“El alma humana tiene necesidad de verdad y libertad de expresión” Simone Weil

"Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras” Juan de Yepes

Lo nuevo y lo femenino

LO NUEVO Y LO FEMENINO.

“¡Triste "hoy" que anhela el "mañana" para trocarlo en "ayer"!”
Pedro Antonio de Alarcón


Este artículo fue publicado en el libro "Reflexiones sobre el 25-S". Lo publico aquí con algunas modificaciones.


Lo cierto es que el sistema de dominación ha colocado entre los puntos centrales de su estrategia conquistar a la mujer para su causa, o, cuando ello no es posible, simplemente destruirla como mujer y persona, proyecto que está en un grado de consecución muy alto en el presente. El régimen actual se refunda a través de estas operaciones que incorporan nueva savia a sus estructuras, le dan legitimidad y le permiten fagocitar el entusiasmo que suscita en los sectores victimizados la falsa emancipación tutelada. Así está utilizando a las mujeres como correa de transmisión de sus proyectos, al igual que lo hiciera el sistema patriarcal decimonónico con los hombres.
Si para el poder es cardinal ganar a las mujeres, mucho más lo es para cualquier proyecto de regeneración social; todo movimiento que no sea capaz de atraer la energía femenina a su causa está, por definición, condenado al fracaso. No puede haber una subversión de las instituciones ilegítimas de poder si no hay integración de los sexos, esto es, si se consuman la división social por géneros y el gravísimo desequilibrio entre mujeres y hombres en las luchas.
Por eso, ignorar la “cuestión femenina” o reducirla a un punto en el programa denunciando la “desigualdad de género y políticas patriarcales” es un desatino si no una majadería, pues lo constatable es que las mujeres se han movilizado en las tareas que les asigna el sistema, mientras están paralizadas en todo aquello que busca la subversión de las estructuras de opresión social. Las consignas anti-patriarcales son una apostilla que manifiesta el machismo residual de quienes las usan, que las incluyen por puro paternalismo pero las contemplan como una concesión a lo trivial y poco significativo, las “cosas de mujeres”, lejos de comprender el carácter estratégico que la cuestión femenina tiene en nuestra época y que significa que los  hombres y mujeres que deseen una revolución regeneradora deben tomarlo como uno de los ejes de su actividad.
Los que deseamos comprometernos con un ideal de renovación social integral e integrador que ponga fin a la sociedad de la maximización de la opresión, necesitamos entender los motivos de la parálisis femenina en las luchas, pero sobre todo las causas del ascenso de la participación de la mujer en los proyectos del Estado y el capitalismo, un asunto cuya intelección se me antoja especialmente difícil.
Muchos piensan que esa escasez de mujeres en los indigentes movimientos de masas del presente (tan tristes que no pueden, en puridad llamarse ni movimientos pues solo las subvenciones los mantienen en pie) tiene que ver con el rechazo de la violencia por parte de las féminas, algo que está inscrito en nuestra psique y es consustancial a nuestra biología. No es un argumento aceptable. Nada hay en nuestra naturaleza singular de mujeres que nos incapacite para tomar parte en los choques más duros del conflicto social. Que las mujeres pueden ser tan violentas como los hombres es un hecho constatable cada día en la vida social, y que lo pueden ser tanto personal como institucionalmente se comprueba en que el contingente femenino en el ejército español (y en prácticamente todos los del planeta) es cada vez mayor y más eficaz.
En nuestra historia la concurrencia femenina en los momentos más ásperos de la lucha contra el poder establecido ha sido la norma y no la excepción; un ejemplo significado y admirable, sucedido en Madrid, fue el conocido como “Motín contra Esquilache” en marzo de 1766 en el que miles de madrileños y madrileñas asaltaron instalaciones castrenses, protagonizaron choques violentísimos y pusieron en jaque durante varios días al poder constituido. Tan alta fue la participación femenina, tan briosa y vehemente su acometividad hacia las fuerzas de orden, que un narrador anónimo las llamó “amazonas arrabaleras”. Las mujeres no solo participaron en las asambleas populares que se realizaron en diversas partes de la ciudad durante los días  que duró la insurrección, sino que llevaron a cabo acciones tan heroicas y arriesgadas como los hombres y se llegaron a constituir escuadrones femeninos que hicieron un desfile triunfal por la calle Atocha[1][1]. En la mayor parte de las situaciones históricas de conflagración violenta en las que tomó parte activa el pueblo la mujer fue parte viva y sustantiva de la acción; lo fue, por supuesto, y con especial relevancia, en las guerras antinapoleónicas en las que actuaron con tanto arrojo y valentía como los hombres, algo que asombró y espantó a los franceses que consideraban antinatural luchar contra mujeres[2].
Por lo tanto, de asumir como una realidad que las mujeres rechazan implicarse en los momentos de violencia y arriesgarse o ponerse en peligro por un ideal, tendríamos que concluir que ese es un ingrediente de la personalidad femenina moderna y no de la tradición, y que está restringido a ciertos sectores de mujeres, las que pertenecen a las clases subalternas y no participan de las instituciones del Estado y del poder, pero no actúa sobre las que forman parte de sus ejércitos, policías y jefaturas políticas, económicas, militares y burocráticas, lo que demuestra que la personalidad femenina ha sido sometida y maniatada con especial virulencia en nuestros días mucho más que en el pasado y lo ha sido únicamente entre las mujeres del pueblo y no entre las poderosas. Esto reafirma lo expuesto al inicio, es decir, que el proyecto estratégico del poder de desmovilizar y paralizar a las mujeres para robustecerse y renovarse está cumpliendo sus letales designios.
Otras explicaciones apuntan a que las féminas se han volcado en el medro y el ascenso social, que están comprometidas con el progreso de sus carreras y profesiones y no desean implicarse en la transformación positiva del mundo. Esto es cierto para un sector no insignificante del sexo femenino, pero no puede explicar porqué en las acampadas del 15-M, al menos en sus inicios, las mujeres tuvimos una presencia significada y porqué esta situación no se ha mantenido después. De manera que si es un factor a tener en cuenta no puede ser elevado a causa última o principal del problema.
