“El alma humana tiene necesidad de verdad y libertad de expresión” Simone Weil

"Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras” Juan de Yepes

Hacia una erótica de la experiencia. Entrevista a Eva

HACIA UNA ERÓTICA DE LA EXPERIENCIA.
ENTREVISTA A EVA


Después de la entrevista a Claudia recuperamos el acopio de experiencias que nos acerquen a la realidad de la erótica en nuestros días. Eva, me ofreció hablar de sus vivencias y ella misma se presenta y contesta a mis preguntas con total sinceridad.

HABLA EVA:

Me llamo EVA, soy española y vivo en Barcelona.

Cuando Prado me informó del proyecto de hablar sobre el erotismo como experiencia, enseguida me interesó, pues eso suponía reflexionar y  razonar algo muy importante pero para el que no hay un espacio en nuestra vida. El  erotismo cada día está más ausente de nuestras vidas, probablemente porque es un espacio de libertad y unicidad, y este es un mundo de esclavitud, uniformidad y borreguismo.

Al final de los años 70 un chico puso una cámara de vídeo escondida en las escaleras del Metro de París que filmaba de abajo a arriba. La cinta mostró que muchas mujeres que llevaban faldas usaban medias con ligueros y no llevaban bragas. Aquella anécdota me encantó. Me imaginé a todas esas mujeres yendo a trabajar pero con el cuerpo dispuesto a disfrutar sensualmente. Qué listas, pensé. La literatura erótica tiene en el país galo una larga tradición, y no es soez ni obscena, sino que puede ser elegante y muy excitante. Personalmente, siempre me ha gustado tener a mano alguna novela erótica, pero en francés. En español no me resulta tan sugestiva, no sé, manías.

Algo que sólo acontece en la intimidad de la cama, mi lugar favorito. El coche, un ascensor, un cine, un camino perdido en un monte del País Vasco, un columpio,  la oscuridad de un aparcamiento, la mesa de la cocina y hasta un rincón del museo de arte abstracto de Cuenca han sido espacios de electrización erótica que guardo como tesoros en mi memoria de los polvos de estrellas, pero la intimidad de las sábanas no tiene rival, ese espacio mágico, cálido, envolvente, en el que nacemos, amamos y morimos.

Me ha costado muchos años comprender que el sexo puede ser satisfactorio sin llegar al orgasmo. Lo decía, pero no lo pensaba, en el fondo cuando yo o mi pareja no alcanzábamos el orgasmo sentía que de alguna manera, la relación era incompleta. Que en el fondo no lo habíamos logrado plenamente. Ahora, con el tiempo, y el descenso de mi deseo sexual, he finalmente sentido  satisfactorias unas relaciones sin coito y sin orgasmo, aunque si tengo que elegir, prefiero llegar porque todo mi cuerpo recibe una descarga eléctrica que me deja suave y rendida. Curioso, una descarga eléctrica que me descarga de la tensión. El cuerpo es misterioso.

P. E.: Háblame de las fuentes de inspiración de tu vida erótica.

Se suele decir que el sexo es mental, y doy fe de ello. Por supuesto que un amante que sabe acariciar el clítoris con sutileza será mucho más excitante que los que lo tocan mecánicamente, pero al final, es la película que tengo en la cabeza la que me llevará a la excitación máxima. Y en mi caso, estas películas suelen ser escenarios de transgresión. Sí,  transgredir el orden moral establecido es muy excitante para mí. Mis fantasías eróticas son tan políticamente incorrectas que soy incapaz de describirlas. Incluso desde el anonimato que me brinda este lugar. Apenas me atrevo a apuntar que tratan de esclavas y esclavos, orgías en villas romanas o en monasterios, mujeres azotadas y torturadas sofisticadamente, zoofilia... El Marqués nunca anda lejos.

Pero el origen de mis fantasías eróticas no ha sido la literatura erótica, sino que he encontrado en ella el eco que ya estaba en mí. Por cierto, los videos pornos son bastante malos. Hubo una época que buscaba algo diferente, y era muy difícil. Casi todos están claramente rodados para satisfacer a los espectadores, mientras nosotras no contamos. Hasta pensé en dedicarme a escribir guiones pornos, tan penosos, feos y repetitivos me parecían todos! jaja!

Muchas veces me he preguntado cómo puede ser que mis fantasías sexuales sean tan violentas si en la vida real la agresión y la violencia sobre las personas me descomponen. También debo señalar que soy incapaz de soportar esas torturas en mí misma. Simplemente las imagino, y lo que es más curioso, es que la mayor parte de las veces en estas imaginaciones yo soy un hombre que somete a esas mujeres imaginarias. La mente es un auténtico misterio. Bueno, todo es un misterio! El cosmos, la energía, la vida, el erotismo…

He estado muy culpabilizada por estas fantasías, avergonzada por tener una mente “retorcida” hasta que por fin he comprendido que así es mi mundo interior en ese ámbito, y que mi juicio sobre ello no cambiará nada. Creo que debemos aceptarnos como somos. Y que es un mundo mental, pues jamás podría someter a nadie a semejantes vejaciones.

Finalmente,  he llegado a pensar que estas fantasías sadomasoquistas son heredadas de mis vidas anteriores. Es como si en otra vida hubiera sido  un hombre que practicaba todas esas cosas. También creo que en la prehistoria, hombres y mujeres en la penumbra de las cavernas practicaban sexo en grupo;  pero no era sexo, como lo entendemos nosotros, era más bien un ritual de comunión, pues ellos estaban mucho más cerca de lo mágico, de lo sagrado que nosotros que practicamos un sexo egotista y carnal, completamente desvinculado del misterio de la vida.

P. E.: ¿Cómo ves la situación sexual de las mujeres hoy?

No puedo contestar a esta pregunta, no tengo información. Las mujeres de mi edad que tengo a mi alrededor suelen estar separadas y sin pareja. Supongo que recurrirán a la masturbación, pero no es un tema del que yo hable con ellas. Si no surge, yo no lo provoco. Hace unos años, hablando con una vecina de unos 35 años sobre los métodos contraceptivos, le dije que yo utilizaba el diafragma. Para las que no saben lo que es, lo recomiendo: es como un sombrerito de plástico que se coloca con crema espermicida  en el fondo de la vagina, sobre el cuello del útero justo antes de la penetración. Se retira a la mañana siguiente, se lava, se seca y se guarda con talco en su cajita. No se nota y al menos no está el pene envuelto en plástico… Bueno pues cuando le expliqué lo que era, me dijo  que qué horror, que ella no se metía los dedos en la vagina nunca. Tenía tres hijos. Los miré y pensé en el camisón con agujero… Creo que podrías lanzar una encuesta entre tus lectoras para que nos enteremos de lo que pasa de verdad. Sospecho que la vida sexual en este país es muy pobre y está llena de frustraciones.

P. E.: La monogamia como opción tiene fama de ser una opción segura pero aburrida ¿Cómo la vives tú?

Gracias por utilizar el término monogamia, porque se suele confundir con fidelidad. Puedes ser fiel y polígamo. Puedes ser monógamo e infiel. La fidelidad tiene que ver con la claridad en tu compromiso y cumplir con lo pactado. Si tienes varios compañeros sexuales y tu pareja lo sabe, eres fiel. Fiel a tu palabra.

Hay personas que dicen tener una pareja abierta pero luego se encelan si ven que su pareja se interesa mucho por la otra persona… Se mienten, no son claros, luego son infieles de alguna manera porque anuncian libertad y luego no la hay. Es muy difícil no ser posesivo, la verdad que Claudia me ha parecido una mujer muy impresionante, de gran templanza, fortaleza y claridad.

