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"Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras” Juan de Yepes

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Modelos de mujer

MODELOS DE MUJER

Tengo delante de mí el suplemento del sábado del diario “El País”, hoy no me he saltado las últimas páginas sobre moda como hago habitualmente, he observado con detenimiento las fotos de esas mujeres que representan el paradigma estético impuesto.
He leído muchas críticas a estos modelos de mujeres desnutridas, a ese canon de belleza perverso que roba los atributos sexuales femeninos y presenta a las féminas como seres híbridos, ambiguos y equívocos, como no-mujeres. Pero hoy no me he fijado en eso sino que observado atentamente sus rostros, su mirada perdida, su postura decadente, extenuada, el gesto que ya no recuerda lo humano. Es una manifestación plástica del vacío, de la nada como lugar que habitan las mujeres.
No hay una chispa de vida, de deseo, tampoco hay conflicto, pero sobre todo no hay un mínimo destello de inteligencia en esos rostros. Son cuerpos vacíos de espíritu, vacíos de lucidez y pensamiento, realizaciones del arquetipo femenino del neopatriarcado.
Que “El País”, el adalid de la nueva religión política del feminismo sexista, el campeón de la ortodoxia de género, no tenga ningún prejuicio frente a estas imágenes demuestra, mejor que nada, la naturaleza auténtica del nuevo patriarcado.
Como contrapunto a esta reflexión os dejo el estudio de las figuras femeninas del Quijote que hacemos en “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”