Algunos entienden que las mujeres no se suman a determinados programas políticos porque perciben su insustancialidad y porque son portadoras de una lucidez natural y un conocimiento intuitivo de la realidad[3]. No niego que la experiencia de una parte de las mujeres, muy apegada a la realidad tangible de la vida nos haga menos proclives a sumarnos a proyectos  cuya característica más sobresaliente es un reformismo alucinado producto del encogimiento intelectual de quienes lo sostienen, pero lo cierto es que, en el caso de que tal cosa exista, no se ha traducido en un movimiento hacia la reflexión propia, en una propuesta renovadora. Tenemos mucha necesidad de mujeres pensadoras y preparadas porque sin un impulso a la actividad de la conciencia en la que participe también la mujer no es posible soñar en que se genere una acción eficaz contra la opresión social, pero hemos de reconocer que hoy el pensamiento femenino es muy insuficiente y precario.
Para muchos y muchas la parálisis femenina se explica por la tendencia inducida por el patriarcado a confinarnos en lo doméstico; esto cuadra mal con el hecho de que las mujeres sean ya mayoría en la universidad y estén alcanzando la paridad en la actividad laboral a salario, sin embargo contiene una parte de innegable verdad que es mal comprendida por la mayoría. Si el franquismo consiguió aislar a las mujeres en el hogar lo hizo únicamente para poder manipular mejor su psique y adecuarlas a la ideología que hizo una religión de lo pequeño, lo anodino y lo vacío. El trabajo doméstico que antes había sido una actividad compleja, colectiva y creativa se trocó en quehacer incesante, maniático y repetitivo con lo que las condiciones de vida y también el pensamiento de las mujeres se transformaron[4]. En realidad, la vida hogareña no era el fin sino el medio; al degradar tanto las condiciones de vida de las mujeres y hacer insoportable lo que antes había sido agradable[5] se pudo dirigir a las féminas hacia el salariado.
Pero el modelo de trabajo a salario no ofrece a la mayoría de las mujeres más posibilidades de crecimiento y progreso personal que la vida doméstica. El arquetipo moderno de mujer “emancipada” reduce la existencia a una actividad incesante y repetitiva y siempre dirigida desde fuera, con lo que no ha ganado nada respecto al ama de casa franquista. La actividad reflexiva está en la mujer moderna tan excluida como en la mujer hogareña, más incluso, pues la segunda había de tener cierta autonomía para organizar su hogar, autonomía que la asalariada media no tiene, de modo que la nueva domesticidad se compone de adoctrinamiento, trabajo a salario y consumo, actividades que poseen, para muchas mujeres, un componente de metafísica devoción y que se traduce en una merma sustantiva de su capacidad para comprometerse en metas trascendentes y complejas.
De modo que podemos concluir que la mujer ha sido, efectivamente, domesticada por medio del encierro en lo casero e insustancial, lo que tiene como consecuencia su apartamiento de toda empresa grande o revolucionaria; pero tal situación no se produce a través de la vida hogareña, sino del par empleo-consumo, actividades que componen una neo-domesticidad más nociva que la de antaño y que consume casi toda la energía de la mujer.
Se habla también de la inseguridad de las mujeres, del eterno complejo femenino de inferioridad asociado a la educación patriarcal, como causa eficiente de nuestro estancamiento, lo que es cierto, pero ha de ser matizado. En primer lugar, el temor de las mujeres a comprometerse con el mundo tiene que ser comprendido en su expresión actual, ni es eterno ni consustancial a nuestra biología; sucesos como los comentados del motín contra Esquilache y muchos otros demuestran que no siempre las mujeres vivieron en el miedo y la inseguridad. A los más escépticos les recomendaría una lectura atenta del Quijote, escuchar a Marcela o Dorotea, para comprobar que el complejo femenino es mucho más moderno de lo que creemos.
Ni todas las mujeres son hoy inseguras ni lo son en todos los ámbitos; en las jefaturas de los múltiples centros de poder hay muchas mujeres seguras de sí mismas y en sus aledaños podemos encontrar muchas otras que buscan vehementemente el reconocimiento de esos estamentos para construir la  seguridad vital básica, de manera que esa personalidad cobarde no se manifiesta en todos los espacios, sino en aquellos en que ha de ejercer una acción libre y autodeterminada, elegir sus metas y luchar por ellas, lo que significa que es, esencialmente, miedo a la libertad.
Aunque todo lo anterior expresa problemas reales del presente de la mujer, ninguno de ellos nos aporta suficiente luz para entender por qué las mujeres que se comprometieron en las acampadas del 15-M se han apartado ahora de la acción, sea ésta para sumarse a los raquíticos movimientos que han seguido o para criticarlos, cuestión de orden trascendental. El hecho de que esta cuestión se olvide y se margine por la práctica totalidad de quienes se interesan por los problemas sociales del momento manifiesta que un machismo residual y una bonancible misoginia tienen carta de naturaleza entre nosotros.
No sólo intuyo, sino que vivo corrientemente esa sensación de que no hay un sitio para lo femenino en la actividad que llaman “pública”. Aquellas que triunfan y se integran, sea en la política o en la economía, se despojan de su feminidad como de un traje incómodo, manteniendo las formas femeninas pero renunciando al contenido de su diferencia sexual, y peroran acerca de ocupar ese espacio que consideran reservado al “hombre” y al que tienen derecho. Por el contrario, la mayor parte de las mujeres viven en la confusión y el conflicto interior (y los hombres también) producto de la incapacidad para situarse fuera del paradigma dominante.
Efectivamente, la política, tal como se concibió en la revolución liberal, es “cosa de hombres”, aunque sólo si se considera al “hombre” abstracto construido a partir de la organización biopolítica del Estado, es decir, no por la forma natural de ser varón, sino por la condición sobrevenida de las funciones concretas a que el Estado ha obligado a los varones desde el triunfo del orden constitucional y representativo.
El sistema de partidos que funda el liberalismo introduce un modelo de profunda división y fragmentación social e identitaria en múltiples planos, su función principal es esa y no otra. Siempre excluyó a las mujeres taxativamente, pero también buscó dividir a los hombres del pueblo rompiendo la tolerancia y respeto por la diversidad y la diferencia que había primado en la vida popular[6].
