En esta entrevista
realizada por Néstor Blanco para Yelow Zamburiña conversamos sobre feminismo,
feminicidio, autoconstrucción y revolución.
“El alma humana tiene necesidad de verdad y libertad de expresión” Simone Weil
"Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras” Juan de Yepes
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Ser madres con lo que tenemos
Ser madres con lo que tenemos
(una bella reflexión de mi amiga Ileana Medina Hernández)
Con
nuestros traumas.
Nuestras infancias heridas.
Nuestras miserias y nuestros miedos.
Con nuestras historias familiares de horror y misterio.
Nuestras rabias y nuestras fobias.
Nuestras imperfecciones.
Nuestros kilos de más.
Nuestros euros de menos.
Nuestros trabajos alimenticios, de supervivencia.
Nuestras mañanas desquiciadas.
Nuestros gritos y nuestras lágrimas.
Nuestras madres niñas. Nuestras suegras brujas.
Nuestras cicatrices.
Nuestras enfermedades.
Nuestros pueblos feos.
Nuestros vecinos ruidosos.
Nuestros políticos estúpidos, corruptos, repugnantes.
Nuestras escuelas decimonónicas, tristes, cuadriculadas.
Nuestros maridos currantes, intentando ser hombres, amantes, amables, y no morir en el intento.
Nuestros divorcios.
Nuestro estrés.
Nuestros años.
Nuestra soledad.
Nuestros partos robados, anestesiados, maltratados.
Nuestras lactancias agrietadas, dolorosas, imposibles.
Nuestra neurosis.
Con este mundo asfixiante que no está diseñado para tener hijos y no lo pone nada fácil, pero los niños son lo único que lo hace más habitable, más esperanzador.
Ser madres como podemos.
Ese es el mérito.
Nuestras miserias y nuestros miedos.
Con nuestras historias familiares de horror y misterio.
Nuestras rabias y nuestras fobias.
Nuestras imperfecciones.
Nuestros kilos de más.
Nuestros euros de menos.
Nuestros trabajos alimenticios, de supervivencia.
Nuestras mañanas desquiciadas.
Nuestros gritos y nuestras lágrimas.
Nuestras madres niñas. Nuestras suegras brujas.
Nuestras cicatrices.
Nuestras enfermedades.
Nuestros pueblos feos.
Nuestros vecinos ruidosos.
Nuestros políticos estúpidos, corruptos, repugnantes.
Nuestras escuelas decimonónicas, tristes, cuadriculadas.
Nuestros maridos currantes, intentando ser hombres, amantes, amables, y no morir en el intento.
Nuestros divorcios.
Nuestro estrés.
Nuestros años.
Nuestra soledad.
Nuestros partos robados, anestesiados, maltratados.
Nuestras lactancias agrietadas, dolorosas, imposibles.
Nuestra neurosis.
Con este mundo asfixiante que no está diseñado para tener hijos y no lo pone nada fácil, pero los niños son lo único que lo hace más habitable, más esperanzador.
Ser madres como podemos.
Ese es el mérito.
Vivir, amar y criar en la realidad del mundo
VIVIR, AMAR Y CRIAR EN
LA REALIDAD DEL MUNDO
“No hay posadas de felicidad
ni de descanso.
Se va siempre por un camino heroico
hacia la dignidad y la superación de la vida”
León Felipe
Cada criatura que llega al mundo comparte con las generaciones
anteriores la carga de los problemas de su sociedad, nacemos en un momento de
la historia, en un espacio concreto y eso condicionará nuestra existencia, no
se nace en el vacío ni en la nada sino en el
mundo como ha sido construido por las generaciones anteriores. Ésta es
una de las complejidades de nuestra condición, pues no hay libertad ni elección
en esos hechos que definirán, más que ningún otro, nuestra existencia
individual. Explica Xavier Zubiri en “Tres dimensiones del ser humano,
individual, social, histórica” que la herencia que recibe cada individuo no es
únicamente psico-genética, cada nacido humano, para instalarse en la vida
necesita situarse en una realidad. Ese nicho de cultura e historia es el medio
en el que la criatura deviene persona. En ese recorrido recoge una tradición,
se impregna del tiempo como tiempo realizado en la continuidad biológica e
histórica que ella misma habrá de alimentar con su acción. En el texto que
cito, Zubiri da una gran importancia a la maternidad como elemento que conecta la realidad
bio-psico-social-histórica de lo humano, esa indivisible entidad que une la
vida orgánica y espiritual.
Nada puede ser más desolador y angustioso que reconocer en las
circunstancias de este tiempo el hábitat de nuestra prole. La crisis, que
algunos se empeñan en definir como crisis de lo dinerario y consumista
únicamente, oculta una realidad sangrante y terrible, la de una ruina de los
fundamentos más esenciales de la vida social e individual e incluso, más allá,
de nuestra civilización como construcción singular de nuestros ancestros. El
desmoronamiento de la vida social, de las estructuras de vida horizontal
elegidas y dirigidas por el propio sujeto es una de las lacras más terribles de
este momento pero no la única, la pérdida de la libertad, de la tradición como
conjunto de conocimientos y acontecimientos que son bagaje experiencial para la
existencia humana, de la autonomía personal y social, de los conocimientos y
habilidades para la vida, del lenguaje, de la inteligencia práctica, del
sentido de la realidad, de la capacidad para la supervivencia, del sentido
común, de los valores éticos y convivenciales y de la capacidad proyectiva para
bosquejar un futuro son las huellas de
una mutación que no es coyuntural ni somera sino que afecta a los elementos
cardinales de la condición humana y de las instituciones naturales de
convivencia y corre pareja al ascenso del Estado y la institucionalización de
la vida que están devastando al sujeto
medio y que, de seguir su curso, transformarán de forma ingénita la sociedad
como la hemos conocido.
A estas tribulaciones hay que sumar el ecocidio en proceso, la
desertificación, la contaminación de las tierras y las aguas, la caída de la fertilidad
de la tierra, la acumulación de tóxicos en el ambiente, la pérdida de
biodiversidad y el crecimiento de las mega-urbes entre otros y, además, el
desastre demográfico acelerado que se expresa
aquí en la terrorífica cifra de 1,3 hijos por mujer que continúa
descendiendo, testimonio de la falta de vitalidad y anhelo de muerte del cuerpo
social, esta última cuestión será tal vez una de las más atroces calamidades
que hemos de legar a nuestros hijos porque deberán cargar sobre sí tareas tan
descomunales para la propia supervivencia, la protección de la vida y de la
condición humana[1]
que sobrepasarán, con mucho, las fuerzas materiales y espirituales de estas
menguadas generaciones.
Quienes elegimos tener hijos (cada vez somos menos, no lo
olvidemos) deberíamos ser los primeros en la brega por el futuro de la
sociedad, al que nos sentimos atados, no de forma abstracta e inconcreta sino
de manera íntima y personal pues el mañana es el destino de nuestra prole. No
es así, tal vez porque la corriente social dominante sigue siendo “mirar para
otro lado” o buscar fórmulas escapistas
para evadirse de la realidad. Los refugios para huir del rostro
descarnado del mundo son muchos, lo son el trabajo, el consumo, la diversión,
las drogas, los viajes, las relaciones superficiales, los paraísos virtuales o
el cine y la novela, hay cientos si no miles de agujeros en los que vegetar una
vida tranquila a la espera del desastre. Curiosamente para un sector social la
maternidad/paternidad se ha convertido también en un recurso escapista, devenir
padres es la ocasión para abandonar todo compromiso social, político o
cultural. Muchos se adhieren así a dos de los principios más venenosos de
nuestra sociedad, la búsqueda de salidas individuales con olvido del resto de
la comunidad y la mutación de los
procesos que antes se realizaban en la horizontalidad en mercancías. Esta nueva
maternidad ecológica se materializa en un renovado consumismo e intercambio de
servicios monetizados que, por supuesto, no están al alcance de la mayoría de
las madres, aquellas que pertenecen a las clases bajas, ocupan los trabajos más
precarios y acceden a la maternidad a pesar de la presión de las empresas en
condiciones de grandes conflictos y carencias[2]. Esto explica que la natalidad entre las mujeres
de las clases más menesterosas caiga mucho más significativamente, estas
mujeres están siendo convertidas en ganado de labor, seres estériles en todo lo
que no sea producir en el mercado capitalista y consumir para que crezca ese
mercado.
En esta situación la maternidad ha defenderse como libertad
básica y un bien en sí mismo incluso cuando las condiciones de crianza no sean
las que dictan los manuales. En el pasado se pensaba que se necesitaban pocas
cosas para criar a los hijos y el principal motivo para acometer la
maternidad/paternidad era el deseo con independencia de otras consideraciones.