FIGURAS FEMENINAS DEL QUIJOTE, UNA REFLEXIÓN SOBRE LA VISIÓN DE LA MUJER POPULAR EN LA SOCIEDAD PRELIBERAL



  La estela magnífica de la respetuosa y amorosa concordia entre los sexos de nuestra Edad Media pervivió de formas diversas hasta la revolución liberal. La consideración y prestigio social de la mujer, basada en la participación social en igualdad con los hombres, es un hecho que puede ser rastreado en la literatura tanto como en la historia.
La figura femenina en el Quijote merece una reflexión aparte. Nadie pone en duda que la ficción cervantina es una meditación profunda y personal sobre su época, y, por ello, los personajes femeninos muestran tanto la singular visión del autor, como la verdadera existencia material de las féminas en el contexto social y cultural que la novela recrea.
La lectura desprejuiciada de esta obra señera de la literatura universal nos permite muchas reflexiones profundas sobre la condición humana y derriba numerosos tópicos acuñados por la teoría del progreso. Cervantes presenta dos perspectivas divergentes y complementarias sobre la mujer; por un lado, la mujer idealizada por el amor cortés, que no es una mujer real sino un símbolo de la rendición del varón ante la feminidad poetizada o imaginada y por otro, discurren por sus páginas muchas individualidades femeninas, más reales, con personalidad propia y singular en cuyas formas se recrea el autor.
En la novela cervantina las mujeres, tanto las letradas  como las iletradas, las del pueblo llano como las de las clases acomodadas, tienen discurso propio, hablan por sí, con naturalidad, ingenio y talento y, sobre todo,  ocupan un lugar social respetado y concreto no segregado del masculino.
Tal es el caso de Dorotea, de la que Américo Castro dice que “muestra la mayor independencia y libertad de pensamiento”. Así es, se presenta como mujer enérgica pero templada y reflexiva que piensa y razona antes de actuar. Comienza expresando el profundo amor que la tenían sus padres y cómo siempre supo “que ellos me casarían con quien yo más gustase[i]. Es ella quien decide tener relaciones sexuales con don Fernando a quien espeta, según la costumbre castellana: “en tanto me estimo yo, villana y labradora, como tu señor y caballero. Conmigo no ha de ser de ningún efecto tus fuerzas, ni han de tener valor tus riquezas, ni tus palabras han de poder engañarme, ni tus suspiros y lágrimas enternecerme”. A esta mujer, a la que Cervantes presenta como una autoridad en conocimientos de libros de caballería, tan segura de sí misma, tan rotunda en su discurso, tan soberana en todos los aspectos de la vida, también en el sexual, Salvador de Madariaga le dedica un capítulo de su “Guía para el lector del Quijote” que titula “Dorotea o la listeza”. En él destaca “su facilidad de palabra, tan sugestiva por su rapidez como por su propiedad, de una viveza excepcional de observación y comprensión; así como una inteligencia muy hecha a manejar ideas”. Sería muy difícil que un personaje así se construyera sobre la base de la nada en una sociedad en la que las mujeres fueran sometidas de forma tan rígida como pretende hacernos creer la ortodoxia académica dispuesta a rehacer la historia y la literatura según su deformado credo.
Las virtudes de Dorotea no son excepcionales, pues tan resuelta y decidida como ella se presenta Marcela que, aunque “su tío y todos los del pueblo se lo desaconsejaban, dio en irse al campo con las demás zagalas del lugar y dio en guardar su mesmo ganado”. Marcela hace un discurso sobre la libertad y el amor de contenido y envergadura filosófica: “el verdadero amor no se divide y ha de ser voluntario y no forzoso (…) tengo libre condición y no gusto de sujetarme a nadie”. Tal discurso lo hace ante un grupo de hombres que escuchan con un respeto, no fingido ni de cortesía, sino auténtico.
Las mujeres reales en Cervantes, todas, Dorotea, Marcela, Zoraida la mora, Altisidora, etc., son mujeres soberanas, enérgicas y hasta soberbias en la defensa de sus libertades, no buscan protección, no demandan privilegios, no las veremos cobardes ni apocadas, incluso las más rústicas, Aldonza Lorenzo, Maritornes, Torralba, Teresa Panza, son mujeres fuertes, espontáneas, despiertas y avispadas en la brega de la vida; Luscinda, mujer volcada en la pasión amorosa, entregada al amor por Cardenio, no es con todo, una personalidad ñoña, su romanticismo es dolorido y auténtico, también tiene fuerza interior. Cervantes se recrea en las figuras femeninas dándoles una forma tan singular  y original que resulta evidente que están recogidas del estudio de la realidad social, pero ante todo refuerza tres elementos de la personalidad femenina: la inteligencia, la fuerza  y el sentimiento de libertad.
No hay contradicción entre la exaltación que hace el Quijote de la mujer idealizada, tomada del canon de la novela de caballería, que expresa la reverencia masculina hacia la feminidad como elemento esencial de nuestra cultura (como manifiesta Denis de Rougemont en “El amor y Occidente”) y la representación de figuras de mujer tan realistas y originales. La existencia de un ideal poético del amor es un parapeto al imaginario patriarcal contra el que se yergue el cristianismo. La divinización de la mujer es un freno, un límite, a la reaparición de un patrón de lo masculino agresivo y dominador, vinculada al ascenso del Estado y sus estructuras, al que, con buen criterio, no se considera vencido para siempre.
