“El alma humana tiene necesidad de verdad y libertad de expresión” Simone Weil

"Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras” Juan de Yepes

Entrevista en "La independiente"


La independiente

Entrevista
Prado Esteban Diezma

"Que una mujer feminista dirija el ministerio de Defensa ofrece muchas ventajas al Estado, bajo su mandato se han enviado más soldados, mujeres y hombres, a operaciones de guerra en el exterior que con ninguno de sus antecesores (leer más)

De revolución, sexo y 15M


Nadie duda que la participación femenina en la acampada de Sol ha sido más amplia de lo que es habitual en las acciones políticas de los últimos años, me ha parecido enormemente gratificante encontrar un buen número de mujeres tratando y debatiendo de problemas políticos, sociales y existenciales en toda la amplitud de sus acepciones, saliendo del confinamiento de las “cosas de mujeres” y los debates feministas que han sido la particular “domesticidad” de la modernidad tardía.

Este hecho se produce en el mismo entorno en el que las pancartas con consignas feministas han sido abucheadas y, en algunos casos retiradas por la multitud (esto ha sucedido en bastantes ocasiones en las dos semanas del campamento). ¿Cómo podemos interpretar estas situaciones?. Al grito de “La revolución no tiene sexo” mujeres y hombres comprometidos con una idea, tal vez vaga, pero activa y entusiasta de la transformación social han afeado el recurrente ejercicio de enfrentamiento y discordia que introduce la “política de sexos”, han percibido y señalado al feminismo donde realmente se encuentra, junto a los políticos, el Estado y los instrumentos del orden social (ejército, policía etc.). No puede hablarse, pues, de que el origen de ese desencuentro sea el machismo del movimiento sino su sensata intuición de que estas corrientes representan al sistema y no a las mujeres.

La incorporación que se ha hecho del vocablo “pueblo” como expresión de comunidad horizontal, de unidad de los de abajo contra el poder, es un hecho de especial significación. Frente a la división corporativa que ha sido la regla de los movimientos sociales, divididos convenientemente por sectores con programas reivindicativos que se proponen ante todo sacar mayor tajada del pastel para sus asociados. Decir “pueblo” expresa la vuelta a una realidad integradora, plural, igualitaria y democrática. El pueblo no entiende de divisiones porque admite a los diversos en equilibrada igualdad de derechos y obligaciones. La heterogeneidad de las ideas, las personas y las reflexiones no ha hecho estallar al movimiento sino que lo ha fortalecido por su capacidad para mantener la convivencia en torno a los puntos de unión y el debate político, eso es un auténtico ejemplo de democracia en acción. Por eso el feminismo, con su discurso totalitario, desentona en Sol.

3 de junio, se denuncian agresiones machistas en la Acampada

En la prensa de hoy aparece una denuncia suficientemente inconcreta y confusa sobre “intimidaciones”, “agresiones físicas”, “miradas” “gestos” o “actitudes paternalistas” interpretadas en clave más emocional que objetiva y señalando, de hecho, a todos los varones de la acampada como agresores en potencia. El feminismo se ha refugiado en un monotemático discurso sobre el maltrato a la mujer, un discurso que se sostiene con fondos públicos y cuyo máximo valedor es un hombre, Miguel Lorente, delegado del gobierno para la violencia de género y principal responsable del contenido de la Ley Integral contra la Violencia de Género, una ley de excepción que ha condenado desde su entrada en vigor en 2005 a 145.000 varones, una parte sustancial de ellos acusados de delitos que, de ser cometidos por una mujer, tendrían la categoría de faltas y cuya aplicación ha ejercido una función de incitar los crímenes sexistas (un reconocimiento que se hace de facto cuando los responsables ministeriales han aceptado que el exceso de publicidad de los asesinatos ha hecho “efecto llamada”, algo que muchas sabíamos ya antes, lo que hace sospechar cuales sean las verdaderas intenciones de la ley).

Existen los crímenes machistas, la violación, las agresiones sexuales, el acoso y muchas situaciones de desencuentro e incomprensión en clave sexual, pero todos estos hechos no tienen la misma gravedad ni pueden ser tratados de la misma manera, acuñar la consigna de que hay agresión cada vez que una mujer se sienta agredida es expulsarnos del espacio común de la objetividad, el buen juicio y la justicia. Hacer de la arbitrariedad la bandera de las mujeres es degradar nuestra condición de seres humanos responsables y conscientes, al mismo nivel que los hombres, y rebajarnos a la categoría de seres pueriles dominados por la subjetividad y el capricho. Si nuestro deseo es actuar contra la violencia machista, todas las agresiones han de poder ser acreditadas de forma objetiva y concreta.