Mientras el pueblo vivía en una percepción integral e integrada de la vida en la que lo político era parte y no todo y estaba determinado por las necesidades humanas fundamentales entendidas en un sentido elevado y sublime[7] y no grosero o mezquino, con una concepción más cercana a la forma como las expresa Simone Weil[8], anudadas las demandas del cuerpo y del alma expresando la unidad de ser humano, reivindicando la necesidad de verdad, de belleza, de raíces, de historia, de convivencia y amor, de libertad y de equidad y justicia, como necesidades básicas, tan físicas como las que permiten la vida del cuerpo, el sistema imponía una sola dimensión, la de la dogmática partitocrática, la de las ideologías excluyentes y unidimensionales que  reducen la existencia a su ordenación jerárquica desde el poder, a la norma.
La política nunca debería ser eje principal de la vida sino materia derivada de los fines reales de la existencia, la convivencia, por ejemplo, se debería apreciar como un bien de mayor categoría que la identidad política. La búsqueda de la verdad posible en la realidad y la práctica debería estar por encima de las controversias doctrinarias, los objetivos trascendentes de la vida y las necesidades básicas del ser humano deberían ser el contenido último de todo debate político. El sistema de partidos, representación, organización jerárquica y Estado es siempre, con cualquier programa, indecente e inicua.
Lo cierto es que donde triunfa el modelo de partidos y sindicatos como instrumentos de la sociedad no-democrática con parlamento y representación política, solo una ínfima minoría de mujeres, la que asciende a los puestos de representación y a la jerarquía de poder, está presente, pero  desaparece el elemento femenino en la base.
Sabemos que en la sociedad tradicional, mientras el pueblo se mantuvo ajeno al sistema de partidos e ideologías políticas cerradas y excluyentes, la mujer tuvo un lugar destacado y activo, eso la hizo emprendedora y segura de sí misma. En esas condiciones se enfrentó a la injusticia con acometividad y valentía unida a los varones y enfrentada a los poderosos y poderosas. El sistema constitucional y parlamentario instaurado en Cádiz en 1812 robó la voz y la presencia a las mujeres del pueblo[9], las invisibilizó, situación que continúa hoy, porque mientras se discursea sobre la emancipación, se impide la expresión natural de lo femenino.
El concepto moderno de lo político como hipertrofia de la normativización, la ideologización y la jerarquía y ausencia de lo vital, lo convivencial, lo trascendente o espiritual y lo horizontal choca de forma no consciente y no buscada, pero real, con algunos hombres y con muchas, muchísimas,  mujeres. Eso hace que los programas políticos de la izquierda les sean ajenos y extraños y provoquen una apatía, un decaimiento del interés por el que abandonan esos espacios.
Esta revelación nos informa de la necesidad de recuperar una mirada holística que integre la totalidad de la vida humana, las múltiples dimensiones del existir, y que rescate la tradición occidental de pensar a partir de las grandes preguntas sobre a existencia y los grandes marcos referenciales, a partir de los ideales de vida, es decir, del sujeto y su proyección individual y colectiva, y no del Estado; de las personas y no de las instituciones como hace la izquierda. Este sería el contexto para buscar un nuevo paradigma con posibilidad de aunar, en la acción por la transformación de la sociedad, a las mujeres y los hombres. 
Sólo si fuésemos capaces de regenerar un nuevo sujeto colectivo, un pueblo con conciencia de sí y con estructuras e instituciones propias, basadas en la vida horizontal y el desapego a la protección del Estado, podría volver a recuperarse ese espacio integrado, ese nicho, en el que las mujeres ocupen un lugar propio y no otorgado[10], en que la acción y la energía femenina se despliegue libremente.
Ahora bien, no ha de entenderse lo antedicho desde el canon sexista-misógino creado por el Estado feminista; la mujer no es únicamente la victima de esta situación, sino que es co-responsable de ella; el victimismo nos sitúa en el espacio de los incapaces y los indefensos, nos arranca la posibilidad de ser dueñas de la vida y del futuro. Reconocer que las formas de organización de la acción política del presente son anti-femeninas de forma consustancial y taxativa, no implica justificar la parálisis de las mujeres, pues lo correcto ante ese estado de cosas es la acción, el compromiso para transformarlo, algo que no se está produciendo.
La asignación por parte del poder de la condición de víctimas a las mujeres tiene ese objetivo, su desmovilización estratégica; mientras dure el letargo femenino la pervivencia del sistema está garantizada. Acoger nuestros deberes como principal cimiento de la emancipación es la única salida a un momento de dramática desaparición no sólo de la libertad, sino del carácter humano de la vida.
Hasta ahora la mujer se ha limitado a dar la espalda a los proyectos que, como las de la izquierda, reproducen el modelo politicista y misógino heredado de la revolución liberal, y a refugiarse en distintas formas de escapismo o encierro existencial, haciendo así su particular contribución al ocaso del pueblo como ente con vida propia y proyecto histórico, a la desaparición de la vida horizontal y la fragmentación de la existencia y del pensamiento que impide cualquier acción colectiva de alcance. Si la situación actual persiste y sigue ampliándose, la aniquilación definitiva del sujeto colectivo antagonista del Estado culminará: el poder constituido habrá cumplido sus objetivos estratégicos y obtenido una victoria integral sobre el pueblo.
Se trata pues, de generar un nuevo paradigma que pueda ser restaurador de la unidad y de la fuerza horizontal, y de un nuevo sujeto colectivo que no será copia del sujeto de la tradición, pues tendrá que enfrentarse a condiciones completamente originales. Este nuevo modelo tendrá que buscar formas de acción y pensamiento holísticos, globales, en contra de la parcelación y la rotura que ha fraguado la modernidad, y deberá recuperar las grandes preguntas existenciales como origen de toda acción fundante de un orden nuevo.
El síntoma supremo del carácter renovador de un movimiento será su capacidad para reintegrar la experiencia humana y para dar cabida a la expresión singular sexuada de mujeres y hombres. Si acordamos que las formas de enfrentarse al poder constituido han de ser renovadas en profundidad, y que se ha de explorar procedimientos y recursos plenamente novedosos y creativos, sólo por ello las mujeres habremos ganado espacio y prestigio en la vida social, pues estaremos en un plano de igualdad con los varones que tampoco se han iniciado en estas regiones ignoradas y misteriosas de lo por venir. Compartiremos pues, desde la incertidumbre de quien se arriesga a lo nuevo, un camino que sólo por ser común, y no segregado tiene ya, por sí mismo, un carácter revolucionario.