Hoy, en cambio, la extraordinaria complejidad de los requisitos que se
consideran imprescindibles para la crianza hacen que muchas personas renuncien
a tener hijos. Por el contrario mi idea es que la maternidad/paternidad es un
gran bien aunque se acometan en la forma de grandes sacrificios por parte de
los padres y las criaturas y en un entorno hostil como el mundo actual porque
forman parte de la construcción de un futuro humano.
Imbuir a nuestros hijos la idea de que han de huir de los
problemas del mundo en lugar de enfrentarse a ellos no solo no es una crianza
buena sino que, en las actuales condiciones, es suicida. Los años de bonanza
económica y auge del Estado del bienestar han tenido como consecuencia que un
gran número de personas adecuaran su cosmovisión al ideal de recibir servicios
y cuidados por parte de las instituciones y trasladaran ese patrón, considerado
el modelo de la excelencia, a la educación y la crianza de su prole.
Lo que se ha llamado crianza natural responde más a una visión
ideologizada del mundo que a una naturaleza original de la especie. En primer
lugar lo natural en el ser humano es ser un complejo de funciones y situaciones
orgánicas, psíquicas, relacionales, sociales, culturales e históricas
inseparables e indivisibles. Lo natural, como explica Zubiri, es que cada nueva
criatura inscriba su vida en el nicho de su cultura, su tradición y su linaje
que son las raíces que le permiten crecer y constituirse como ser singular y
creativo, esas raíces han de ser las auténticas del entorno en el que nace y no
un mundo artificial creado para ella pues es en la realidad donde tendrá que
desplegar su acción, es decir, materializar su libertad.
Al ejercer la maternidad/paternidad estamos obligados a entregar
a nuestros hijos la realidad del mundo, a reconstruir con ellos el sentido de
lo humano y su proyección hacia el futuro, difícilmente puede acometerse tal
tarea en el tiempo presente si no es en conflicto con el poder establecido, un
combate que exigirá personalidades vigorosas y esforzadas. Si declinamos
nuestra responsabilidad como padres y
buscamos soluciones personales para esquivar los problemas en lugar de
enfrentarnos a ellos estaremos equivocando el camino.
En el mundo moderno cada vez más niños y niñas viven fuera de la
realidad, se les ofrecen otros entornos que se consideran menos ásperos, más
agradables que el mundo real, así viven de sucedáneos de ínfima calidad a
través de la televisión y el cine, en lo que llaman el mundo de la fantasía
infantil[3] o en entornos seguros y
protegidos, adecuados a cubrir todas sus
necesidades al instante y sin espera, en los que no les toque el mal del mundo
e incluso se superen las limitaciones inherentes a la condición humana. En
todos los casos se les obliga a vivir en la mentira, en el mundo como no es.
He conocido muchas criaturas que se desarrollan en ese ambiente
de irrealidad y ficción, suelen ser personas aparentemente felices aunque, si
son sacadas de ese contexto “seguro” y utópico, se paralizan y se agarrotan, no
son capaces de adecuarse a circunstancias nuevas, sufren y se angustian o se
evaden y se inhiben pero no intervienen
con ímpetu transformador. Su capacidad de comunicación está muy limitada
por la falta de autenticidad de sus experiencias vitales, sus sistemas de
relación con los otros son disfuncionales porque carecen de conocimiento de la
alteridad y por miedo al conflicto o al
abandono emocional.
La crianza sin conflicto y sin prohibiciones basada en la
satisfacción de los deseos de las criaturas es menos nueva de lo que se dice.
Una experiencia histórica ilustrativa es la que se recoge en el informe de
William E. Mayer, director de psiquiatría del ejército de Estados Unidos encargado
de investigar el altísimo número de bajas que los soldados norteamericanos
tuvieron en los campos de prisioneros en la guerra de Corea (1950) cuya cifra,
en comparación con la tenida por los prisioneros turcos en esos mismos campos
fue desorbitada. El examen de los hechos le llevó a concluir que esos muchachos
eran el producto de una crianza sin contrariedades, de una infancia en la que
nunca tuvieron que enfrentarse a obstáculos ni situaciones complicadas por sí
mismos, de una figura maternal siempre presente y siempre protectora que, en
realidad absorbía emocionalmente a sus hijos[4].
Lo más importante es la descripción que hace de las situaciones
que vivieron estos prisioneros. Enfatiza que no hubo intentos de fuga aunque en
los campos no había alambradas ni guardas armados. A diferencia de otros
prisioneros como los turcos que permanecieron unidos y organizados, los
norteamericanos carecían de disciplina, se enfrentaban entre ellos y
establecían a menudo relaciones de cooperación con su captores.
Muy pocos forjaron relaciones de amistad en los campos o
mantuvieron el recuerdo de sus seres queridos como aliciente moral y emocional
(cuando a los supervivientes que fueron liberados se les ofreció llamar a sus
familias muy pocos lo hicieron), vivieron encerrados en una celda de
aislamiento mental. Cada vez menos de ellos estaban dispuestos a hacer el
esfuerzo de voluntad, inteligencia, creatividad y socialidad que la
supervivencia necesitaba y comenzó a ser común que un soldado se sentara en una
esquina y tapándose se cabeza con una manta y se dejara morir (los soldados
denominaron a ese acto “abandonitis”). En otros casos, cuando algún hombre estaba enfermo, sus propios compañeros
eran los que le sacaban de los barracones y le abandonaban a la intemperie
donde perecía. No hubo resistencia y combate contra la guerra como guerra
injusta ni contra el enemigo, prácticamente ningún hecho que pueda describirse
como acto de conciencia y dignidad, la indiferencia y el abandono fueron el
estado dominante.
Se mostraron como seres ineptos para cuidar de sí mismos ni de
otros, capaces de la mayor crueldad con sus semejantes y del mayor desapego a
la propia vida, es decir, construidos como seres deshumanizados de forma
extrema.
Los valores básicos para la supervivencia en un campo de
prisioneros no son demasiado diferentes que los que se necesitan para
sobrevivir en cualquier circunstancia de la vida real cuando esta es vida plena
y no sucedáneo como acontece en las sociedades de Estado del bienestar en las
que el sujeto no es ya sujeto de su
propia biografía sino objeto de la protección de las instituciones, usuario de
bienes y servicios y dócil animal doméstico que trabaja para su amo. La forma
como un individuo deviene persona y se enfrenta al mundo es una cuestión que
trasciende con mucho la psicología pues afecta más a los valores y el sentido
que se otorga a la vida, al concepto del bien y del mal[5] y la idea del futuro.
Eliminar los grandes problemas de la existencia humana y del momento histórico
concreto para alejar el dolor y el
esfuerzo no solo no es posible sino que crea
un vacío existencial que hoy es demasiado común en las generaciones más
jóvenes y que se realiza a través de
conductas suicidas (alcohol, drogas, trastornos alimenticios, prácticas
aventureras dislocadas, violencia entre iguales y otros) y un derrumbamiento de
la personalidad que los hace inmaduros, incapaces para el acto de pensar, sin
voluntad para actuar, sin capacidad de esfuerzo, pobres e indiferentes
afectivamente, insociables y herméticos para los otros.
La deriva de la situación actual es que todos los problemas
enunciados se agravarán en el futuro, si somos coherentes y lúcidos tendremos
que comprometernos en el combate por el mañana, si creemos en la crianza en el
amor deberemos llevar a nuestras criaturas con nosotros en esos trances. El
mundo no necesitará de héroes individuales sino de una comunidad heroica capaz de arrostrar las
calamidades del presente y construir un porvenir humano lo que nos compromete a
todos.
La maternidad/paternidad ha de ser rescatada no como una flor de
invernadero, un acto ornamental y decorativo sino como impulso vital, como acto
supremo del amor por la especie y por el futuro contenida de forma concreta y
singular en cada una de nuestras criaturas.
No deberíamos aceptar que la humanización de la crianza pueda ser
reducida al consumo de algunos servicios especializados de mayor calidad que
los que ofrece el sistema y a la dedicación en exclusiva del padre y madre a las criaturas durante toda su
infancia, por el contrario, es necesario que el impulso genésico vuelva a ser
natural y ajeno a los condicionantes económicos y políticos, es decir, íntimo y
genuino.
Se precisa hoy de una maternidad de batalla cuyas señas de
identidad sean la fortaleza y la solidez. Podemos parir en casa o en los
hospitales, pero el acto de parir ha de ser dignificado por nosotras mismas
incluso en las condiciones más desfavorables, porque solo así será posible
frenar el impulso a la deshumanización y rotura del acto genésico, debemos amamantar en todas partes, hacer
habitables todos los ambientes para la infancia, compartir con las criaturas
todos los momentos e integrar la crianza en todas las dimensiones de la vida.