He tenido varias parejas, y algunas  han durado mucho. Aunque haya tenido algún amante esporádico mientras estaba en pareja, siempre lo he vivido como una gran traición, pero luego entendí que esta aventura se debía a una carencia. En general puedo decir que siempre he sentido que mi vida sexual era satisfactoria dentro de la monogamia, que yo entiendo como la entrega plena, incondicional a una persona con la que comparto la parte más secreta de mí. Cuando he tenido aventuras estando en una relación estable de pareja, cuando estaba en brazos de uno, pensaba en el otro, y viceversa, y encima con la losa de la culpa. Aquello se convertía en una pesadilla, no tenía ninguna gracia!

No creo que la monogamia sea una “opción”, no se elige. Lo eres, y ya está. Como contaba Claudia en su entrevista, ella lo es pero su pareja no.  Lo que es aburrido no es la monogamia, es estar con una persona aburrida a la que no deseas, y que tampoco te desea. Creo que ese aburrimiento es el resultado del miedo: la gente se queda en la misma pareja por miedo a la separación,  a la soledad y todo lo que viene detrás.

Cuando era joven creía que la atracción sexual desaparecía a los dos años de relación, pues era lo que me había pasado. Pero luego conocí a una persona que ha sido mi gran compañero sexual durante más de 35 años… Es algo muy especial. Es un tipo de monogamia en el tiempo. Nos conocimos, nos separamos, nos casamos, nos separamos de aquellas otras parejas, nos volvimos a reencontrar, y nos volvimos a separar, luego nos reencontramos…y así hasta hoy,  esto no tiene fin. Como comprenderás, esta monogamia no es nada aburrida… jajaja!! Y la verdad, en la historia de mi vida erótica está él, y todos los demás. Ni color.

Me siento muy afortunada por haber tenido esta vida erótica tan colorida y llena de sorpresas.

P. E.: Podríamos llamarlo entonces una experiencia de renacimiento o reencuentro pertinaz a lo largo de la vida ¿qué aportan los entreactos a tu centro erótico?

Qué bonita expresión, mi centro erótico… Sí, este hombre es mi centro erótico, es un maestro. Cuando hace el amor, todo su ser está atento, conectado, como en trance. Intuye, presiente, comprende, cambia, inventa…No hay dos veces iguales, no tiene trucos, ni técnicas que aplica desde el pasado, sino que  actualiza su saber adaptándolo al momento presente. También me dice que sólo le pasa conmigo, pues esto es algo que se hace y construye de a dos.

Los entreactos me han servido para ver con más claridad lo que él es para mí, lo que me gusta. Las comparaciones no son odiosas, son necesarias, fundamentales. Son la base de nuestro conocimiento. Si no comparas no sabes si algo es alto o bajo, dulce o salado… Esa frase hecha es tan estúpida como decir “sobre gustos no hay nada escrito”. Sobre el gusto hay escritas bibliotecas enteras, otra cosa es haberlo leído…

Los entreactos son experiencias que permiten comprender mejor quién soy, dónde estoy, donde quiero estar y donde no. Sospecho que las personas que se casan con su primera pareja y les son fieles hasta la muerte carecen de curiosidad, o tal vez tengan miedo.

P. E.: Habéis tenido muchas crisis, ¿Qué aportan a la experiencia amoroso-sexual?

Las crisis se deben a etapas de crecimiento personal. Es difícil que dos personas se desarrollen al mismo ritmo. Nuestra primera crisis ocurrió cuando éramos veinteañeros. Toda la iniciativa que tenía en lo erótico era la que le faltaba en la vida real, ámbito en el que lo veía extremadamente dependiente e inactivo. Eso me alejó de él. Cada uno tuvo sus historias, sus parejas y sus hijos, pero cuando de vez en cuando nos veíamos, aquello era un terremoto! Es como si necesitáramos vivir aquellas experiencias al margen de nuestra invisible unión para seguir nuestro camino vital, que yo vivo como un camino de fortalecimiento y afianzamiento de nuestro ser interior.

El segundo alejamiento se produjo por algo semejante: sentía que a medida que yo iba buscando, indagando, estudiando, él se encerraba más y más en su rutina existencial y se iba vaciando de sí mismo. Esta segunda crisis provocó en él una profunda convulsión y una toma de conciencia que, al cabo de un tiempo, nos ha vuelto a unir. Es como si uno fuera caminando, el otro queda rezagado y, cuando ya no se le ve y lo dabas por perdido, echa a correr, te alcanza y te vuelve a dar la mano. Cada uno tiene su ritmo y compás.  Cuando te vuelves a unir después de una separación es emocionante. Vuelve a aparecer el deseo y, como cada uno está más consciente de quién es y lo que quiere, la relación es más profunda, más sincera, más íntima, más madura.

P.E.: Un resumen y un consejo.

Para los orientales, el símbolo del amor es el tallo de loto porque cuando lo quiebras, las dos partes siguen unidas por unos filamentos que, por mucho que tires y tires, siguen alargándose uniendo las dos partes sin fin. Cuando lo ves no te lo puedes creer: tiras y tiras y no se rompe ni se acaba,  y te preguntas ¿de dónde sale todo ese hilo?

Las relaciones no se acaban, todas esas personas amadas están de alguna manera ahí, en nuestro corazón, unidas eternamente a nuestras vidas. Y es importante aceptar ese vínculo eterno como parte de nuestra historia vital. Solemos decir “me equivoqué”, “fue un error estar con esta persona” pero no hay equivocación. Si lo hicimos es porque no podíamos hacerlo de otra manera, no había elección, necesitábamos vivir esa experiencia. Juzgarnos nos lleva al rechazo de lo que somos y nos divide entre el que juzga y el que es juzgado, convirtiéndonos en verdugos de nosotros mismos. Sólo aceptando lo que somos no uniremos a quienes somos, y podremos encontrar la armonía. Querer cerrar la puerta, borrar definitivamente una vivencia sentimental parte de una condena de lo que somos, un renegar de lo que hemos hecho, eso, además de no servir para nada, nos puede enfermar.

Recuerdo una amiga mía que se separó del padre de sus hijos, me decía que le odiaba tanto que deseaba su muerte. Al cabo de un tiempo la tuvieron que operar de los riñones, pues los riñones son los órganos donde se sitúa nuestra relación de pareja, por eso son dos. (ver La enfermedad como camino, Dethlefsen y Dahlke)

Mi experiencia me ha enseñado: sé sincera contigo misma; sé clara con tu pareja; permítete sentir lo que sientes; no le eches la culpa al otro de lo que te pasa; acepta lo que has hecho y lo que deseas como parte de ti, y no te juzgues; no temas la curiosidad, la investigación, la soledad ni la separación; si no tienes una vida sexual satisfactoria con tu pareja, investiga en tu corazón por qué estás con esa persona, acéptalo y actúa en consecuencia.

"Pornografía y obscenidad". El erotismo en D. H. Lawrence

"Pornografía y obscenidad".
El erotismo en D. H. Lawrence





Publico extractos del texto de D. H. Lawrence, "Pornografía y obscenidad" (1928). He decidido hacerlo sin incluir comentarios aunque tal vez lo haga más adelante, me parece un trabajo que merece la pena meditar sin prejuicios ni gazmoñerías. Una reflexión fascinante sobre el erotismo como experiencia trascendente de la vida humana.

No haré una digresión sobre el conjunto de la obra de Lawrence, en la que no soy una experta, ni sobre la totalidad de su pensamiento, pero este texto me ha conmovido profundamente por su carácter profundamente singular y experiencial y por la extraordinaria vigencia de muchas de sus apreciaciones, por ello lo considero una lectura valiosa.

"Por más enérgicamente que pretendamos negarlo lo cierto es que a todos nos resulta más bien agradable un discreto estímulo de la sexualidad. Nos hace entrar en calor, nos vivifica como un rayo de sol en un día gris. Esto sigue siendo verdad para la mayoría de la gente a pesar de una o dos centurias de puritanismo. Lo que sucede es que los hábitos de la multitud que condenan cualquier alusión al sexo son demasiado fuertes para que podamos admitir ese hecho con naturalidad. De donde se deduce que hay mucha gente genuinamente asustada ante los más simples y más naturales estímulos que inducen sentimientos sexuales. Estas gentes son renegados de su especie que han caído en el odio a sus congéneres; son frustrados, decepcionados, y de ellos, ay, nuestra civilización nos ofrece innumerables ejemplos. Y casi siempre utilizan, del modo más secreto, alguna forma antinatural y complicada de excitación sexual.
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El sexo es un poderosísimo estímulo, benéfico y necesario en la vida del ser humano, y nos sentimos agradecidos cuando percibimos que nos baña su oleaje cálido y natural, de efectos tan similares a los de la radicación solar.