[1] “El Motín contra Esquilache. Crisis y protesta popular en el Madrid del siglo XVIII” José Miguel López García, Madrid, 2006. “Historias que cuentan: El Motín contra Esquilache en Madrid y las mujeres dieciochescas según voces del XVIII, XIX y XX” Lissette Rolón Collazo, Madrid, 2009.

[2] “Mujeres en la guerra de la Independencia”, Elena Fernández, Madrid, 2009. “Heroínas y patriotas; mujeres de 1808” Gloria Espigado y María Cruz Romero (coord.), Madrid, 2009.
[3][3] El análisis del programa con que se llamó a ocupar el Congreso es constatación suficiente de la distancia que existe entre el proyecto que presenta la dirección del movimiento y cualquier posibilidad de subversión positiva del poder establecido; la mixtura de reformas y utopías periclitadas que componen el programa-guía de las movilizaciones no puede ser el portador del nacimiento de un sujeto colectivo que proyecte una sociedad sin Estado, sin capitalismo y sin opresión política. Por lo mismo solo puede ser considerado como un nuevo intento de refundar  el sistema a partir de algunas reformas insustanciales.

[4] “Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Vol. I. Recuperando la historia” Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora, Aldarull, 2012.

[5] Lo doméstico como la suma de las actividades que cubren las necesidades vitales de las personas no es por sí mismo destructivo ni embrutecedor; en el pasado, en el seno de las clases populares, todos y todas dedicaban un tiempo a esas ocupaciones que son las más naturales porque permiten la vida como vida humana. No se consideró que los trabajos que se desarrollaban dentro del hogar tuvieran menos valor que los que se realizaban fuera hasta que el salariado, proyecto de la revolución liberal que se hizo universal en el franquismo, dividió la vida social en dos esferas perfectamente separadas a las que se otorgó una diferente valoración, y fragmentó la vida rompiendo la unidad del trabajo y la existencia.

[6] Una narración palpitante y conmovida de su propia experiencia personal en una sociedad con un alma convicencialista  y sociable es la de Santiago Aráuz de Robles en “Los desiertos de la cultura (una crisis agraria), Guadalajara, 1979, en la que desgrana sus recuerdos de un universo en el que las personas tenían un valor excepcional y las relaciones eran más importantes que la afinidad de ideas. Otro documento de gran significación en este tema es el trabajo de Ander Delgado Cendagortagalarza, “Protesta popular y política (Bermeo 1912-1932)”, Revista “Ayer”, nº 40, Madrid, 2000. En este artículo el autor estudia cómo las formaciones partidistas  liberales introdujeron en la vida popular la división y el conflicto a través de los falsos debates políticos que llevaron a que la Cofradía de Bermeo que, desde tiempos remotos, había sido un lugar de encuentro y apoyo mutuo de los vecinos quedara dividida en múltiples facciones de orientación política contraria. Así, donde había habido tolerancia y respeto, ayuda y cooperación el sistema de partidos introdujo fanatismo e intolerancia, desavenencia y escisión. El autor incluye múltiples referencias a la intensa participación femenina en los conflictos violentos con el poder, añadiendo que, en la mayor parte de los casos, eran ellas las que los iniciaban.

[7] Ver “Tiempo, historia y sublimidad en el románico rural. El régimen concejil. Los trabajos y los meses. El románico amoroso” Félix Rodrigo Mora, Tenerife, 2012.

[8] Simone Weil, “Echar raíces”, Valladolid, 1996.
[9] “Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Vol. I. Recuperando la historia” Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora, Aldarull, 2012.

[10] Jamás podrá la mujer crecer en su presencia social por efecto de las leyes, por las cuotas y los privilegios de sexo, sólo el espacio que es naturalmente habitado, por decisión y disposición propia y no por la gracia de las instituciones es un espacio de la libertad.

Audio: "Maternidad-Paternidad desde el sentido común"

CHARLA EN LAS JORNADAS "LA MATERNIDAD-PATERNIDAD COMO HERRAMIENTA DE CAMBIO", DÍA 28 DE SEPTIEMBRE EN EL LOCAL ASOCIATIVO "ROMPE EL CÍRCULO",  MÓSTOLES.
Una jornada dedicada al a reflexión colectiva sobre el acto de engendrar, parir y criar en una sociedad que necesita de nuestro compromiso para regenerarse y ser un hábitat para la supervivencia de lo humano.




Presentación de "Feminicidio o auto-construcción de la mujer" en Sala Metáforas

Presentación de
"Feminicidio o auto-construcción de la mujer"



Día 11 de Octubre
20,30 horas
Sala "Metáforas"
Calle Papagayo 8
Metro Abrantes
Más información en adlaexplotacionsexual@gmail.com

Una sociedad en liquidación por cierre de negocio

UNA SOCIEDAD EN LIQUIDACIÓN
POR CIERRE DE NEGOCIO.
"El País" y la biopolítica


“¿Quién va a encontrar entre las ruinas
Los antiguos mojones y la patria?”
León Felipe


Una amiga o amigo hacía este comentario en el blog que me ha parecido necesario responder un poco extensamente.


"Te remito un enlace de El Pais, que aunque en quiebra económica sigue siendo el Pravda del régimen postfranquista y es quien marca la tendencia de pensamiento mucho mas que El Mundo, el cual no deja de ser un suplente:

"No soy madre porque no quiero"

Habla de muchas cosas, la principal es que a la mujer se la sigue presionando para que sea madre y al varón no. Habla como se ven obligadas a dar excusas falsas (esterilidad o traumas psicológicos) para que las dejen en paz. También habla de una maternidad forzada por sus parejas varones que las "obligan", dándolas la tabarra para tener hijos, lo que acaba en resentimiento y posterior destrucción de la pareja.

Quiere acabar con el mito del instinto maternal y ofrece unas curiosas estadísticas: el deseo de ser padre-madre es similar en hombres y mujeres (con lo que de paso acaba con el mito de que los varones no quieren comprometerse) pero le añade algo que me ha llamado la atención, en caso de no poder ser padres los hombres sufren mucho mas que las mujeres.

Se que "El País" mezcla información con propaganda, pero ya que la maternidad y su persecución encubierta es un tema que dominas, me gustaría saber tu opinión si tienes tiempo para leerlo.