Pero ante todo la crianza no puede ser argumento para mutilar en
las mujeres (y a menudo también en los hombres) los otros planos de la vida, no
puede alejarnos de la realidad del mundo porque eso cercena nuestras capacidades
y posibilidades, no puede retirarnos del compromiso y el combate por el bien,
la verdad, la libertad, la convivencia y la vida horizontal, la propia
auto-construcción, la recuperación de las raíces y la construcción de una
sociedad de ascenso de la excelencia. Si se abandona toda acción sobre el mundo
y los grandes problemas de una época ¿cómo se ha de educar? ¿cómo se ha de ofrecer un camino al
crecimiento a otros cuando se limita en una misma?
Hemos de vivir entre las ruinas de la civilización del bienestar,
podemos hacerlo dejándonos morir en un rincón como aquellos soldados de Corea o
entregándonos a la construcción del futuro que depende, antes que nada, de
nuestra propia acción. En última instancia el acto de la crianza ha de ser un
gran acto de creación y compromiso que sirva como ejemplo a las generaciones
venideras.
[1] La tasa de dependencia, es decir la
que relaciona la población activa y el grupo de los menores de 16 y los mayores
de 64 no ha dejado de crecer y se espera que para 2021 se sitúe en el
57,3%, es decir casi 6 personas
inactivas por cada 10 activas, una cifra difícil de sostener para unas
generaciones que para invertir la catastrófica situación presente tendrían que
hacerse cargo de un grupo tan numeroso de ancianos y tener muchos más hijos que
sus padres. Se dice que el exceso de población es el causante de los grandes
problemas ecológicos del planeta, eso no solo no es verdad pues no es la
población sino el desquiciado sistema capitalista y su ansia depredadora
de recursos el causante de tales males,
por el contrario, poner coto a la gran devastación medioambiental solo será
posible bajo una demografía pujante porque los grandes problemas como la
reforestación ¿pueden acometerse si no es por una ingente y enérgica población
juvenil?
[2] La injerencia de las empresas y el
funcionariado en la vida privada y la
libertad básica de las personas en estos asuntos abre una etapa de gran
incertidumbre y alarma. La acción biopolítica, es decir, la imposición de
prácticas y costumbres basadas en las necesidades políticas y económicas de los
Estados que conculcan la autonomía más esencial de las personas es creciente en
todo el planeta. La foto de Feng Jianmei yaciendo en la cama de un hospital
junto a su hijo, no abortado sino asesinado a los siete meses de gestación por
orden de los funcionarios del Partido Comunista Chino que cumplieron así la ley
que obliga a abortar a aquellas familias que no tienen dinero para pagar la
multa por tener un segundo hijo, es un indicador de lo que podría ser el futuro
en otras partes del planeta. Hay que tener en cuenta la preeminencia de China
en lo económico y político y su ascenso militar que con mucha probabilidad
cambiará el equilibrio de las potencias mundiales en los próximos tiempos y el
hecho, inquietante, de que la ONU haya presentado la política de “planificación
familiar” del gobierno chino como modélica.
[3] Un mundo infantil creado por
adultos y lanzado por los gigantescos emporios de la industria del espectáculo
y el adoctrinamiento. El modelo de sociedad de la diversión y sus consecuencias
nefastas es una importación de Norteamérica que tiene efectos devastadores para
el sujeto y el cuerpo social, un análisis de su formación y sus efectos se hace
en “Divertirse hasta morir” Neil Postman
[4] Este suceso es citado por Betty
Friedan en “La mística de la feminidad”.
[5] El pensamiento sobre cuestiones ha
caído en desuso en nuestra época a la vez que lo ha hecho la lectura y
reflexión de la filosofía clásica, pienso por ejemplo en el texto de Cicerón
“Del supremo bien y del supremo mal”, que da cabida a un debate que ha sido
durante milenios objeto de controversia y cavilación en Occidente. La
desaparición de estos temas del pensamiento ahogados por la frivolidad y el
vacío del imaginario de la modernidad tardía es un desastre de proporciones
colosales.
A dar las pascuas
...A dar las
pascuas
Dicen
que este año ya no se han puesto villancicos en los centros comerciales, las
navidades consumistas y descreídas de los últimos decenios han dado paso, por
fin, a la extinción de la tradición ancestral del ciclo de invierno.
Un
anticlericalismo tan superficial como necio ha descalificado el ritual festivo
navideño sin comprender que hay en él tanto de profano como de religioso,aunque
a mi me parece que hay más de alegría convivencial que de devoción. Así han arrojado
la totalidad de las costumbres populares al basurero de la historia para dar
paso a un mundo sin canciones ni ceremonias convivenciales, descarnado,
depravado y podrido en el que ya no hay fiesta ni canto colectivo sino farra
deplorable y viciosa, alcohol y violencia, y todas las degradantes diversiones
que compra el dinero.
Prefiero
la antigua alegría popular de dar las pascuas, visitar a familiares y amigos,
cantar en común, pedir los aguinaldos, nada hay hoy tan expresivo ni tan intenso.
Los villancicos se aprendían desde niños, todo el mundo sabía cantar y tocar y
las rondas ensayaban desde meses antes para entonar con brío y con perfección
las canciones que pasaban de generación en generación.
Todavía
en las ciudades de los años cincuenta y sesenta se mantenían esas costumbres
convivenciales y civilizadas, me lo cuentan mis vecinas más mayores que en Nochebuena
los vecinos se juntaban en las casas y se iba de una a otra y se cantaba y se
comía y se bebía y se estaba juntos hasta altas horas de la noche, “éramos como
hermanos”, “éramos buenos vecinos”…
En
este mundo sin canciones y sin alegría deseo dejar un recuerdo emocionado para
aquellas costumbres del pueblo que hacían trascendente y buena la vida.
Huelga de cuidados
HUELGA DE CUIDADOS.
Unas amigas me envían esta convocatoria:
14N: Huelga de cuidados, huelga feminista Enviado por AraInfo, Achencia
de Noticias d'Aragón el 9 noviembre, 2012.
De cara al 14 de noviembre vuelven los “Comandos de
Cuidados”. La propuesta es ponernos nuestro mejor delantal, guantes y
utensilios varios con un cartel “Huelga de Cuidados” y salir a la
calle, tanto el día 14 como los días previos, para explicar en la calle,
en los mercados, en las plazas y donde se nos ocurra que el día de la huelga lo
paramos TODO, también los cuidados. Queremos visibilizar que también son
trabajo los trabajos de cuidados que se realizan dentro de los hogares, sin
remuneración alguna, y desarrollados casi siempre por mujeres. Estos trabajos
invisibilizados y realizados gratuitamente, son indispensables para la
sociedad, y la base sobre la que se sustenta el sistema capitalista y
patriarcal. Vamos a contarle a la gente que no lo sepa lo que es una
huelga de cuidados y por qué es necesaria.
Nos apoyaremos en el díptico “Comando de Cuidados” (es importante imprimir
a doble cara para cortar por la mitad, haced las copias que podáis). Haremos
quedadas varias los días previos y el día de la huelga, de las que iremos
informando, pero la idea es que cada una se busque un grupito, o se lleve los
dípticos en el bolsillo cuando vaya al mercado, y se monte un Comando de
Cuidados en su barrio. Sería estupendo también que se organizaran desde las
asambleas de barrio.
¿Qué queremos?
Denunciar que se relegue el trabajo de cuidados a las
mujeres y se exima a los hombres de ellos como si se tratara del orden
“natural” de las cosas.
Denunciar que el trabajo en los hogares, invisibilizado por
su gratuidad, es la base de todo este sistema.
Poner el mantenimiento de la vida en el centro (y sacar de
ahí a los mercados).
Redistribuir y colectivizar los cuidados, más allá de la
familia nuclear, pero no sólo de mano de las mujeres.
Reconocer lo que supone la reproducción.
Acabar con el mercado financiero porque no tiene en cuenta a
las personas, ni el ritmo de la vida, NO responde a nuestras necesidades y se
está cargando el planeta.
Denunciar la plusvalía emocional, afectiva y sexual de las
mujeres en los hogares.
Reconocer lo que supone la crianza/educación.
El derecho a cuidar y a no cuidar.
El derecho al autocuidado y al cuidado.
¡Organízate vecina! ¡No estás sola! ¡La huelga será
feminista!
14N: Huelga de cuidados, huelga feminista Enviado por AraInfo, Achencia
de Noticias d'Aragón el 9 noviembre, 2012.