Cervantes, recogiendo la complejidad de lo real, asocia la sublimación de la mujer con el dibujo de esas personalidades femeninas, singulares y lejos de cualquier estereotipo, que no precisan del amparo de nadie, que se mueven con libertad, hablan con aplomo y con firmeza, argumentan con penetración e inteligencia, manejan el lenguaje con maestría, son audaces y resueltas, y, sobre todo, son escuchadas con reverencia y consideración magnífica por los hombres. Nada más lejos de esa imagen exaltada del pasado que se ha fabricado en las cátedras al abrigo del poder.
No podemos aceptar que estas mujeres sean personajes excepcionales ajenos por completo al contexto social en que se presentan, pues la novela, toda ella, recrea la visión cervantina de su tiempo. Es además posible reconocer la existencia de otras mujeres reales, no noveladas, que viven y actúan con la misma liberalidad que las dibujadas por Miguel de Cervantes, por ejemplo, María de Zayas cuyas “Novelas amorosas y ejemplares” no sólo son una joya literaria, que suman al rico lenguaje el arte de presentar escenas de fuerte contenido sexual sin grosería ni pacatería, en las que las mujeres se desenvuelven con completa naturalidad. María hace profesión de fe anti sexista con una frase magnífica: “las almas no son hombres ni mujeres”. Su obra tuvo un éxito notable en su época, conociendo un gran número de reediciones durante el siglo XVII, lo que demuestra que no había censura especial para la escritura femenina.
Las libertades mujeriles llamaron la atención de numerosos viajeros que visitaron Castilla en la época. En 1595 un sacerdote italiano escribe sobre las españolas: “son muy animadas por la gran libertad de que disfrutan (…) hablan bien y son prontas a la réplica; tienen, sin embargo, tanta libertad que a veces parece exceden el signo de la modestia y el término de la honestidad[ii].
Da la sensación de que la tradicional libertad femenina fue uno de los escollos que la iglesia encontró para imponer los acuerdos de Trento, hacia los que hubo una resistencia social formidable. La igualdad entre mujeres y hombres estaba tan arraigada en la península que todavía en el siglo XVI se encuentra un monasterio dúplice, el de Santa María de Piasca, en Cantabria, que en el momento de su disolución por mandato de las autoridades eclesiásticas tenía una abadesa elegida que dirigía la comunidad.
Si rastreamos a la mujer real anterior a la revolución liberal, encontramos un ser con entidad y voz propia, con un lugar social distintivo no subordinado, con capacidad de manifestar su personalidad y sus anhelos en todas las regiones de la existencia humana. En lo referente a las relaciones afectivas y sexuales con los varones tiene iniciativa personal; ello es evidente en las Canciones de Amigo, comunes en los Cancioneros hispanos desde el siglo XIII al XV, en las que vemos que es la voz de la mujer la que se expresa, la llamada al amado al que se insta al encuentro amoroso, también carnal: “Amigo el que yo más quería/venid al alba del día”. Es una voz femenina con sentimientos sensuales propios. De la larga pervivencia de esta concepción da idea que en “Olivar de los Pedroches (Tradiciones y folklore)” de Manuel Moreno Valero, texto que recoge costumbres, recuerdos y canciones de esa comarca, se cite un cancioncilla popular con la misma estructura que las Canciones de Amigo, que dice: “Esta noche y la pasada/¿porqué no viniste, amor/si estaba la luna clara/eres buen andador/y sabías que te esperaba?”
También es posible evidenciar la importancia de la actividad de la mujer en la vida económica del pueblo, su participación libre y particular en las labores y trabajos que procuran la satisfacción de las necesidades básicas de la comunidad. Aunque, en general, hubo una cierta división sexual de las tareas, no era ésta rígida ni hermética pues las féminas podían desarrollar oficios que han sido considerados tradicionalmente masculinos. Está documentado por el Catastro de Ensenada en 1752, en la villa de Atienza, la existencia de siete mujeres que ejercen de tratantes de ganado, y seis de ellas comercian con ganado mayor, con mulas[iii], lo que demuestra que las féminas no tenían vedada su participación en ninguna actividad y que las que lo deseaban accedían a esas profesiones. Incluso para los varones la trata de ganado era considerado un oficio “golfo”, implicaba moverse en un territorio relativamente amplio, a menudo solas, valerse y defenderse por sí mismas, conocer el negocio, lo que entrañaba entender de ganado tanto como del comercio, tener facilidad de palabra, percepción de la psicología del comprador, manejar dinero y tener talante negociador, entre otras facultades muy necesitadas de inteligencia práctica y conocimientos concretos. Estas ocupaciones, en realidad casi todas las tareas que se desarrollaban en un ámbito no salarial ni ultraespecializado, proporcionaban a las mujeres la posibilidad de desplegar todo su potencial y su ingenio, por lo que es lógico que fueran vistas, como lo hace Cervantes, como modelo de seres inteligentes, dotados de juicio vivo y penetrante y gran capacidad expresiva.