Gracias y un cordial saludo. "




En primer lugar este artículo afirma pero no demuestra, se limita a usar unas entrevistas (¿reales o inventadas?) en las que algunas mujeres dicen sentirse presionadas por su entorno social para ser madres. "El País" nos trata como estúpidas y piensa que debemos considerar verdad lo escrito por el hecho de verlo impreso y nos considera tan sentimentales e impresionables que no podremos evitar  sentirnos identificadas con las víctimas de esta felonía pro-maternalista.

Según el diario de la minoría progre-franquista aferrada al poder político, mediático e institucional desde hace casi cuarenta años a las mujeres se nos impide elegir la esterilidad voluntaria. Eso significa, si nos atenemos a las cifras de la natalidad, ese 1,3 hijos por mujer que sigue bajando en caída libre, que ese exiguo número de criaturas son, en su mayor parte, el producto de la coacción sobre nosotras, es decir, que prácticamente ninguna mujer quiere ser madre. ¿Qué cifra le parecería a "El País" aceptable? ¿Tal vez 0,001 hijos por mujer? ¿Sería esa la materialización de la libertad de elegir de las féminas? ¿O quiere decir sin más que si las mujeres no fuéramos presionadas no nacería ninguna criatura?

A las entrevistas que aporta "El País" yo le puedo enfrentar otras tantas, como la de aquella madre que me contaba el escándalo que organizó y la violencia verbal que utilizó su suegra cuando la supo embarazada de su segundo hijo y cómo ella oía desde el salón, sobrecogida, los gritos e insultos que le lanzaba a su marido a quien acusaba de ser un casi violador por ello. O aquella que me decía que su madre no la felicitó jamás en ninguno de sus cinco embarazos, siempre la espetaba un ¿pero sabes lo que estás haciendo? Y eso fue así desde la primera vez.

Podría narrar la historia de aquella mujer que en sus últimos embarazos (tiene 9 hijos) tenía que soportar los improperios de muchas mujeres de su barrio, el acoso de los médicos, de los profesores... que se consideraban con el derecho a opinar sobre su vida a pesar de que quien criaba a sus hijos era ella sin ayudas ni del Estado ni de los vecinos.

Conozco una multitud de mujeres que no tienen los hijos que desean sino los que pueden en estas condiciones de precariedad que hoy sufrimos. Las que nos atrevemos a traspasar la fatídica barrera de los dos hijos hemos oído insistentemente aquello de que es una inconsciencia poner más niños en un mundo como éste, o lo de que si somos del OPUS y de tener  "los que dios quiera", o que si el número de hijos tiene una relación inversamente proporcional con el nivel cultural e intelectual.

Ser madre en esta sociedad depredadora y dañina es casi un imposible. Conozco esa sensación amarga de dejar a las criaturas por la mañana en las guarderías[1] algunas veces enfermas y con fiebre, y, atribuladas por el dolor de hacerlo, de no poder cuidarlos, marchar a trabajar.

Y muchas que sido despedidas por los embarazos, otras a las que se les han empeorado sustantivamente las condiciones laborales como castigo. Y conozco los casos aún más trágicos de aquellas que han decidido abortar, no por elección propia, sino por miedo a perder un empleo, que, en la mayor parte de los casos no es una labor enriquecedora y creativa sino una actividad embrutecedora por un sueldo miserable.

Muchas embarazadas y muchas madres sufren no solo el acoso de las empresas sino incluso de las propias compañeras y compañeros de trabajo que consideran que no rendirán lo suficiente, que no se entregarán con la necesaria vocación a sus obligaciones laborales. Yo lo he visto.

La esterilidad voluntaria es una elección tan respetable como cualquier otra cuando es libre, pero hay que aceptar que hoy es la opción preferida del sistema. Presentarse como víctimas y perseguidas es una inmoralidad y una demasía.

Por otro lado quienes por hedonismo y deseo de vivir sin cargas[2], por espíritu gozador y consumista, deciden no participar en los cuidados de las próximas generaciones y esperan que los niños de hoy, los que criamos quienes sí tenemos hijos, les cuiden a ellos en la vejez están rompiendo con ello la reciprocidad y la justicia pues esperan recibir sin haber dado.

Creen, en su barbarie, que, puesto que tienen dinero, tienen asegurada su vejez. Les parece legítimo y natural el intercambio de dinero por cuidados y afectos con lo que  están corrompiendo y prostituyendo la vida social que debería ser limpia y decente y mantener las necesidades vitales alejadas del trueque mercantil. Son, por lo tanto, los paladines del capitalismo más salvaje, aquél que aspira a convertir en mercancía hasta el aire que respiramos.
Deberíamos exigir a "El País" que nos desvele la finalidad de estas operaciones de manipulación de la conciencia social, la auténtica estrategia que orienta su fanatismo anti-natalista.

Pero hay más, en el último mes "El País" ha desgranado una cadena de artículos alentando a la huida de las generaciones jóvenes del solar de sus ancestros, según estos prebostes de la industria de la conciencia la juventud debe marchar buscando los destinos más alejados de su punto de origen. En una sociedad con una pirámide demográfica completamente catastrófica ¿qué sentido tiene llamar a la emigración masiva de la exigua juventud?

No puede entenderse tal estrategia si no se contempla la constante invocación de este medio a favor de la inmigración y el "anti-racismo" de pacotilla ¿Qué sentido tiene destruir la natalidad y echar de aquí a nuestros jóvenes para atraer luego a otros llegados de los más lejanos confines del mundo, robando literalmente esas personas de su entorno natural?

Tenemos que tener en cuenta que casi todo lo que se hace hoy desde los medios que son, no lo olvidemos, una parte sustancial de aparato de poder, tiene un sentido.

"El País" se presenta como campeón del anti-racismo cuando en realidad lo que defiende es el desplazamiento forzado de grandes masas de personas a lo largo y ancho del planeta para destruir las comunidades naturales y constituir una nueva sociedad hecha de agrupaciones de aluvión, de seres desvinculados de su espacio y de su historia, despojados del sentido de pertenencia, aculturados y desarraigados. Masas de solitarios y solitarias que no tengan ningún lazo con el lugar en el que habitan ni con los otros seres con los que se cruzan.

Estamos pues, a las puertas de una nueva especie de post-humanos, unos individuos que ni siquiera serán el "homo animalis"  porque carecerán incluso de la capacidad para tener vida sexual y reproductiva, una nueva inhumanidad de entes biológicos híbridos y estériles... como el ganado de labor ¿Es pura ciencia ficción?