Todo ello nos permite descartar que el sex appeal constituye en el arte una forma de pornografía. Quizás lo sea para los grises puritanos, pero estos son hombres enfermos, enfermos de cuerpo y de alma ¿Por qué, entonces, tienen que incomodarnos sus alucinaciones?
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¿Cuál es la consecuencia de la pornografía? ¿Qué efectos produce en el individuo?

Los efectos que produce en el individuo son múltiples, y siempre perniciosos. Pero hay uno que quizás sea inevitable. La pornografía de hoy, sea la de los comercios de artículos de goma, sea la de las novelas, films u obras de teatro populares, es un permanente estimulante del vicio solitario, onanismo, masturbación o como quiera llamársele. En jóvenes y viejos, hombres o mujeres, muchachos o niñas, la moderna pornografía es la provocadora directa de la masturbación. No puede ser de otro modo. Cuando los hombres grises se lamentan de que un hombre joven y una mujer joven tengan relaciones sexuales, ellos se están lamentando por el hecho de que ese hombre y esa mujer no se alejen uno de otro para masturbarse. El sexo debe tener salida de algún modo, especialmente en los jóvenes. Por lo tanto en nuestra gloriosa civilización, tiene salida en la masturbación. Y la gran masa de nuestra literatura popular, el gran volumen de nuestras diversiones populares, existen precisamente para inducir a la masturbación. La masturbación es el acto más absolutamente privado del ser humano, más privado aún que el acto excrementicio. Es una consecuencia funcional de la clandestinidad sexual, inducida y provocada por nuestra magnífica literatura popular de bonita pornografía, la frota el sucio secreto sin que nadie se entere de lo que está sucediendo.

Ahora bien, he oído a algunos hombres, entre ellos maestros y clérigos, recomendar la masturbación para resolver problemas sexuales de otro modo insolubles. Tal decisión es, al menos, honrada. El problema sexual está allí, por más que se lo quiera ignorar. Está allí, y, al estar sometido al edicto de la clandestinidad, y declarado tabú por los padres, madres, maestros, amigos y enemigos, ha encontrado su propia salida, la masturbación.
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Ninguno de nosotros puede cerrar los ojos por más tiempo a la existencia concreta de la masturbación en jóvenes y viejos, en hombres y mujeres. Los guardianes morales están preparados para censurar cualquier expresión franca y pública de lo sexual, tienen el deber de presentar su única justificación y declarar: "preferimos que la gente se masturbe". si esta preferencia se declara públicamente, entonces quedan justificados los procedimientos de censura existentes. Si los guardianes morales prefieren que la gente se masturbe, entonces su conducta actual es correcta, y todos los entretenimientos populares cumplen perfectamente su misión. Si la relación entre los sexos es considerada pecado mortal, y la masturbación resulta comparativamente pura e inofensiva, entonces todo está bien como está. Dejemos que las cosas sigan su curso.

Pero ¿es realmente la masturbación tan inofensiva? ¿Es acaso comparativamente más pura e inofensiva? No lo creo. Aunque en los jóvenes cierta dosis de masturbación es inevitable, no por eso puede considerársela natural. Creo que no hay muchacho o muchacha que se masturbe sin un sentimiento de vergüenza, angustia, humillación e inutilidad. Es el corolario inevitable de la excitación. Ese sentimiento de inutilidad y humillación .... prosigue y prosigue hasta la vejez, a despecho del matrimonio o de las relaciones amorosas.
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El gran peligro de la masturbación reside en su índole claramente agotadora. La relación sexual se caracteriza por un dar y recibir. El estímulo autóctono que se da, queda compensado por un nuevo estímulo que se recibe. Se incorpora entonces algo totalmente nuevo, una vez que la vieja sobrecarga es eliminada. Y esto sucede en toda relación sexual en la que intervienen dos seres, aún en los casos de homosexualidad. En cambio en la masturbación solo hay pérdida. No hay reciprocidad. Se produce una expulsión de cierta carga de energía sin que haya retorno. El cuerpo queda, en cierto sentido, como un cadáver, después del acto solitario. No hay intercambio, tan solo agotamiento. Corresponde designarla como pérdida absoluta; lo que no acaece en cualquier relación sexual entre dos personas. Dos personas pueden destrozarse una a otra en el curso de sus relaciones, pero jamás puede producirse el efecto nulo de la masturbación.
El único aspecto positivo de la masturbación es que parece dar escape, en alguna gente, a cierta energía mental. Pero es una energía mental que se manifiesta siempre del mismo modo, en un círculo vicioso de análisis y crítica impotente, o si no, en un círculo vicioso de falsa y superficial simpatía, de sentimentalismos. El sentimentalismo y los análisis minuciosos -muy a menudo autoanálisis- de la mayor parte de nuestra moderna literatura son un signo del vicio solitario. Este exponente de la masturbación es una especie de actividad de la conciencia estimulada por el vicio masculino y femenino. el rasgo característico de tal estado de conciencia es que carece de verdadero objeto, existe solo en el sujeto... El autor nunca escapa de sí mismo, da vueltas y vueltas dentro del círculo de su propia interioridad. apenas hay algún escritor viviente que logre desprenderse de de ese círculo vicioso, y otro tanto ocurre con los pintores. De ahí la falta de creación, junto con la asombrosa magnitud de la creación. Son las consecuencias de la masturbación dentro del círculo vicioso del yo. Constituye una autoabsorción que adquiere estado público.

Por supuesto es un proceso de agotamiento. La verdadera masturbación del ciudadano inglés comenzó solo en el siglo XIX. Desde entonces ha producido el creciente proceso de evacuación de la verdadera vitalidad y del verdadero ser del hombre, de modo tal que hoy las personas apenas son algo más que envolturas de personas. Se han perdido casi todas las respuestas, se ha perdido casi toda lucidez, se ha perdido casi toda actividad constructora... Encerrado en el círculo vicioso de sí mismo, sin contactos vitales con el exterior, el ser se vuelve cada vez más vacío, hasta que llega a lo nulo, a ser nada.
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El sentimentalismo es un signo indudable de pornografía. ¿Porqué "la tristeza traspasa el corazón" del viejo caballero solo a causa de que la doncella es pura y hermosa? cualquiera que no fuera masturbador se habría alegrado y pensaría: "¡Qué linda novia para un hombre de suerte!" Pero, no, no puede pensarlo; el masturbador pornográfico encerrado en sí mismo. A él la tristeza tiene que atravesarle su puerco corazón. Al diablo con esa clase de lírica amatoria, estamos hartos de su veneno pornográfico que hace cosquillas en el sucio secretito mientras sus ojos se elevan al cielo.

Pero si se trata de auténtica lírica amatoria ... entonces nuestra posición es otra... solo cuando ella no es pura, pura como un lirio.
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¿Cómo mostrar la salida? Hay un solo medio: ¡Afuera el secretito! ¡No más clandestinidad! El único medio de eliminar la terrible comezón mental del sexo es darle, simple y naturalmente, estado público ... el hombre que exclamó a su exasperante hija: "Hija mía el único placer que me has dado es el que tuve en el momento de concebirte", hizo mucho por liberar a ambos, a sí mismo y a ella, del sucio secretito.
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El infeliz  amor "libre y puro" de tanta gente que ha tratado de neutralizar el sucio secretito  desinfectándolo con palabras científicas tiende a ser más patético aún que el amor corriente que soporta el sucio secretito. El peligro está en que al anular el sucio secretito se anula con él la dinámica misma del sexo, dejando solo el mecanismo científico y deliberado.
Esto les pasa a muchos de los que han llegado a ser severamente "libres" en la esfera sexual; libres y puros. Solo han logrado intelectualizar lo sexual hasta convertirlo en nada, en nada más que una cifra mental. Y el resultado último es siempre desastroso.

