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Precisiones sobre la Ley de Violencia de Género


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Nicoletta Tomás
Precisiones sobre la Ley de Violencia de Género

“La mujer sin el hombre
Apagada va.
Apagado va el hombre
Sin luz de mujer”
Miguel Hernández
El comentario de Tusfo sobre la entrada “La ley de Violencia de Género vista desde Europa” me impulsa a hacer algunas aclaraciones que acoten mi posición en una cuestión de tan enorme complejidad.
Si, por un lado, me parece imprescindible apoyar todas las voces que se alzan contra una ley que viola, incluso, las elementales garantías jurídicas de la dictadura política parlamentaria, como hace el video que comentamos, no puedo dejar de ver que esta crítica es incompleta pues se opone a la deriva fascistizante que han instaurado los gobiernos de la socialdemocracia española, pero no a lo esencial de las políticas de género y su función destructiva de la comunidad popular y del sujeto ajeno al poder.
Existen también otras críticas de estas leyes, de carácter sesgado y desviado, que desean cimentar una nueva misoginia, culpando a la mujer en general, de lo que es, en primera instancia, responsabilidad de las instituciones estatales, éstas posiciones, han de ser denunciadas con la misma energía que la propia ley, porque se sustentan en otra mentira para instigar el desencuentro entre los pares.
Dicho esto hay que entrar en la reseña de los hechos, pues la realidad fáctica ha de ser aceptada y comprendida sin maquillar, ocultar o desfigurar lo real para hacerlo coincidir con teorías previas o intereses corporativos.
Hay elementos muy inquietantes en lo acontecido en estos años: En primer lugar no se puede negar que esta ley suspende las garantías jurídicas (incluso las muy exiguas que ofrece la actual dictadura parlamentaria) para la mitad de la población, los varones, y que ha justificado una ola de represión cierta y una ampliación del Estado policial sin precedente desde el franquismo.
En segundo lugar no se puede obviar que el número de muertes no solo no ha disminuido sino que sigue creciendo. La propaganda institucional ignora y esconde que, cuando se sancionó la ley, el estado español tenía una de las más bajas tasas de violencia contra la mujer del continente europeo y del mundo (según los datos conocidos pues en los lugares donde se practican las mayores sevicias contra las féminas ni siquiera se registran en estadísticas), este hecho es maliciosamente silenciado y, por el contrario, se subvencionan supuestos “estudios” que “demuestran” que el pueblo y la tradición en nuestro entorno son excepcionalmente misóginos y amparan la violencia contra las mujeres. Así lo expresa el preámbulo de la ley al aseverar que la violencia machista es estructural.
Una de las fuentes que sustentan la mentira del sistema sobre la condición femenina en el pasado son los libros de Miguel Lorente que, como premio a su labor, ha ocupado durante las dos legislaturas del PSOE el cargo de delegado del gobierno para la violencia de género. Es imposible en un artículo desmontar este axioma de la ortodoxia sexista que afirma que el pueblo es el reservorio del machismo y la misoginia, consigna convertida en verdad a fuerza de ser repetida de forma machacante, por eso Félix Rodrigo Mora y yo hemos dedicado varios años a estudiar, yendo a las fuentes, a los documentos y los estudios más a pie de hechos y realidades, para acumular una ingente cantidad de datos y análisis que aparecerán en nuestro próximo libro “Feminicidio o auto-construcción de la mujer” y que demostrarán la falacia del poder constituido que acusa al pueblo de lo que es responsabilidad del Estado.
Es un dato significativo que la agresiones a mujeres estén creciendo entre los jóvenes de las generaciones que han vivido por completo fuera de la tradición y cuyos referentes provienen mucho más del sistema educativo y los medios de “información” y entretenimiento que de la vida familiar, comunitaria y horizontal, lo que niega el principio del que parte la ley.
En última instancia la ley debe ser considerada como un factor, no único, pero sí importante, coadyuvante al aumento y afianzamiento de la violencia contra la mujer. Además es casi imposible conocer la realidad de la violencia social e institucional que nos permitiría entender la verdad sobre la agresión en nuestra sociedad con alguna garantía de exactitud, porque los datos son cuidadosamente camuflados con fórmulas inverosímiles de presentar las estadísticas.
En tercer lugar es incuestionable que existen denuncias falsas porque, aunque ley tipifica como delito los actos más nimios y establece la inversión de la carga de la prueba para el denunciado, una parte considerable de las denuncias no derivan en condena, sin embargo no cuantificaré el número de ellas, pues las guerras de datos, en la maraña de información a que nos someten, es otra fórmula para desacreditar la verdad.
Lo cierto es que la ley pone en manos de las mujeres un recurso ilegítimo e injusto para la venganza y el linchamiento del varón cuando hay desavenencias en una relación. No todas las mujeres usan esa prerrogativa, pero quienes lo hacen son responsables de tal iniquidad.