Creo que ha llegado la hora de llamar a las cosas por su nombre, "El País" es un agente de difusión de la biopolítica del sistema que hoy se sustenta en la destrucción de la natalidad en todo el planeta salvo un pequeño reducto de África que parece que está destinado a ser el reservorio de seres humanos para las necesidades del sistema de poder.

La persecución de la maternidad se está realizando de mil maneras diferentes, las principales: 

1. Por los programas de "contracepción" de los organismos de la biopolítica mundial que incluyen las esterilizaciones masivas de poblaciones, el uso de anticonceptivos brutales como el Depoprovera y otros y el aborto forzoso. Esto ha hecho caer el número de hijos por mujer en picado desde los años 80 del siglo XX y ha reducido la natalidad mundial a cifras prácticamente por debajo del índice de reposición.

2. Por la destrucción de las comunidades primarias que supone a las mujeres madres quedar en situaciones de enorme precariedad sin redes de apoyo horizontales.

3. Por la guerra de los sexos fomentada desde el poder (aquí a través de la Ley de Violencia de Género) que reduce de forma "natural" la natalidad por falta de relaciones con el otro sexo, destruye el núcleo básico familiar para compartir las tareas y deja a las mujeres en completa soledad.

4. Por el ascenso de la influencia que las empresas y el trabajo a salario tiene en la vida privada de las personas y las decisiones vitales.

5. Por la creación de un Estado del bienestar que regula, dirige y manipula al pueblo con el argumento de proteger y dispensar cuidados y satisfacción de lo necesario para la vida.

6. Por el bombardeo mediático e institucional, en las sociedades occidentales sobre todo, que ha generado una cultura de acoso a la maternidad, que desgrana una insultante letanía de epítetos hacia el impulso maternal.

7. Por estímulo de numerosas formas de maternidad patológicas devenidas del brutal ataque a la feminidad que se está produciendo hoy y sus consecuencias en las mujeres y de la promoción de modas maternales insensatas y nocivas para las madres, los padres y las criaturas.

No deberían estas operaciones quedar sin respuesta. Pero, mientras el anti-natalismo está organizado institucionalmente, subvencionado y difundido por todos los canales de creación de opinión que son innumerables, quienes creemos que debe defenderse la natalidad como un impulso revolucionario no estamos organizados y, por lo tanto, no somos capaces de hacer frente a estas espurias operaciones.

Sería una necesidad imperiosa que las madres y padres conscientes nos unamos para denunciar todos los acosos que sufrimos, todas las limitaciones que el sistema pone a la libertad reproductiva.

Necesitamos un movimiento reivindicativo a favor de la justicia, del cese del expolio de personas por los centros económicos mundiales, por el derecho de nuestros hijos a quedarse en su lugar de origen, y el derecho de los hijos de las otras madres del mundo a hacer lo propio, sin ser llevados como ganado allí donde el capitalismo mundial los requiera.

Hay que denunciar toda forma de biopolítica como liberticidio y crimen contra la humanidad y por lo tanto denunciar a "El País" como plataforma de estas operaciones.





[1] Esos lugares que en ocasiones ofrecen un entorno humano, afectuoso y cálido para crecer gracias a la vocación de algunas personas que superan con enorme esfuerzo los obstáculos del modelo de institucionalización de la infancia vigente.

[2] Excluyo a quienes por entregarse a otras empresas útiles a la sociedad en la que viven eligen no procrear. Cuando es una renuncia consciente y meditada y hay una decisión de ser fecundas o fecundos y servir a la vida desinteresadamente la ausencia de hijos tiene otro carácter, también, por supuesto, cuando hay otras causas  no buscadas por el sujeto.

Jornadas "Maternidad-Paternidad como herramienta de cambio"

Madrid
Jornadas Maternidad-Paternidad
como herramienta de cambio




28 de septiembre
Local Asociativo Rompe el Círculo
Pza. del Turia nº 2

Metro "Hospital de Móstoles"

Una entrevista para pensar: hacia una erótica de la experiencia

 UNA ENTREVISTA PARA PENSAR:
HACIA UNA ERÓTICA DE LA EXPERIENCIA




Nunca como ahora ha estado lo erótico tan escondido, nunca ha sido tan reprimida la expresión de la realidad de lo sexual. Apenas se habla de la experiencia de la gente común, solo una minoría de extravagantes exponen hábitos (¿reales o fingidos?) referidos a sus usos sexuales, por lo demás la hipocresía reina en este ámbito, se dice lo que se debe en lugar de lo que sucede, todo el mundo copia modelos postizos y esconde sus prácticas verdaderas.
Así lo erótico auténtico vuelve a la clandestinidad o se esconde detrás de una cortina de humo que presenta una imagen falsa, estúpidamente feliz. Lo cierto, por el contrario, es que una parte de los hombres y muchas más mujeres abandonan esa dimensión de la existencia por el sufrimiento que hoy provoca la fusión y la entrega carnal. La asexualidad es creciente.
Las prácticas reales se maquillan para que coincidan con lo que demandan los "científicos" del sexo y la vulgata de quienes deciden la biopolítica pero la verdad reaparece en la forma de angustia y depresión.
Tal vez poner con valentía encima de la mesa algunas experiencias personales nos ayude a ver con naturalidad la diversidad de inclinaciones y prácticas en este terreno. En el pasado el erotismo fue considerado un arte, un arte para el que estamos capacitados todos por el hecho de ser sujetos sexuados pero que hay que cultivar con esfuerzo y creatividad. En "El arte de amar" Ovidio señala que el amor se aprende sin maestros, a través de la propia experiencia.
Me gustó por eso la espontaneidad con que Claudia me contaba algunos detalles de su mundo erótico por correo electrónico después de haberme escuchado decir en alguna intervención pública que sería necesario descorrer el velo de ocultamiento que cubre la realidad del sexo hoy.
Claudia quería compartir conmigo una penetrante observación de su entorno y una experiencia, la propia, bastante diferente a lo que solemos escuchar. De las conversaciones mantenidas por correo y por teléfono he sintetizado lo más original en esta entrevista sin ocultar algunos detalles atrevidos o escabrosos pues sin ellos todo sería una exposición abstracta de intenciones.
La presentaré, Claudia tiene 38 años, cuatro hijos y una vida sexual no sujeta a los cánones convencionales. Su situación económica es bastante holgada, tiene un trabajo con un cargo de responsabilidad en una empresa grande .
Claudia está acostumbrada a tomar decisiones porque bajo su supervisión hay más de 250 personas, se define a sí misma como poco interesada en la política pero sí en estar informada y cultivar su personalidad en todos los terrenos.
No tiene el perfil de una mujer sumisa, ni inculta, ni dependiente y sin embargo sus gustos y sus prácticas pueden parecer asombrosas a muchos.
Dejo aquí la entrevista (en realidad un resumen hecho por mí del largo diálogo mantenido, eso sí, supervisado y aprobado por Claudia).


