables que el mundo real, así viven de sucedáneos de ínfima calidad a través de la televisión y el cine, en lo que llaman el mundo de la fantasía infantil[3] o en entornos seguros y protegidos,  adecuados a cubrir todas sus necesidades al instante y sin espera, en los que no les toque el mal del mundo e incluso se superen las limitaciones inherentes a la condición humana. En todos los casos se les obliga a vivir en la mentira, en el mundo como no es.
He conocido muchas criaturas que se desarrollan en ese ambiente de irrealidad y ficción, suelen ser personas aparentemente felices aunque, si son sacadas de ese contexto “seguro” y utópico, se paralizan y se agarrotan, no son capaces de adecuarse a circunstancias nuevas, sufren y se angustian o se evaden y se inhiben pero no intervienen  con ímpetu transformador. Su capacidad de comunicación está muy limitada por la falta de autenticidad de sus experiencias vitales, sus sistemas de relación con los otros son disfuncionales porque carecen de conocimiento de la alteridad y por miedo al  conflicto o al abandono emocional.
La crianza sin conflicto y sin prohibiciones basada en la satisfacción de los deseos de las criaturas es menos nueva de lo que se dice. Una experiencia histórica ilustrativa es la que se recoge en el informe de William E. Mayer, director de psiquiatría del ejército de Estados Unidos encargado de investigar el altísimo número de bajas que los soldados norteamericanos tuvieron en los campos de prisioneros en la guerra de Corea (1950) cuya cifra, en comparación con la tenida por los prisioneros turcos en esos mismos campos fue desorbitada. El examen de los hechos le llevó a concluir que esos muchachos eran el producto de una crianza sin contrariedades, de una infancia en la que nunca tuvieron que enfrentarse a obstáculos ni situaciones complicadas por sí mismos, de una figura maternal siempre presente y siempre protectora que, en realidad absorbía emocionalmente a sus hijos[4].
Lo más importante es la descripción que hace de las situaciones que vivieron estos prisioneros. Enfatiza que no hubo intentos de fuga aunque en los campos no había alambradas ni guardas armados. A diferencia de otros prisioneros como los turcos que permanecieron unidos y organizados, los norteamericanos carecían de disciplina, se enfrentaban entre ellos y establecían a menudo relaciones de cooperación con su captores.
Muy pocos forjaron relaciones de amistad en los campos o mantuvieron el recuerdo de sus seres queridos como aliciente moral y emocional (cuando a los supervivientes que fueron liberados se les ofreció llamar a sus familias muy pocos lo hicieron), vivieron encerrados en una celda de aislamiento mental. Cada vez menos de ellos estaban dispuestos a hacer el esfuerzo de voluntad, inteligencia, creatividad y socialidad que la supervivencia necesitaba y comenzó a ser común que un soldado se sentara en una esquina y tapándose se cabeza con una manta y se dejara morir (los soldados denominaron a ese acto “abandonitis”). En otros casos, cuando algún  hombre estaba enfermo, sus propios compañeros eran los que le sacaban de los barracones y le abandonaban a la intemperie donde perecía. No hubo resistencia y combate contra la guerra como guerra injusta ni contra el enemigo, prácticamente ningún hecho que pueda describirse como acto de conciencia y dignidad, la indiferencia y el abandono fueron el estado dominante.
Se mostraron como seres ineptos para cuidar de sí mismos ni de otros, capaces de la mayor crueldad con sus semejantes y del mayor desapego a la propia vida, es decir, construidos como seres deshumanizados de forma extrema.
Los valores básicos para la supervivencia en un campo de prisioneros no son demasiado diferentes que los que se necesitan para sobrevivir en cualquier circunstancia de la vida real cuando esta es vida plena y no sucedáneo como acontece en las sociedades de Estado del bienestar en las que  el sujeto no es ya sujeto de su propia biografía sino objeto de la protección de las instituciones, usuario de bienes y servicios y dócil animal doméstico que trabaja para su amo. La forma como un individuo deviene persona y se enfrenta al mundo es una cuestión que trasciende con mucho la psicología pues afecta más a los valores y el sentido que se otorga a la vida, al concepto del bien y del mal[5] y la idea del futuro. Eliminar los grandes problemas de la existencia humana y del momento histórico concreto para  alejar el dolor y el esfuerzo no solo no es posible sino que crea  un vacío existencial que hoy es demasiado común en las generaciones más jóvenes y que se  realiza a través de conductas suicidas (alcohol, drogas, trastornos alimenticios, prácticas aventureras dislocadas, violencia entre iguales y otros) y un derrumbamiento de la personalidad que los hace inmaduros, incapaces para el acto de pensar, sin voluntad para actuar, sin capacidad de esfuerzo, pobres e indiferentes afectivamente, insociables y herméticos para los otros.
La deriva de la situación actual es que todos los problemas enunciados se agravarán en el futuro, si somos coherentes y lúcidos tendremos que comprometernos en el combate por el mañana, si creemos en la crianza en el amor deberemos llevar a nuestras criaturas con nosotros en esos trances. El mundo no necesitará de héroes individuales sino de  una comunidad heroica capaz de arrostrar las calamidades del presente y construir un porvenir humano lo que nos compromete a todos.
La maternidad/paternidad ha de ser rescatada no como una flor de invernadero, un acto ornamental y decorativo sino como impulso vital, como acto supremo del amor por la especie y por el futuro contenida de forma concreta y singular en cada una de nuestras criaturas.
No deberíamos aceptar que la humanización de la crianza pueda ser reducida al consumo de algunos servicios especializados de mayor calidad que los que ofrece el sistema y a la dedicación en exclusiva del  padre y madre a las criaturas durante toda su infancia, por el contrario, es necesario que el impulso genésico vuelva a ser natural y ajeno a los condicionantes económicos y políticos, es decir, íntimo y genuino.
Se precisa hoy de una maternidad de batalla cuyas señas de identidad sean la fortaleza y la solidez. Podemos parir en casa o en los hospitales, pero el acto de parir ha de ser dignificado por nosotras mismas incluso en las condiciones más desfavorables, porque solo así será posible frenar el impulso a la deshumanización y rotura del acto genésico,  debemos amamantar en todas partes, hacer habitables todos los ambientes para la infancia, compartir con las criaturas todos los momentos e integrar la crianza en todas las dimensiones de la vida.
La crianza no puede ser argumento para mutilar en las mujeres (y a menudo también en los hombres) los otros planos de la vida, no puede alejarnos de la realidad del mundo porque eso cercena nuestras capacidades y posibilidades y ¿cómo se ha de ofrecer un camino al crecimiento a otros cuando se limita en uno mismo? Hemos de vivir entre las ruinas de la civilización del bienestar, podemos hacerlo dejándonos morir en un rincón como aquellos soldados de Corea o entregándonos a la construcción del futuro que depende, antes que nada, de nuestra propia acción. En última instancia el acto de la crianza ha de ser un gran acto de creación y compromiso que sirva como ejemplo a las generaciones venideras.
                                                                                       