Lo mismo pasa, y aún en mayor proporción con los bohemios emancipados... el bohemio es un liberado sexual. El sucio secretito ya no es secreto ni para él ni para ella. En efecto, el secreto se ha hecho público a gritos. No hay nada que teman decir: se revela todo lo que es posible revelar. Y hacen lo que quieren.

Y después ¿qué Han aniquilado aparentemente el sucio secretito, pero de algún modo han aniquilado todo lo demás. Y a pesar de ello, alguna suciedad sigue todavía adherida: lo sexual continúa siendo sucio, lo único que ha desaparecido es la emoción de lo clandestino. De ahí la terrible melancolía y depresión que caracteriza a la bohemia moderna, y la íntima melancolía y vaciedad de tantos jóvenes de hoy.
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Aquí tenemos pues una de las causas de la depresión en los jóvenes: el reinado público de la mentira melosa, de la pureza y del sucio secretito; que todos ellos ya han expulsado en privado. .. los jóvenes siguen encerrados y aprisionados dentro de la gran mentira pública propia de los hombres grises. De ahí los excesos, las extravagancias, la histeria, y además la debilidad, la endeblez, la patética inania de la moderna juventud. Todos están como en una prisión, la prisión de la gran mentira en una sociedad de adultos mentirosos. Y esta es una de las razones, tal vez la más poderosa, que explica porqué el torrente sexual se está agotando en los jóvenes, porqué va desapareciendo la genuina energía.
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La segunda razón por la que la efusión sexual se va agotando está en que los jóvenes, a pesar de su emancipación, todavía se encuentran encerrados dentro del círculo vicioso de  la masturbación subjetiva... Los bohemios más emancipados, aquellos que más alarde hacen de lo sexual, están todavía completamente pendientes de sí mismos, y encerrados en un círculo de la masturbación narcisista, hasta pueden llegar a tener menos sexualidad que los hombres grises. Toda la sexualidad la tienen metida en la cabeza. Ni siquiera les queda el refugio de un sucio secretito. su sexualidad es todavía más intelectual que su aritmética y, desde el punto de vista de una criatura concretamente viva, son más inexistentes que los espectros. El bohemio moderno es, en efecto, algo así como un fantasma que no llega a ser Narciso, sino la imagen de Narciso reflejada en el rostro de los espectadores.
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Aunque usted haga desfilar sus problemas sexuales en público no logrará destruir el sucio secretito... Aunque llegue a alcanzar un estado de completa indiferencia e inopia sexual, tampoco así se destruirá el sucio secretito. Y viceversa, se puede ser el más airoso y apasionado Don Juan de nuestros días, y a pesar de eso el núcleo del  espíritu seguirá siendo el sucio secretito. Lo que quiere decir que en ningún caso se abandona el círculo masturbo-narcisista, el círculo vicioso del encierro en sí mismo...Y mientras en usted exista el círculo vicioso del masturbatorio encierro en sí mismo el sucio secretito actuará como  núcleo. Por esa razón los jóvenes sexualmente más emancipados del presente son los que se encuentran quizás más fatal y neuróticamente recluidos  dentro del encierro masturbatorio del yo. Y no manifiestan una verdadera  voluntad de salir de ese estado, porque no ha quedado en ellos nada que pueda salir.
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Hoy prácticamente todo el mundo está pendiente de sí mismo y es prisionero de esa conciencia de sí. Estas son las felices consecuencias del sucio secretito. enormes cantidades de gentes no desean salir de la cárcel de la conciencia de sí mismos, porque les ha quedado muy poco con qué salir. Pero es seguro que alguno quiere realmente escapar de la condena del autoencierro que es la condena de nuestra civilización. No hay duda de que existe una altiva minoría que quiere, de una vez por todas, librarse del sucio secretito.

Y para lograrlo hay que luchar, en primer término, contra la mentira sentimental de la pureza y contra el sucio secretito, en cualquier parte que se los encuentre, tanto de uno mismo como del mundo exterior...Significa una lucha hasta el último suspiro porque la mentira es ubicua.
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Si mi vida individual ha de estar encerrada dentro de la enorme y corrompida mentira de la sociedad de hoy, la mentira de la pureza y el sucio secretito, entonces tampoco tiene valor para mí. Ser libre es la mayor de las realidades. Pero significa, por encima de todo, liberarse de las mentiras. Significa , en primer término, liberarme de mí mismo, de la mentira de mi importancia exclusiva hasta para mí mismo: significa liberación de estar pendiente de mí mismo, del elemento masturbador que personifico en mí mismo".

Lo nuevo y lo femenino

LO NUEVO Y LO FEMENINO.

“¡Triste "hoy" que anhela el "mañana" para trocarlo en "ayer"!”
Pedro Antonio de Alarcón


Este artículo fue publicado en el libro "Reflexiones sobre el 25-S". Lo publico aquí con algunas modificaciones.