De cara al 14 de noviembre vuelven los “Comandos de
Cuidados”. La propuesta es ponernos nuestro mejor delantal, guantes y
utensilios varios con un cartel “Huelga de Cuidados” y salir a la
calle, tanto el día 14 como los días previos, para explicar en la calle,
en los mercados, en las plazas y donde se nos ocurra que el día de la huelga lo
paramos TODO, también los cuidados. Queremos visibilizar que también son
trabajo los trabajos de cuidados que se realizan dentro de los hogares, sin
remuneración alguna, y desarrollados casi siempre por mujeres. Estos trabajos
invisibilizados y realizados gratuitamente, son indispensables para la
sociedad, y la base sobre la que se sustenta el sistema capitalista y
patriarcal. Vamos a contarle a la gente que no lo sepa lo que es una
huelga de cuidados y por qué es necesaria.
Nos apoyaremos en el díptico “Comando de Cuidados” (es importante imprimir
a doble cara para cortar por la mitad, haced las copias que podáis). Haremos
quedadas varias los días previos y el día de la huelga, de las que iremos
informando, pero la idea es que cada una se busque un grupito, o se lleve los
dípticos en el bolsillo cuando vaya al mercado, y se monte un Comando de
Cuidados en su barrio. Sería estupendo también que se organizaran desde las
asambleas de barrio.
¿Qué queremos?
Denunciar que se relegue el trabajo de cuidados a las
mujeres y se exima a los hombres de ellos como si se tratara del orden
“natural” de las cosas.
Denunciar que el trabajo en los hogares, invisibilizado por
su gratuidad, es la base de todo este sistema.
Poner el mantenimiento de la vida en el centro (y sacar de
ahí a los mercados).
Redistribuir y colectivizar los cuidados, más allá de la
familia nuclear, pero no sólo de mano de las mujeres.
Reconocer lo que supone la reproducción.
Acabar con el mercado financiero porque no tiene en cuenta a
las personas, ni el ritmo de la vida, NO responde a nuestras necesidades y se
está cargando el planeta.
Denunciar la plusvalía emocional, afectiva y sexual de las
mujeres en los hogares.
Reconocer lo que supone la crianza/educación.
El derecho a cuidar y a no cuidar.
El derecho al autocuidado y al cuidado.
¡Organízate vecina! ¡No estás sola! ¡La huelga será
feminista!
Me
gustaría más adelante hacer reflexiones más profundas sobre el fondo
radicalmente pro-sistema de tales presupuestos,
hoy simplemente dejo en una pequeña prosa poética, mis emociones.
Se nos pide que el 14 hagamos huelga de cuidados, por lo tanto no habrá
desvelos ni solícita atención a los hijos e hijas, no habrá desayunos ni trenzas o coletas ese día, no supervisaremos
el lavado de cara ni limpiaremos los mocos de los más pequeños, los besos
gratuitos que cuidan lo más hondo estarán prohibidos, celebraremos la grasienta
hamburguesa, la comida basura que nos libra de la tiranía de los pucheros, no
habrá fruta pelada ni bocadillos para la merienda, no ataremos cordones de
zapatos ni miraremos a los ojos con gesto cómplice y sostenedor, no habrá
tiritas en las heridas ni sopa caliente para cenar.
No tendrán los ancianos la visita,
la amena compañía y el diálogo con aquellos a los que antes cuidaron
como brotes de sí mismos y de todos los ancestros.
Una huelga de cuidados, huelga de cariños y de amores, no habrá besos, ni
abrazos ni caricias, lo de menos los platos sin fregar que quedarán resecos
para el día siguiente. Un conflicto colectivo que propone que todo lo que se
hace por amor se haga por dinero, pues lo que es gratuito es invisible y no
reconocido, habida cuenta de que el reconocimiento ha de ser siempre monetario
y venir de las instituciones y gobiernos.
Claro, que es solo paro femenino; podrán nuestros hermanos los varones
realizar las tareas cotidianas, el trajín rutinario de los días, teniendo en
cuenta que, para una mayoría, es lo habitual y acostumbrado, me consuela esto
un tanto, pues la vida no suele detenerse por las convocatorias sindicales.
Añoro esos tiempos en los que las huelgas iban contra el Estado y los
patronos, quedáronse obsoletas y antiguallas esas luchas de clases, la
fraternal revuelta contra los de arriba ahora se traslada hacia el de al lado,
convirtiendo en virtud doblegar al afín y semejante aun a costa de pactar con
el Estado, para recuperar, nos dicen, esa otra plusvalía, la explotación afectiva
que la llaman, el excedente de amor de las mujeres que disfrutan los hombres o
los niños sin ser remunerado cabalmente.
Parece que los tiempos, al fin, están cambiando.
Abrazar la muerte y abrazar la vida
y abrazar
la vida
Una
reflexión sobre la cultura que ignora la muerte y trivializa la vida y un texto
de María Jesús Blázquez
“Pero nunca, hijos míos, os habré
de mecer”
Julia Uceda
Cuatro mujeres adolescentes han muerto este fin de semana en una macabra fiesta de Halloween lo que merece una reflexión.
La costumbre de celebrar esta fiesta, exportada y diseñada por la meca de la propaganda y la aculturación planetaria que es Hollywood, se ha impuesto finalmente entre un amplio sector de jóvenes que carece de toda referencia cultural e identitaria propia. Hijos de mujeres y hombres que entregan a la empresa lo mejor de sus fuerzas vitales han crecido viendo películas, confundiendo el amor con el consumo de bienes, vaciando su ser de conflictos existenciales para llenarlo de todo lo que se compra con dinero como objetos sustitutorios de los auténticos vínculos humanos.
Aculturados y frivolizados al máximo, los y las adolescentes necesitan llenarse de cosas y de experiencias cada vez más barbáricas para ocupar el vacío existencial en que viven, de manera que la manipulación mercantil de sus necesidades se ha convertido en un lucrativo negocio.
No quiero minimizar el dolor de los padres y las familias de las jóvenes que se han marchado tan tempranamente, pero no podemos orillar el drama más profundo, la causa verdadera de la desgracia, el que se necesiten dosis cada mayores de actividades y espacios deshumanizados para cerrar las heridas de unas vidas sin sentido.
En el pasado se dedicaban bastantes espacios a pensar y entender la muerte, y un día al año de forma más intensa y ritualizada a recuperar el vínculo entre los vivos y los muertos, el sentido del tiempo y la finitud de la vida, la restauración del hilo que comunica el pasado y el futuro. Y lo hacían los ancianos, los adultos y los niños compartiendo una reflexión que tiene notas singulares en cada ciclo vital.
Cuando se trivializa la muerte también se trivializa la vida que pierde sentido y profundidad. Nada más simbólico de esa barbarie que el hecho de que la fiesta continuara después de la agonía de las muchachas para “evitar males mayores”, supongo que también habrán de descargar de fuerza y de dolor los hechos para no “traumatizar” a los y las asistentes.
Desgraciadamente la muerte ha sido convertida en un grotesco espectáculo hecho de efectos especiales y sangre de garrafón, no tiene realidad ni materialidad alguna, es únicamente una estampa, una noticia, pura ficción; con ello desaparece lo que tal vez sea la seña más esencial de nuestra humanidad, la capacidad de tomar conciencia del tiempo, y, por lo tanto, de nuestra duración finita.
Creo que es una ocasión para mostrar el trabajo de mi admirada amiga María Jesús Blázquez con la que comparto la experiencia de haber abrazado la muerte cuando esperaba la vida. María Jesús ha puesto palabras a la vivencia más cruel de la muerte, al duelo más doloroso, pero también ha expresado la capacidad que hemos tenido las madres para llevar en el regazo y en el corazón durante el resto de la vida a nuestros hijos muertos sin rompernos, porque cuando se ha mirado de frente a la muerte se puede mirar de frente a la vida.
Os dejo su relato:
Título:
Abrazar la muerte cuando se espera la vida
Parto y nacimiento de Alejandro y de Cilia
Autora:
María Jesús Blázquez
Dedicado a las madres que han perdido a su bebé
Agradecimientos:
A mis hijos y a mis hijas: Alejandro, Guillermo, Cilia y María
A Rafa, mi compañero que supo acompañar y respetar mis partos y el nacimiento de sus hijos y de sus hijas.
A mi madre y a mi padre con los que aprendí que parir es sencillo y natural.
A mi amiga y matrona Carmen Pascual y a mi amigo y médico Pablo Saz con los que me sentí acompañada, confiada y respetada.