Se pretende impedir que pueda ser puesta en duda la palabra de la mujer cuando denuncia a un hombre; los grupos de presión feministas acosan a quienes negamos que las mujeres, por el hecho de serlo, estemos condenadas a decir la verdad y hacer el bien sin albedrío, es decir, a no ser humanas. Las mujeres podemos elegir la verdad o la mentira, somos responsables de nuestros actos y es nuestro mérito o demérito la forma como orientamos nuestra práctica y nuestra vida.
Aceptar la realidad de que hay mujeres que hacen falsas denuncias no es machismo, machismo es tratar a las mujeres como menores o seres sin voluntad y sin libertad para hacer el bien o el mal por elección, como hacen los que pretenden tutelarnos y protegernos, es decir, ningunearnos y maltratarnos, pues de ese padrinazgo resulta la mayor sumisión y humillación al negarnos la más esencial prerrogativa humana, el albedrío.
Leyes como la LOVG consiguen que una porción de las mujeres se encanallen y degraden, alimentando el ensanchamiento de la maldad en la sociedad lo que, como afirmaba Hannah Arendt al estudiar a Maquiavelo, sustenta la tiranía política. Hacernos malvadas es la fórmula más rápida para ponernos a trabajar para un sistema que hace del mal, el egoísmo, la injusticia y la miseria moral su seña de identidad.
Mientras los guardianes de la ortodoxia sostienen que si tu pareja te ha gritado terminará matándote, apoyan y justifican panfletos exterminacionistas como el “Manifiesto SCUM” (literalmente Manifiesto de la Sociedad para Descuartizar a los Hombres), una obra del sexismo androfóbico eliminacionista, que es considerada con simpatía por la mayor parte de los feminismos.
Decir que la política de género en el presente es un ensayo para engendrar futuros movimientos exterminacionistas no es una demasía, el estudio de la gestación de las corrientes genocidas en la historia moderna que hace Daniel Jonah Goldhagen, en “Peor que la guerra. Genocidio, eliminacionismo y continua agresión contra la humanidad” demuestra que, antes de las mayores barbaries, se creó el ambiente social de enfrentamiento y definición del enemigo con métodos muy parecidos a los que hoy usa el feminismo mayoritario para enfrentar a mujeres y hombres. El victimismo femenino será, si es necesario, usado para crear dos facciones enfrentadas que liquiden cualquier lucha popular aunque ello culmine en una gran masacre.
El modelo de enfrentamiento civil inducido y planificado es hoy la estrategia militar más frecuente. Un caso paradigmático ha sido la guerra de Irak, la intervención occidental ha cesado cuando se ha conseguido sumir al país en el caos y la guerra de facciones, porque, en esas condiciones, ya no representa ningún peligro para las potencias imperialistas ¿Alguien duda de que la guerra entre los sexos será usada en el caso de que llegue a producirse un movimiento de masas contra el Estado?
No obstante no se ha conseguido, hoy por hoy, imponer el modelo oposición perpetua y permanente entre los sexos. Podemos comprobar en el video que comentamos que hay numerosas voces de mujeres entre quienes denuncian la ley. Muchas mujeres seguirán sintiéndose concernidas personalmente, como madres, hermanas o parientes de los hombres condenados injustamente, o simplemente como seres humanos comprometidos con la verdad y la justicia. Éste es un dato para el optimismo.
No negaremos, pues sería ridículo, la existencia de violencia contra la mujer, más bien habría de hablarse, para ser justos y objetivos, de violencias múltiples, entre las que se inscribe la que afecta a las mujeres, pero hay que tener en cuenta la enorme complejidad de sus causas y orígenes, pues de lo contrario no podrá remediarse.
En “Feminicidio o auto-construcción de la mujer” las expresamos como sigue: “Se pueden resumir en una primera y más significativa, la destrucción de los vínculos sociales y el amor, lo que conlleva la práctica extinción de los lazos que unen a los iguales, desde la simpatía, el más elemental, hasta el amor universal a los ideales grandes y sublimes, pasando por el amor sexual-personal. No sólo han desaparecido los vínculos, sino la propia capacidad para crearlos, es decir, el conocimiento preciso para urdir la trama del compromiso humano, lo cual conlleva que los otros seres humanos se hayan convertido en realidades que no se ven, no se entienden y no se desean.
En la desaparición de la socialidad han colaborado muchos elementos propios de la modernidad: 1) La sociedad de consumo, pues consumir es destruir, destruir es agredir, y eso crea un hábito que lleva finalmente no valorar a los seres humanos; 2) el Estado de bienestar y la estatización general, que además de hacer irresponsable, infantil y estúpido al individuo, convirtiéndolo en sujeto sin control (por tanto, en personalidad insociable y psíquicamente enferma y propensa a expresarse por medio de la violencia) coopera asimismo en la destrucción de la familia al eliminar la interdependencia y la ayuda mutua como expresión material de los vínculos y del amor; 3) el Estado policial que determina que la fuerza sustentada en la ley es el remedio a todos los problemas, también a la violencia machista e instruye a las masas en ese principio; 4) la existencia de ejércitos profesionales, donde se enseña a agredir, torturar y matar, los cuales son quizá la causa principal de los hábitos violentos de un sector de los varones, y pronto de un sector de las mujeres, recientemente admitidas a filas; 5) la legislación