[1] La tasa de dependencia, es decir la que relaciona la población activa y el grupo de los menores de 16 y los mayores de 64 no ha dejado de crecer y se espera que para 2021 se sitúe en el 57,3%,  es decir casi 6 personas inactivas por cada 10 activas, una cifra difícil de sostener para unas generaciones que para invertir la catastrófica situación presente tendrían que hacerse cargo de un grupo tan numeroso de ancianos y tener muchos más hijos que sus padres. Se dice que el exceso de población es el causante de los grandes problemas ecológicos del planeta, eso no solo no es verdad pues no es la población sino el desquiciado sistema capitalista y su ansia depredadora de  recursos el causante de tales males, por el contrario, poner coto a la gran devastación medioambiental solo será posible bajo una demografía pujante porque los grandes problemas como la reforestación ¿pueden acometerse si no es por una ingente y enérgica población juvenil?

[2] La injerencia de las empresas y el funcionariado en la vida privada y la  libertad básica de las personas en estos asuntos abre una etapa de gran incertidumbre y alarma. La acción biopolítica, es decir, la imposición de prácticas y costumbres basadas en las necesidades políticas y económicas de los Estados que conculcan la autonomía más esencial de las personas es creciente en todo el planeta. La foto de Feng Jianmei yaciendo en la cama de un hospital junto a su hijo, no abortado sino asesinado a los siete meses de gestación por orden de los funcionarios del Partido Comunista Chino que cumplieron así la ley que obliga a abortar a aquellas familias que no tienen dinero para pagar la multa por tener un segundo hijo, es un indicador de lo que podría ser el futuro en otras partes del planeta. Hay que tener en cuenta la preeminencia de China en lo económico y político y su ascenso militar que con mucha probabilidad cambiará el equilibrio de las potencias mundiales en los próximos tiempos y el hecho, inquietante, de que la ONU haya presentado la política de “planificación familiar” del gobierno chino como modélica.

[3] Un mundo infantil creado por adultos y lanzado por los gigantescos emporios de la industria del espectáculo y el adoctrinamiento. El modelo de sociedad de la diversión y sus consecuencias nefastas es una importación de Norteamérica que tiene efectos devastadores para el sujeto y el cuerpo social, un análisis de su formación y sus efectos se hace en “Divertirse hasta morir” Neil Postman.

[4] Este suceso es citado por Betty Friedan en “La mística de la feminidad”.

[5] El pensamiento sobre cuestiones ha caído en desuso en nuestra época a la vez que lo ha hecho la lectura y reflexión de la filosofía clásica, pienso por ejemplo en el texto de Cicerón “Del supremo bien y del supremo mal”, que da cabida a un debate que ha sido durante milenios objeto de controversia y cavilación en Occidente. La desaparición de estos temas del pensamiento ahogados por la frivolidad y el vacío del imaginario de la modernidad tardía es un desastre de proporciones colosales.