Presentación
Por cuatro veces he parido, dos hijos nacidos vivos, Guillermo que ahora tiene 19 años y María 15 años y dos hijos nacidos muertos, Alejandro hace más de 20 años y Cilia hace más de 16 años. Esta experiencia ha marcado de tal forma mi vida que desde entonces, y han pasado casi dos décadas, todo lo que trabajo, investigo, creo y escribo está en relación con el parto, el nacimiento, la lactancia, y la crianza.
Me doy permiso para hablar desde mi experiencia y te pido que recibas mis palabras como las de una madre que relata su experiencia cargada de emociones, sentimientos y reflexiones desde la libertad que da el no ser una experta en el tema.
¿Por qué he tardado tanto tiempo en escribir y hablar?
Ha pasado mucho tiempo, he guardado mi experiencia como un tesoro y sólo en alguna ocasión la he compartido con un grupo pequeño de personas, quizás mi silencio ha sido por pudor y también por no provocar en quien escucha un rechazo por incomprensión, también he tenido miedo pues hay parte de la experiencia que no era procedente contar hace tiempo. No es una experiencia extraordinaria pues ya mi abuela y otras muchas mujeres a lo largo de los tiempos han perdido a sus criaturas. Pera mí ha sido una experiencia valiosa por su dimensión espiritual y porque me ha permitido redescubrir la capacidad de las mujeres para parir, incluso cuando el bebé está sin vida.
El miedo a pronunciar la palabra muerte
“Abrazar la muerte cuando se espera la vida”
Siempre que pronunciamos o escribimos la palabra muerte algo se remueve en lo más profundo y nos inquieta, porque vivimos en una cultura que la niega y la esconde continuamente.
Nunca estamos preparados para recibir la muerte y mucho menos cuando esperas la llegada de un bebé Cuando las mujeres esperan la llegada de sus bebés, esperan la llegada de la vida pues son muy pocos los bebés que nacen sin vida, los estudiantes de Medicina o de Enfermería o las Matronas, durante la carrera se preparan para resolver problemas y no hay espacio para trabajar lamuerte, se estudia durante años de espaldas a la muerte y curiosamente se estudia anatomía con la ayuda de cadáveres y el tiempo dedicado al estudio de las enfermedades predomina al de la salud y no se habla casi nunca de la muerte. En la actualidad, afortunadamente ya se realizan cursos y talleres en Hospitales y Colegios de Enfermería dirigidos a profesionales de la salud, para aprender a acompañar a los enfermos terminales y a sus familiares con calidez y calidad.
El tiempo de permanencia con vida en la tierra es diferente para cada ser. Cuando la vida nos trae la prueba dura como la pérdida de la vida del bebé que esperas, a la vez nos ofrece una oportunidad y nos envía unas claves para nuestro desarrollo y evolución tanto a nivel personal como espiritual.
Vivimos en una época en la que lo prioritario es la efectividad, y parece que recibir un bebé sin vida es una falta de efectividad de validez, se percibe como un fracaso; yo misma he utilizado el término “pérdida” para el título
de “Carta desde el cielo” escrita para la madre y el padre
que han perdido la vida del bebé que esperaban.
Vivimos quizás con la falsa idea de que controlamos la vida, que podemos desarrollar nuestro proyecto vital asegurando ganancias y dominando la naturaleza‐ este es el error más grave de nuestro tiempo‐, sin embargo esto no es exactamente así, porque la muerte está ahí, para unas personas llega antes y para otras después y en los bebés que mueren antes de nacer o poco tiempo después del nacimiento, es todavía más breve su existencia.
No conocemos nada de nuestro origen ni destino, no sabemos qué misión tiene cada ser que llega a la Tierra, ni tampoco nos detenemos fácilmente para encontrarnos con nuestros sentimientos y emociones respecto a la muerte.
Mi primer parto, mi primera experiencia
Relato en presente porque me facilita la expresión, aunque han transcurrido más de 20 años
..Una tarde fría de diciembre del año 1983, en Zaragoza,
han pasado seis meses y medio de gestación………
……. ¡Estoy de parto! se adelanta casi dos meses, el parto de mi primer hijo, entro en pánico y acudimos al hospital, acabo de entrar al hospital, respondo a los datos domiciliarios que me preguntan, me resulta una tortura insoportable, en un momento de desesperación y locura para mi, después pasado por fin el interrogatorio paso a una sala y me colocan en una camilla obstétrica, tumbada, piernas en alto, una matrona me hace un tacto, no me habla, no conoce mi nombre, para qué tantas preguntas a la entrada, si no me llama por mi nombre, todo es silencio, todo es pánico, me quedo sola y empieza a salir líquido amniótico, ¡se ha roto la bolsa!, las aguas son teñidas, oscuras, esas palabras si las pronuncia claramente la matrona y dice “las aguas están oscuras”.
Paso a otra sala, la sala del monitor y me obligan a tumbarme y siento un dolor intenso, obedezco aterrada, llega una nueva cara, una mujer, puede que sea obstetra, parece residente, es joven, tampoco me habla, ni conoce mi nombre, está atenta al monitor.
Yo siento cada vez más dolor, mi cuerpo pide a gritos movimiento, no soporto estar estirada y quieta, ¿qué me pasa, qué pasa con mi bebé?, ¡que me quiten esto! ¿Está mal mi bebé? Pregunto a la médico joven, silencio por respuesta.
Entran rostros nuevos, salen, vuelven a entrar, nadie pronuncia palabra, todos estamos gritando de pánico pero sin pronunciar palabra.
Dolor, dolor, angustia, desesperada inmovilidad impuesta a la fuerza, aire, necesito aire fresco me asfixio aquí, una ventana, quiero aire, todo está cerrado, me levanto de la cama, quiero abrir la ventana, no me dejan.
Me muevo, me voy del hospital, me libero
Me voy del hospital, quiero irme, ya me han hecho la prueba del monitor, me voy, no me dejan abrir la ventana, me tumban de nuevo, me quiero ir.
Mi marido espera en el pasillo y mi médico de cabecera está a mi lado y me dice, necesitas movimiento para que avance el parto ¡Eso es lo que me pide el cuerpo, ¡movimiento! Yo me voy de aquí, me voy, vamos, y salgo hacia el pasillo, en dirección al ascensor, me siento como una loba que huye y busca la salida para escapar. Decidida entro en el ascensor, me siguen mi marido y mi médico de cabecera que me acompaña desde que salimos de casa.
La mujer joven, quizás obstetra, sale al pasillo detrás de nosotros y dice ¿dónde va esa mujer?, si lo va a perder por el camino. Ya no escucho ninguna voz, solo mi fiera salvaje, salgo con fuerza, me voy, no llevo bragas, no me importa eso ahora. Salgo a la calle y siento el aire fresco de la madrugada de diciembre y me limpio con la frescura del aire la asfixia que había sentido arriba, ¡qué bien estoy aquí!, entramos en el coche y vienen más contracciones, ¡qué bien me siento ahora en el coche en movimiento las contracciones son diferentes, duele menos.
Vamos hacia la Clínica que me corresponde por mi seguro médico, soy funcionaria y puedo elegir la compañía aseguradora, he ido al Hospital de la Seguridad Social porque tienen monitor y en la Clínica privada que me corresponde no lo tienen.
Llegada al segundo lugar desconocido, la Clínica privada
Llegada al segundo lugar nuevo, otra vez el interrogatorio, la recogida de datos. Hay silencio en los pasillos, estamos en la medianoche, paso a la habitación que me corresponde, llega una matrona, me hace un tacto respira conmigo para marcar un ritmo con la contracción, me rasura me hace un tacto y desaparece.
Entro en el agua, todo cambia
Estoy en compañía de Pablo, mi médico amigo y de Rafa, mi marido, en la habitación que tiene baño, Pablo me anima a darme un baño en la hermosa bañera blanca, todo está en silencio, me encuentro bien aquí, el sonido del agua, el calor del agua, la ventana se puede abrir, me encuentro bien aunque no sé cómo se encuentra mi bebé.
¡Ah! El agua, el agua del grifo abierto de par en par, el sonido del agua, el agua caliente me envuelve, me acompaña‐ ha entrado de nuevo la matrona‐ oigo a lo lejos sus palabras enfadadas ¿qué hace esta mujer en el agua? ¡Si está con la bolsa rota!, va a coger una infección, ¿tú eres de esas del parto en el agua? ¡Vaya tontería!
Cada vez está más lejos la voz de la matrona no me preocupan nada sus voces y solo escucho el agua que cae abundante caliente y el agua me abraza, me envuelve, me calma el dolor, casi desaparece, ¡ahora estoy bien!
No sé cuanto tiempo llevo dentro del agua, necesito ya salir, mi cuerpo me pide salir del agua y moverme de nuevo, paseo por la habitación rodeo la cama voy y vengo hago un circuito, mi cuerpo me lleva, yo solo obedezco.