Lo cierto es que el sistema de dominación ha colocado entre los puntos centrales de su estrategia conquistar a la mujer para su causa, o, cuando ello no es posible, simplemente destruirla como mujer y persona, proyecto que está en un grado de consecución muy alto en el presente. El régimen actual se refunda a través de estas operaciones que incorporan nueva savia a sus estructuras, le dan legitimidad y le permiten fagocitar el entusiasmo que suscita en los sectores victimizados la falsa emancipación tutelada. Así está utilizando a las mujeres como correa de transmisión de sus proyectos, al igual que lo hiciera el sistema patriarcal decimonónico con los hombres.
Si para el poder es cardinal ganar a las mujeres, mucho más lo es para cualquier proyecto de regeneración social; todo movimiento que no sea capaz de atraer la energía femenina a su causa está, por definición, condenado al fracaso. No puede haber una subversión de las instituciones ilegítimas de poder si no hay integración de los sexos, esto es, si se consuman la división social por géneros y el gravísimo desequilibrio entre mujeres y hombres en las luchas.
Por eso, ignorar la “cuestión femenina” o reducirla a un punto en el programa denunciando la “desigualdad de género y políticas patriarcales” es un desatino si no una majadería, pues lo constatable es que las mujeres se han movilizado en las tareas que les asigna el sistema, mientras están paralizadas en todo aquello que busca la subversión de las estructuras de opresión social. Las consignas anti-patriarcales son una apostilla que manifiesta el machismo residual de quienes las usan, que las incluyen por puro paternalismo pero las contemplan como una concesión a lo trivial y poco significativo, las “cosas de mujeres”, lejos de comprender el carácter estratégico que la cuestión femenina tiene en nuestra época y que significa que los  hombres y mujeres que deseen una revolución regeneradora deben tomarlo como uno de los ejes de su actividad.
Los que deseamos comprometernos con un ideal de renovación social integral e integrador que ponga fin a la sociedad de la maximización de la opresión, necesitamos entender los motivos de la parálisis femenina en las luchas, pero sobre todo las causas del ascenso de la participación de la mujer en los proyectos del Estado y el capitalismo, un asunto cuya intelección se me antoja especialmente difícil.
Muchos piensan que esa escasez de mujeres en los indigentes movimientos de masas del presente (tan tristes que no pueden, en puridad llamarse ni movimientos pues solo las subvenciones los mantienen en pie) tiene que ver con el rechazo de la violencia por parte de las féminas, algo que está inscrito en nuestra psique y es consustancial a nuestra biología. No es un argumento aceptable. Nada hay en nuestra naturaleza singular de mujeres que nos incapacite para tomar parte en los choques más duros del conflicto social. Que las mujeres pueden ser tan violentas como los hombres es un hecho constatable cada día en la vida social, y que lo pueden ser tanto personal como institucionalmente se comprueba en que el contingente femenino en el ejército español (y en prácticamente todos los del planeta) es cada vez mayor y más eficaz.
En nuestra historia la concurrencia femenina en los momentos más ásperos de la lucha contra el poder establecido ha sido la norma y no la excepción; un ejemplo significado y admirable, sucedido en Madrid, fue el conocido como “Motín contra Esquilache” en marzo de 1766 en el que miles de madrileños y madrileñas asaltaron instalaciones castrenses, protagonizaron choques violentísimos y pusieron en jaque durante varios días al poder constituido. Tan alta fue la participación femenina, tan briosa y vehemente su acometividad hacia las fuerzas de orden, que un narrador anónimo las llamó “amazonas arrabaleras”. Las mujeres no solo participaron en las asambleas populares que se realizaron en diversas partes de la ciudad durante los días  que duró la insurrección, sino que llevaron a cabo acciones tan heroicas y arriesgadas como los hombres y se llegaron a constituir escuadrones femeninos que hicieron un desfile triunfal por la calle Atocha[1][1]. En la mayor parte de las situaciones históricas de conflagración violenta en las que tomó parte activa el pueblo la mujer fue parte viva y sustantiva de la acción; lo fue, por supuesto, y con especial relevancia, en las guerras antinapoleónicas en las que actuaron con tanto arrojo y valentía como los hombres, algo que asombró y espantó a los franceses que consideraban antinatural luchar contra mujeres[2].
Por lo tanto, de asumir como una realidad que las mujeres rechazan implicarse en los momentos de violencia y arriesgarse o ponerse en peligro por un ideal, tendríamos que concluir que ese es un ingrediente de la personalidad femenina moderna y no de la tradición, y que está restringido a ciertos sectores de mujeres, las que pertenecen a las clases subalternas y no participan de las instituciones del Estado y del poder, pero no actúa sobre las que forman parte de sus ejércitos, policías y jefaturas políticas, económicas, militares y burocráticas, lo que demuestra que la personalidad femenina ha sido sometida y maniatada con especial virulencia en nuestros días mucho más que en el pasado y lo ha sido únicamente entre las mujeres del pueblo y no entre las poderosas. Esto reafirma lo expuesto al inicio, es decir, que el proyecto estratégico del poder de desmovilizar y paralizar a las mujeres para robustecerse y renovarse está cumpliendo sus letales designios.
Otras explicaciones apuntan a que las féminas se han volcado en el medro y el ascenso social, que están comprometidas con el progreso de sus carreras y profesiones y no desean implicarse en la transformación positiva del mundo. Esto es cierto para un sector no insignificante del sexo femenino, pero no puede explicar porqué en las acampadas del 15-M, al menos en sus inicios, las mujeres tuvimos una presencia significada y porqué esta situación no se ha mantenido después. De manera que si es un factor a tener en cuenta no puede ser elevado a causa última o principal del problema.
Algunos entienden que las mujeres no se suman a determinados programas políticos porque perciben su insustancialidad y porque son portadoras de una lucidez natural y un conocimiento intuitivo de la realidad[3]. No niego que la experiencia de una parte de las mujeres, muy apegada a la realidad tangible de la vida nos haga menos proclives a sumarnos a proyectos  cuya característica más sobresaliente es un reformismo alucinado producto del encogimiento intelectual de quienes lo sostienen, pero lo cierto es que, en el caso de que tal cosa exista, no se ha traducido en un movimiento hacia la reflexión propia, en una propuesta renovadora. Tenemos mucha necesidad de mujeres pensadoras y preparadas porque sin un impulso a la actividad de la conciencia en la que participe también la mujer no es posible soñar en que se genere una acción eficaz contra la opresión social, pero hemos de reconocer que hoy el pensamiento femenino es muy insuficiente y precario.
Para muchos y muchas la parálisis femenina se explica por la tendencia inducida por el patriarcado a confinarnos en lo doméstico; esto cuadra mal con el hecho de que las mujeres sean ya mayoría en la universidad y estén alcanzando la paridad en la actividad laboral a salario, sin embargo contiene una parte de innegable verdad que es mal comprendida por la mayoría. Si el franquismo consiguió aislar a las mujeres en el hogar lo hizo únicamente para poder manipular mejor su psique y adecuarlas a la ideología que hizo una religión de lo pequeño, lo anodino y lo vacío. El trabajo doméstico que antes había sido una actividad compleja, colectiva y creativa se trocó en quehacer incesante, maniático y repetitivo con lo que las condiciones de vida y también el pensamiento de las mujeres se transformaron[4]. En realidad, la vida hogareña no era el fin sino el medio; al degradar tanto las condiciones de vida de las mujeres y hacer insoportable lo que antes había sido agradable[5] se pudo dirigir a las féminas hacia el salariado.
Pero el modelo de trabajo a salario no ofrece a la mayoría de las mujeres más posibilidades de crecimiento y progreso personal que la vida doméstica. El arquetipo moderno de mujer “emancipada” reduce la existencia a una actividad incesante y repetitiva y siempre dirigida desde fuera, con lo que no ha ganado nada respecto al ama de casa franquista. La actividad reflexiva está en la mujer moderna tan excluida como en la mujer hogareña, más incluso, pues la segunda había de tener cierta autonomía para organizar su hogar, autonomía que la asalariada media no tiene, de modo que la nueva domesticidad se compone de adoctrinamiento, trabajo a salario y consumo, actividades que poseen, para muchas mujeres, un componente de metafísica devoción y que se traduce en una merma sustantiva de su capacidad para comprometerse en metas trascendentes y complejas.
De modo que podemos concluir que la mujer ha sido, efectivamente, domesticada por medio del encierro en lo casero e insustancial, lo que tiene como consecuencia su apartamiento de toda empresa grande o revolucionaria; pero tal situación no se produce a través de la vida hogareña, sino del par empleo-consumo, actividades que componen una neo-domesticidad más nociva que la de antaño y que consume casi toda la energía de la mujer.
Se habla también de la inseguridad de las mujeres, del eterno complejo femenino de inferioridad asociado a la educación patriarcal, como causa eficiente de nuestro estancamiento, lo que es cierto, pero ha de ser matizado. En primer lugar, el temor de las mujeres a comprometerse con el mundo tiene que ser comprendido en su expresión actual, ni es eterno ni consustancial a nuestra biología; sucesos como los comentados del motín contra Esquilache y muchos otros demuestran que no siempre las mujeres vivieron en el miedo y la inseguridad. A los más escépticos les recomendaría una lectura atenta del Quijote, escuchar a Marcela o Dorotea, para comprobar que el complejo femenino es mucho más moderno de lo que creemos.