La comparación de esta feminidad preliberal, popular, con la actual en construcción según el paradigma feminista, ilustra la gran pérdida de autonomía e identidad diferenciada y singular que conoce en la sociedad moderna la mujer. La mujer que construye el feminismo no goza de una conciencia, digna de tal nombre, ni de sí misma ni del mundo que le rodea, pues es sujeto construido desde fuera por los aparatos de adoctrinamiento, la universidad en primer lugar, también el mundo de la información-propaganda, la industria del entretenimiento y el aparato funcionarial del bienestar, por lo que está en vías de perder la propia inteligencia como instrumento para interpretar el mundo y poder actuar sobre él.
La personalidad moderna y “emancipada” es uniformizada según los dogmas de la nueva vulgata que marca un patrón de vida y de comportamiento obligatorio. El trabajo asalariado hace que la mayor parte de la existencia femenina no sea autónoma, sino que esté dirigida por la jerarquía empresarial. Se imponen jornadas cada vez más largas y quehaceres repetitivos, parciales y especializados que impiden comprender la totalidad de los asuntos en los que se implica, con lo que decrecen igualmente su pensamiento creativo y sus habilidades prácticas; además, no permite la toma de decisiones en cuestiones decisivas (ni siquiera las mujeres que ocupan puestos medios en la jerarquía laboral lo hacen). La empresa aspira a acaparar todo el tiempo de la mujer de manera que apenas le queda espacio de vida en la que elegir con albedrío. A la mujer del siglo XXI se le prohíbe o se le impide la maternidad, el amor y la familia, experiencias que son demonizadas por el discurso enloquecedoramente repetido de la propaganda del sistema.
El victimismo y el narcisismo acosan la capacidad de raciocinio y reflexión de la mujer de este siglo, pues quienes se dejan llevar por esas emociones no pueden tener conciencia libre e independiente de las cosas, porque la furia y el rencor nublan la inteligencia. Al haber sido convencidas de que son la víctima de los hombres y que no podrán sacudirse el yugo del patriarcado si no es bajo la tutela del Estado, se tornan flojas, débiles y pusilánimes buscando permanentemente la protección institucional, esperándolo todo del nuevo pater familias estatal.
¿Qué queda de la inteligencia femenina cuando la mujer se deja arrastrar por la dogmática del sexismo político? Muy poco, pues deja de usar su propio entendimiento para resolver los problemas de la vida, los conflictos interpersonales y su propia auto-construcción; para tomar decisiones, elegir su forma de estar en el mundo y de pensar. La inteligencia también es imprescindible para conseguir la fortaleza necesaria y conquistar la libertad básica, por eso la destrucción del pensamiento libre en la mujer es  feminicidio, porque supone la muerte de lo más radical de su naturaleza humana, aniquila la libertad en su forma más esencial, convirtiéndola en un títere, un cadáver humano sin voz ni existencia propias.
Cervantes destaca de la mujer su valía como ser pensante, su capacidad para comprender, comunicar y actuar con albedrío, mientras el feminismo moderno convierte al sujeto femenino en un fantoche, un cuerpo sin alma, un despojo humano. Tal es la mujer ideal elaborada en las alturas por el moderno ser supremo, el Estado; la mujer real del presente se halla en algún punto intermedio entre sus semejantes en la historia pasada y ese prototipo que se impone desde las alturas del poder, más alejada cuanto mayor es la resistencia a los planes estatales. Por ello recuperar la libertad de pensar, de entender el mundo circundante sin tutelas ni supervisión de las instituciones es, por sí, un agente de emancipación, probablemente el más importante de todos, pues supone recuperar la conciencia libre.
Otro elemento que llama la atención es el hecho de que en la novela cervantina las mujeres y los hombres pertenecen al mismo mundo, el diálogo entre la masculinidad y la feminidad es un diálogo entre pares cuya originalidad manifiesta, entre otras particularidades, su personalidad sexuada. La rotunda presencia de la mujer no actúa como factor de conflicto ni antagonismo, no hay resistencia de los varones y la afirmación femenina es socialmente reconocida como un fundamento positivo de la vida comunitaria. Es el respeto, más que la uniformidad igualitarista, lo que prima en las relaciones entre los sexos. Eso permite que la mujer tenga un lugar propio, que su forma diferente y original de expresarse tenga un espacio con el mismo prestigio social que el masculino. Gracias a ello la mujer no ha de negar su feminidad para tener influencia social.
En el presente los sexos han sido separados de forma fundamental; esta segregación impone el desconocimiento mutuo y el mutuo miedo a lo desconocido,  impide el intercambio desde lo característico de cada sexo, es decir, empobrece a los hombres y a las mujeres por igual, aislándoles en un universo sin diversidad ni complejidad, de modo que no entienden al otro sexo, no entienden la realidad exterior ni pueden entenderse y construirse a sí mismos. Respecto a las mujeres del Quijote, la figura femenina del siglo XXI se desdibuja como un ente sin un lugar y discurso propio, ello es la concreción del feminicidio en curso.