Ya está aquí
Siento peso en la vulva, ya está aquí, me agacho, me pongo de rodillas encima de la cama, ya está aquí, otra contracción y ya está aquí, lo recojo con mis manos, y nace mi hijo, su cabeza está muy deformada, alargada, los deditos de las manos están unidos, tomo sus manitas, es muy pequeño, está muerto, esto era lo que pasaba, mi hijo Alejandro, así se iba a llamar, estaba muerto, mi hijo ha nacido y está sin vida.
Entran gentes nuevas, me llevan al paritorio
Vamos con mi bebé muerto al paritorio, ¿para qué me llevan allí?, nadie me habla, nada me dicen, empujan la camilla es el único sonido, me separan de mi marido y de mi médico amigo, me llevan al ascensor, otra vez el pasillo, me dejan en el pasillo, estoy a la puerta del paritorio, entran y salen desconocidas, y llega el obstetra que me correspondía, el obstetra que se reía de mí en la primera consulta cuando le hablé de mi deseo de parto natural, ahora me habla, acaba de llegar, bastantes horas después de haber avisado de la emergencia de adelanto del parto , me hace una pregunta: ¿qué Rh tienes?, estamos en medio del pasillo antes de entrar al paritorio, me quedo muda un instante, llena de rabia y siento como un latigazo que me recorre todo mi ser, y respondo
“qué pena me dais los médicos”, no soy dueña de mis palabras, no puedo controlar, me siento salvaje, el médico se va, desaparece de mi vista, se va mudo no dice nada (Mi pareja y yo somos Rh positivos, la pregunta del médico está fuera de lugar)
Me pasan al paritorio, rodeada de nuevos desconocidos, dejan pasar a mi médico, dejan fuera a mi marido.
Tengo mi mente y mi corazón en la centrifugadora, mi cuerpo en exposición piernas en alto, rostros desconocidos, gracias a Dios que Pablo mi médico esta aquí a mi lado hablo y hablo con él de “un sueño extraño” que había tenido unas semanas antes, un sueño que me había preparado para esto, ¡qué misteriosos son lo sueños! Recuerdo a la escritora Anaïs Nin, que relata el parto de su bebé muerto, ¡qué bien comprendo ahora lo que ella escribió!
Sigo en el paritorio, ahora sale la placenta caliente pequeña, muy pequeña y una de las desconocidas, enfermera monjita, dice al ver la placenta ¡qué pequeña es!, ¿eres fumadora, verdad? De nuevo siento rabia, y dolor al escuchar las acusadoras, absurdas y estúpidas palabras, me causan un inmenso dolor ahora que acabo de perder a mi hijo, además yo no fumo y me cuido la dieta, hago ejercicio y me duelen estas palabras.
Una de las desconocidas que me rodean en el paritorio, me mira con afecto aunque no sé su nombre ni ella el mío y recibo bien su mirada que me acompaña, ¡gracias entrañable desconocida!, gracias por tu afecto, contigo no me siento juzgada me siento acompañada.
Salimos del paritorio me reencuentro con mi marido nos damos la mano, volvemos a la habitación.
Llega la mañana siguiente amanece en la Clínica, miro a la ventana veo árboles y entra una hermosa luz, estoy en la clínica y tengo un solo sentimiento y pensamiento que se repite sin parar “el parto es sencillo, no quiero volver al hospital”
Después de la pérdida, días y noches
Hacer vida normal, cotidiana salir a la calle de nuevo y responder a las preguntas de vecinos y amigos: ¿qué has tenido? , esto es lo más difícil, veo a los bebés y a sus madres, siento un profundo dolor y desesperación, ¿cómo es tan fácil vivir para estos bebés? ¿Qué ha pasado con el mío?
Vivo en días y noches sin alma, pasan semanas y meses, algo queda en mí de bióloga, “una pizca”, lo suficiente para tener curiosidad por analizar las causas de la muerte de mi hijo y conocer los resultados del estudio de anatomía patológica y de nuestro cariotipo.
¿Seremos genéticamente normales?, ¿Qué ha pasado’ ¿por qué se ha formado mal la placenta? ¿Por qué mi útero no ha mantenido con vida a mi hijo?
Preguntas y preguntas sin respuesta.
La ciencia me ha fallado, no me responde. La medicina no tiene todas las respuestas.
Recoger el resultado de los cariotipos encerrados en un sobre es una extraña emoción una mezcla de temida sentencia terrorífica o liberadora según sean las palabras escritas, ¿está aquí encerrada en este papel la respuesta a la causa de la muerte de mi hijo? Abro el sobre deseo conocer mis cromosomas y los de mi pareja, despliego el cuadernillo, aquí está, ¡qué bien ordenados , como en los libros, ni faltan ni sobran trozos, parece que son normales y así se expresa “No se aprecia ninguna anomalía cromosómica”
Entonces: ¿dónde está la causa?
La ciencia no me responde, no me acompaña. En mi juventud cuando estudiaba Citogenética, era mi especialidad, llegué a sentir la absurda soberbia de la “superioridad controladora de la ciencia”, como si conocer algo de genética tuviera más al alcance la “fragua divina”.
Mi padre un hombre de campo, ganadero de toda la vida, me da claves sencillas que calman mi llaga más que toda la ciencia. Mi padre me recuerda que entre el ganad las vacas, las ovejas, también llega la muerte a las crías, hay abortos naturales de madres sanas que después crían bien hermosos corderos y terneros. Me quedo con esto, es la clave que más me reconforta, es un hecho natural y agradezco tanto a las vacas lo que me enseñan ahora que puedo perdonar el problema que tuve de niña, cuando en la escuela me decían que olía mal mi ropa, (olía a vacas) y en aquellos años me hacía llorar y ahora ellas, las vacas, me dan claves y me sirven de referencia mucho más que la anatomía patológica o el cariotipo.
Mi madre también me ayuda y me habla de cómo su madre, mi abuela, perdió a su tercer hijo nada más nacer y me da ánimos conocer que la muerte y la pérdida forma parte de la vida, aunque estemos esperando la vida, la muerte puede llegar.
Envuelta en esta nube de búsqueda de causas y de calma, solo tengo un pensamiento claro y un deseo en mi corazón: “Mi próximo hijo o mi próxima hija, si vuelvo a parir, nacerá en mi casa, como nací yo o como nació mi madre y su madre”
¿Por qué? Porque siento que la vida y la muerte están por encima de los lugares y la ciencia y la medicina no controlan la vida, aunque a veces la soberbia humana nos hace pensar que la vida sí está en nuestras manos.
Los días pasan despacio, estoy deseando volver a sentir la vida en mi vientre, volver a gestar y deseo conocer a Carmen Pascual, matrona que dirige un Centro de educación maternal y asiste el parto en casa.
Seis meses después vuelve la vida a mí y vivo mi segundo embarazo
Seis meses después de perder a mi primer hijo, vuelve la vida a mí y vuelvo a gestar un bebé que nace felizmente, en mi hogar, ahora tiene 19 años se llama Guillermo y estudia Geología, llegó al mundo sentado, fue un feliz y gozoso parto “de nalgas”
La gestación, el parto y el nacimiento de mi tercera
hija, Cilia
Vuelvo a vivir la gestación, es mi tercer embarazo, con 33 años de edad y un hijo de dos años y medio, que toma el pecho. Vivo una gestación tranquila y confiada, pues ya había vivido felizmente el parto de Guillermo y me siento capaz y segura de vivir de nuevo el parto. Paso las pruebas rutinarias de analítica y ecografía (en aquellos años más sencillas que ahora).
Con mi hijo Guillermo comienzo un suave destete, pues en aquellos años no se imaginaba nadie que fuese posible amamantar y gestar a otro bebé a la vez, aunque yo y sobretodo Guillermo no fuimos sumisos para el destete ‐ siempre estaré agradecida de su insumisión ‐ y lo prolongamos durante varios meses.
Transcurren los días, las semanas y los meses de gestación, de forma relativamente tranquila, entregada a la crianza, mi trabajo y la dedicación a Vía Láctea.
Todo parece normal, en la analítica, las ecografías y siento los movimientos de mi bebé, todo se desenvuelve en un ambiente sereno y cotidiano.