La realidad social de la acampada es lo suficientemente compleja como para que el conflicto convivencial y sexual no pueda ser desalojado por completo. Dejando a un lado la posibilidad de que puedan producirse actos de provocación o debidos a desórdenes psíquicos de algunas personas, es necesario entender que los hombres y mujeres que conviven en Sol somos seres de esta sociedad y de este momento, condicionados, aunque no nos guste, por el ideario dominante dependiente del poder establecido que se impone a través de sus cátedras, prensa, medios de comunicación y artísticos entre otros. Este ideario se expresa hoy en el ascenso, por un lado, de las ideologías del narcisismo femenino, el odio sexista y el victimismo que hacen mella en pequeños, pero muy activos, sectores de mujeres y hombres y, por otro, del recelo, el miedo y la incomprensión del que son presa una gran porción de personas de ambos sexos.

La necesidad de tratar estos problemas no debe ser obviada, pero, si deseamos preservar una lucidez y sensatez básicas, deberíamos acordar que no todos los conflictos pueden ser calificados de agresiones. La mayor parte de las desavenencias entre las mujeres y los hombres pertenecen al ámbito de la confusión, la inexperiencia o la falta de habilidades de comunicación y pueden ser resueltos desde la reflexión conjunta y la concordia, de esta manera se propiciará que la convivencia en la acampada sea un espacio de aprender (mujeres y hombres) a entendernos y expresarnos como seres sexuados. La incomunicación, por lo general, no depende de un solo factor, los hombres, sino de dos, los hombres y las mujeres, la negación que se hace de la responsabilidad femenina en el buen trato es una forma de machismo manifiesto e intolerable pues nos considera pasivas receptoras en la relación con los otros, además de sujetos necesitados de “especial protección”, este concepto, acuñado por la Ley de Violencia de Género se funda en el principio patriarcal, que en el Código Civil de 1889 se expresaba como protección del marido y en la actualidad como protección del Estado y que se complementa con el deber de obediencia de las mujeres, obediencia que hoy es dirigida hacia las instituciones del poder.

Presentar como equivalentes violencias, agresiones, conflictos, miradas o actitudes como hace el feminismo, es un acto que, objetivamente, desacredita y ataca al movimiento, crea división y recelos, miedos y desconfianza. Es, de hecho, una llamada a las mujeres a abandonar la acampada y la lucha política y a instalarse el temor a los hombres, un terror hacia lo varonil que ya usó la beatería franquista extensamente. Además, fortalece al sistema de poder que se presenta hoy como el máximo defensor y protector de las mujeres, y de paso, impide que se traten con contundencia las verdaderas agresiones si las hay.

El feminismo ha sido usado para destruir las luchas del pueblo contra el poder de forma repetida. En los años sesenta del siglo XX la revista “Ms.” Espoleó un feminismo negro especialmente androfóbico y agresivo contra el ascenso del movimiento de los Panteras Negras, la revista que dirigía Gloria Steinem, figura señera del feminismo llamado de la “segunda ola” recibía fondos de la CIA (este hecho fue denunciado por otros grupos feministas y nunca fue desmentido por Steinem). James Petras ha llamado también la atención sobre el uso que se ha hecho del feminismo para ahogar algunas luchas en América Latina sembrando la discordia y el enfrentamiento entre los sexos. De hecho los principales sostenedores de las corrientes feministas son los Estados imperialistas que los han exportado a todo el planeta a través de las instituciones internacionales como la ONU (que creó la primera “Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer” en el año 1946 y ha desarrollado Cuatro Conferencias Mundiales que marcaron las líneas esenciales de las “políticas de género” a escala planetaria) el Banco Mundial y las mayores Fundaciones del mundo capitalista como la Fundación Ford, Rockefeller o Gates.

Por ello es una impostura pretender que el feminismo pueda representar a las mujeres, NO NOS REPRESENTAN, los y las feministas sirven a quienes les pagan, el Estado y sus instituciones. Esta corriente se ha constituido como una auténtica mordaza para nosotras que hemos sido despojadas de nuestra voz que pertenece ahora a los nuevos patriarcas, lo que es, en esencia, FEMINICIDIO, como crimen contra la vida personal, psíquica y espiritual de las mujeres.