[i] Esta frase rotunda refleja la forma real como se produce el matrimonio en las clases populares a lo largo de nuestra historia, un modelo que se inscribe en el ideario cristiano que exige que sean el amor y la libre elección las condiciones del matrimonio. Es ello una peculiaridad de la cultura occidental muy alejada de las grandes culturas patriarcales islámicas y asiáticas. Hoy sigue habiendo miles de mujeres  muertas, y algunos hombres también, en la India, Pakistán y muchos otros países por no respetar el mandato de las familias en cuanto al matrimonio. En la India, por ejemplo, se considera que “una mujer que escoge a su pareja es una puta” (La Vanguardia, 2-10-2011). Es un hecho cierto que la misoginia más fanática deplora siempre la impronta cristiana de la cultura occidental;  una figura señera de la fobia a lo femenino es Schopenhauer quien lamenta “la galantería y la estúpida veneración germano cristiana hacia la mujer”.

[ii] Citado por García Mercadal en “España vista por los extranjeros”, Madrid (1917-1920?).

[iii] Así aparece recogido en el Catastro de Ensenada y, si bien no hemos hecho un estudio exhaustivo de este fundamental documento, es evidente que no es un caso excepcional. Sabemos también por las respuestas generales que en el pueblo de Carreño, en Asturias, se cita a cuatro mujeres tratantes de lino que acarrean, como trajinantes, sus cargas a Castilla. Un estudio riguroso y  desprejuiciado de este excepcional documento arrojaría mucha luz sobre la auténtica posición social de la mujer en el pasado.

Contra la teoría Queer (desde una perspectiva indígena)

Un artículo para pensar, por Nxu Zänä


Contra la teoría Queer
(desde una perspectiva indígena)

Miércoles 27 de octubre de 2010, por Nxu Zänä


En primera instancia deseo aclarar porqué el título especifica “Contra” sabiendo que suena agresivo, no puedo más que decir que el escrito dirá por sí solo que está dirigido a generar una crítica a la teoría queer, pues asumo como varias y varios de sus críticos que en un esfuerzo de generar un discurso y teoría alternativo más bien se convierte en un arma del sistema, de ahí la necesidad de escribir en contra de dicha teoría.

Empezaré por aclarar que soy una mujer indígena que ha tenido la posibilidad de estudiar y leer cosas que una gran mayoría de mis hermanas y hermanos no han podido debido a falta de oportunidades, falta de recursos económicos, en pocas palabras por la opresión de un sistema que nos discrimina, violenta, extermina porque no coincidimos con su forma de concebir el “desarrollo”, el “progreso”, el “trabajo”, el “éxito”, la “explotación de recursos”, así pues nos despojan de nuestras tierras, nuestra voz, nuestras lenguas, nuestras costumbres, nuestras culturas, nuestros entornos ecológicos, nuestros conocimientos para que aprendamos “su” forma de vivir, una forma de vivir que consideran “mejor” a la nuestra, que finalmente es una imposición.

Este escrito surge de la preocupación de observar el avance del mundo globalizado y conocer la teoría queer y el papel que juega en este contexto, por lo tanto mencionaré sólo algunos de los principales supuestos de dicha teoría y el cuestionamiento que le hago al respecto como mujer indígena.

Comenzaré por la autodenominación queer, es sabido que dicha palabra fue usada como un medio de denominar de manera despectiva a homosexuales y lesbianas, siendo que algunos sectores decidieron usarla como una forma de orgullo contra las actitudes homofóbicas de las sociedades anglosajonas, así pues podríamos decir que esto dio el inicio de un movimiento bajo dicha denominación. Por lo que se intenta dar un sentido de rebeldía a la forma de autodenominarse, pues se enfrenta a la sociedad bajo sus mismos términos pero con un aire de orgullo y defensa de su condición despreciada ante los ojos de los “normales”. Bajo dicha apropiación se genera el discurso queer que comienza a cuestionar las identidades y categorías que varios movimientos usamos para la defensa de nuestros derechos, de nuestra forma de vida, de nuestras culturas tales como el género, la clase y la raza argumentando que no debemos usarlas porque finalmente son términos acuñados desde la experiencia histórica y opresiva de un sistema como el patriarcado, el colonialismo, el capitalismo y el racismo.