El día que conocimos la noticia:
Un día cercano a la fecha probable del parto, después de 9 meses de gestación, no percibía los movimientos de mi bebé y la matrona , mi querida amiga y maestra, Carmen Pascual, comprueba con su trompetilla que algo va mal, se queda en silencio y solo con mirar su cara me invade una sensación de golpe seco, de aturdimiento y en un instante se transforma todo mi sentir, sosiego y calma de días anteriores en un encogimiento y congelación , me repito una y mil veces “ no, no, no puede ser”, seguro que está bien mi bebé. Vamos a comprobar en el ecógrafo si hay latido, si hay vida……
………….no hay latido, no hay latido, no está con vida
mi bebé y está dentro de mi vientre. Durante toda la tarde siento contracciones frecuentes y con relativa intensidad, aunque para mi cuerpo son familiares, mi alma está paralizada, me falta la vida.
¡qué tiempo fuera del tiempo!, desde que veo la cara de la matrona cuando no escucha a mi bebé, hasta que el ecógrafo confirma que no hay vida, estoy fuera del tiempo y cada imagen, forma, color, palabra, sonido quedan encerrados en la amarga espera.
El arco iris, una caricia del cielo
De camino al ecógrafo para confirmar lo que todos pre‐ sentíamos, vivimos una escena extraña y simbólica que te voy a relatar porque explica el por qué hemos elegido un arco iris para ilustrar la “carta desde el cielo”.
La tarde tormentosa de octubre y amenazante de lluvia
deja un hueco a la luz, nosotros vamos en coche para llegar rápido a la prueba del ecógrafo, sentimos prisa, angustia y sin embargo nos detenemos y paramos el coche sin dudar ninguno de nosotros y seguros de lo que estábamos haciendo, miramos al cielo y allí está un arco iris doble y contemplamos en silencio como si nunca antes hubiéramos visto un arco iris, con ojos nuevos, obedeciendo un impulso interior y así hemos estado unos minutos, Rafa mi compañero, Guillermo mi hijo, Carmen mi matrona y yo con mi bebé.
Miramos, vemos y sentimos el arco iris doble y continuamos la marcha hasta el ecógrafo, durante este tiempo siento contracciones rítmicas que se detienen en el momento de escuchar las palabras “no hay latido”.
La espera hasta que el parto vuelve
Volver a encontrarse con el parto, con el cuerpo dispuesto a dejar nacer, con el útero dejándose llevar, qué difícil volver al movimiento sintiéndome encerrada en la quieta congelación de la muerte, qué difícil reencontrarse con el parto, sintiendo el dolor de la pérdida,
¿Cómo se pare la muerte?
¿Cómo se vuelve a mover la vida de mi cuerpo, para dejar nacer?
Llevar a casa la diminuta cajita
Carmen la matrona nos ha facilitado todas las gestiones en la funeraria, ¡Qué dolor! No preparamos cunita, preparamos una cajita blanca donde descansará el cuerpecito de nuestro bebé.
Vivir lo cotidiano y doméstico durante la espera
Hay que seguir viviendo lo cotidiano, cocinar, comer, respirar, dormir, pasear, jugar con mi hijo mayor, llevando mi vientre pletórico, redondo, albergando la muerte que tiene que nacer y esperando de nuevo el despertar al ritmo del parto.
Un día.
Otro día y nada.
Otro día y así hasta pasar tres días para retomar el ritmo del parto y las contracciones de inicio que se habían paralizado. ¡Hágase tu voluntad! ¡Acepto y apruebo esta situación!
Ahora comprendo el profundo significado de estas palabras las he sentido en mis entrañas y en mis huesos, he levantado los brazos al cielo y se ha derretido la coraza de mi corazón.
…… Y después de rendirme comienzan de nuevo las suaves contracciones, Carmen la matrona siempre a mi lado, llega la tarde y bailamos en corro, mi marido, mi hijo, mi matrona, con la música de los Calchakis interpretando a Mikis Teodorakis, que fue la música que nos acompañó en el parto y nacimiento de mi hijo Guillermo, y bailando empiezan a despertar las contracciones, el miedo se va disolviendo.
Ofrezco el pecho a mi hijo Guillermo aunque lleva más de dos meses sin lactar, mama perfectamente, parece que comprende la importancia del momento, se queda dormido y mi útero empezó a moverse con contracciones fuertes y rítmicas. La oxitocina es la hormona del amor, empieza a desentumecer mi útero.
Mi hijo Guillermo me ayudó, nos ayudó como un ángel de la guarda para que mi cuerpo y mi alma volvieran de nuevo al ritmo del parto. Y llegó la noche y continuaban las contracciones y yo tenía necesidad de descanso y me invadía un sueño suave y dulce, nos acostamos todos, descansamos.
El sueño dentro del sueño, durante el parto
Durante unas horas me quedo dormida, vivo un sueño muy especial, me encuentro rodeada de cuatro mujeres que están de parto a las que acompaño y doy ayuda. Es un sueño íntimo que me ha dado claves para mi evolución personal y espiritual.
Dormida mi útero sigue en movimiento y al despertar
El despertar…………..
……….. De madrugada, Carmen la matrona me dice, ¡ya está! ¡Has terminado la dilatación! Todavía quedan varias contracciones intensas, una de ellas ha quedado especialmente grabada en todo mi ser, me siento unida al cielo levantando mis brazos y a la tierra con mis pies apoyados firmemente, en el suelo, estoy unida al cielo y tierra en apertura máxima, viene otra contracción me arrodillo y nace mi hija, es una niña, se llama Cilia , su cuerpo es hermoso y bien formado, el cordón es muy largo lo lleva en bandolera con doble vuelta al cuello y un nudo, nudo que interrumpe su vida aquella tarde que dejé de percibir sus movimientos.
Tomo sus manitas, hablo con ella, pidiendo al cielo que para la próxima criatura se quede más tiempo con nosotros, estamos los cuatro en silencio mirando su cuerpo, Pablo el médico, Carmen la matrona, Rafa el padre y yo.
Guillermo ha dormido toda la noche y por primera vez no se ha despertado.
Después llega la funeraria
Cilia ha nacido, la funeraria está avisada y con suma delicadeza y respeto se llevan el cuerpecito de Cilia, hemos decidido incinerar. Hoy las cenizas de Cilia están en un lugar muy querido de nuestro Pirineo Aragonés.
Cilia sigue a nuestro lado
Durante semanas, Cilia, permanece cerca de nosotros, así la sentimos, nos acompaña, compartimos una complicidad y una protección como nunca había sentido en mi vida, especialmente para vencer los momentos de dolor al salir a calle y enfrentarse a la vida cotidiana, los compañeros de trabajo, las vecinas, las compras.., la temida pregunta ¿qué has tenido, cómo te ha ido?
Mis respuestas son fluidas y sin atropellos con calma,
Cilia me ayuda, está a mi lado.
La subida de la leche
Mi cuerpo necesita más tiempo para enterarse de que no habrá bebé para mamar y mis pechos se preparan para amamantar, han pasado dos días y están muy cargados y tensos. Guillermo me vuelve a ayudar y vacía mi pecho, se alivia toda la tirantez y el calor. Este es el último día que mi hijo Guillermo mama, es el día de su destete. Ahora tiene 19 años y disfruto cuando le vuelvo a contar cómo me ayudó para que volviera el ritmo a mi útero y para vaciar el calostro.
Dos meses después de la muerte de Cilia, volvemos a recibir la vida
Dos meses después volvemos a recibir al vida, otra vez estoy gestando una criatura, vuelve la vida de nuevo a nuestra familia y once meses después del nacimiento de Cilia nace María, también en mi hogar, hace ya 15 años………
………Y desde entonces para toda mi familia el arco iris es una caricia del cielo.
Reflexiones después del nacimiento de mi hijo de Alejandro y de mi hija Cilia
‐¿Cómo acompañar?
En el momento de conocer la pérdida. Contemplar el cuerpecito del bebé, no hurtar este momento, porque es necesario el encuentro y establecer el vínculo con el bebé que está sin vida si no tiene lugar se produce un doble duelo, el de impedir el reconocimiento de la muerte y el propio duelo por la misma.
El entierro, realizarlo respetando las creencias.
El duelo, vivirlo. Expresar la pena, el miedo, la soledad, el rencor, el resentimiento, la envidia, la incomprensión, los remordimientos.
Cuando se desea la llegada de otra criatura, después de vivir la pérdida, no condicionar ni marcar fechas controladoras desde el punto de vista sanitario, el cuerpo tiene el calendario apropiado y cada criatura elige el mejor momento para llegar, la intuición y el instinto de la pareja y dejar fluir es el mejor modo de volver recibir a la vida ¿Cómo resolver los problemas que pueden surgir en las mamas? Si hay subida de la leche, no vendar, vaciar suavemente, aplicar calor, se resuelve sin medicación
Lo que he aprendido con mi experiencia
La mujer tiene en su cuerpo una sabiduría ancestral que se despliega al máximo durante el parto, si se respetan sus ritmos y sus tiempos.