El objetivo ahora es crear la división y el conflicto entre los sexos en la acampada, expulsar a las mujeres de la lucha, pues sin las mujeres el movimiento no sobrevivirá. Frente a estas maniobras tenemos que defender la batalla por la convivencia, lo que implica que todas las agresiones reales han de ser reprimidas en el ámbito de la horizontalidad pero con contundencia, que los conflictos sexuales no graves han de abordarse con energía pero con cordialidad y con la disposición de reparar, aprender y formarse como seres humanos de valía en la vida social y afectiva.

Las mujeres hemos de renunciar a todo privilegio o protección especial por razón de sexo, asumir nuestras propias responsabilidades en la creación de un ambiente en que el respeto y el buen trato sean la tónica dominante recuperando los valores de esfuerzo, autoexigencia y competencia personal. El neomachismo feminista nos ofrece vivir tuteladas sin enfrentarnos a los problemas de la existencia, mimadas y estúpidas, inconscientes y entontecidas, emocionales y fanáticas, es decir, sin autonomía. Libertad significa obligaciones antes que derechos, esfuerzo y dolor, frustración y dudas, equivocaciones y rectificación, solo si elegimos ese camino podemos ascender a pensarnos y vivir como seres libres, al menos con libertad de conciencia.

Madrid 3 de junio de 2011
María del Prado Esteban Diezma
pradoesteban@hotmail.com
prdlibre.blogspot.com

Entrevista en "El Pulso"

Entrevista publicada en la revista digital "El Pulso"

Frank G. Rubio: ¿Cómo te definirías personalmente?
Prado Esteban: Soy una persona común, miembro de la CNT, sin currículo académico ni título universitario alguno. Me he sentido comprometida siempre con los ideales de una sociedad en que la libertad consciente y equitativa sea la mayor aspiración de los sujetos. Mi feminidad ha sido marcada por mi pertenencia a una familia tradicional y rural donde las mujeres representaban una fuerza, energía y sabiduría muy valoradas y respetadas. Mi condición de madre de familia numerosa, un bagaje experiencial situado en las antípodas del imaginario feminista, me ha convertido en víctima de acoso y hostigamiento por parte de estos sectores.
F. G. R.: En diversos ambientes, y con justificación a mi modesto juicio, comienza a hablarse de “feminazismo”…

P. E.: El Manifiesto SCUM (siglas en inglés de la Sociedad para el Exterminio del Hombre) es un ejemplo de feminismo fascista e ideología exterminacionista. Sus seguidoras y seguidores han aumentado al calor de la propaganda sobre la violencia de género. Son los herederos del feminismo de la Sección Femenina y del nacional-catolicismo franquista. Pero no todo el feminismo es fascista, hay una gran multiplicidad y riqueza de tendencias, lo que hace que esta ideología tenga una eficacia social aterradora, una gran capacidad destructiva de estructuras sociales y de los propios sujetos. Su variedad implica también que existan tendencias parcialmente apoyables.
FGR: Tú que eres, además de una mujer comprometida política y socialmente, madre de familia numerosa, ¿cómo ves tanto la génesis como el impacto en nuestra sociedad de la Ley de Violencia de Género?
P.E: La ley parte del principio de que la violencia sobre la mujer es estructural, producto “de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres”. Eso significa que todos los varones, por el hecho de serlo, son potencialmente maltratadores. Esa afirmación no demostrada, justifica la injusticia de que los dos sexos no respondan de sus acciones de la misma manera, lo que es un agravio tanto para los hombres, que son castigados de forma mucho más severa, como para las mujeres, que somos despojadas de nuestra naturaleza humana más esencial, la responsabilidad sobre nuestros actos, y tornadas en infantiles e inmaduras y, por ello, necesitadas de la “especial protección” de las instituciones.