De manera que deberíamos diluir el ser hombre, el ser mujer, el ser indígena, el ser blanc@, el ser negr@, el ser latin@ o europe@, el ser obrer@, el ser polític@, el ser proletari@ o burgués. En lugar de esto se propone una “hibridación” como una forma de resistencia contra la homogenización globalizante y se enaltece la individualidad con las múltiples variables y diferencias que implica donde la afinidad de intereses sustituya a la identidad.

Al respecto surgen las siguientes preguntas si ell@s marcaron el derecho de autodenominarse queer como una forma de respuesta a la homofobia del sistema ¿por qué a mí y a los pueblos indígenas ha de negársenos la posibilidad de autodenominarnos indígenas? Si finalmente el término “indígena” fue acuñado dentro de un sistema de opresión para diferenciar al hombre blanco europeo civilizado de nosotras y nosotros (situación similar a la apropiación del término queer), por lo tanto tengo y asumo el derecho de retomar la categoría para autodenominarme frente al sistema que intenta dominarme y que es racista, finalmente su acción es equivalente a la nuestra puesto que la palabra queer también deviene de un sistema homofóbico y se inserta su acción en dicho sistema.

Por otra parte, intentar proponer una “hibridación” con la desaparición de las identidades so pretexto de ir en contra de las tendencias homogenizadoras ¿acaso no implica en el fondo lo mismo? La identidad es un proceso dinámico, histórico, cambiante no es lo mismo ser indígena en el siglo XVI en plena invasión europea que serlo en el siglo XXI en plena globalización dentro de un sistema capitalista; nuestras culturas y nuestros pueblos han tenido que aprender a sobrevivir dentro de estos sistemas y generar formas de resistencia contra las tendencias homogenizadoras que pretenden desaparecer las formas sociohistóricas y culturales que subsisten pese a los embates del capitalismo.

Asimismo la identidad a diferencia de lo que los queer piensan no sólo implica un ámbito de la vida, pues el ser indígena no representa sólo un aspecto de mi vida, representa mi vida, nuestra vida: la forma de vivir y concebir a la vida, la historia de mi pueblo, nuestra cultura, nuestra relación con el entorno en que vivimos y nos desarrollamos, con la madre tierra, la forma de relacionarnos entre nosotras y nosotros mismos.

Creo que esta gran confusión sobre la identidad surge porque su lucha la enfocan a un solo ámbito: la sexualidad en lo individual; y porque su lucha se ejerce contra los movimientos feministas, homosexuales y lésbicos creyendo que estos sólo se enfocan en el género y la sexualidad; sin ver más allá y entender que en sus inicios estos movimientos tenían un trasfondo político, económico, social y no sólo como hoy se ve: sexo y sexualidad, preferencias, orientaciones, derecho al placer, siendo que esto sólo es una deformación de los movimientos dada por el sistema y los discursos médicos y comercializadores del cuerpo, del sexo y la sexualidad.

La teoría queer pretende que la afinidad sea un medio de lucha por medio de las diferencias de cada individualidad, así pues pueden existir tendencias queer como tantos queer existen (lo cual es un derechos), pero esto es una falacia pues más bien elimina la posibilidad de la organización colectiva.

Otra situación cuestionable es el hecho de pretender eliminar el ser hombre o mujer, yo soy y me identifico como mujer, si bien no estoy de acuerdo con muchas cosas que me enseñaron sobre el ser mujer tanto en mi cultura de origen como en la sociedad occidental (como el hecho de que tenía que ser madre porque de no hacerlo no me realizaba como mujer, el hecho de imponerme que debía casarme, de que no podía disponer de mi cuerpo, no tener acceso al placer, o que no podía ser independiente sino depender del que fuera mi marido, de que debía dedicarme al hogar, hoy día me permiten trabajar pero además debo cumplir con las labores del hogar por ser mujer, o incluso decirme que debo sentirme atraída por los hombres por que si siento atracción afectiva o erótica por otras mujeres no se considera normal); es decir me impusieron una serie de disposiciones que debía cumplir por el hecho de ser mujer y de no hacerlo sería juzgada, castigada, marginada, estigmatizada y hasta violentada, con esto no estoy de acuerdo pero jamás negaría la realidad de mi cuerpo y lo que conlleva en mi grupo, historia, vida personal y colectiva, porque desecharlo implica negar una realidad y mi experiencia al respecto tratando de abandonarme en una mentira.