Ni todas las mujeres son hoy inseguras ni lo son en todos los ámbitos; en las jefaturas de los múltiples centros de poder hay muchas mujeres seguras de sí mismas y en sus aledaños podemos encontrar muchas otras que buscan vehementemente el reconocimiento de esos estamentos para construir la  seguridad vital básica, de manera que esa personalidad cobarde no se manifiesta en todos los espacios, sino en aquellos en que ha de ejercer una acción libre y autodeterminada, elegir sus metas y luchar por ellas, lo que significa que es, esencialmente, miedo a la libertad.
Aunque todo lo anterior expresa problemas reales del presente de la mujer, ninguno de ellos nos aporta suficiente luz para entender por qué las mujeres que se comprometieron en las acampadas del 15-M se han apartado ahora de la acción, sea ésta para sumarse a los raquíticos movimientos que han seguido o para criticarlos, cuestión de orden trascendental. El hecho de que esta cuestión se olvide y se margine por la práctica totalidad de quienes se interesan por los problemas sociales del momento manifiesta que un machismo residual y una bonancible misoginia tienen carta de naturaleza entre nosotros.
No sólo intuyo, sino que vivo corrientemente esa sensación de que no hay un sitio para lo femenino en la actividad que llaman “pública”. Aquellas que triunfan y se integran, sea en la política o en la economía, se despojan de su feminidad como de un traje incómodo, manteniendo las formas femeninas pero renunciando al contenido de su diferencia sexual, y peroran acerca de ocupar ese espacio que consideran reservado al “hombre” y al que tienen derecho. Por el contrario, la mayor parte de las mujeres viven en la confusión y el conflicto interior (y los hombres también) producto de la incapacidad para situarse fuera del paradigma dominante.
Efectivamente, la política, tal como se concibió en la revolución liberal, es “cosa de hombres”, aunque sólo si se considera al “hombre” abstracto construido a partir de la organización biopolítica del Estado, es decir, no por la forma natural de ser varón, sino por la condición sobrevenida de las funciones concretas a que el Estado ha obligado a los varones desde el triunfo del orden constitucional y representativo.
El sistema de partidos que funda el liberalismo introduce un modelo de profunda división y fragmentación social e identitaria en múltiples planos, su función principal es esa y no otra. Siempre excluyó a las mujeres taxativamente, pero también buscó dividir a los hombres del pueblo rompiendo la tolerancia y respeto por la diversidad y la diferencia que había primado en la vida popular[6].
Mientras el pueblo vivía en una percepción integral e integrada de la vida en la que lo político era parte y no todo y estaba determinado por las necesidades humanas fundamentales entendidas en un sentido elevado y sublime[7] y no grosero o mezquino, con una concepción más cercana a la forma como las expresa Simone Weil[8], anudadas las demandas del cuerpo y del alma expresando la unidad de ser humano, reivindicando la necesidad de verdad, de belleza, de raíces, de historia, de convivencia y amor, de libertad y de equidad y justicia, como necesidades básicas, tan físicas como las que permiten la vida del cuerpo, el sistema imponía una sola dimensión, la de la dogmática partitocrática, la de las ideologías excluyentes y unidimensionales que  reducen la existencia a su ordenación jerárquica desde el poder, a la norma.
La política nunca debería ser eje principal de la vida sino materia derivada de los fines reales de la existencia, la convivencia, por ejemplo, se debería apreciar como un bien de mayor categoría que la identidad política. La búsqueda de la verdad posible en la realidad y la práctica debería estar por encima de las controversias doctrinarias, los objetivos trascendentes de la vida y las necesidades básicas del ser humano deberían ser el contenido último de todo debate político. El sistema de partidos, representación, organización jerárquica y Estado es siempre, con cualquier programa, indecente e inicua.
Lo cierto es que donde triunfa el modelo de partidos y sindicatos como instrumentos de la sociedad no-democrática con parlamento y representación política, solo una ínfima minoría de mujeres, la que asciende a los puestos de representación y a la jerarquía de poder, está presente, pero  desaparece el elemento femenino en la base.
Sabemos que en la sociedad tradicional, mientras el pueblo se mantuvo ajeno al sistema de partidos e ideologías políticas cerradas y excluyentes, la mujer tuvo un lugar destacado y activo, eso la hizo emprendedora y segura de sí misma. En esas condiciones se enfrentó a la injusticia con acometividad y valentía unida a los varones y enfrentada a los poderosos y poderosas. El sistema constitucional y parlamentario instaurado en Cádiz en 1812 robó la voz y la presencia a las mujeres del pueblo[9], las invisibilizó, situación que continúa hoy, porque mientras se discursea sobre la emancipación, se impide la expresión natural de lo femenino.
El concepto moderno de lo político como hipertrofia de la normativización, la ideologización y la jerarquía y ausencia de lo vital, lo convivencial, lo trascendente o espiritual y lo horizontal choca de forma no consciente y no buscada, pero real, con algunos hombres y con muchas, muchísimas,  mujeres. Eso hace que los programas políticos de la izquierda les sean ajenos y extraños y provoquen una apatía, un decaimiento del interés por el que abandonan esos espacios.
Esta revelación nos informa de la necesidad de recuperar una mirada holística que integre la totalidad de la vida humana, las múltiples dimensiones del existir, y que rescate la tradición occidental de pensar a partir de las grandes preguntas sobre a existencia y los grandes marcos referenciales, a partir de los ideales de vida, es decir, del sujeto y su proyección individual y colectiva, y no del Estado; de las personas y no de las instituciones como hace la izquierda. Este sería el contexto para buscar un nuevo paradigma con posibilidad de aunar, en la acción por la transformación de la sociedad, a las mujeres y los hombres. 
Sólo si fuésemos capaces de regenerar un nuevo sujeto colectivo, un pueblo con conciencia de sí y con estructuras e instituciones propias, basadas en la vida horizontal y el desapego a la protección del Estado, podría volver a recuperarse ese espacio integrado, ese nicho, en el que las mujeres ocupen un lugar propio y no otorgado[10], en que la acción y la energía femenina se despliegue libremente.
Ahora bien, no ha de entenderse lo antedicho desde el canon sexista-misógino creado por el Estado feminista; la mujer no es únicamente la victima de esta situación, sino que es co-responsable de ella; el victimismo nos sitúa en el espacio de los incapaces y los indefensos, nos arranca la posibilidad de ser dueñas de la vida y del futuro. Reconocer que las formas de organización de la acción política del presente son anti-femeninas de forma consustancial y taxativa, no implica justificar la parálisis de las mujeres, pues lo correcto ante ese estado de cosas es la acción, el compromiso para transformarlo, algo que no se está produciendo.
La asignación por parte del poder de la condición de víctimas a las mujeres tiene ese objetivo, su desmovilización estratégica; mientras dure el letargo femenino la pervivencia del sistema está garantizada. Acoger nuestros deberes como principal cimiento de la emancipación es la única salida a un momento de dramática desaparición no sólo de la libertad, sino del carácter humano de la vida.
Hasta ahora la mujer se ha limitado a dar la espalda a los proyectos que, como las de la izquierda, reproducen el modelo politicista y misógino heredado de la revolución liberal, y a refugiarse en distintas formas de escapismo o encierro existencial, haciendo así su particular contribución al ocaso del pueblo como ente con vida propia y proyecto histórico, a la desaparición de la vida horizontal y la fragmentación de la existencia y del pensamiento que impide cualquier acción colectiva de alcance. Si la situación actual persiste y sigue ampliándose, la aniquilación definitiva del sujeto colectivo antagonista del Estado culminará: el poder constituido habrá cumplido sus objetivos estratégicos y obtenido una victoria integral sobre el pueblo.
Se trata pues, de generar un nuevo paradigma que pueda ser restaurador de la unidad y de la fuerza horizontal, y de un nuevo sujeto colectivo que no será copia del sujeto de la tradición, pues tendrá que enfrentarse a condiciones completamente originales. Este nuevo modelo tendrá que buscar formas de acción y pensamiento holísticos, globales, en contra de la parcelación y la rotura que ha fraguado la modernidad, y deberá recuperar las grandes preguntas existenciales como origen de toda acción fundante de un orden nuevo.
El síntoma supremo del carácter renovador de un movimiento será su capacidad para reintegrar la experiencia humana y para dar cabida a la expresión singular sexuada de mujeres y hombres. Si acordamos que las formas de enfrentarse al poder constituido han de ser renovadas en profundidad, y que se ha de explorar procedimientos y recursos plenamente novedosos y creativos, sólo por ello las mujeres habremos ganado espacio y prestigio en la vida social, pues estaremos en un plano de igualdad con los varones que tampoco se han iniciado en estas regiones ignoradas y misteriosas de lo por venir. Compartiremos pues, desde la incertidumbre de quien se arriesga a lo nuevo, un camino que sólo por ser común, y no segregado tiene ya, por sí mismo, un carácter revolucionario.