FGR: ¿Qué te sugiere el nombre de Simone de Beauvoir, para muchos la decana del feminismo contemporáneo avant la lettre?
P.E: Beauvoir es el paradigma del feminismo como ideología misógina, que considera a la mujer un ser inferior biológica y esencialmente y deplora la feminidad en todas sus facetas, pero especialmente en la maternal. Sus ideas han servido para enviar a millones de mujeres a las ergástulas del trabajo asalariado. Su pensamiento fue muy apreciado por la Sección Femenina, y loado por personajes tan importantes como la Condesa de Campo Alange, autora de “La Secreta Guerra de los Sexos” publicado en España en 1947, dos años antes que “El Segundo Sexo” de Beauvoir, y cuyo contenido es muy similar; o Mercedes Fórmica, una figura sobresaliente del falangismo desde sus orígenes.
FGR: España participa en la guerra de Libia y en el avasallamiento genocida de Afganistán. Así como en numerosos episodios de pacificación seudohumanitaria a lo largo y ancho del planeta. ¿Qué conexión ves entre el nuevo feminismo, auspiciado por el PSOE y lo que ha dado en llamarse a sí misma “izquierda”, influenciados por las corrientes norteamericanas académicas más sectarias, y la militarización progresiva de nuestra sociedad?

P.E: La deriva militarista del feminismo moderno es un hecho. No es casual que el mayor desarrollo de la actividad del ejército español en el exterior (aumento de las tropas destacadas, crecimiento de las exportaciones de armas etc.) se haya hecho durante el mandato ministerial de la feminista Carme Chacón. La incorporación de la mujer al ejército profesional ha sido el factor más importante para romper el antimilitarismo tradicional de la sociedad española: ésa es la obra del feminismo androfóbico.

FGR: Pasar del patriarcado al matriarcado, permaneciendo todo lo demás igual o peor, da poco juego a quienes creemos en la posibilidad de una sociedad más libre y mejor ¿no?
P.E: Toda sociedad basada en los privilegios es una sociedad indeseable, pero no creo que vayamos a un matriarcado. Las ventajas que se dan a la mujer van unidas a una especial opresión, una brutal limitación de nuestras libertades más básicas. Estamos sometidas a un implacable adoctrinamiento que niega nuestra condición humana como seres con libertad de conciencia, se nos impide la maternidad, se nos considera irresponsables… En la cima del pensamiento feminista oficial está un hombre, Miguel Lorente, del PSOE, que dicta la ortodoxia en estas cuestiones. De manera que más que de matriarcado hay que hablar de neopatriarcado.
FGR: ¿En qué estás trabajando ahora?
P.E: En este momento estoy trabajando en un libro, “Feminismo y feminicidio”, en el que me propongo una reflexión profunda sobre el impacto del feminismo sobre las mujeres (y sobre los hombres). Es un error creer que el feminismo representa a la mujer, que es un movimiento de mujeres. No sólo no es así, sino que somos millones las que hemos sido sus víctimas.

El camino hacia la guerra



En momentos tan dramáticos como los que vivimos cuando la escalada hacia la guerra total es un hecho cierto, cuando cada día las noticias de la escena internacional nos muestran fenómenos más inquietantes y amenazadores, me ha perturbado profundamente este montaje que presenta el rostro femenino de la guerra moderna, mujeres bellas, femeninas, seductoras incluso, mujeres de todos los continentes, de todas las razas, de los países más avanzados tanto como de los más arcaicos patriarcados.

¿Hemos de seguir manteniendo que las mujeres no son culpables de su apoyo a la guerra? Al menos deberíamos concluir que son tan responsables como los hombres que colaboran en ella, tan libres y conscientes de sus actos como los varones, a no ser que defendamos la inferioridad intrínseca de las féminas, nuestra incompetencia e ineptitud esencial, lo que nos haría efectivamente irresponsables de nuestras acciones.

Notas y recomendaciones 1


Nicoletta Tomás Caravia. La humanización del arte

Para el artículo "Legislar contra el amor", de este mismo Blog, he utilizado una fotografía de una obra de la serie "Amantes" de Nicoletta, sobre la que desearía expresar las siguientes notas:

La serie “Amantes” consigue dar corporalidad al amor como vivencia de la fusión material y espiritual entre los amantes, como trascendencia de las fronteras de nuestra existencia individual y que comprende desde la dulce intimidad al éxtasis amatorio. Es una reflexión sobre el amor humano, como amor sexuado y sexual, como vínculo corpóreo tanto como sentimental que alcanza una sublimidad magnífica.

Su estudio “Las ventanas del alma” nos adentra en la búsqueda de la condición humana concreta, desde una visión constructiva y positiva de las necesidades básicas del espíritu, como las entendió Simone Weil, como necesidades terrenas, singulares e históricas de la persona.
Para mí ha sido un auténtico descubrimiento como personalidad femenina y como artista comprometida con un ideal de humanidad.

Prado Esteban

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