patriarcal, que es ley estatal, promulgada y hecha aplicar por el Estado durante siglos, hoy sustituida por la legislación neo-patriarcal que tiene los mismos efectos: rebajar el nivel del afecto y amor mutuo en la sociedad, elevando el grado de enfrentamiento y desamor, por tanto de la agresividad y las agresiones; 6) la destrucción de toda vida comunitaria creando el sujeto de la modernidad, un ser egocéntrico, solitario e incapaz de convivir, para el cual el otro u otra es el enemigo a batir; 7) la trituración planeada de la familia extensa, después de la nuclear, y más tarde de todos los vínculos humanos que no estén mediados por el dinero y el Estado; 8) la aniquilación de la ética y de la disposición a vivir éticamente; 9) la urbanización forzada y el estilo urbano de vida, pues las megalópolis son el centro mismo de todas las formas de violencia, mucho más que el mundo rural; 10) la deificación del dinero, vil actividad en la que el feminismo desempeña una función de primera importancia, que ha devaluado tanto la dignidad que tuvo lo humano, por sí mismo, como el respeto hacia los demás, nociones éstas por completo ajenas a lo monetario; 11) el uso inducido desde arriba de las drogas y el alcohol; 12) la existencia de la propiedad privada concentrada, que enfrenta a unos seres humanos con otros; 13) la degradación de la masculinidad; 14) la trituración de la feminidad y el feminicidio en curso; 15) la continua apología de la violencia que hace la publicidad y la industria del ocio, en particular el cine, la televisión y la novela; 16) la ideología patriarcal, presente todavía en numerosas personas, hombres y mujeres; 17) la existencia del trabajo asalariado que impone las relaciones jerárquicas y de fuerza que devalúan al sujeto, especialmente a las mujeres, al nivel de las mercancías; 18) la cosmovisión neo-patriarcal feminista, con su ideología del odio universal; 19) la victimización de la mujer que fomenta la irresponsabilidad y el entontecimiento de las que se adscriben a ella; 20) el Estado feminista que utiliza la “violencia de género” como fuente de colosales ganancias políticas, especulando con la sangre de las mujeres asesinadas; 21) el aparato universitario lanzado a la manipulación de las mentes a gran escala por medio de los productos ideológicos que fragua sin tregua; 22) el narcisismo femenino que impide asumir responsabilidades y hacer juicios objetivos y sensatos sobre los propios actos; y, 23)la liquidación integral del ser humano en tanto que humano, su bestialización planificada por conversión en ser-nada y en lastimosa criatura subhumana.”
Lo cierto es que no será fácil revertir las consecuencias de estos procesos que han dañado de forma significativa la vida social comunitaria y la vida personal de mujeres y hombres. La brega política y la denuncia de la LOVG es insuficiente y por lo tanto habrá que elaborar un programa que conciba un camino de recuperación, o más bien de creación de nuevos lazos de unión entre los sexos en la lucha contra el patriarcado, ahora contra el neo-patriarcado del que forma parte la LOVG.
El Estado, como nuevo pater-familias estimula en la mujer un sentimiento de debilidad, inferioridad y victimismo que nos convierte en sus protegidas y, como tal, deudoras, entregadas por completo a su tutela y protección y también al obediente cumplimiento de sus proyectos y designios. Ésta es hoy la principal fuente de machismo y misoginia que debe ser denunciada y destruida por las mujeres y los hombres comprometidos con la emancipación social.
Para evitar que tal evento sea comprendido se ha comenzado a lanzar la acusación de machismo en todas direcciones aterrorizando a alguna gente bienintencionada que desea romper con los usos patriarcales sin llegar a ver los nuevos modos neo-patriarcales. Se intenta identificar lo masculino con lo machista por lo que muchos hombres se sienten impelidos a negarse en tanto que hombres para reconstruirse como seres sin matices sexuados, es decir, para mutilar su humanidad en tanto que singular masculino.
Lo diré de nuevo, machista es toda actitud que limita la presencia social, política, reflexiva o vital de la mujer. A quienes sostienen que sólo los hombres han de curarse del machismo yo les contesto que las mujeres que no bregan con energía para situarse en primera línea en las tareas más importantes y más difíciles del momento, que no asumen sus deberes como el mayor bien y la mayor oportunidad de crecimiento, que no se comprometen con los problemas fundamentales del mundo antes que con su limitado interés personal, que permanecen en una nueva forma de domesticidad, de culto a lo pequeño, absorbidas por ejercicio de actos de control sobre los hombres, SON UNAS MACHISTAS, que deben curarse de ese grave desarreglo haciendo crítica de sí mismas con decisión y valentía.
El hostigamiento del machismo y la misoginia es tarea hoy para mujeres y hombres que debemos remediar en nosotros mismos ese mal en un proceso que será a la vez de auto-construcción personal, reconstrucción de los lazos convivenciales horizontales y ruptura planeada con el ente estatal. Este será el camino más difícil pero el único realmente eficaz para limitar al mínimo (pues su supresión será imposible por la misma naturaleza de lo humano) la violencia contra las mujeres y el desencuentro y la agresión entre pares.