[1] “El Motín contra Esquilache. Crisis y protesta popular en el Madrid del siglo XVIII” José Miguel López García, Madrid, 2006. “Historias que cuentan: El Motín contra Esquilache en Madrid y las mujeres dieciochescas según voces del XVIII, XIX y XX” Lissette Rolón Collazo, Madrid, 2009.

[2] “Mujeres en la guerra de la Independencia”, Elena Fernández, Madrid, 2009. “Heroínas y patriotas; mujeres de 1808” Gloria Espigado y María Cruz Romero (coord.), Madrid, 2009.
[3][3] El análisis del programa con que se llamó a ocupar el Congreso es constatación suficiente de la distancia que existe entre el proyecto que presenta la dirección del movimiento y cualquier posibilidad de subversión positiva del poder establecido; la mixtura de reformas y utopías periclitadas que componen el programa-guía de las movilizaciones no puede ser el portador del nacimiento de un sujeto colectivo que proyecte una sociedad sin Estado, sin capitalismo y sin opresión política. Por lo mismo solo puede ser considerado como un nuevo intento de refundar  el sistema a partir de algunas reformas insustanciales.

[4] “Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Vol. I. Recuperando la historia” Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora, Aldarull, 2012.

[5] Lo doméstico como la suma de las actividades que cubren las necesidades vitales de las personas no es por sí mismo destructivo ni embrutecedor; en el pasado, en el seno de las clases populares, todos y todas dedicaban un tiempo a esas ocupaciones que son las más naturales porque permiten la vida como vida humana. No se consideró que los trabajos que se desarrollaban dentro del hogar tuvieran menos valor que los que se realizaban fuera hasta que el salariado, proyecto de la revolución liberal que se hizo universal en el franquismo, dividió la vida social en dos esferas perfectamente separadas a las que se otorgó una diferente valoración, y fragmentó la vida rompiendo la unidad del trabajo y la existencia.

[6] Una narración palpitante y conmovida de su propia experiencia personal en una sociedad con un alma convicencialista  y sociable es la de Santiago Aráuz de Robles en “Los desiertos de la cultura (una crisis agraria), Guadalajara, 1979, en la que desgrana sus recuerdos de un universo en el que las personas tenían un valor excepcional y las relaciones eran más importantes que la afinidad de ideas. Otro documento de gran significación en este tema es el trabajo de Ander Delgado Cendagortagalarza, “Protesta popular y política (Bermeo 1912-1932)”, Revista “Ayer”, nº 40, Madrid, 2000. En este artículo el autor estudia cómo las formaciones partidistas  liberales introdujeron en la vida popular la división y el conflicto a través de los falsos debates políticos que llevaron a que la Cofradía de Bermeo que, desde tiempos remotos, había sido un lugar de encuentro y apoyo mutuo de los vecinos quedara dividida en múltiples facciones de orientación política contraria. Así, donde había habido tolerancia y respeto, ayuda y cooperación el sistema de partidos introdujo fanatismo e intolerancia, desavenencia y escisión. El autor incluye múltiples referencias a la intensa participación femenina en los conflictos violentos con el poder, añadiendo que, en la mayor parte de los casos, eran ellas las que los iniciaban.

[7] Ver “Tiempo, historia y sublimidad en el románico rural. El régimen concejil. Los trabajos y los meses. El románico amoroso” Félix Rodrigo Mora, Tenerife, 2012.

[8] Simone Weil, “Echar raíces”, Valladolid, 1996.
[9] “Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Vol. I. Recuperando la historia” Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora, Aldarull, 2012.

[10] Jamás podrá la mujer crecer en su presencia social por efecto de las leyes, por las cuotas y los privilegios de sexo, sólo el espacio que es naturalmente habitado, por decisión y disposición propia y no por la gracia de las instituciones es un espacio de la libertad.

Audio: "Maternidad-Paternidad desde el sentido común"

CHARLA EN LAS JORNADAS "LA MATERNIDAD-PATERNIDAD COMO HERRAMIENTA DE CAMBIO", DÍA 28 DE SEPTIEMBRE EN EL LOCAL ASOCIATIVO "ROMPE EL CÍRCULO",  MÓSTOLES.
Una jornada dedicada al a reflexión colectiva sobre el acto de engendrar, parir y criar en una sociedad que necesita de nuestro compromiso para regenerarse y ser un hábitat para la supervivencia de lo humano.




Presentación de "Feminicidio o auto-construcción de la mujer" en Sala Metáforas

Presentación de
"Feminicidio o auto-construcción de la mujer"



Día 11 de Octubre
20,30 horas
Sala "Metáforas"
Calle Papagayo 8
Metro Abrantes
Más información en adlaexplotacionsexual@gmail.com

Una sociedad en liquidación por cierre de negocio

UNA SOCIEDAD EN LIQUIDACIÓN
POR CIERRE DE NEGOCIO.
"El País" y la biopolítica


“¿Quién va a encontrar entre las ruinas
Los antiguos mojones y la patria?”
León Felipe


Una amiga o amigo hacía este comentario en el blog que me ha parecido necesario responder un poco extensamente.


"Te remito un enlace de El Pais, que aunque en quiebra económica sigue siendo el Pravda del régimen postfranquista y es quien marca la tendencia de pensamiento mucho mas que El Mundo, el cual no deja de ser un suplente:

"No soy madre porque no quiero"

Habla de muchas cosas, la principal es que a la mujer se la sigue presionando para que sea madre y al varón no. Habla como se ven obligadas a dar excusas falsas (esterilidad o traumas psicológicos) para que las dejen en paz. También habla de una maternidad forzada por sus parejas varones que las "obligan", dándolas la tabarra para tener hijos, lo que acaba en resentimiento y posterior destrucción de la pareja.

Quiere acabar con el mito del instinto maternal y ofrece unas curiosas estadísticas: el deseo de ser padre-madre es similar en hombres y mujeres (con lo que de paso acaba con el mito de que los varones no quieren comprometerse) pero le añade algo que me ha llamado la atención, en caso de no poder ser padres los hombres sufren mucho mas que las mujeres.

Se que "El País" mezcla información con propaganda, pero ya que la maternidad y su persecución encubierta es un tema que dominas, me gustaría saber tu opinión si tienes tiempo para leerlo.

Gracias y un cordial saludo. "




En primer lugar este artículo afirma pero no demuestra, se limita a usar unas entrevistas (¿reales o inventadas?) en las que algunas mujeres dicen sentirse presionadas por su entorno social para ser madres. "El País" nos trata como estúpidas y piensa que debemos considerar verdad lo escrito por el hecho de verlo impreso y nos considera tan sentimentales e impresionables que no podremos evitar  sentirnos identificadas con las víctimas de esta felonía pro-maternalista.

Según el diario de la minoría progre-franquista aferrada al poder político, mediático e institucional desde hace casi cuarenta años a las mujeres se nos impide elegir la esterilidad voluntaria. Eso significa, si nos atenemos a las cifras de la natalidad, ese 1,3 hijos por mujer que sigue bajando en caída libre, que ese exiguo número de criaturas son, en su mayor parte, el producto de la coacción sobre nosotras, es decir, que prácticamente ninguna mujer quiere ser madre. ¿Qué cifra le parecería a "El País" aceptable? ¿Tal vez 0,001 hijos por mujer? ¿Sería esa la materialización de la libertad de elegir de las féminas? ¿O quiere decir sin más que si las mujeres no fuéramos presionadas no nacería ninguna criatura?

A las entrevistas que aporta "El País" yo le puedo enfrentar otras tantas, como la de aquella madre que me contaba el escándalo que organizó y la violencia verbal que utilizó su suegra cuando la supo embarazada de su segundo hijo y cómo ella oía desde el salón, sobrecogida, los gritos e insultos que le lanzaba a su marido a quien acusaba de ser un casi violador por ello. O aquella que me decía que su madre no la felicitó jamás en ninguno de sus cinco embarazos, siempre la espetaba un ¿pero sabes lo que estás haciendo? Y eso fue así desde la primera vez.

Podría narrar la historia de aquella mujer que en sus últimos embarazos (tiene 9 hijos) tenía que soportar los improperios de muchas mujeres de su barrio, el acoso de los médicos, de los profesores... que se consideraban con el derecho a opinar sobre su vida a pesar de que quien criaba a sus hijos era ella sin ayudas ni del Estado ni de los vecinos.