Para mi si ha sido una experiencia extraordinaria por lo que me ha aportado a nivel espiritual y personal pues durante aquellos días alrededor del nacimiento de Cilia me sentí conectada y acompañada por el cielo y sentí lo que ya de niña imaginaba que podría ser el ángel de la guarda, y sentí en mi propia sangre, en mi útero, mi carne y mis huesos, mi pelvis y mis pechos, que las mujeres estamos capacitadas para parir con facilidad y con gozo, aunque sea en un momento tan difícil como el nacimiento de una criatura si vida.
Me atrevo a decir, porque así lo he vivido, que el parto requiere
Intimidad ‐Respeto
Calor ‐ Agua caliente
Aire fresco en el rostro ‐ Pies calentitos
Movimiento ‐ Bailar
Compañía de personas amigas y queridas ‐ Confianza
Libertad ‐ Responsabilidad
Aceptar y asumir la muerte.
El parto para mi es mucho más que un acto fisiológico que fluye y permite el nacer, el parto es un acto sagrado, la llegada de un nuevo ser.
Bibliografía
‐La muerte, un amanecerʺ.Elisabeth Kübler‐Ross, Ed. Luciérnaga:
‐Carta a un niño con cáncer. Elisabeth Kübler‐Ross, Editorial: Luciérnaga
‐Sobre la muerte y los moribundos. Elisabeth Kübler‐Ross.
Ediciones Grijalbo
‐La rueda de la vida. Elisabeth Kübler‐Ross, ed. Luciérnaga
‐Sobre la muerte muriendo. Elisabeth Kübler‐Ross, ed. Luciérnaga
El parto
‐Blázquez M. J. Parir, nacer, mamar y amamantar. Primera edición. Zaragoza: Ed. autor; 2004
‐Fernández del Castillo, I. , La revolución del nacimiento,
Ed.Edaf, Madrid. 1994.
‐Kitzinger Sheila. Embarazo y Nacimiento. Ed. Interamericana. McGrauw‐ Hill. Madrid 1989
‐‐Kitzinger Sheila. Nacer en casa y otras alternativas al hospital.
Ed. Interamericana. McGrauw‐ Hill. Madrid 1993
‐Leboyer, F. Por un nacimiento sin violencia. Ed. Altafulla 1974
‐Leboyer, F. Shantala Un arte tradicional, el masaje para los niños, Ed. Edicial, Bs. As.1978
‐Melero‐ Barberá, J. Parirás con placer, Ed. Kairós, Barcelona.1980
‐Olañeta. Serás como la Madre Tierra. La mujer india. Segunda edición. Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, Editor; 2003
‐Odent M. El bebé es un mamífero. Segunda edición. Madrid:
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‐Odent M. La cientificación del amor. Primera edición. Buenos Aires: Editorial ‐Creavida; 2001
‐Odent M.El granjero y el obstetra. Primera edición. Buenos Aires: Editorial Creavida; 2002
‐Rodrigañez C. Cachafeiro A. La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Móstoles: Madre Tierra; 1995
‐Rodrigañez C. El asalto al Hades. Madrid: Proyecto editorial,traficantes de sueños; 2002
‐Saz Pablo. Tiempo de recoger y transmitir la vida. Gestación y nacimiento. Ed. Librería general. S.a. Zaragoza, 1982
María Jesús Blázquez
Nacida en un pueblo de la Sierra Madrileña, y criada entre prados, vacas lecheras y tierras de labor, hasta los siete años de edad que emigra forzosamente a Madrid, porque un pantano anega las tierras de labor, principal sustento de la familia. Desde niña con una clara vocación por la docencia, motivada, tal vez, por la estrecha convivencia con las maestras, de la escuela de su pueblo, que vivían en la casa de su abuela.
El origen rural, los estudios de Biología, la docencia como profesora de Ciencias Naturales, desde hace 26 años y llegar a Zaragoza y encontrar a personas como Pablo Saz, Carmen Pascual, M.Carmen Tejero, le abren un camino vital en el que puede reunir su profesión y sus pasiones, emociones, deseos, y vivencias.
Es madre de Guillermo y María, lo más importante de su currículum. Ha parido y ha dejado nacer a sus criaturas con gozo y libertad y esta experiencia ha marcado de tal forma su vida que desde entonces, y han pasado casi dos décadas, todo lo que trabaja, investiga, crea y escribe está en relación con la maternidad.
Profesión: Profesora. Catedrática de Biología‐ Geología del IES Félix de Azara, desde hace 26 años y durante cerca de dos décadas ha trabajado como promotora y coordinadora de proyectos de Educación para la Salud.
Cofundadora de la Asociación Vía Láctea, que desde el año 1987 trabaja en Promoción, Protección y Apoyo a la Lactancia Materna. Colaboradora de UNICEF Aragón como Responsable del Programa de Salud Materno Infantil.
Publicaciones:
‐Carta desde el cielo. Para ti mamá, para ti papá que has perdido a tu bebé. Ed. autor. Zaragoza, enero 2004
‐Parir, nacer, mamar y amamantar. Aportaciones de la Fisiología, Etología y la OMS para comprender el nacimiento y lactancia como actos de salud. Ed. autor, Zaragoza, enero, 2004 ‐Colaboraciones en revistas:
Revista de Medicina Naturista (Revista Internacional de Difusión Biomédica) Universidad de Zaragoza. Revista argentina “Iniciando la Vida” Atresvoces. Revista Argentina Crea vida. ‐Leboyer, F. Por un nacimiento sin violencia. Ed. Altafulla 1974
‐Leboyer, F. Shantala Un arte tradicional, el masaje para los niños, Ed. Edicial, Bs. As.1978
‐Melero‐ Barberá, J. Parirás con placer, Ed. Kairós, Barcelona.1980
‐Olañeta. Serás como la Madre Tierra. La mujer india. Segunda edición. Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, Editor; 2003
‐Odent M. El bebé es un mamífero. Segunda edición. Madrid:
Mandala; 1990
‐Odent M. La cientificación del amor. Primera edición. Buenos
Aires: Editorial ‐Creavida; 2001
‐Odent M.El granjero y el obstetra. Primera edición. Buenos Aires: Editorial Creavida; 2002
‐Rodrigañez C. Cachafeiro A. La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Móstoles: Madre Tierra; 1995
‐Rodrigañez C. El asalto al Hades. Madrid: Proyecto editorial,traficantes de sueños; 2002
‐Saz Pablo. Tiempo de recoger y transmitir la vida. Gestación y nacimiento. Ed. Librería general. S.a. Zaragoza, 1982
María Jesús Blázquez
Nacida en un pueblo de la Sierra Madrileña, y criada entre prados, vacas lecheras y tierras de labor, hasta los siete años de edad que emigra forzosamente a Madrid, porque un pantano anega las tierras de labor, principal sustento de la familia. Desde niña con una clara vocación por la docencia, motivada, tal vez, por la estrecha convivencia con las maestras, de la escuela de su pueblo, que vivían en la casa de su abuela.
El origen rural, los estudios de Biología, la docencia como profesora de Ciencias Naturales, desde hace 26 años y llegar a Zaragoza y encontrar a personas como Pablo Saz, Carmen Pascual, M.Carmen Tejero, le abren un camino vital en el que puede reunir su profesión y sus pasiones, emociones, deseos, y vivencias.
Es madre de Guillermo y María, lo más importante de su currículum. Ha parido y ha dejado nacer a sus criaturas con gozo y libertad y esta experiencia ha marcado de tal forma su vida que desde entonces, y han pasado casi dos décadas, todo lo que trabaja, investiga, crea y escribe está en relación con la maternidad.
Profesión: Profesora. Catedrática de Biología‐ Geología del IES Félix de Azara, desde hace 26 años y durante cerca de dos décadas ha trabajado como promotora y coordinadora de proyectos de Educación para la Salud.
Cofundadora de la Asociación Vía Láctea, que desde el año 1987 trabaja en Promoción, Protección y Apoyo a la Lactancia Materna. Colaboradora de UNICEF Aragón como Responsable del Programa de Salud Materno Infantil.
Publicaciones:
‐Carta desde el cielo. Para ti mamá, para ti papá que has perdido a tu bebé. Ed. autor. Zaragoza, enero 2004
‐Parir, nacer, mamar y amamantar. Aportaciones de la Fisiología, Etología y la OMS para comprender el nacimiento y lactancia como actos de salud. Ed. autor, Zaragoza, enero, 2004 ‐Colaboraciones en revistas:
Revista de Medicina Naturista (Revista Internacional de Difusión Biomédica) Universidad de Zaragoza. Revista argentina “Iniciando la Vida” Atresvoces. Revista Argentina Crea vida.
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