La Ley de Violencia de Género vista desde Europa



La Ley de Violencia de Género vista desde Europa.
Un amigo me envía este video, de una productora danesa que presenta la LOVG como una ley de excepción que deja en suspenso las garantías jurídicas para una parte de la población, los hombres.
Aquí nadie se atreve a hacer o decir nada similar, quienes lo han hecho como la juez Sanahuja o el juez Serrano han sufrido no solo el hostigamiento moral de los grupos de presión feministas sino la represión más severa a instancias de la estructura del Estado.
Se sigue sosteniendo la mentira (alentada y subvencionada) sobre que la violencia contra la mujer es producto de la mentalidad tradicional popular, cuando en los hechos es demostrable que la misoginia y sus consecuencias son el resultado de la expansión de la máquina estatal con la revolución liberal, la infausta Constitución de 1812, de la que se celebra su doscientos aniversario, y su resultante, el Código Civil de 1889.
En la actualidad el Estado alienta todas las formas de violencia entre iguales, incluida la violencia de género. Es el moderno Estado asistencial, “protector” de los derechos de los ciudadanos, que tutela a los “desfavorecidos” y establece la “justicia universal” a través de la expansión de los servicios “públicos”, el que fomenta la violencia contra la mujer. Por ello son los Estados del norte de Europa más avanzados los que ostentan el mayor porcentaje de mujeres muertas a manos de sus parejas, encabezados por la próspera Finlandia.
El Estado español ha tenido una de las más bajas tasas de violencia contra la mujer, bastante por debajo de la media mundial y europea, precisamente por la fuerza que en nuestra cultura han tenido las estructuras naturales de convivencia, especialmente las relaciones de vecindad y familiares, instituciones cuya demolición inició el franquismo y está culminando el sistema parlamentario y partitocrático.
Cuanto más progrese el Estado asistencial y tutelar, la legislación protectora, las campañas institucionales basadas en la mentira política de culpar al pueblo de lo que es, principalmente, responsabilidad del Estado, más crecerá la violencia contra la mujer y más también el dominio de los poderosos.

Primer número de "Estudios. Revista de Pensamiento Libertario"

Primer número de “Estudios. Revista de pensamiento Libertario”

“Estudios desea ser un vehículo que permita el desarrollo y la divulgación de análisis y reflexiones sobre la realidad social de calidad, ajenas al aparato académico pero sujetas a unos principios de investigación suficientemente acreditados y rigurosos, conscientes de que la acción política ha de ser alimentada de la conciencia antes que de ningún otro elemento…”

Quienes hemos trabajado durante el pasado año en hacer realidad este primer número queremos agradecer a todas y todos los que nos han acompañado, han colaborado o simplemente nos animado a continuar porque han sido una ayuda inestimable para no desfallecer en los momentos difíciles.

Ahora esperamos vuestras aportaciones, críticas, sugerencias, vuestro respaldo y cooperación para hacer crecer y ensanchar este proyecto.

Por mi parte, creo que el mérito principal corresponde a Cristina Vañó sin cuya energía y dedicación hubiera sido imposible ver culminado este primer número. Valoro enormemente lo que he aprendido en este proceso de todo el equipo de redacción, pero especialmente de José Manuel Bermúdez, con quien he compartido la codirección y que ha sido, en todo momento, mi preceptor en un medio que era, para mí, desconocido.