Conozco una multitud de mujeres que no tienen los hijos que desean sino los que pueden en estas condiciones de precariedad que hoy sufrimos. Las que nos atrevemos a traspasar la fatídica barrera de los dos hijos hemos oído insistentemente aquello de que es una inconsciencia poner más niños en un mundo como éste, o lo de que si somos del OPUS y de tener  "los que dios quiera", o que si el número de hijos tiene una relación inversamente proporcional con el nivel cultural e intelectual.

Ser madre en esta sociedad depredadora y dañina es casi un imposible. Conozco esa sensación amarga de dejar a las criaturas por la mañana en las guarderías[1] algunas veces enfermas y con fiebre, y, atribuladas por el dolor de hacerlo, de no poder cuidarlos, marchar a trabajar.

Y muchas que sido despedidas por los embarazos, otras a las que se les han empeorado sustantivamente las condiciones laborales como castigo. Y conozco los casos aún más trágicos de aquellas que han decidido abortar, no por elección propia, sino por miedo a perder un empleo, que, en la mayor parte de los casos no es una labor enriquecedora y creativa sino una actividad embrutecedora por un sueldo miserable.

Muchas embarazadas y muchas madres sufren no solo el acoso de las empresas sino incluso de las propias compañeras y compañeros de trabajo que consideran que no rendirán lo suficiente, que no se entregarán con la necesaria vocación a sus obligaciones laborales. Yo lo he visto.

La esterilidad voluntaria es una elección tan respetable como cualquier otra cuando es libre, pero hay que aceptar que hoy es la opción preferida del sistema. Presentarse como víctimas y perseguidas es una inmoralidad y una demasía.

Por otro lado quienes por hedonismo y deseo de vivir sin cargas[2], por espíritu gozador y consumista, deciden no participar en los cuidados de las próximas generaciones y esperan que los niños de hoy, los que criamos quienes sí tenemos hijos, les cuiden a ellos en la vejez están rompiendo con ello la reciprocidad y la justicia pues esperan recibir sin haber dado.

Creen, en su barbarie, que, puesto que tienen dinero, tienen asegurada su vejez. Les parece legítimo y natural el intercambio de dinero por cuidados y afectos con lo que  están corrompiendo y prostituyendo la vida social que debería ser limpia y decente y mantener las necesidades vitales alejadas del trueque mercantil. Son, por lo tanto, los paladines del capitalismo más salvaje, aquél que aspira a convertir en mercancía hasta el aire que respiramos.
Deberíamos exigir a "El País" que nos desvele la finalidad de estas operaciones de manipulación de la conciencia social, la auténtica estrategia que orienta su fanatismo anti-natalista.

Pero hay más, en el último mes "El País" ha desgranado una cadena de artículos alentando a la huida de las generaciones jóvenes del solar de sus ancestros, según estos prebostes de la industria de la conciencia la juventud debe marchar buscando los destinos más alejados de su punto de origen. En una sociedad con una pirámide demográfica completamente catastrófica ¿qué sentido tiene llamar a la emigración masiva de la exigua juventud?

No puede entenderse tal estrategia si no se contempla la constante invocación de este medio a favor de la inmigración y el "anti-racismo" de pacotilla ¿Qué sentido tiene destruir la natalidad y echar de aquí a nuestros jóvenes para atraer luego a otros llegados de los más lejanos confines del mundo, robando literalmente esas personas de su entorno natural?

Tenemos que tener en cuenta que casi todo lo que se hace hoy desde los medios que son, no lo olvidemos, una parte sustancial de aparato de poder, tiene un sentido.

"El País" se presenta como campeón del anti-racismo cuando en realidad lo que defiende es el desplazamiento forzado de grandes masas de personas a lo largo y ancho del planeta para destruir las comunidades naturales y constituir una nueva sociedad hecha de agrupaciones de aluvión, de seres desvinculados de su espacio y de su historia, despojados del sentido de pertenencia, aculturados y desarraigados. Masas de solitarios y solitarias que no tengan ningún lazo con el lugar en el que habitan ni con los otros seres con los que se cruzan.

Estamos pues, a las puertas de una nueva especie de post-humanos, unos individuos que ni siquiera serán el "homo animalis"  porque carecerán incluso de la capacidad para tener vida sexual y reproductiva, una nueva inhumanidad de entes biológicos híbridos y estériles... como el ganado de labor ¿Es pura ciencia ficción?

Creo que ha llegado la hora de llamar a las cosas por su nombre, "El País" es un agente de difusión de la biopolítica del sistema que hoy se sustenta en la destrucción de la natalidad en todo el planeta salvo un pequeño reducto de África que parece que está destinado a ser el reservorio de seres humanos para las necesidades del sistema de poder.

La persecución de la maternidad se está realizando de mil maneras diferentes, las principales: 

1. Por los programas de "contracepción" de los organismos de la biopolítica mundial que incluyen las esterilizaciones masivas de poblaciones, el uso de anticonceptivos brutales como el Depoprovera y otros y el aborto forzoso. Esto ha hecho caer el número de hijos por mujer en picado desde los años 80 del siglo XX y ha reducido la natalidad mundial a cifras prácticamente por debajo del índice de reposición.

2. Por la destrucción de las comunidades primarias que supone a las mujeres madres quedar en situaciones de enorme precariedad sin redes de apoyo horizontales.

3. Por la guerra de los sexos fomentada desde el poder (aquí a través de la Ley de Violencia de Género) que reduce de forma "natural" la natalidad por falta de relaciones con el otro sexo, destruye el núcleo básico familiar para compartir las tareas y deja a las mujeres en completa soledad.

4. Por el ascenso de la influencia que las empresas y el trabajo a salario tiene en la vida privada de las personas y las decisiones vitales.

5. Por la creación de un Estado del bienestar que regula, dirige y manipula al pueblo con el argumento de proteger y dispensar cuidados y satisfacción de lo necesario para la vida.

6. Por el bombardeo mediático e institucional, en las sociedades occidentales sobre todo, que ha generado una cultura de acoso a la maternidad, que desgrana una insultante letanía de epítetos hacia el impulso maternal.

7. Por estímulo de numerosas formas de maternidad patológicas devenidas del brutal ataque a la feminidad que se está produciendo hoy y sus consecuencias en las mujeres y de la promoción de modas maternales insensatas y nocivas para las madres, los padres y las criaturas.

No deberían estas operaciones quedar sin respuesta. Pero, mientras el anti-natalismo está organizado institucionalmente, subvencionado y difundido por todos los canales de creación de opinión que son innumerables, quienes creemos que debe defenderse la natalidad como un impulso revolucionario no estamos organizados y, por lo tanto, no somos capaces de hacer frente a estas espurias operaciones.

Sería una necesidad imperiosa que las madres y padres conscientes nos unamos para denunciar todos los acosos que sufrimos, todas las limitaciones que el sistema pone a la libertad reproductiva.

Necesitamos un movimiento reivindicativo a favor de la justicia, del cese del expolio de personas por los centros económicos mundiales, por el derecho de nuestros hijos a quedarse en su lugar de origen, y el derecho de los hijos de las otras madres del mundo a hacer lo propio, sin ser llevados como ganado allí donde el capitalismo mundial los requiera.

Hay que denunciar toda forma de biopolítica como liberticidio y crimen contra la humanidad y por lo tanto denunciar a "El País" como plataforma de estas operaciones.





[1] Esos lugares que en ocasiones ofrecen un entorno humano, afectuoso y cálido para crecer gracias a la vocación de algunas personas que superan con enorme esfuerzo los obstáculos del modelo de institucionalización de la infancia vigente.

[2] Excluyo a quienes por entregarse a otras empresas útiles a la sociedad en la que viven eligen no procrear. Cuando es una renuncia consciente y meditada y hay una decisión de ser fecundas o fecundos y servir a la vida desinteresadamente la ausencia de hijos tiene otro carácter, también, por supuesto, cuando hay otras causas  no buscadas por el sujeto.