"El amor se hace duradero gracias al arte"
Ovidio "Ars amatoria"

P.E:  Defínete a grandes rasgos ¿quién eres? ¿porqué consideras importante tu experiencia en el terreno erótico?

Claudia: Tengo cuatro hijos y más de 20 años de vida erótica, la mayor parte de ellos con mi esposo-amante, pero todavía me excito y me electrizo pensando en él a cualquier hora del día, mientras hago cualquier actividad... trabajando, conduciendo, cocinando... la llama está siempre encendida, ni los años ni los hijos han traído el aburrimiento.
Trato con muchas mujeres por mi trabajo y fuera de él y soy consciente de que mi experiencia es muy distinta de la suya.
En el departamento de la empresa en la que trabajo hay 93 mujeres y, aunque yo tengo un cargo de responsabilidad tengo buenas relaciones con casi todas, según mis cálculos solamente 7 tenemos una vida sexual que pueda llamarse buena, es decir, ni siquiera un 8%. La vida erótica de quienes tienen novio no es mejor que la de las que tienen marido y tampoco las superan las que tienen amantes permanentes u ocasionales, cuando son sinceras, todas, salvo ese pequeño porcentaje que he señalado, reconocen la miseria de su vida sexual. Además casi un 25% carecen de sexo con otros, practican la castidad o la satisfacción solitaria; de estas la mayor parte viven para la comida,  los viajes, el consumo o los psicofármacos. Me impresiona también la cantidad de televisión que ven las mujeres, todas, las casadas, las comprometidas, las solteras.... pasan muchísimo tiempo delante de la pantalla viendo sobre todo programas de ficción.
Aunque es difícil demostrarlo tengo la certeza de que mi empresa representa fielmente lo que sucede en la sociedad y que los porcentajes que doy deben medir con bastante acercamiento la realidad de las mujeres en nuestro país. Por eso creo que mi experiencia es importante, porque he conseguido una vida sexual plena con fórmulas que no se atienen a la ortodoxia.


P. E: ¿Cual es el secreto de la plenitud erótica de tu relación?

Claudia: La gente está obsesionada con la idea del orgasmo y reduce toda su búsqueda erótica a ese asunto. Hay un bombardeo permanente, desde la prensa "seria" a las revistas para mujeres, los libros, los profesionales, la televisión... todos reducen el erotismo a buscar los puntos, las posturas, las técnicas... para el orgasmo.
En realidad lo que se ha conseguido es que las mujeres estén tan concentradas en sus genitales y los hombres en los genitales de las mujeres (porque se considera que el triunfo de toda relación sexual es el orgasmo femenino) que lo que debería ser una explosión de pasión y de ardor erótico termina como una sesión de estudio ginecológico.
Intuyo, aunque no puedo dar cifras, que nunca ha sido más escaso que ahora el orgasmo femenino y que esa obsesión ha creado tanta angustia que incluso muchos hombres y no menos mujeres esquivan el encuentro sexual por no pasar el mal rato.
para mí es diferente, nunca me planteo si llegará el orgasmo o si será grande o pequeño, a la altura del clítoris, de la vagina o del útero, simplemente me sumerjo, me dejo arrastrar por el ansia de mi amante. Encuentro la mayor satisfacción erótica en entregarme por completo al ardor masculino, me parece que la plenitud sexual no acaba en el orgasmo físico sino que es mucho más compleja. El deseo, la pasión, es la esencia de toda relación plena. El orgasmo es la parte y, al convertirlo en todo, se ha hecho una obsesión y casi un imposible.  

P. E: Hablas de entrega, no es un concepto muy de moda ¿Crees que la mujer debe ser sumisa en el terreno sexual?

Claudia: Creo que el sexo tiene sus propias reglas, es un espacio especial; hay que comprender las leyes de lo sexual si se quiere llegar a la cima. La gente tiene la idea de que lo que vale para una reunión de negocios vale para un romance pero no es así.
Para encontrar un sexo de calidad sé que necesito rendirme ante el empuje animal del hombre, que no puedo poner obstáculos a su impulso, que tengo que entregarme y no poner condiciones.
En el sexo tiene que haber algo salvaje, no domesticado; no puede ser tan educado y tan suave, yo al menos lo vivo así.
Muchas mujeres no son capaces de ponerse en esta situación porque están acomplejadas o porque llevan una vida muy sometida en otros terrenos. Hay que sentirse muy fuerte y muy segura para elegir libremente esa posición en las relaciones, porque tienes que tener muy claro que fuera de ahí nadie va a dominarte.

P. E. Lo que quieres decir es que este modelo es para mujeres emancipadas, muy autosuficientes ¿es así?

Claudia: Sí, quiero decir que es una elección libre, no una imposición. Yo he tenido el privilegio de realizar con plena libertad mi Yo erótico, de encontrar una persona que no ha malinterpretado mi entrega sexual y que ha entendido siempre los límites de ciertos usos. Es un modelo para mujeres fuertes y libres y para hombres no machistas, sin esas condiciones no puede funcionar.
Además hay que conocer los límites de lo erótico, pero ahora hay una forma muy simplista de entender la vida, se desea una norma para toda ocasión, un protocolo aplicable sin necesidad de pensar. Eso es un desastre. Luego en realidad no se usa una norma única porque la mayor parte de las mujeres son sumisas donde no se debe (por ejemplo con los jefes, eso lo noto yo misma por la posición que ocupo en lo laboral) y levantiscas con los hombres en la cama. Así no es de extrañar que desaparezca la vida erótica.

P. E: ¿Crees entonces que la sexualidad masculina ha de ser cuidada y protegida estableciendo ciertos rituales y formas de estar las mujeres?