Es innegable la realidad biológica aquel que nace macho como todo animal tiene cierto tipo de corporeidad y atributos fisiológicos que son diferentes a las que nacemos hembras, ellos tienen fuerza por su volumen muscular y genitales externos, nosotras tenemos genitales internos y damos a luz por poner el ejemplo más sencillo, si bien esta diferenciación biológica generó una construcción social y cultural de género y sobre todo una división sexual del trabajo (que de fondo ha sido injusta), por otra parte no puedo negar que tenemos biologías y aspectos diferentes lo que no justifica la injusticia y violencia de que somos sujetas las mujeres.

Y yo preguntaría a la teoría queer y aquellos que la sustentan ¿el hecho de eliminar las categorías de hombre y mujer elimina la injusticia en la realidad social? Dudo mucho que eliminar dichas categorías cambien el sistema, porque más bien tendríamos que modificar todo el sistema (cosa de la que no hablan los queer e implicaría una organización colectiva importante) para eliminar la injusticia y violencia que por sexo se ejerce hacia la mujer, eliminar los términos no cambia la realidad de los hechos, ¿acaso por dejar de sentirme mujer no seré violentada, golpeada, secuestrada, violada o explotada sexualmente? y me dirán que eso es sólo un comienzo para reconceptualizarnos, para comenzar a cambiar pero entonces ¿de qué manera haremos el cambio si de principio no reconocemos nuestras diferencias sustanciales que generan injusticia y violencia?

Les pregunto ¿Cómo pretenden cambiar la realidad si pretenden vivir al margen de ella aun dentro de ella? Decirse queer para no reconocerse hombre o mujer, homosexual o lesbiana, indígena o blanca, obrera o política, etcétera no cambia las relaciones sociales en las que se desenvuelven, sólo modifica su propia subjetividad y creo que en lo individual empieza el cambio, más no es el cambio ni conlleva acciones políticas y/o sociales efectivas para un cambio real, sólo se convierte en la creación de un mundo aparte acomodado, finalmente, dentro del mismo sistema que se pretende criticar.

En cuanto a la sexualidad si el sujeto se define por sus prácticas sexuales que configuran a sexualidades no “normativas” entonces como dice la teoría queer lo principal se centra en el juego y el placer eróticos, en ese sentido es que enaltecen la existencia de otras sexualidades diferentes a la heterosexual y aquellas que consideran como “liberadoras” de ahí que hagan tanto énfasis en la bisexualidad, el sadomasoquismo, la “reinvención de la pornografía” porque consideran que son transgresiones dando un protagonismo a la sexualidad como nunca antes se había visto ¿Acaso el sistema en sí no le ha otorgado ya dicho protagonismo a la sexualidad? ¿No sería en ese sentido que más bien van con la dinámica del sistema? Entonces para ustedes la revolución comienza en las prácticas sexuales, nuevamente en lo individual y privado, en las formas de obtener placer ¿por qué enaltecer el uso del dildo, de le penetración anal, de las prácticas sadomasoquistas? ¿sólo porque van en contra de las prácticas tradicionales de la heterosexualidad? Si es así yo diría que más bien son un sector contestatario no una revolución, ya que finalmente la sexualidad sigue siendo (como menciona un autor catalán Oscar Guasch en su libro de la crisis de la heterosexualidad) coitocéntrica (aunque el coito sea oral, vaginal, anal, con los senos, en las nalgas, etcétera) falocéntrica (porque el uso del dildo finalmente es un símbolo del falo y quiere decir que si no lo tengo de todos modos necesito uno porque de lo contrario no está completo el acto sexual) lo que implica que siga centrado en los atributos del hombre y que tiene como obligación el orgasmo (porque de lo contrario no estoy sana o sano). ¿Qué de revolucionario tiene eso? ¿Cuál es el cambio? Sólo es una diversificación mercantilizada de la sexualidad por lo tanto es y está dentro del sistema no fuera de él como se quiere creer y cómo nos quieren hacer creer.