Claudia: ¿Cómo se puede pretender que haya ardor y potencia sexual en los hombres si se les acorrala?  Creo que el motivo de la epidemia de disfunciones sexuales masculinas es la falta de comprensión de cómo funciona la sexualidad macho. En realidad el hombre es la parte débil en este terreno, necesita un espacio en el que se sienta seguro porque el miedo es incompatible con la pasión sexual, necesita además hacer un esfuerzo físico considerable que no podrá hacer si está demasiado cansado.
Hay que poner las cosas fáciles si se desea tener amante ardiente que despliegue con fuerza su virilidad, además hay que estimular su pasión, animarle. Por ejemplo, la sexualidad masculina es muy visual por eso ofrecer una imagen atractiva (no atractiva para ir a un evento social sino atractiva sexualmente hablando) atrevida, visualmente lujuriosa, es muy importante.
Muchas mujeres se sienten incómodas si se ven como una puta, sin embargo lo que hace putas a las putas no es su atuendo sino la venta de su cuerpo, la mercantilización de su persona, el vestuario que eligen es simplemente el que saben que atrae a los hombres.
¿Porqué no habríamos de usar las mujeres decentes esos afeites o esa indumentaria para cargar las pilas de nuestro amante? Si yo le espero con tacones altos y ropa sexualmente incitante seguramente su temperatura subirá más que si me encuentra con los rulos puestos ¿no te parece?


P. E: Y además has conseguido la duración ¿cómo se consigue hacer vibrar el deseo durante tanto tiempo? Siempre hemos considerado, con Freud, que la pasión erótica tiene fecha de caducidad  y no puede ser mantenida sino unos pocos años con mucho esfuerzo.

Claudia:  Eso es lo más difícil, yo he elegido ser perfecta y completamente fiel a mi esposo, él, por el contrario, tiene otras relaciones. Supongo que la causa de su ardor sexual es la cantidad de encuentros que consigue, la cantidad de mujeres que tiene alrededor. Yo no sé si podría ser de otra manera, pero lo nuestro es así, y así funciona. Su libertad erótica es la garantía de mi plenitud sexual, ese es el hecho.
Hay otros alicientes. Ahora la gente no aprovecha el lado sexual de los embarazos, se va a hacer un hijo como si fuera un acto médico, todo aséptico e higiénico, pero follar para preñar es el acto más animal, el más pasional y alocado que se puede tener. Tengo cuatro hijos pero he estado embarazada más veces, todas han sido el resultado de momentos pletóricos en el terreno sexual. Ahora nos disponemos al quinto embarazo, después de cuatro niños espero que sea una niña, pero no voy a parar aquí.
Sentir el deseo, sentir el empuje salvaje del sexo es una experiencia que te deja marcada para siempre, luego ya no quieres otra cosa.

P. E: Sientes entonces también la erótica del embarazo y los partos ¿Cómo has vivido esta parte de tu sexualidad?

Claudia: La vida sexual  de las mujeres es en realidad más compleja que la de los hombres, las formas de entrega y rendición al impulso macho es una manera de vivir lo sexual como una fuerza natural, como una necesidad a la que no puedes poner freno, también parir -sin epidural, claro- es así, es un impulso al que no te puedes negar, está determinado, tienes que dejar que suceda, tienes que entregarte a ello. Tengo la sensación de que la epidural se ha impuesto para evitar que las mujeres conozcan esa experiencia tan poderosa que mezcla lo sexual con el amor más perfecto.
Pero, extrayendo su parte estrictamente  erótica, no puedo comprender como tantas mujeres se dejan arrebatar esa experiencia, en algunas ocasiones me gusta rememorar los partos, recordar, como si lo estuviera viviendo de nuevo, esa fase final, el expulsivo, es impresionante que algo que es una experiencia tan breve en el curso de nuestra vida tenga una importancia tan grande y cambie tanto nuestra percepción del mundo.

P. E: Y el sexo tántrico. Ahora se habla mucho de eso  ¿En qué se parece tu práctica a ese modelo?

Claudia: Creo que no se parece en nada. Conozco alguna gente que sigue esa corriente, por lo general se sigue como una moda, nadie está mucho tiempo, aunque muchas continúan defendiendo que es sexo sagrado, el hecho de que no permanezcan en ello refleja que hay algo que no funciona. Para mí lo más llamativo es el desapasionamiento, la falta de deseo, yo  al menos lo viviría como una frustración; esas formas tan blandas, tan desvitalizadas... me parece un sexo triste.
Pero yo lo conozco de segunda mano, tal vez debería hablar alguien que lo conozca por dentro, me puedo equivocar.

P. E: Tu propuesta es rompedora, ahora que todo el mundo va con sus catecismos lo que tu propones no encaja en ninguna teoría al uso ¿podría ser que tu experiencia sea algo solo válido para ti y no realizable a escala social?

Claudia: yo no creo que tenga que haber un modelo único, estoy en contra de todos los catecismos.  Lo mío es el producto de mi vida y de mi experiencia, pero me parece que lo que yo hago es bastante "natural" y que si la gente se dejase llevar por sus impulsos muchas más mujeres y hombres terminarían llegando a cosas parecidas.
Lo lógico es cada uno busque su camino pero hoy los catecismos son la norma, lo que se está imponiendo es la mujer que renuncia a toda sexualidad que no sea la masturbación.
No pretendo estigmatizar la masturbación pero es obvio, para mí al menos, que es el escalón más bajo y más pobre de la sexualidad humana y no la más perfecta consumación del erotismo como se dice ahora. La masturbación y el sexo con aparatos (ahora todo el mundo, hasta las más carcas, han ido a algún tupper-sex) es desde mi punto de vista lo más cercano a la miseria sexual plena. En mi opinión la masturbación representa un acto fisiológico que a mí me cuesta considerar que sea auténticamente un acto de vida erótica, ni siquiera sé si es sexo o un escalón inferior al sexo.

P. E: Una conclusión y un consejo:

Claudia: Una conclusión: no hay que creer en teorías, hay que atreverse a explorar.
Un consejo: soltaros la melena, olvidad todo lo que os han contado, perded el miedo a ser políticamente incorrectas y buscad un macho que os devuelva a la vida. Esto para el sexo porque para el resto de la existencia tenemos que tener proyectos propios e independientes en los que no necesitemos ni ayuda ni protección de nadie. Eso es lo que yo creo.