Si la teoría queer y sus seguidores pretenden que me deshaga de mi identidad como indígena y como mujer puedo con toda razón decirles: ustedes son un arma del sistema, una corriente ideológica que promueve la globalización, la herramienta de la homogenización pues como menciona Susana López los queer cumplen la función final de penetrar los cuerpos marginados hasta: “legitimarlos y anexarlos a las mismas instituciones que forman los pilares del dispositivo de sexualidad. Para los queer la vida personal está sexualizada, y también lo está la política y la economía, y ellos no la desexualizan, sino que proponen otra alternativa sexualizada a lo que ya existe. No se produce por lo tanto, una ruptura real, sino que esa alternativa se incorpora a la scientia sexualis…”

Si consideran que “lo personal es político” y que por tanto traer la sexualidad al espacio público para reivindicar a las sexualidades marginadas y conseguir la emancipación y subvertir la cultura me parece que ello es erróneo porque de fondo consideran que practicar el sexo (entendido como prácticas sexuales) es practicar política y que en consecuencia cada vez que ejercen prácticas no normativas están haciendo una subversión del sistema como forma de resistencia que llevaría al cambio social, la pregunta sería ¿cómo hacer un cambio colectivo cuando su ideología y prácticas sólo competen al ámbito privado estrictamente: al deseo, al placer individual?

Si no existe identidad y el movimiento se basa en el deseo y placer individual ¿la lucha se constituye con la afinidad de prácticas sexuales privadas diferenciales sólo por ir en contra del sistema normativo? ¿cómo puede esto ser un cambio social real y de fondo? ¿cómo se pretende vincular a los “individuos” para generar estrategias de cambio reales?

Finalmente otro problema grave que considero es que jamás se retoma para el análisis el contexto histórico, político, social, económico, cultural actual porque lo queer se queda en la subjetividad de cada individuo y su lucha personal en el ejercicio del deseo y del placer en afinidad con otros individuos que no comparten identidades, sólo la afinidad de prácticas sexuales no normativas; por tanto consideran que la organización colectiva es imposible y sin sentido, sólo se pretende reivindicar derechos individuales no colectivos y es aquí donde nuevamente afirmo que esta postura es un fiel reflejo del neoliberalismo y su antecedente el liberalismo en la búsqueda y enaltecimiento del individuo por encima de las colectividades, asimismo conduce a la fragmentación y el rompimiento de las resistencias y movimientos pues las identidades implican el reconocimiento de las comunidades, atacar por tanto a las identidades genera el ataque a las comunidades, a la organización, a los movimientos, a las luchas sociopolíticoeconómicas y culturales, a las luchas históricas.

Así pues, la generación de la teoría queer contribuye a la generación de un saber que forma parte de los juegos de poder del sistema en el rompimiento de las comunidades e identidades. En contra de las mujeres, las y los indígenas del mundo, las y los obreros, las y los campesinos, las lesbianas, los homosexuales, las feministas, los sindicatos, en fin la teoría queer se convierte en el arma ideológica neoliberal perfecta basada en la individualidad y el placer promoviendo además una forma mercantilizada de la sexualidad que resulta opresiva, nuevamente, para la mujer, las y los niños, las y los adolescentes, facilitando el camino para una nueva opresión y explotación de los sexos y géneros. Y de paso servir como forma de desarticulación, desprecio y estigmatización de los movimientos de todo tipo, en especial contra nosotros: las y los indígenas.

Por eso como mujer e indígena escribo CONTRA la teoría queer con la esperanza de que quien lea esto reflexione y haga una crítica severa de esta teoría y sus postulados, con la esperanza de que quien se autodenomine queer haga una autocrítica al respecto.

Nxu Zänä


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"El tiempo se hunde en decadencia
como una vela consumida,
y a las montañas y bosques
les llega el día, les llega el día;
pero tú, amable turbamulta antigua
de los estados del ánimo nacidos del fuego,
tú no desapareces."

W. B. Yeats, 1893